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Humo


No existe ahora. Quizás se haya esfumado en poco tiempo o quizás nunca hubiese existido. La riqueza de estos países tan desarrollados se ha demostrado que es relativa.
El capitalismo se ha criticado desde muchos sectores y no es algo nuevo, ya que siempre ha tenido detractores y defensores, y como unas reglas de juego que son, el sistema capitalista se ha modificado década tras década. Desde la década de los 90 teníamos en Occidente un ultracapitalismo que, entrados en el S XXI, se ha extendido a todas las partes del planeta.
Este ultracapitalismo no es otro que el de la desregulación total de todas las transacciones y el de la especulación extrema. Especulación extrema cuyas consecuencias estamos viviendo ahora.
Se puede especular con el valor de todo: de los tulipanes, del oro, del petróleo, del arroz o de la solvencia soberana de un país. Y como toda especulación tiene el mismo proceso de hinchazón sin sentido y explosión sin cabeza, nos hemos empapado todos de esta supernova especulativa de nuestra deuda soberana.
Europa, Japón y los EE UU en 2011 se destacan por tener los mayores problemas de financiación estatal a pesar de ser los Estados con mayores ingresos –dicen-. ¿Ingresos? La mayor partida de lo ingresado por los países occidentales proviene de los mercados financieros. Los gobiernos (todos los gobiernos de todos los países con independencia de su color político) actuaron irresponsablemente vendiendo en los parqués la deuda soberana de sus ciudadanos hasta unos niveles que superan el 80% ó incluso el 100%, sin reducir en ningún momento el gasto derrochador, incluso reduciendo impuestos y dándole también su trozo de pastel al sector bancario, que más bien se demuestra que ha sido una manzana envenenada.
Si alguien compra un coche a plazos, lo usa, lo paga durante “x” tiempo, y cuando acaba de financiarlo, lo posee totalmente. Esta persona está especulando con sus ingresos, corrientes y constantes, pagando hipotecas, letras y créditos, y haciendo uso de lo que en realidad todavía no es suyo.
Nuestros Estados han hecho lo mismo: han estado haciendo uso con las infraestructuras y servicios sociales de dinero inexistente, con financiación especulativa que iban devolviendo, eso sí, con los impuestos que católicamente pagamos los contribuyentes.
A crecimiento más rápido, más rápidamente se esfuma, tal y como ha pasado en la periferia de Europa. Grecia es un ejemplo de goma elástica estirada al extremo. Y también lo es nuestro país, y también los son todos y cada uno de los países del mal llamado mundo desarrollado.
Humo.
Decíamos al comienzo que esto es ultracapitalismo. Un sistema creado, no de la nada, sino como consecuencia de cada uno de los actos de Gobiernos, empresas y ciudadanos. Ha sido una responsabilidad colectiva que deberemos enmendar. Hablamos de ultracapitalismo como una versión atroz y enferma de un sistema de mercado de economía abierta.
Ha llegado el momento del cambio. Se hará solo y sin prisas. Este actual sistema dará paso a otro no tan especulativo o indirectamente regulado.
Hemos de aflojarnos el cinturón y hemos de pagar lo que no teníamos en aras de mantener nuestros servicios sociales, pero porque nosotros queremos, no porque lo diga la agencia de rating Moody’s.

Puñetera hambruna


¿Te lo digo o te lo cuento? Pues te lo cuento.
En 2011 con todo nuestro desarrollo científico, comercial, social y tecnológico sigue existiendo hambruna.
La hambruna no es una foto de un niño desnutrido del África subsahariana. Eso se ha convertido en un cliché y no transmite nada.
Hambruna es dolor. El Hambre en mayúsculas es una muerte lenta y dolorosa que incide en el cuerpo de una forma muy parecida a como lo hace la anorexia comatosa, el cáncer o el sida en un momento muy avanzado de la enfermedad.
Los dolores son crónicos en articulaciones y sistema digestivo. La piel y el pelo pierden vida. El corazón se cansa y el individuo hambriento apenas puede consumir la energía de las reservas musculares que le quedan en su cuerpo.
Ronchas, sangrado, inflamaciones de las piernas, dolores de cabeza continuos, vómitos y mareos. Vértigo, náuseas, diarrea.
Las personas pueden morir en un corto lapso de tiempo en el caso de tener sed extrema, de tener frío extremo, de tener calor extremo. Horas o minutos, pero el hambre puede ser semanas o años si se convierte en una situación crónica.
Porque la gente se muere.
Irlanda entre 1885 y 1889 vivió una de las peores hambrunas registradas (la Great Famine). Un cuarto de la población de la isla empobrecida en aquel entonces pereció por falta de su alimento básico: la patata.
Entre 1932-1933 la URSS dejó morir de hambre a 7 millones de ucranianos. Lo que se conoce como Holodomor por los aún supervivientes de ese capítulo vergonzoso del s XX en que Stalin literalmente robó los cereales y los alimentos de los agricultores de Ucrania.
Tenemos que llegar al We are the world para conocer también la Hambruna de Etiopía de los años 80. Murieron más de un millón de personas.
Malas cosechas, malos gobiernos, mal clima… son muchas las causas, pero muy simple la solución: la comida.
Actualmente Somalia vuelve a estar atacada por la maldita hambre de una región de África más que olvidada, sin recursos, predesertizada y con unas guerrillas fundamentalistas que no dejan introducir la ayuda internacional. Un país sin gobierno desde hace años, anárquico, donde sólo se interviene en caso de que un pirata secuestre un barco atunero occidental.
Cara de vergüenza para los gobiernos occidentales que intervienen en Afganistán, Irak o Libia para luchar contra los dictadores y no deparan en la necesidad de utilizar a los ejércitos cuando sí que se necesitan, como hoy en día en Somalia.
Es mejor dejar a las ONGs con el culo al aire ante bandas armadas bárbaras extremadamente violentas. ¿Acaso no saquearían un convoy de alimentos, que justo en esta parte del planeta es el bien más preciado?
Una barra de pan vale vidas y hay gente dispuesta a morir a por ella.
El hambre duele y mata, ha matado muchas veces a lo largo de la historia y vuelve a envestir. Pero que haya hambre es un problema de gestión de recursos básicos y por lo tanto, aunque haya sequías, malas cosechas, inflación, saqueos y su p*** madre, no nos podemos permitir dejar a nadie morir de hambre.
Cuando ese niño-premio de fotoperiodismo-cliché negro y africano muere de hambre, no muere, no te engañes, lo estamos matando tanto tú como yo.

