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Humo


No existe ahora. Quizás se haya esfumado en poco tiempo o quizás nunca hubiese existido. La riqueza de estos países tan desarrollados se ha demostrado que es relativa.
El capitalismo se ha criticado desde muchos sectores y no es algo nuevo, ya que siempre ha tenido detractores y defensores, y como unas reglas de juego que son, el sistema capitalista se ha modificado década tras década. Desde la década de los 90 teníamos en Occidente un ultracapitalismo que, entrados en el S XXI, se ha extendido a todas las partes del planeta.
Este ultracapitalismo no es otro que el de la desregulación total de todas las transacciones y el de la especulación extrema. Especulación extrema cuyas consecuencias estamos viviendo ahora.
Se puede especular con el valor de todo: de los tulipanes, del oro, del petróleo, del arroz o de la solvencia soberana de un país. Y como toda especulación tiene el mismo proceso de hinchazón sin sentido y explosión sin cabeza, nos hemos empapado todos de esta supernova especulativa de nuestra deuda soberana.
Europa, Japón y los EE UU en 2011 se destacan por tener los mayores problemas de financiación estatal a pesar de ser los Estados con mayores ingresos –dicen-. ¿Ingresos? La mayor partida de lo ingresado por los países occidentales proviene de los mercados financieros. Los gobiernos (todos los gobiernos de todos los países con independencia de su color político) actuaron irresponsablemente vendiendo en los parqués la deuda soberana de sus ciudadanos hasta unos niveles que superan el 80% ó incluso el 100%, sin reducir en ningún momento el gasto derrochador, incluso reduciendo impuestos y dándole también su trozo de pastel al sector bancario, que más bien se demuestra que ha sido una manzana envenenada.
Si alguien compra un coche a plazos, lo usa, lo paga durante “x” tiempo, y cuando acaba de financiarlo, lo posee totalmente. Esta persona está especulando con sus ingresos, corrientes y constantes, pagando hipotecas, letras y créditos, y haciendo uso de lo que en realidad todavía no es suyo.
Nuestros Estados han hecho lo mismo: han estado haciendo uso con las infraestructuras y servicios sociales de dinero inexistente, con financiación especulativa que iban devolviendo, eso sí, con los impuestos que católicamente pagamos los contribuyentes.
A crecimiento más rápido, más rápidamente se esfuma, tal y como ha pasado en la periferia de Europa. Grecia es un ejemplo de goma elástica estirada al extremo. Y también lo es nuestro país, y también los son todos y cada uno de los países del mal llamado mundo desarrollado.
Humo.
Decíamos al comienzo que esto es ultracapitalismo. Un sistema creado, no de la nada, sino como consecuencia de cada uno de los actos de Gobiernos, empresas y ciudadanos. Ha sido una responsabilidad colectiva que deberemos enmendar. Hablamos de ultracapitalismo como una versión atroz y enferma de un sistema de mercado de economía abierta.
Ha llegado el momento del cambio. Se hará solo y sin prisas. Este actual sistema dará paso a otro no tan especulativo o indirectamente regulado.
Hemos de aflojarnos el cinturón y hemos de pagar lo que no teníamos en aras de mantener nuestros servicios sociales, pero porque nosotros queremos, no porque lo diga la agencia de rating Moody’s.

