Transumers


Muchas personas se sienten atraídas por el deseo de tener cosas. Eso podría explicar cómo el ciudadano medio vive por encima de sus posibilidades.
La financiación ha sido una magnífica forma de evitar pagos directos y poder permitirse adquirir bienes de consumo y servicios en distintas cuotas. Es otra forma de movilizar el mercado y de activar la economía.
Sin los pagos aplazados no nos podríamos permitir tener vivienda, coches y lo último en tecnología. También se aplazan servicios, como las operaciones y los viajes. ¿Exceso de hedonismo? ¿Queremos una vida soñada y anhelada que sólo vemos en la tele? Si el consumidor consigue hacer realidad sus sueños, bienvenido sea el endeudamiento, siempre y cuando sea consciente de cuáles son los límites de su liquidez.
Hay que diferenciar entre la adquisición y el arrendamiento o leasing de los bienes, de tal manera que si alquilamos, nos podemos permitir “poseer” de una forma más asequible. El claro ejemplo, siempre ha sido la vivienda, pero cada vez son más las cosas que se arriendan.
El caso está en la última tendencia en moda, el transumismo, es decir, la posibilidad de alquilar momentáneamente ropa, joyas, complementos y otros objetos de valor que el consumidor no se podría permitir tener en posesión total, y cuya financiación no ve conveniente (aunque hoy todo se pueda pagar a plazos).
Una cena de gala para un mileurista pudo haber sido un problema hasta ahora. Sin embargo, los transumistas y las firmas que ofrecen este servicio de alquiler han sabido sacar provecho a las nuevas ventajas que da el mercado. El lujo cada vez se democratiza más entre la sociedad y si los transumers son capaces de llevar su mensaje “todo es posible” a la calle, nos encontraremos, no sólo con un negocio redondo, sino con la magia de vivir, aunque sea sólo por un día, como auténticos vip’s.

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