A Dios rogando y con el mazo dando


Si el estimado lector es un acérrimo defensor de la vieja izquierda, mejor no siga leyendo.
Vivimos ante una situación desequilibrada de exigencias y derechos, en lo que se refiere a la política sindical y sus reivindicaciones. Para ser más exactos, estamos atravesando un amargo momento para la lucha obrera y sus reivindicaciones, y los actores responsables de movilizar al antiguo proletariado no son capaces de incentivar un cambio, llegar a ningún acuerdo, legitimar sus actos, ni mejorar, en definitiva el derecho del trabajador.
Un claro ejemplo es la huelga y en lo que se ha convertido este acto. Hay que llamarla con su nombre: es sólo un acto. La disfrazan de derecho, pero es un acto, para algunos social y para otros de chantaje. Ha sido una gran conquista en la historia democrática de nuestro país. El hecho de que en su día se viese plasmada en la Constitución implicó la apertura de la España social y sindical, necesaria y en auge en su día.
Sin embargo, la huelga utópica de 1978 ha degenerado tres décadas después en ese acto ignominioso que nadie en este país se atreve a poner en duda.
La finalidad de la huelga es la paralización de la actividad productiva en aras del cumplimiento de una reivindicación, mejora o queja del trabajador. El primer fallo es que hay reivindicaciones del comité de empresa que no tienen por qué ser secundadas por toda la plantilla.
Más allá de este pequeño fallo, que se resuelve como tiene que ser, votando, hay otro gran error en el que se han convertido las huelgas: La presión se hace contra el Gobierno nunca contra el empresario.
Una ciudadanía inconformista es bueno para todos. Una élite obrera inconformista no sólo es malo, sino que es demagógico. Hablamos de élite ya que incluso dentro de la clase trabajadora hay unos pocos que deciden por muchos, y es más, hay reivindicaciones que vienen de la capital y que todos acallan como propias sin pensar en las consecuencias.
Volvamos a la huelga contra el Gobierno y la Administración. Aquí estamos ante un acto egoísta y vandálico.
Huelga de recogedores de basura y el ciudadano queda puteado con la peste de las ciudades sin tener ninguna culpa. Huelga de los controladores aéreos y el pasajero queda tirado sin tener ninguna culpa. Huelga de conductores de trenes y el viajero queda hacinado sin poder ir a trabajar y sin tener ninguna culpa.
Hay que fastidiarse que hubiese sido Esperanza Aguirre la única que se atreviese a recordar que este derecho a huelga ha de ser regulado por ley orgánica para evitar la paralización como ocurrió en Madrid con la huelga del Metro. Las fuerzas del orden público, los servicios médicos-urgencias, y los servicios de transporte con toda su estructura han de estar siempre operativos. Lo pagamos todos y tienen una responsabilidad mayor con la sociedad.
Sí, la huelga, aparte de ser únicamente una herramienta para hacer un chantaje al Gobierno, trae consecuencias negativas que a la larga repercuten en otros trabajadores.
Un ejemplo: una huelga de Cercanías, un trabajador no pude ir a abrir una tienda y se pierde media jornada de trabajo. Es una cadena que da empleo a más de 100 personas y ese mes por esa huelga, la empresa ajena al conflicto laboral de los trenes pierde un 2% de facturación. La empresa haciendo números ve conveniente, con los tiempos difíciles que corren, reducir su plantilla en 2 personas como medida de reajuste.
Todas las huelgas, en el momento en que influyen en otros sectores económicos, en otros trabajadores y en otros ciudadanos anónimos, se convierten en actos delictivos.
Todas las huelgas que tienen como finalidad la reducción de la productividad tienen como primera víctima al propio trabajador.
Todas las huelgas que se han hecho hasta ahora no han recogido ningún fruto, salvo el menosprecio y alejamiento de la clase sindical e incluso de la función pública del ciudadano. Los frutos se recogen en la mesa de negociación y sí, hay muchas más medidas de presión que una huelga en la que los piquetes, esos grandes hooligans bolcheviques, acaben haciendo de las suyas. Patético y retrógrado.
No, no me representan, pero por favor, que no nos puteen más, que ya tenemos bastante con levantarnos cada mañana con un 20% de paro.

Por qué deberías cobrar más


Deberías cobrar más por muchos motivos. El primero de todo es porque te lo mereces como profesional. La mayoría de los puestos de trabajo de este país están sub-pagados porque hay un desequilibrio de la oferta y la demanda en la mano de obra.
Deberías cobrar más porque es un derecho. Todos los actores sociales –gobierno, sindicatos y patronal- tienen la obligación moral de satisfacer las necesidades básicas de cada individuo, de cada trabajador.
La Constitución, el Estatuto de los Trabajadores y la Declaración universal de los Derechos del Hombre ratifican que todos tenemos derecho a trabajar y a recibir un salario justo.
Deberías cobrar más porque trabajas más. Hay un coste de tiempo, esfuerzo y rendimiento que no se ve reflejado en la mayoría de los empleos. Una persona desde que sale de casa hasta que llega al trabajo invierte su tiempo gratuitamente hacia el proyecto empresarial de su jefe. El transporte tiene un coste no asumido así como también la dichosa plusvalía, es decir, el tiempo trabajado en horas extra que no se computa en el salario.
Plusvalía es 5 minutos trabajados cada día sin recibir nada a cambio. Es un aumento de la producción a coste 0 (patatero) para el empresario. 5 minutos trabajados gratis cada día es una plusvalía de 3 días al final del año para el jefe.
Deberías cobrar más porque la economía nacional se reactiva. Un empleado con más salario es un consumidor con más poder adquisitivo. Un consumidor con más capacidad de compra es mayor facturación para la empresa. Mayor facturación es expansión y, cerrando el ciclo, es más salario.
Deberías cobrar más porque así el Estado recauda más y los servicios sociales mejoran. El más justo de los impuestos es el impuesto a la renta, que grava las rentas más altas. A mayores rentas, mayores ingresos para fines sociales.
Deberías cobrar más para aliviar la presión fiscal hacia las empresas. Si no es por activa es por pasiva. Si la población no tiene suficientes recursos el estado ha de aumentar los impuestos a las empresas y la actividad empresarial se ve ahogada.
Deberías cobrar más porque las empresas ganan más. La mayoría de las empresas tienen ganancias que se convierten en dividendos hacia la élite de la corporación y no en salarios para la fuerza de trabajo. Es un fallo de la filosofía empresarial de este país que nunca implica al trabajador en el proyecto de la compañía.
Deberías cobrar más porque nos tenemos que igualar al nivel europeo en todos los sentidos, incluida nuestra capacidad adquisitiva.
Deberías cobrar más porque eres capital humano y no coste laboral. Vales mucho. Tienes una formación y una experiencia que aporta un know-how a la empresa único. Este capital humano tiene un coste para el directivo de la empresa. Eso es lógico y nadie lo duda, pero es primero el valor que aporta ese trabajador (el beneficio) y luego viene el coste.
Deberías cobrar más porque los números no cuadran. En este país sólo trabaja el 80% de la fuerza de trabajo, pero seguimos estando en el top 10 mundial de PIB y la riqueza del país sigue siendo una de las más altas, ¿dónde está?
Deberías cobrar más porque los números sí que cuadran. Si trabajas 8 horas al día y multiplicas tu salario x 3 te das cuenta que tú, que tu vida y que tu tiempo vale mucho más.
Puede parecer simplista y demagógico. Puede parecer una visión parcial del mercado laboral… pero no nos engañemos. Algo falla a la hora de calcular el valor del trabajo en este país.