La Constitución y un pepino


El procedimiento es así por un claro objetivo. No se hace al tuntún.
Nuestro sistema legislativo es el que es por estar en un Estado Democrático de Derecho (en mayúsculas). Es lento, debatible y redebatible, engorroso, burocratizado. Muy leeento. Es un sistema de leyes y se piensan dos veces las normas, ya que sus consecuencias son tremendamente importantes.
La ley del pepino: Un grupo parlamentario decide proponer una ley desde la oposición para defender el pepino español. Se debate si procede hacer esta ley o no. Se vota en una cámara, se vota en otra y se da un paso adelante. Se crean comisiones para investigar cómo proteger al pepino, que si un etiquetado, que si unas multas a quien mancille su nombre. Las comisiones, meses más tardes y tras votaciones, llevan la propuesta al Congreso. El Congreso debate de nuevo. Que si pepino sí, que si pepino no. Pues pepino a veces, porque finalmente se aprueban algunas cláusulas adicionales y se pasa la ley de pepino por… el Senado que lo ha de votar también. En el Senado no gusta la ley del pepino. Pepino no.
La ley vuelve al Congreso y ahí ya sin tocarla más (la ley decimos) se aprueba finalmente la Ley ordinaria de protección del pepino español. Sólo tuvieron que pasar 5 meses y 3 semanas. Es necesario ese tiempo para asegurarnos que asentamos las correctas bases de protección de nuestra noble hortaliza.
En cambio, ahora los partidos mayoritarios, PSOE y PP, deciden reformar la Constitución en cuestión de semanas. ¡De días! Sin ningún tipo de debate previo. O peor aún, habiendo debate pero en la calle y no dentro de la Cámara del Pueblo.
Vamos a cambiar además la Constitución por intereses cortoplacistas para hipotecarnos soberanamente de por vida, y recalco el doble sentido de soberanamente.
Como el Gobierno de Angela Merkel decide en Alemania introducir un artículo en su Carta Magna para que legalmente su Estado no se endeude más, nosotros lo copiamos. Lo copiamos a la desesperada para calmar a los mercados salvajes y lo copiamos a la manera express para poner la guinda a la legislatura a dos meses de las Elecciones Generales.
¿El método? Ha fallado.
¿Las formas? Han fallado.
¿Las razones? Han fallado.
¿Las consecuencias? Simbólicas, pero relevantes. No sirve de nada que se obligue el Estado a no endeudarse porque nuestra firma de los Tratados comunitarios ya nos exigía seguir las pautas marcadas en Maastricht poniendo un techo al déficit y a la deuda.
Es de un gran derrotismo democrático, que nuestra Constitución, fruto de la utopía de una Transición pacífica y esperanzadora de hace 30 años, se vea afectada de forma tan sucia por las circunstancias vigentes de unos inversionistas recelosos.
Primero los servicios públicos. Primero los derechos sociales. Primero el Estado del Bienestar. Después ya veremos cómo nosotros –nosotros somos el poder- seremos capaces de hacer frente a los ciclos económicos.
Podremos recortar, podremos reajustar y podremos replantearnos muchos cambios en nuestro modelo de financiación, pero manchar la Constitución, hasta ahora intocable, para cerrar a cal y canto cualquier manera de intervención keynesiana-estatal para hacer frente a una crisis, dejándonos a la deriva, todavía más, en manos especuladoras, es, ante todo, un error.
Es ante todo el mayor error que se ha cometido en este país desde 1978.