Ha pasado, lo has visto


Para que una empresa tenga éxito ha de marcar un claro business plan. En ese plan ha de detectarse su target y dirigir su producto o servicio a un nicho de mercado concreto.
¿Nicho? Hay un sinfín de nichos de mercado y en cuanto a los medios de comunicación también hay que pasar de un puñado de canales generalistas a un contexto actual en el que las televisiones se tematizan y se dirigen a distintos nichos de mercado que marca la audiencia.
Con la televisión de pago hay (in)finitos canales en el que el televidente –usuario que ha pagado- podrá escoger el que más se ajuste a su perfil y preferencias.
La TDT es un paso intermedio entre la plataforma analógica de 5 canales de hace décadas a una plataforma futura de televisión a la carta. Con la TDT conseguimos –tras abono obligatorio del aparato para que no nos pillase el apagón- disfrutar de decenas de canales de forma gratuita.
Ahora bien, ¿es real esto de la televisión a la carta?, ¿conseguimos que cada cadena encuentre un nicho de mercado para un target definido?
Se intenta, pero nos dejan a medio camino…
La TDT ofrece canales de ocio, de series, de telerrealidad, de deportes. Cadenas de humor y cadenas de malhumor facha, canales públicos y canales privados.
Los públicos tienen la obligación de ofrecernos un servicio público de información veraz y neutral: RTVE y los autonómicos. Los privados sí que se pueden orientar hacia auténticos canales temáticos, siempre y cuando su proyecto sea viable.
CNN+ era el único canal privado que la plataforma digital de la TDT ofrecía en todo el territorio nacional de noticias e información 24 horas. Tras la compra de Telecinco, y con pérdidas acumuladas desde hacía tiempo, el proyecto de CNN+ no resultaba rentable y desapareció, o mejor dicho, fue sustituido por el canal de Gran Hermano 24 horas, lo cual dice bastante del cambio.
No es que Telecinco, la cadena amiga, sea un gigante que busque destruir cualquier ápice de conocimiento e información para la sociedad española, lo que pasa es que es una empresa privada que busca un beneficio, y un canal como CNN+ no daba esos beneficios.
Sin embargo, muchos nos negamos a creer que un canal privado de noticias en la TDT sea inviable.
Las únicas opciones que le quedan al ciudadano que decida consumir información en su televisor, a cualquier momento son, o pagar, o si no, ver canales públicos (TVE 24H y otros autonómicos similares) tutelados nos guste o no por el gobierno de turno.
De toda la audiencia, tienen libertad los adolescentes pop para ver la MTV, los conservadores para ver Intereconomía, pero no hay agallas de ningún ente privado para lanzar un canal de noticias abierto a todo el mundo, con información de calidad y reportajes de actualidad.
Iñaki Gabilondo conseguirá introducirse en otro medio de comunicación, tal como hizo en su día la también presentadora de CNN+ Letizia Ortiz, y otros muchos profesionales que conformaban la cadena.
Pero el que pierde, una vez más, es el público que hace zapping saltándose la telebasura y que finalmente acaba apagando el televisor. Menos mal que nos queda RTVE para ahora e internet para siempre.

Mientras no se globalice todo...


¿Sabíais lo que es un datáfono?
Es el aparato que usan los dependientes y prestadores de servicios en el punto de venta para que el cliente pueda pagar mediante una tarjeta de crédito. Constantemente estamos pasando la tarjeta por datáfonos y olvidándonos de si tenemos suelto o no.
Conversación real en la cola de una caja en un punto de venta:
A: Pero, ¿en serio que tengo que firmar? El banco me ha dicho que con esta nueva tarjeta ya no era necesario firmar ningún ticket…
B: Depende del datáfono, señora. Algunos les basta con el chip, pero otros nos obligan a comprobar los deneíes y pedir la firma, como siempre.
A: Siempre nos mienten y nos marean los bancos con sus inventos…
B: Ya… yo la entiendo, pero mientras que no se “globalice” tendremos que convivir con los dos sistemas. Lo siento.
Y así es la percepción de la realidad por parte de la sociedad actual. ¿Querría decir la dependienta “generalizar” en vez de “globalizar”? Seguramente hubiese tenido un lapsus, pero no iba muy desencaminada.
Hoy en día todos los productos están expandidos por todo el ancho del planeta. Cada vez más hay una sola sociedad de consumo, con todos sus pros y todos sus contras.
Lo más increíble de este proceso globalizador es que ha sido tan corto que para muchos aún no tiene un significado desarrollado en su lenguaje diario. Lo que está claro es que está ahí y que es unidireccional.
Se han globalizado los datáfonos, el cine y google, la política y la economía, el calentamiento global y la lucha contra la pobreza, se ha globalizado Zara y al-Qaida. Hoy en día, todo es global e incluso nuestra propia existencia en el mundo.
Sólo basta alzar la vista y ver la etiqueta de diez objetos que haya alrededor, darles la vuelta y ver su etiquetado, su marco CE y su procedencia. Globalizado y transnacional. Tus pantalones han sido diseñados en algún país europeo, con capital americano, con materia prima africana y mano de obra asiática.
Tus noticias diarias globalizadas, tu facebook globalizado, tu concepción del mundo globalizada y tu futuro también globalizado.
Ante este panorama –para muchos desolador- hay que saber hacerle frente y sacarle provecho.
Somos ya casi 7 mil millones de ciudadanos que vivimos en red y en interdependencia unos de otros. Cada una de las partes en este juego ha de beneficiarse de la forma más justa de un intercambio comercial sin fronteras, donde no se pueda frenar únicamente los productos, sino tampoco las ideas. Un mundo global sin fronteras donde tengamos la información de qué pasa al otro lado y donde, por supuesto, nos incumba.
En este mundo tal como vivimos ya en la segunda década del S XXI, no hay que quedarse llorando al pensar eso de “Todo tiempo pasado fue mejor.” La globalización ha de mejorar la forma de pagar con tarjetas de crédito, los derechos, el bienestar y tu vida también.

La joint venture del fumeta antisistema


El mercado negro o la economía sumergida no se pueden erradicar en su totalidad. Hay que reducirlos al máximo, pero desde la venta de armas hasta las cuentas de una pyme en “B” pasan por este cauce de dinero subterráneo muchos capitales.
Las sustancias ilegales estarán siempre en el mercado negro mientras que no se las legalice. Con el cannabis, por ejemplo, se mueven en España millones de euros al año, libres de impuestos y con unas consecuencias que van más allá de lo que vemos o de las que ve el fumador.
Hay un sector de la población subversivo anticapitalista consumidor de cannabis y muy crítico con el sistema. Todos tenemos en mente a este prototipo de personaje, y, si bien está mal generalizar, hay que darle una lección por su doble moral.
Los fumetas antisistema deberían dejar de criticar el consumismo atroz de la clase media occidental y no caer en el tópico del niño vietnamita que remienda balones y zapatillas deportivas ya que al fin y al cabo, su consumo de cannabis trae unas consecuencias igual o incluso más nefastas para el tercer mundo que una multinacional americana que externaliza la producción.
En primer lugar, hay que plantearse si con 100 euros ó 100 dólares en Occidente los consumidores compramos a una multinacional o a una mafia de la droga. La primera paga sus impuestos y da salarios, con lo que el bien social que aportan es muy relevante. La segunda no paga impuestos, soborna a sus camellos y trae la desestructuración social de las clases menos pudientes.
Las mafias de las drogas matan, usan la violencia, coartan a jóvenes, financian la venta de armas. Son el mayor de los cánceres que soporta hoy el mundo. Los fumetas antisistema critican a los bancos y la(s) Iglesia(s) cuando éstos buscan un beneficio económico para su supervivencia e incluso tienen un excedente para hacer una labor social. Los cárteles de la droga también buscan este beneficio pero con sus excedentes no hacen ningún bien.
Si bien las consecuencias sociales y sanitarias en el Primer Mundo a causa de la droga son deleznables, en el Tercer Mundo son aún peores y lastran su desarrollo.
¿Qué futuro tienen aquellas generaciones perdidas urbanas de clase media y baja que han caído en la espiral de la droga? Muy poco.
Si los fumetas antisistema critican tanto los transgénicos y el comercio no justo de productos agrícolas, deberían saber que en las zonas en las que se produce la droga, muchos agricultores tienen que caer en el monocultivo para su supervivencia económica siendo sus compradores incluso más hijoputas que Monsanto o Nestlé, ya que las mafias narcotraficantes ofrecen siempre condiciones más leoninas y la salida de este cultivo puede resultar incluso peligroso para esas familias.
Un dato para el fumeta español que compra hachís tan tranquilo. El gramo de género comprado por el narcotraficante hispano-marroquí al agricultor vale 0,14 euros. Cuando el producto llega a la península su valor asciende ya a 1,5 euros/gramo. Con un par de intermediarios desde la gran familia de narcos hasta el pequeño camello de barrio, el gramo de costo pasa a valer 4,5 euros cuando lo compra el fumador final.
Este fumeta antisistema ha de pensar, resumiendo, que de 10 euros que compra, el campesino recibe tan sólo 30 míseros céntimos.
Este fumador de droga que también defiende la honrosa causa de los derechos humanos tiene que pensar que hay personas que arriesgan su vida cruzando fronteras con drogas metidas dentro de su cuerpo, y que en muchos países de origen, el comercializar con estupefacientes está tipificado con penas máximas, y que él/ella es en parte responsable de la vida de esta persona.
Así pues, que cada quien compre y consuma lo que quiera, pero que antes de ver la paja en el ojo ajeno se quiten el canuto del suyo propio.
Los fumetas antisistema se deberían dejar de tanto porro y tanta crítica gratuita y ser conscientes también de sus propios actos. Aunque el vicio es el vicio, ¿no?