Banca cívica no es ética


Inteligencia (+) militar, fuego (+) amigo, santa (+) inquisición… muchas veces combinamos palabras para crear nuevos conceptos cuando a priori son contradictorios y no podrían ir en la misma frase.
Por ejemplo, “Banca (+) cívica”. La banca es una entidad financiera con ánimo de lucro cuya actividad reside en el comercio del dinero, que es a su vez el producto menos cívico que puede haber en el mercado.
“Banca cívica” como marca comercial es un gran acierto. Desde el punto de vista del marketing es el hallazgo exacto de ese nicho de mercado de pequeños ahorradores, que son la base a su vez del sistema financiero nacional, que están hartos de que los bancos los gestionen los banqueros y que las cajas cada vez estén más alejadas de su idea original.
Pero vayamos atrás. ¿Por qué ahora veo esta nueva entidad en plena expansión en 2011? ¿Banca cívica es cívica?
Para responder a estas preguntas hay que recordar que el crash financiero de 2009 fue como un aguacero sobre unos pequeños castillos de arena que eran nuestras cajas y bancos. Los bancos, más sólidos, supieron saldar la envestida. Las cajas, sin embargo, han tenido que reorganizarse y partir de cero.
Eran ya demasiadas entidades de ahorro y no quedaban fondos públicos para rescatar la mala gestión, la avaricia y la improvisación de sus directivos.
La solución que se nos dio a las cajas españolas desde las instituciones financieras internacionales fue la más cómoda y menos quirúrgica de todas: “Fusionaos”. Y empezó lo que se conoce como O.R.G.I.A.: Ordenamiento Reorganizador General Interbancario Acelerado.
O.R.G.I.A para arriba, O.R.G.I.A para abajo, y a ciegas, también sea dicho, salieron unas combinaciones de lo más dispar. De algunas combinaciones algunas entidades a posteriori quisieron conservar su nombre comercial, otras su denominador común geográfico, pero otras fueron más allá.
Caja Navarra, Cajasol, CajaCanarias y Caja de Burgos, cuyo único punto en común era un futuro más oscuro que la propia sombra de la crisis, decidieron unirse en un nuevo sistema institucional de protección (léase fusión) que se le llamó Banca Cívica.
La idea no fue mala ya que ha cosechado muchos éxitos. Una imagen renovadora, un violeta reivindicativo, un árbol ecosostenible y grafittis en sus newsletters.
Gran idea, grande Banca Cívica. Vende transparencia y aplica un mensaje directo a sus socios que se puede leer entre líneas “decimos toda la verdad porque aunque usted no lo sepa somos la fusión de unas cajas insostenibles y especuladoras que se quedaron con el culo al aire, y ahora hemos aprendido la lección”.
¿Es Banca Cívica igual que la banca ética?
Pues no, Banca Cívica es un nombre comercial de una entidad financiera normal y corriente, y la banca ética es un concepto de banca que ya existía antes de la crisis.
La banca ética no basa su actividad en la rentabilidad/riesgo, y suele estar gestionada por cooperativas. El impacto social de estas entidades financieras alternativas es muy positivo, ya que siempre prioriza las inversiones en comercio justo, educación y microcréditos para proyectos de desarrollo. La rentabilidad de sus ahorradores no será tan alta como el resto de entidades de toda la vida, pero desde luego es, sin lugar a dudas, la mejor de las bancas que puede haber hoy en día en términos de interés general y sostenibilidad.
Por cierto, Triodos Bank es la banca ética más importante que hay en España y tampoco es la única, pero que no os confundan: Banca Cívica no es una banca ética.
Si ellos no se fían de tu solvencia ni de tus avales, tú tampoco te fíes de los suyos.

Indignado en islandés se dice “reiður”


Que no, que no y que no. Islandia es como una gran Puerta del Sol en el Círculo Polar Ártico. Los indignados islandeses no necesitan tienda de campaña para acampar frente al Parlamento de Reykjavík por dos motivos.
En primer lugar, el fracaso de una acampada en Islandia por las inclemencias climáticas; y por otro lado, por los cauces de participación democrática directa de la que disfrutan los islandeses, que hay que recordar que desde hace muchos siglos tienen la Asamblea democrática más antigua del mundo. Ambos motivos hacen del caso islandés, un caso único donde se hace mucho ruido sin muchas caceroladas.
Un pequeño país, con una serie de recursos limitados que supo crear una economía de libre mercado y un Estado del Bienestar, únicos y compaginables como sólo los países nórdicos supieron hacer. Compaginable hasta el divorcio sufrido hace dos años, con la quiebra financiera internacional que azotó a Islandia de una manera calamitosa y no esperada por nadie.
No fueron ni por asomo el Goliat derribado del que se habló porque han sabido hacer las cuentas para salir de la crisis… y menuda manera de hacerlo.
Aún siguen en pleitos con los Gobiernos británico y holandés, que financiaron la deuda de la isla ártica y ahora los propios islandeses se niegan a pagar. Se niegan a pagarla porque no es su deuda: es la deuda de la mala gestión de un Gobierno.
Se negaron a pagarla en el primer referéndum (bien sabido era el resultado, pero los islandeses lo replantean todo vía plebiscito) y lo volvieron a negar por segunda vez. “No queremos pagar vuestra deuda”. Y sigue sin ser pagada.
Poco a poco van saliendo de la crisis. Islandia también fue rescatada por el FMI, también tuvieron recortes sociales e incluso han pedido su adhesión a la Unión Europea porque una economía tan débil no podrá sobrevivir sola tras las heridas mortales que sufrió por las batidas de este capitalismo salvaje del que se estuvo beneficiando su banca durante las últimas décadas.
Paradojas. Pero lo más paradójico, que no se ha atrevido a hacer absolutamente ningún otro país afectado por la crisis, es que los islandeses han denunciado a los presidentes y gestores de las principales bancas del país e incluso están juzgando (“juzgando” que se dice pronto) al ex Primer Ministro, Geeir Haarde, por la incompetente gestión de la crisis, por tener información privilegiada y aún así hacer una mala política económica, llevando a Islandia a la bancarrota y poniendo en peligro la sostenibilidad del país las siguientes décadas.
Es por ello, que el caso islandés es único, y que cada ciudadano islandés puede ser un reiður, un indignado, que lucha por su dignidad y por la de su país.
Quizás su cultura ciudadana sea mucho más avanzada que el resto del continente, quizás los islandeses sean un pueblo espartano y con unos principios intachables, o sencillamente, puede que estas medidas puedan ser únicamente tomadas por un país pequeño de 300.000 habitantes.
No importa analizar las causas de su actitud, sino las consecuencias de sus actos. Sí que se puede actuar de forma cívica y comprometida, solidaria y orgullosa, para poner los puntos sobre las íes y para aplicar la justicia, que al fin y al cabo es algo inherente a cualquier sociedad. A no ser que esa justicia sea demasiado incómoda.