El libro ha muerto, ¡viva el libro!


La ciencia ficción siempre ha sorprendido a todo el mundo en su momento de publicación. En la película Fahrenheit 451 de François Truffaut (1966) se recrea una sociedad futurista donde los libros están prohibidos, la gente no puede leer y el poseer cualquier ejemplar era delito y tenían que ser quemadas todas sus páginas. En esta obra se narra la nefasta idea de que en el futuro se prohibiría la literatura porque leer hace pensar, sentir, entristecerse y aísla al individuo del resto de la sociedad.
Afortunadamente hoy se sigue leyendo. Todo es lectura porque todo es comunicación. Hay que leer para trabajar, para desplazarnos, para buscar y encontrar, para actualizarnos, para saber de la otra persona.
Esto es la sociedad de la información, y la información son imágenes, pero también palabras.
Una novedad ha sido recientemente la aparición del libro electrónico o eBook. Se trata de un reproductor de lectura, como podría ser de vídeo o música, pero donde se puede almacenar toda una biblioteca personal en un solo aparato.
Se ahorra espacio, se salvan árboles, se hace accesible cualquier autor, se lleva consigo y apenas gasta energía porque sólo se consume la batería pasando de página electrónicamente, es decir, de pantalla.
Intenta simular un libro, con su forma, peso y tamaño, e incluso con la luz de la pantalla para que parezca una hoja de papel.
Sin embargo, no nos engañemos, un libro electrónico no es un libro.
Un amante de los libros es un amante de la literatura. Un lector de eBook puede ser un gran amante de la tecnología, pero quizás sin pasión literaria. Y esto ha sido un error de cálculo marketiniano por parte de las empresas productoras de estos dispositivos y de las editoriales que quieren dar el cibersalto sin red.
El target de cualquier obra literaria clásica o moderna adora el libro, con su cubierta, con sus páginas, su olor y estantería. Un consumidor que seguirá gustando del libro de toda la vida.
Quien compare los libros con la digitalización de la música se equivoca porque el formato musical sí que evolucionó por sí solo todas estas décadas: disco, cassette, CD, mp3, ipod, playlist on line… pero la música es dónde y el libro es cómo. Además, se siguen vendiendo vinilos, todo sea dicho.
Con esto no hay que menospreciar el libro electrónico: puede tener grandes ventajas a nivel de investigación y estudio, guardando grandes volúmenes de enciclopedias, manuales y libros de consulta en un par de dispositivos.
Ahora bien, a nivel ocio, a nivel disfrute literario, el libro no ha muerto ni morirá. A cualquier persona lectora se le pone la piel de gallina con la vaga idea de un mundo sin libros como en Fahrenheit 451.
Así pues, tendrá el eBook un ciclo de vida como cualquier otro producto, y se comprarán, y se le podrá sacar el máximo provecho, pero tendrá un fin. Y aparecerán otras formas de lectura electrónica que convivirán de la mano con el libro de toda la vida.
Lo bonito de esto es que se demuestra que el ser humano sigue siendo humano mientras que haya teatro, lápices, tambores y libros por los siglos de los siglos. Amén.

¿Por qué Fidel Castro viste Nike?


Fidel Castro ha reaparecido en los medios de comunicación cubanos. Pura imagen. Su presencia sirve, no sólo para liquidar la rumorología sobre su estado de salud, que con los casi 84 años que cumplirá esta semana está más que sano, sino por lo que la figura de Castro representa para Cuba y el mundo.
Cuba es una república popular, y como tal, se basa en la figura de una cabeza política viva que es garante de la unidad y presencia del regímen comunista mismo. Aunque ahora Raúl sustituya a Fidel en la jefatura de Estado cubana, el comandante sigue siendo -como dicen sus detractores- el dictador que rige en la isla.
Hablábamos de imagen y es que los símbolos, las caras, las portes, los gestos, todo está pensado al milímetro en los regímenes de opinión pública que son, desde hace décadas, cualquiera de los países del mundo.
Fidel Castro acaba de dar un discurso tras cuatro años de retiro ante el Parlamento de La Habana. Esta vez no tan largo como otras ocasiones, que ya se sabe que los años pesan, y con su camisa oliva revolucionaria.
Sin entrar en los pavores que da ver a un líder de un país con traje militar, ¿es para demostrar acaso la vigorosidad del castrismo frente a las pasadas imágenes del comandante?
Obvio, las últimas veces que se le veía siendo visitado por otros líderes latinoamericanos y también por otros no tan líderes como Maradona, aparecía entrañable y vestido con chándal.
Pero el castrismo no viste cualquier prenda. Sus chándales son de marca.
Fidel, tú que has sido ejemplo de la lucha antiimperialista y prueba en vida para muchos jóvenes marxistas que van contra corriente en esta sociedad de consumo boicoteando las firmas más perversas, ¿cómo es posible lucir Nike?
Pues puede ser por muchos motivos.
Quizás sea la doble moral típica de cualquier dictador que prohíbe a sus discípulos todo lo que él disfruta. Puede ser que Cuba no tenga industria textil deportiva, aunque esto no es así.
Es más, puede que Nike y Fidel Castro tengan un contrato publicitario por el que la firma americana paga un canon al militar cubano cuando sale vestido con esta marca. Just do it by Fidel.
Excentricidades aparte, Cuba sí que se está transformando.
En primer lugar, ahora Raúl nos sorprende con gestos aperturistas. Aunque habría que recordarle a los comunistas cubanos que no hay nada tan anticomunista como la herencia de cargos políticos por vía sanguínea. Esto se llama "aristocracia", camaradas.
Aparte de ello, Raúl Castro va permitiendo poco a poco que Cuba se introduzca en la sociedad de la información, levantando restricciones a internet, telefonía móvil y comunicaciones exteriores. Paso a paso, flexibilizar la carca burocracia comunista cubana evitando esfumar las privilegiadas garantías sociales que ofrecía La Habana a los cubanos hasta ahora.
Cuba, con su aislamiento económico ha sobrevivido décadas, llevando a cabo grandiosos progresos, pero es necesario un cambio que garantice la democracia real, los derechos y libertades individuales, y para el bienestar de todos los cubanos, una apertura que desembrague la actual crisis cubana.
Si Fidel Castro ha sido el libertador-dictador de la isla (el segundo tras Batista, que también derrocó un poder militarmente y limitó los derechos de la ciudadanía) quizás su hermano ofrezca una perestroika, una apertura al mundo.
Una vez más, pura imagen. Ver vestido a Castro de Nike puede ser sencilla y llanamente porque es una ropa deportiva cómoda para nuestro compañero octogenario, pero es más esperanzador pensar que es un gesto para que se dé fin al aislamiento cubano. Un gesto por parte de Cuba, para que ahora el mundo también le dé otro gesto a ellos.