Paraíso caribeño

El paraíso está en el Caribe. No es Santo Domingo, ni Cancún, ni tan siquiera la isla de Jamaica para los más hedonistas. Es el pequeño estado de Saint Kitts-Nevis, o para los quijotinos, San Cristóbal y Nieves.
Este pequeño país, no es sólo un paraíso por su ubicación, su clima, su cultura caribeña, sino porque es el espejo de la riqueza media mundial.
Es curioso, pero la renta media de Saint Kitts-Nevis coincide con la renta per cápita media del planeta Tierra, es decir, un sancristobaleño podría representar al humano medio en poder adquisitivo a día de hoy con 15.000 $/anuales.
Bastante inferior a las economías más avanzadas y ligeramente por encima de los países en vías de desarrollo (o para que nos hagamos a una idea, en el ránking mundial justo entre la europea Lituania y el desarrollado Uruguay) es una economía reflejo del progreso y la cohesión.
Este pequeño archipiélago, formado obviamente por Saint Kitts y por Nevis, es también joven ya que únicamente es independiente desde 1983, y desde aquel entonces supo dar el salto de una economía colonizada basada en el monocultivo azucarero a una economía abierta al mundo, fomentando el turismo tan en auge en la zona estas últimas décadas. Turismo que ha sido sostenible y que no ha hecho otra cosa, sino que recibir inversión extranjera directa en la pre-globalización hasta hoy.
Saint Kitts ya es un país maduro y actualmente están en su última fase económica, que es diversificar los servicios de las islas que ya representan más del 70% de su PIB.
Sus 40.000 habitantes a estas alturas ya disfrutan de un Índice de Desarrollo Humano alto (0,821 sobre 1) y todo sea dicho, salvo temporadas de huracanes, que es el problema climatológico de estas latitudes, su calidad de vida se ve reforzada por unas temperaturas paradisíacas. ¿Qué más queremos?
Saint Kitts, de esta manera, nos ofrece un doble ejemplo valorable. Por un lado, muestra como los que antaño eran llamados países en vías de desarrollo y ex-colonias europeas, hoy son países (y democracias libres) avanzados. Por otro lado es un ejemplo esperanzador para todo el mundo: la riqueza del planeta es inabarcable.
En realidad sí que es abarcable, pero desde luego se viene abajo la premisa de que hay demasiada población en la Tierra para toda la riqueza económica que se puede generar, y que por lo tanto siempre habrá países pobres.
Si sumamos todo el PIB planetario y lo repartimos entre los más de 6 mil millones de ciudadanos que vivimos en 2010 en todos los continentes, podríamos vivir como un habitante de Saint Kitts, con una calidad de vida óptima y un programa económico desarrollado.
Todos sabemos que las diferencias económicas entre Occidente y el Tercer Mundo siguen siendo extremas, pero cada vez más la brecha se está cerrando y la riqueza confluye a todos los países en vías de desarrollo en este sistema globalizado. Otro reto será conseguir que si todos consumimos con el mismo ritmo de riqueza que tiene un sancristobaleño, los recursos físicos y naturales den para los 6 mil millones, pero sabemos ya a ciencia cierta que los recursos financieros y monetarios sí que son suficientes, ya no sólo para ofrecer una vida digna a cada uno de nosotros, sino un bienestar tan deseado como el del llamado Primer Mundo.
Tiempo al tiempo o si no que se lo digan a las diferentes generaciones que hoy habitan el que quiero pensar que es ya un paraíso utópico al otro lado del Atlántico.