El chiste de Mauricio Colmenero

Aún nos estamos riendo... Para quien no sea de España, hay que ponerlo en precedentes. Hace cinco años, el legislador aplicó una ley restrictiva hacia el tabaquismo en el país, una ley que ya era pedida y deseada por grandes sectores de la población, a golpe de remolque de otras legislaciones sanitarias occidentales que sirven de avanzadilla y con una finalidad de interés general como es la salud pública. Aprobada, todo sea dicho, por unanimidad.
En este país se fumaba y se fuma mucho. El descenso de fumadores se hace de forma pausada pero es imparable... En la actualidad sólo fuma el 25% de la población adulta, en contraposición a la mitad de la población que lo hacía hace un par de décadas.
La ley antitabaco 28/2005 prohibió en su día fumar en los puestos de trabajo, en todos los transportes y edificios públicos. La prohibición llegó a los locales públicos: bares, restaurantes, cafeterías, locales de ocio. Todos ellos lugares en los que se concentra gran cantidad de humo.
Aún así la ley permitía la posibilidad de que estos locales públicos habilitasen una zona específica y separada de fumadores si tenían cierto tamaño y dependiendo de las Comunidades Autónomas, que al fin y al cabo son las que tienen la competencia de salud en España y las que desarrollan esta ley en sus respectivos territorios.
De esta manera, algunos locales han tenido que hacer una separación física para poder tener a los fumadores separados de los no-fumadores.
Este año el ejecutivo sacará una ley aún más restrictiva y prohibirá el consumo de tabaco en todos los bares y locales. El 60% de la población ya estaba a favor de esta prohibición total, que esta vez afectará a todos por igual y que únicamente dejará fumar en prisiones, psiquiátricos y terrazas.
El chiste está en que hay hosteleros que ahora piden una indemnización por haber tenido que hacer obras en su local ya que con la nueva ley que entrará en vigor en 2011 no se hará necesaria la separación física de fumadores/no-fumadores.
Permítanme que me ría: jajaja (y en inglés también para que me entiendan fuera del país: hahaha).
Seguramente lo hacen porque papá Estado ha sido condescendiente con otros sectores en crisis, pero que la hostelería de este país se atreva a pedir semejante disparate, y no sólo por el momento que estamos viviendo, está totalmente fuera de lugar.
La ley antitabaco de 2005 no obligaba a hacer esa separación, sino que "permitía" poder seguir teniendo clientes fumadores, pero separados de los que no quieran respirar el humo. Y repito, esto dependía de las dimensiones del local y de la Comunidad Autónoma.
En fin, el empresario tendría que hacer números y todo lo demás es puro márketing. ¿Me compensa seguir teniendo clientela fumadora? No; OK. Sí; perfecto, pues manos a la obra, y siempre con el riesgo que tiene cualquier actividad económica y cualquier inversión en un negocio.
Renovarse o morir... nunca mejor dicho. El empresario ha de analizar el mercado, sabiendo de sobra -todo el mundo lo sabía- que a medio/largo plazo la prohibición total de tabaco llegaría a todos los locales, planteándose como reaccionará su público y aventurándose a reformar el local si le convenía.
En este país la hostelería es una potente área económica que factura millones y millones de euros. Las obras que en su debido momento y de forma voluntaria tuvieron que hacer algunos hosteleros se han visto amortizadas a lo largo de estos 5 últimos años.
Los negocios que no han sobrevivido, como muchas ferreterías, carnicerías o hueverías, ha sido porque la competencia se los ha comido.
Seguramente hubiese sido necesario un reajuste de precios, un cambio de imagen o algo más que una barrera que separase a la clientela por vicios.
En fin, pero a lo Mauricio Colmenero así nos va. Muchos pequeños empresarios son el ejemplo de la superación y de la lucha personal por la realización de un proyecto.
Otros son el ejemplo del anti-negocio: sin ética, sin contratos a los empleados, sin impuestos, pero con la boca bien abierta pidiendo indemnizaciones porque el Estado vela antes por los pulmones de los ciudadanos que por los bolsillos del dueño.

Iva-profeno para demagogias cervicales


Siempre que tienes las manos ocupadas o tienes la boca llena, suena el móvil. Es una ley de Murphy - como muchas otras que hay - de las pequeñas incidencias que nos pasan en nuestra vida cotidiana, pero sin las cuales no viviríamos porque este mundo no es perfecto.
Cuando enciendes un pitillo es cuando llega el bus. Cuando empiezan los brotes verdes es justo el momento en el que el Gobierno decide subir el IVA. Una ley de Murphy.
Sabíamos que íbamos a recibir esa llamada, teníamos la certeza de que el bus estaba al caer y teníamos el conocimiento de que nuestro IVA era esencialmente bajo y que tenía que ser aumentado. Aún así siempre nos quejamos (“rayos! por qué ahora!”).
En los países nórdicos, el IVA había pasado al 18% en el año 1977 (también una década crítica, todo sea dicho) y no ha dejado de ascender hasta el actual 25%.
¿Doloroso? Está claro que nos queda mucho por andar para llegar a los niveles de Suecia o Finlandia, pero sí que nos podemos comparar con nuestros simpáticos vecinos del sur: Italia 20%, Portugal 20%, Grecia 21%, Francia 19,6%, etc.
Con todo, no nos vale de argumento que ellos tengan un mayor nivel de vida y que se lo puedan permitir, porque además el IVA sigue siendo un impuesto porcentual aplicado a un precio de venta al público, acorde con los ingresos de cada caso, algo de lo que ya se encargan las empresas de fijar para poder abrir mercado. Así, un mismo producto X de la misma marca costará más en Dinamarca que en Francia, más en Francia que aquí, y más en España que en Portugal. Es un hecho. Lo que varía es la capacidad recaudatoria de cada país. Y en este caso sí que nuestro ejecutivo recaudaba mucho menos que el resto de la UE.
Y otro engaño es que ahora todo subirá un 2%. Craso error: no nos confundamos. El 18% es el tipo más alto (el 7% será el IVA reducido para algunos servicios y el 4% de IVA superreducido se mantendrá igual para los bienes de primera necesidad).
Ese 2% de más no implica necesariamente que ahora todos los bienes que se gravan al 18% asciendan esos dos puntos. Como ejemplo, una cámara hasta ahora valía 290€, de los cuales 40€ (16%) eran recaudados para las arcas del Estado y 250€ por el empresario. Ahora, con el nuevo IVA, el precio final será de 295%, es decir, un 1,7% de más, ya que se sigue gravando la misma base (16% de 250 y 18% de 250). Eso sí, el grupo Inditex no incrementará sus precios (aplaudo su política).
Lo positivo es que es un pequeño grano de arena para reducir nuestro déficit. Lo negativo es que necesitamos piedras, no granitos de arena.
Los impuestos han de aumentar para poder sanear nuestro sistema, equilibrar los gastos con los ingresos públicos y no endeudarse el país. El problema es que debería haberse aumentado el IRPF para las rentas más altas, no deberían haber desaparecido impuestos como los del patrimonio ni donaciones. Y ni hablar de los famosos 400 euros (!)
Es muy irresponsable bajar los impuestos en situaciones de superávit presupuestario cuando se sabe que se avecina una gran crisis. Es demagógico bajar el IRPF, que es y seguirá siendo el impuesto más Justo (en mayúsculas) de todos cuantos hay. Es curioso que se suba el IVA y que creamos que será suficiente. Pues no llega, señores.
El IVA tendría que haber aumentado en nuestra bonanza previa a 2009 y elevarlo a niveles europeos. Ahora, si se emparanoia a la gente, al público, al consumidor, las compras se reducirán y la economía sufrirá otro freno.
Ya hay quien se encarga de emparanoiar a la patria (incluso más irresponsable que las políticas fiscales del Gobierno) y hablan de rebelión contra el IVA. Demagogia barata para un país en que sólo nos fijamos en las gangas cuando el vecino las compra.
Sólo nos queda esperar que ésta sea una de las muchas decisiones serias y responsables que tome el Gobierno para equilibrar las cuentas públicas. Sintiéndolo por el que no lo quiera entender: Preferible son las medidas impopulares que las tómbolas oportunistas en materia fiscal.
El calmante ayuda a acabar el día, pero hay que buscar el origen del dolor para poder levantarse mañana.

Mis 20 duros


Siempre que los precios suben es porque la economía está activa. En caso de que desciendan (deflación) esto implica normalmente grandes pérdidas y destrucción económica.
Si los precios no suben de golpe, sino más bien, escalonadamente, tendremos una inflación sana que se expresará en beneficios para todos (beneficios empresariales y beneficios salariales). Este equilibrio no siempre va a la par: en primer lugar, la empresa se reajusta con los nuevos precios, y en segundo lugar, los beneficios acumulados irían a parar al asalariado. De esta manera, los casos de hiperinflación o inflación brusca se convierten en un caos social, ya que este reajuste nunca llega.
Los precios son siempre fijados por la demanda y la oferta. Lo que hace que este equilibrio no siempre sea un punto definitivo es que la economía es dinámica. La oferta varía y la demanda también. Influyen en éstas infinidad de factores. Desde la deuda pública, los impuestos, el ahorro, hasta el excesivo pesimismo, entre muchos otros.
En nuestro caso más reciente, hemos tenido un ápice de deflación ante el comportamiento del consumidor español. A causa del bombardeo catastrófico y mediático de la crisis, éste ha decidido reducir su consumo, hasta tal punto, que muchas empresas se vieron obligadas a bajar sus precios para intentar perder el mínimo posible, siendo en muchos casos, los precios continuadamente inferiores a los de los años anteriores. Obviamente, este comportamiento implica no sólo menos beneficios para el empresario, sino menos capacidad fiscal del estado y menor salario y desde luego ninguna ayuda para frenar el desempleo.
A lo largo de la década de los 2000, nuestro país, nuestro entorno y en general toda la economía global ha sufrido una escalada de precios. “Con la peseta de vivía mejor” no es lo más acertado para reflexionar sobre esta situación económica, sino “En tiempos de la peseta se vivía mejor”, que es muy distinto.
Si veíamos que, con el exceso de pesimismo, la cosa iba mal, no diremos que el exceso de optimismo habrá sido bueno. El claro ejemplo es la última crisis financiera mundial o el ladrillazo de España. Un exceso de optimismo se traduce en especulación. Al haber un gran movimiento de capitales los precios se disparan y llega a un punto que la burbuja explota, como hemos visto. Si todo el mundo pone dinero, crea dinero e inventa dinero que nunca existirá, que nunca se comprará, se llegará a una situación crítica que sin lugar a dudas notará nuestro bolsillo.
Lo que más desestabilizaba, aún así, los precios durante este período ha sido el petróleo. El preciado oro negro ha tenido unos vaivenes que afectaban a todos los sectores. El combustible es un coste directo de transporte presente en el precio de venta al público (PVP). Y hoy todo es logística y transporte. ¿Cómo nos afectará la cada vez más la reducida oferta de este material en peligro de extinción con el más que notable aumento de demanda de ya no sólo el primer mundo? La respuesta la sabemos todos.
Por cierto, una de las soluciones a la falta de carburantes es el biocombustible, pero también ha demostrado que si ahora comenzamos a especular como si los cereales fuesen gasolina, los precios de los alimentos se dispararían en todo el mundo, dañando las economías domésticas más limitadas.
Entonces, ¿qué ha pasado con el euro? Ciertamente en 2002, con la entrada de la moneda única, se produjo el famoso redondeo, y no siguiendo las recomendaciones de las instituciones financieras ni políticas, muchos empresarios redondearon con creces al alza. 125 pesetas pasaban a ser 0,76 euros, que a efectos prácticos se traducían en 0,80 (+6,5%).
Este redondeo fue en su momento una práctica extendida en el comercio minorista y tuvo una influencia en el IPC, pero estamos hablando del IPC de 2002. No podemos achacar este comportamiento (que, por cierto, no tenía nada que ver con la UE, sino con la “trampería” de nuestras pymes) a la actual inflación ni a los actuales precios.
Si vemos PVP altísimos en comparación a 2001 (último año de la peseta) es porque en esta época el precio de la vivienda, de los carburantes y de los alimentos sufrieron la mayor especulación y contagiaron nuestra cesta de la compra. El mercado laboral va aparte y los precios de éste (nuestros sueldos) únicamente crecen al ritmo del IPC. Otro debate es qué entra dentro de este IPC y qué queda fuera del indicador.
Así pues, el euro ha sido una moneda fuerte desde el principio de su instalación en nuestras economías. La peseta no era sino una moneda con escaso valor e interés internacional, más volátil y débil, y sin ningún tipo de garantías a la hora de afrontar una gran crisis como la actual.
No eran tampoco iguales los precios en 1992 en comparación con 2000, ni serán los precios de 2010 iguales a los de 2018.
Dejémonos de mitos. Lo que hay que ser es menos nostálgicos y más realistas para poder así afrontar el futuro económico incierto que nos espera.