Hasta los 67 y más allá


Clases de ciencia.
Ejemplo 1: Bañera con el agua corriendo no se llena. Se pone un tapón y se llena hasta desbordar.
Ejemplo 2: Frutero con una docena de manzanas, cada día como dos y repongo una. El frutero se quedará vacío.
Ejemplo 3: La esperanza de vida se alarga por los avances médicos y sociales, la población se envejece porque duramos más, pero los nacimientos se reducen. El sistema de pensiones se desequilibra porque hay un trabajador por cada dos jubilados.
España está en la cabeza de los países envejecidos, y de hecho, podríamos empezar a padecer un crecimiento negativo si no fuese por la población inmigrante recién llegada la última década.
Es tan sencillo como un problema de 3º de Primaria. La esperanza de vida se ha alargado estrepitosamente en el mundo, mucho más en los países más avanzados. Ello es debido a todas las mejoras que hemos visto a lo largo del S XX, en todos los terrenos, tanto laboral, alimentario, educacional, científico, social, etc. De hecho, con 80,9 años somos el 5º país del mundo más longevo y el 1º de toda la UE.
El problema es que con una tasa de fertilidad de 1,31 hijos por mujer, no conseguimos llegar a la renovación generacional y el crecimiento vegetativo incluso acabará siendo negativo.
En definitiva, nuestro bienestar que incentiva vivir hasta la eternidad y no tener hijos, económicamente es insostenible. En las próximas décadas se podrá llegar a tener más población jubilada que activa, lo cual es directamente inviable en un sistema social de pensiones.
Para rizar el rizo y agravar la situación, sólo hay que echar un vistazo a la población activa desempleada y a la edad en que los jóvenes de este país acceden a su primer empleo, o dada la economía sumergida y para especificar, a la edad en que éstos comienzan a cotizar, que en definitiva es de lo estamos hablando.
No, no salen las cuentas. Comparando el país en 2010 y 1985 vemos las diferencias, que aunque parezca que fue ayer, créanme, no lo es en absoluto.
En 1985 vivíamos hasta los 73, jubilándonos a los 65 y comenzando a trabajar a los 18. Ergo, 47 años trabajados para el disfrute de 8 años en Torremolinos.
En cambio en 2010 viviremos hasta los 80 (suma y sigue porque cada vez es más común ser centagenario), incorporándonos al mercado laboral a la media de 25 años. Jubilándonos como hasta ahora, habremos cotizado sólo 40 años para el disfrute mínimo de 15 años o más.
Esto es cotizar –y recaudar- un 14% menos que 1985, para el disfrute del doble de años que viven ahora los pensionistas en su período de jubilación y que en las próximas décadas seguirá en riguroso aumento.
Pues lo dicho, las cuentas no salen, y lo peor de todo ha sido la respuesta ciudadana y sindical para un problema que el gobierno prevé a varios años vista. Para una vez que el Ejecutivo toma una decisión para el largo plazo, sale nuestro instinto egoísta e irracional y el “no me gusta trabajar” para protestar con un “hasta los 67 que trabaje tu (pitido) (pitido)”.
Incluso con esta medida el sistema de pensiones sigue peligrando y no todo el mundo tiene un plan de pensiones privado, ya que como trabajadores se nos debe garantizar este beneficio al tener una cotización obligatoria y pública en la Seguridad Social.
En Alemania la jubilación ya es a los 67, en los EE UU a los 66 y en el resto de los países occidentales a los 65, salvo en Francia donde es a los 60.
En España la vamos a tener que subir dos años (hasta los 67) y en la república francesa también, es decir, dos años hasta los 62.
Cuando se nos toca el bolsillo salimos a la calle, siendo 2 millones de personas las que se manifestaron contra esta medida en París, y siendo sólo un par de decenas de miles que protestaron contra las expulsiones masivas de romaníes por parte del gobierno galo una semana antes.
Si esto es la única movilización que pueden convocar las organizaciones sindicales, sociales y de color progre, paren el tren, que yo me bajo.