Christmas marketing


El merchandising entrama un diálogo directo con los sentidos del consumidor. El olfato, el tacto, el gusto, el oído y, como no, la vista, juegan un papel fundamental a la hora de posicionar lo que se quiere vender frente al consumidor.
Las luces son un gran reclamo. Un producto bien posicionado espacialmente si se le acompaña de una luz adecuada (según al público a dónde se quiera llegar) tiene asegurada la atención del comprador.
De forma exterior también se ilumina todo. ¿Quién puede concebir un establecimiento sin un letrero luminoso? Y es que las luces nos encantan. Están en todas partes y son –a todos los niveles- para llamar la atención al viandante, desde la iluminación de una catedral patrimonio de la humanidad hasta la máquina tragaperras de la taberna de un pueblo remoto.
Una de las señales de que las fiestas navideñas han llegado, ya no es sólo que sea Navidad en el Corte Inglés o que monten un lineal de turrones a la entrada de supermercado de barrio, sino las luces: eso sí que es inconfundible.
Y es que están relacionadas con la decoración del punto de venta y con las campañas de los grandes medios, y es, no olvidemos, una estrategia comercial más para aumentar el consumo en estas fechas.
Madrid este año se vuelve a situar a la cabeza con un gasto total de luces de 3,5 millones de euros, que incluye la instalación, el mantenimiento y el consumo. El doble que Barcelona, que también hay que reconocer, será un gasto asumido por las asociaciones de comerciantes y empresarios del centro de la ciudad.
La estrategia en este año de crisis ha sido adelantar el alumbrado a los últimos días de noviembre. La decoración es menos sobria y de más diseño y calidad, como año tras año, pero esta vez centrándolo solo en las calles más céntricas de la ciudad.
Si el español medio esta navidades gastará 800 euros de media (regalos, alimentación, ocio y lotería, entre otros) se moverá una cantidad de 25 mil millones de euros en estas semanas de consumo, que no olvidemos, será una bocanada de oxígeno para el comercio de este país.
Eso explica al consumidor y ciudadano medio porqué hay ese derroche de gasto de iluminación en las ciudades. Ya que de los 7 millones que gastan las grandes ciudades se ve más que amortizado. De 35 euros que gasta el comprador García, 1 céntimo irá para amortizar esta performance lumínica.
También para muchos es ya una tradición (sí, señores, las navidades han evolucionado) la puesta en escena de la luces en el centro de la ciudad. Y ahora nos podemos pasar una tarde de x-mas shopping (un hobby más para algunos) sin escuchar un villancico, y no pasa nada… podemos comprar con frío, podemos comprar sin colores llamativos, pero, ¿sin luces? No, las compras no serían tan grandes porque la gente no saldría a las zonas comerciales con la facilidad y las ganas que lo hacen cuando se iluminan las calles.
Lo positivo, así pues, de la iluminación navideña es que aumenta el consumo y se reaviva la economía, que este año está más que dañada por el pánico a no gastar… Lo negativo, es por un lado, lo que algunos critican, que es pérdida de valores religiosos en esta fiesta cristiana, y por otros, el derroche energético, que bien se podría unir bajo el mismo paraguas (a verdes y feligreses) del consumismo navideño.
Muy a su pesar, muchas familias (la mayoría de este país) tienen su fuente de ingresos en mayor o menor medida a través de este consumismo despilfarrador de estas fiestas; por consiguiente, habría que ser críticos pero con los pies en el suelo.
No podemos vivir un mes de diciembre sin luces navideñas, pero tampoco podemos soportar esos 30 millones de kw por hora, ni las 10 toneladas de CO2 que implicará este consumo. ¿Hay un punto intermedio? Se ha demostrado que las luces en las calles es un reclamo eficaz para el consumidor, pero, ¿qué tal si aparte de eficaces probamos a ser eficientes?
El ayuntamiento de Bilbao ha decido enfocar toda la campaña lumínica navideña en torno a cortinas de LEDs, ahorrando un 98% de energía con respecto al año pasado. Este es el tipo de iniciativas que deberían abanderar el resto de ciudades. Y si bien, sí que es excesivo mes y medio de luces en las calles, la estrategia sería más justa (y más del estilo de Santa Klaus) si la iluminación se extiende a otros barrios no tan céntricos, donde sí que hay comercios, también hay familias que dependen de la facturación de diciembre y que tienen derecho a este merchandising urbano, que afortunadamente cada vez se hace con menos dinero público y más dinero de las empresas: al fin y al cabo, ésta es su campaña.

Árbitro de tercera


Si te timan y lo sabes, es lo peor que te puede pasar. Lo mejor, como siempre, es la felicidad del ignorante. Los poderes públicos deberían informarnos más de los derechos que tenemos como consumidores y usuarios.
Es sorprendente que a estas alturas, cuando estamos de lleno en una sociedad de consumo y se ha avanzado a pasos agigantados en el derecho de la defensa del consumidor, no seamos capaces de conocer cuáles son nuestros derechos y tan sólo conozcamos nuestras obligaciones. Tenemos que dar gracias a la OCU y otros organismos por su labor informativa (chapó) cuando pagamos con nuestros impuestos a una Administración pública cuya función es fomentar este tipo de conocimientos.
“Los poderes públicos garantizarán la defensa de los consumidores y usuarios, protegiendo, mediante procedimientos eficaces, la seguridad, la salud y los legítimos intereses económicos de los mismos.” Ya… pues estad al loro porque no es así. Cuando un consumidor pide una hoja de reclamaciones (si la pide, porque no es común) se iniciaría un procedimiento legal y costoso, que aunque parezca contradictorio, no lo es, en el cual el usuario tiene muy pocas posibilidades de que la Administración haga algo. Con mucho, los poderes públicos iniciarán una inspección y en un extremo evitarán que otros consumidores vuelvan a tener ese mismo problema.
Si te venden un aparato electrónico con una garantía inferior a los 2 años, si te cobran de más en un restaurante, si te facturan el presupuesto del taller a posteriori, si te duplican el coste de una reparación a domicilio, si no estás conforme con el arreglo de un traje en un sastre y no te devuelve el dinero, hay un medio gratis para la resolución de controversias entre vendedor y comprador y es el arbitraje de consumo.
La gran mayoría de la gente de este país no tiene noticias de este sistema de mediación entre las partes, y es lamentable que así sea, cuando lo ideal es que todos estemos formados para poder hacer frente a las injusticias frente a nuestros propios intereses individuales.
El arbitraje de consumo es un procedimiento rápido y gratuito, y es igual, o tiene la misma validez que cualquier otro procedimiento judicial, con la salvedad que, en lugar de una sentencia, lo que se emite es un laudo y que en vez de ser magistrados o un juez, son árbitros.
Es un modelo ideal en el cual, con la ley en la mano, un equipo formado por un número impar de árbitros (tres o más) deciden sobre una controversia entre un empresario y un consumidor. Un árbitro será escogido por los intereses empresariales y otro por los de las asociaciones de los consumidores (ambos, abogados conocedores de la legislación en consumo) y un tercero, por la Administración pública que será la figura dirimente.
El arbitraje, así, será como un juicio cualquiera, en el que se podrán hacer exámenes y pruebas (amigo mío, conserva siempre los tickets y facturas) y en el que se escucharán a ambas partes. Finalmente emitirán un laudo (es como un premio en latín) y será de obligado cumplimiento entre las partes, ya sea legal –ciñéndonos tan sólo a la ley-, como por equidad –en aquellas (múltiples) lagunas donde aún no llega el derecho-.
Si especificamos en la hoja de reclamación que deseamos iniciar un arbitraje, pueden pasar dos supuestos, el primero –optimista- es que el establecimiento o empresa, forme parte del arbitraje de consumo, esto es, que ya esté en el censo de empresas que afirmativamente están dispuestas a entrar en arbitraje si el usuario así lo desea, y por lo tanto, nuestra petición automáticamente activa la mediación; el segundo supuesto –realista- en el que el comercio no esté en este censo arbitral, y sea el propio empresario el que decida si sí o si no participar en el arbitraje.
Participar en un procedimiento arbitral tiene que ser siempre libre para las dos partes, y en el momento en el que alguna de ellas no quiera formar parte, sólo queda la opción peor –supuesto pesimista- que implica juicio, abogados, meses de espera, euros euros dubidú, euros euros allá tú, sentencias insensatas por una mala defensa, más tiempo, y preferir no mover ni un dedo si tu batidora ha dejado de funcionar.
Muchos establecimientos tienen en su entrada el sello de arbitraje, que sin lugar a dudas, implica una garantía de calidad ante el consumidor. Nadie sabe qué significa este distintivo, ni los derechos que tenemos. Tendríamos que valorar más los comercios que nos ofrecen esta garantía “plus” ya que son los únicos que se podrían vanagloriar del lema “los clientes tienen siempre la razón –si en realidad la tienen-" y del otro lado, del lado del que se deja sus dineros en un producto o un servicio, conocer en profundidad nuestros derechos.
La felicidad del ignorante no es siempre buena, así que por tu bien y por el de otros consumidores, si te timan no dudes en pedir unas hojas de reclamaciones y si puedes solicitar el arbitraje, mejor. Mucha gente se merece la roja directa.