La humildad de nuestra soberanía económica

En los regímenes absolulistas el Rey era el soberano del reino. En las democracias el pueblo es el soberano de la nación.
Una gran parte de la ciudadanía no se lo cree, y no es demagógico, es un hecho. ¿Cómo podemos ser los españoles soberanos de nuestra propia democracia? ¿votando?
Muy bien, los españoles hemos votado mayoritariamente a un proyecto de corte centroizquierdista (o a varios proyectos en general progresistas) que es, sin error a dudas, la imagen de la actual sociedad de España.
Aún así, el gobierno Zapatero ha dado un giro de 180º en su gestión económica, con lógicos recortes en una situación de crisis y déficit público, pero con una serie de reformas que van más allá y parecen ser de rúbrica neoliberal-conservadora: congelar pensiones y salarios públicos, reducir el gasto público, una reforma liberal, perdón "laboral", que facilita el despido pero no frena el trabajo precario dando más poder a las empresas privadas de contratación, una reforma de cajas que permiten su capitalización privada, haciendo que los dividendos y beneficios caigan en manos de inversores y no a los fines sociales que obligaban a las cajas a ser eso, cajas, y no bancos.
Hemos perdido parcelas de soberanía gracias/por culpa de la UE y a día de hoy ya no hay ninguna competencia 100% estatal.
¿Cómo es la estrategia económica comunitaria? Veamos, esto es muy simple: 27 países europeos con 27 gobiernos diferentes. De éstos, 20 son de derechas y 7 de izquierdas (España, Portugal, Chipre, Grecia, Austria, Eslovenia y Eslovaquia, con respeto, "lo mejorcito").
En términos de población, de esta manera, estos 7 países progres representan el 17% de la población de la UE y la derecha gobierna al restante 83% de los ciudadanos comunitarios.
Y en términos macroeconómicos, aún se desequilibra más, ya que los países conservadores llegan a acaparar el 86% del PIB de toda la Unión.
La pregunta es, ¿tienen la culpa nuestros vecinos europeos con su papeleta derechoide que hayan escogido gobiernos que obligan a los países minoritarios de centro-izquierda a adoptar una serie de reformas sólo justificables desde una ideología liberal, ultracapitalista y neo-con?
No, aunque sí que ayuda, o por lo menos los legitiman democráticamente ("señores, la mayoría europea ha hablado").¿Y por qué no? Pues sencillamente ya no es que no seamos un país soberano, es que ya no hay ninguna institución pública (en el nivel que sea y del color político que tenga) que sea libre en términos económicos, siendo que la economía marca casi toda la agenda política.
Ni el pueblo ni el Estado son dueños de la riqueza nacional, porque ahora la riqueza es transnacional.
Estamos actuando para que los inversores internacionales estén satisfechos. Ellos pagan todo. De ellos depende el empleo, no del Ministerio de Trabajo. De ellos depende la reducción de la inversión pública, no de nuestros impuestos. De ellos depende la deuda española, no de las decisiones que tome Moncloa.
Así pues, hay que tratarlos con respeto y hacer que se sientan a gusto. Ellos tienen el maletín, y antes se hunden países enteros que dejarle a alguien que lo abra.
Son el Cliente con mayúsculas y siempre tienen la razón, pero por favor, no es necesario que nos bajemos los pantalones, que somos pobres pero no idiotas.