Jubílala


Estupefactos. La decisión del Gobierno Zapatero de prolongar la central de Garoña ha dejado desconcertado a todo el mundo. No ha sido una decisión, sino una no-decisión, y eso es mucho más grave.
Hay un gran déficit energético y un debate en torno hacia dónde se tiene que dirigir la política de consumo de todos los estados comunitarios. Muchos gobiernos defienden la energía nuclear. Nuestro gobierno socialista en cambio, como una gran mayoría de ciudadanos europeos conforman el frente a favor de una energía más limpia, segura y sostenible.
Garoña es en la actualidad la central nuclear más antigua de todo el territorio nacional. Construida en 1970, contaba con 40 años de vida. El gobierno actual, en lugar de comenzar los trámites para su cierre y la reestructuración de la zona ha decidido dar carpetazo (carpetazo salomónico, eso sí) y prolongar su vida hasta 2013. Ello, que bien se puede calificar de decisión irresponsable, deja en manos del futuro gobierno de Madrid, la decisión de una prolongación mayor -10 años- o su cierre definitivo.
El CSN (Consejo de Seguridad Nuclear) confía en que la seguridad de la central es correcta y que Garoña no implica ningún peligro para los garoñenses (ni para los bilbaínos, burgaleses, logroñeses, etc) que viven en la zona.
El problema no es el dictamen (no vinculante, nunca lo olvidemos) del CSN, ya que el Ministerio tiene la última palabra. El debate tiene que ser más profundo. Sin ánimo de no caer en infravalorar el peritaje del CSN no hay que olvidar que es un organismo “nuclear” y, por ende, pro nuclear. Una dentista siempre animará a colocar aparatos y un dependiente aconsejará cualquier prenda a quien le pida consejo, y el CSN plasmará la plena seguridad de Garoña durante 10 años más. Obvio. 10, 15 ó 20 años, pero el problema no es que Burgos sea un nuevo Chernobyl, lo que nos deja “estupefactos” es que nuestro gobierno se había planteado reencaminar la política energética de España – estrategia electoral para robar votos verdes- e ir cerrando las centrales nucleares, mucho más si superan los obligatorios 40 años de vida.
La energía nuclear no es buena para el medio ambiente. Greenpeace lo deja bien claro exponiendo los motivos para ser antinuclear: Es peligrosa y sus consecuencias pueden ser, tal como ha demostrado la historia reciente, dramáticas. Se generan residuos que no sabemos cómo tratar pero que científicamente se conoce que permanecerán durante decenas de miles de años. No genera tanto empleo (en Garoña trabajan 315 personas). Está en contra de Kioto y la voluntad de renovación las fuentes de energía es posible ya que muchos países lo han conseguido. Sigue creando dependencia siendo la totalidad del uranio (materia prima) importado. No es una energía renovable y se calcula que en unas décadas se acabará el uranio necesario para el sostenimiento de las centrales nucleares actuales.
Y lo más importante, la gran mayoría de los ciudadanos se declara en contra de la energía nuclear.
No nos sirve de nada dejar de depender de la energía de otros países, ya sea Argelia o Francia, porque a los consumidores no se les repercute tanto en la factura. El coste energético se encarece año tras año por muchos factores como son el IPC, o el hecho de que cada vez consumimos más.
Tampoco nos sirve el argumento de que se pierden puestos de trabajo, porque a nivel general y pensando en el interés de todos los ciudadanos, las energías renovables crean más empleo y sus fines son mucho mejores, con lo que hay que apostar por ellas sin dudarlo. Además, cuando se cierra una nuclear, una refinería o una papelera, la Administración Pública ya se encarga de aplicar un plan dinamizador en la zona, algo que muchos sectores no tienen en la actualidad.
Plantémosle cara y sigamos exigiendo el cierre de las centrales nucleares, no por ser fieles a un programa electoral, sino por ser fieles a nuestros principios: Creemos un país sostenible.

Saunders'


Cómo se iba a imaginar la que se le caía. Este pequeño vendedor de Estados Unidos fue el inventor del autoservicio, otorgando al consumidor la libertad de escoger entre los productos ofertados en el establecimiento y a la vez, encendiendo la mecha del consumismo como lo conocemos hoy en día.
Self service, término acuñado a posteri… Saunders lo único que intentaba era maximizar su margen comercial, sabiendo que el consumidor se iba a sentir más a gusto comprando por su propia cuenta y ofreciéndole una cantidad mayor de género.
Quería hacer la vida más fácil al comprador y llenar el bolsillo (horror de pecado, ¿no?). Por supuesto que lo consiguió. Luego el merchandising se encargaría de localizar, tras rigurosos estudios, el producto más adecuado en el espacio más idóneo. Mucho mejor que ordenado alfabéticamente como él hizo.
El self service ha saltado de los ultramarinos a la ropa, hostelería y hoy en día a todos los servicios que nos oferta la red.
La pregunta es, ¿cómo podemos ser tan impulsivos? ¿cómo el ser humano tiene comportamientos de compra tan emocionales? Acaso será debido a un instinto depredador de caza de alimentos y utensilios (llamémosle consumibles contemporáneos).
Lo que está claro es que Saunders construyó un imperio. Hombre ávido y sabio, dio una bocanada de adrenalina al capitalismo y creó la red de consumo que conocemos hoy en día y con el que ya ni podríamos concebir el mundo.
Pero no nos equivoquemos, no ideó el sistema logístico que hoy asola todo el planeta, ni las ofertas, ni el marketing. Sólo quiso mejorar nuestra calidad de vida, otorgándonos libertad en la compra.
Es muy fácil culpar a los demás, cuando todos somos responsables de nuestros actos. Asegurémonos de ser justos y comedidos con nuestro self service.

Transumers


Muchas personas se sienten atraídas por el deseo de tener cosas. Eso podría explicar cómo el ciudadano medio vive por encima de sus posibilidades.
La financiación ha sido una magnífica forma de evitar pagos directos y poder permitirse adquirir bienes de consumo y servicios en distintas cuotas. Es otra forma de movilizar el mercado y de activar la economía.
Sin los pagos aplazados no nos podríamos permitir tener vivienda, coches y lo último en tecnología. También se aplazan servicios, como las operaciones y los viajes. ¿Exceso de hedonismo? ¿Queremos una vida soñada y anhelada que sólo vemos en la tele? Si el consumidor consigue hacer realidad sus sueños, bienvenido sea el endeudamiento, siempre y cuando sea consciente de cuáles son los límites de su liquidez.
Hay que diferenciar entre la adquisición y el arrendamiento o leasing de los bienes, de tal manera que si alquilamos, nos podemos permitir “poseer” de una forma más asequible. El claro ejemplo, siempre ha sido la vivienda, pero cada vez son más las cosas que se arriendan.
El caso está en la última tendencia en moda, el transumismo, es decir, la posibilidad de alquilar momentáneamente ropa, joyas, complementos y otros objetos de valor que el consumidor no se podría permitir tener en posesión total, y cuya financiación no ve conveniente (aunque hoy todo se pueda pagar a plazos).
Una cena de gala para un mileurista pudo haber sido un problema hasta ahora. Sin embargo, los transumistas y las firmas que ofrecen este servicio de alquiler han sabido sacar provecho a las nuevas ventajas que da el mercado. El lujo cada vez se democratiza más entre la sociedad y si los transumers son capaces de llevar su mensaje “todo es posible” a la calle, nos encontraremos, no sólo con un negocio redondo, sino con la magia de vivir, aunque sea sólo por un día, como auténticos vip’s.