Tócame el programa pero no el organigrama

Cuando una medida se aprueba con tan sólo un voto de diferencia se dice que se salva por los pelos. Así acaba de ser el tijeretazo social recién aprobado en el Congreso de los Diputados.
En esta ocasión el gobierno de Zapatero se ha quedado completamente solo ante la cámara para la aprobación de su proyecto de reducción de déficit. Nunca antes el actual gobierno estuvo tan erosionado como esta vez, donde -ahora sí- se ve el desgaste continuado de la crisis.
Es normal que un gobierno que no sólo tiene que sobrevivir a la crisis, sino también a la oposición, tenga que pensar pormenorizadamente cada paso que da en el difícil manejo de una catástrofe económica tan calamitosa como está viviendo todo el planeta y, especialmente, Europa.
A las duras y a las maduras. Así fue el trato firmado con las Comunidades Europeas por España hace tres décadas. Un matrimonio diplomático y económico sin posibilidad de divorcio. En este caso entonces más que un matrimonio se debería concebir como una hipoteca inmobiliaria, pero para el caso, el concepto es el mismo. España se ha beneficiado durante años de los fondos de cohesión y otros programas de desarrollo comunitario, en paralelo mientras que se avanzaba en la integración monetaria y económica, consiguiendo que nuestro país alcanzase una cuota de bienestar inimaginable hasta hace relativamente poco tiempo.
Ahora la cosa ha cambiado y hay una crisis en la familia que nos afecta a todos y nos urgen a hacer cambios.
El déficit tiene que ser menor del 3%. Un compromiso que firmamos todos en Maastricht en 1992 y que sería la guía de ruta para crear la Eurozona. Hoy -repito, en crisis- el déficit se ha disparado en todos los países de la UE. Lógico, a más gasto social y menos recaudación es lo que tenemos.
La deuda no es el déficit. La deuda reflejaría de alguna manera la solvencia de un país. A menor solvencia más necesidad de endeudarse. En este caso, España tiene una baja deuda (y una alta solvencia hasta ahora) frente al resto de los grandes europeos como Alemania, Francia o Italia con una dueda muy alta (y una necesidad de financiarse que te cagas).
Voilà el problema. Si con los impuestos no llegas a cubrir tus gastos públicos acude a la Bolsa y emite deuda. Error (!) Así se delega directamente a los inversores internacionales la posibilidad de éxito o fracaso en la solución a la crisis actual. No es que dé miedo, lo que da es pena ver cómo los gobernantes hacen sus políticas acorde con la respuesta de los parqués bursátiles.
Si tenemos en cuenta que las bolsas son incontrolables, volátiles y son el reflejo de la euforia y la histeria de inversores, hace que nuestra economía europea (y también mundial) aunque parezca fuerte es tan frágil como el cuerpo del acróbata que cae a la arena sin red.
Es por ello que nuestro gobierno tiene que hacer lo que hace. No es sólo reducir nuestro déficit, es dar confianza a los mercados para que nuestros vecinos europeos se puedan financiar.
Sarkozy, Merkel, Berlusconi -y Cameron ahora- tienen un poder político de peso en la UE. Un poder político que aboga por los tijeretazos en su casa y en la de sus vecinos.
Zapatero apenas tiene capacidad de maniobra. Recordad "en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad".
Ya puestos, ¿y si quitase los ministerios de Vivienda, Igualdad o Cultura como pedía el PP? Entonces ya se perdería por completo el origen social del programa del PSOE y se reconocería que sus tareas son y eran hasta el momento innecesarias.
Cada quien seguirá en su sitio, viendo hacia dónde desemboca la crisis y el Gobierno central constantemente plasmará en sus funciones ejecutivas las decisiones que tome Europa. Tal y como haría un posible Gobierno de Rajoy, aunque ellos nunca lo reconozcan.


Jeje-20


Chiste: Llegan a un café un alemán, un chino y un americano… Muchos chistes empiezan así, pero no suelen ser buenos porque se basan en tópicos poco apropiados.
Este fin de semana vamos a vivir otro de esos chistes. Se van a juntar los dirigentes de las grandes potencias actuales y emergentes, y el Gobierno español ha conseguido su sitio. Zapatero y Solbes se sentirán como los acoplados a la fiesta, pero así han conseguido lo que los otros gobernantes y no es sino otra cosa como salir en la foto.
El mismo ministro comentaba off the record que el capitalismo no se refunda en un día, tomando un café. Es de gente responsable, por consiguiente, tener cautela y ver esta cumbre del G-20, como lo que es: un “paripé”.
Y es que ya son muchos los economistas que afirman que el sistema financiero mundial tiene que cambiar y mejorar, por lo menos, siendo más transparente y por consiguiente, “democratizándolo” un poquito.
Mejor que no se tomen grandes medidas, sobre todo con carácter de urgencia. Es preferible marcar unas sencillas pautas de actuación para la gestión en los próximos años de las entidades financieras.
Esta cautela y casi desconfianza viene, en primer lugar, por los asistentes. Muchas gracias por la invitación y muchas gracias a Sarkozy, pero no seamos ilusos. De los veinte gobernantes asistentes, tan sólo siete son de color progresista (incluyendo a los postcomunistas chinos) y otros trece de carácter conservador. También hay que tener presente que los veinte son fieles defensores del sistema actual. Visto lo visto, y bien conocidos los antecedentes, un cambio será una ilusión.
¿Nadie se olvida de alguien? ¿Qué papel juegan las endémicas economías del tercer mundo en esta fiesta?
Pues no nos engañemos: nada. Si ya de por sí las economías emergentes citadas en la cumbre son un guiño a los progres del planeta (y también a los inversores extranjeros), una asistencia de países en vías de desarrollo podría ser el colmo de los chistes.
Lo ideal en vez de un G-20 hubiese sido un G-30, abriendo la puerta a nuevas economías. En África se debería haber invitado a Egipto, que representase el Magreb y otros, tales como Angola, Kenia y Nigeria, países que están despegando, países que necesitan el apoyo económico y comercial de nuestras manos “amigas”. Hubiese sido un gesto ennoblecedor.
De América, dentro de los países andinos podrían haber sido invitados igualmente Colombia y Venezuela (¿atroz?, que alguien me explique la diferencia entre Hugo Chávez y el monarca saudí que sí que está invitado a la cumbre)
De Europa bien podría ir Ucrania y de Asia, tres más: los amigos thailandeses, los confía-en-mí-que-voy-por-el-mismo-camino-que-los-populares-chinos de Vietnam y como no, la gran economía emergente olvidada, el Irán de Ahmanideyah.
No señor, esta cumbre es de vips con aforo limitado. Como el anfitrión es el que elige no irá ningún país del eje del mal, ni tampoco subsahariano (uy…¿existen?)
Y los españoles entran al fin, felizmente, a la escena de esta comedia, a este teatro grecorromano en el que nadie se va a quitar la careta. Los socialistas propondrán el modelo de control presupuestario a las que cajas y bancos están sometidos en España desde 2000, y mediante el cual ingresan cantidades astronómicas para paliar tiempos de crisis y garantizar una solvencia y liquidez ante el cliente.
¿A quién harán caso?
Sea como fuere nos vamos a reír mucho.

Quien se acuesta con niños...


Pepito es un niño muy traste. A Pepito no le dan miedo las alturas. No le dan miedo los peligros. Y es muy cabezón.
Pepito se sube al alto del tiovivo y a la quinta vuelta sale disparado. Poca cosa, arañazos en los codos. Betadine y tiritas.
Pepito usa una bicicleta vieja sin frenos. A la vuelta de la curva, se cae y se rompe un diente. Más arañazos. Moratones. Thrombocid, tiritas y cita en el dentista.
Pepito se ha tirado de lo alto del balcón. Esta vez sí que se ha hecho daño: una fractura de cúbito, yeso, calmantes y una semana sin ir a clase.
Los amigos de Pepito siembre se ríen de su valía, y lo arropan. Su madre siempre lo consuela cuando se excede en sus hazañas. También se siente arropado.
Hay muchos Pepitos en nuestro día a día, y el mayor de ellos se llama “sistema financiero internacional”. No cabe aclarar que en esta metáfora, la madre de Pepito es el estado y que los inversores son los amigos.
Si a Pepito (que es un niño volátil y más que demostradamente inestable) se le educase en el decoro, las buenas formas y valores en pro de la integridad física, no se accidentaría tanto. Si sus amigos no riesen sus gracias, a sabiendas que se pueda lamentar gravemente de un traspiés, no actuaría como un intérprido desalmado. Si su madre reprendiese su comportamiento la primera vez que se tiró a lo loco, no habría una segunda.
Lo fácil es poner tiritas. Lo complicado es evitarlas. ¿Cómo a un niño consentido se le puede cambiar el comportamiento? ¿Castigándolo? ¿Defendiéndolo?
Lo triste es que papá estado, una vez más, acude a rescatar el sistema financiero con los fondos de los contribuyentes. Dando una bocanada de oxígeno, equivalente a meses o años de ahorro social, a cambio de un ápice de calma bursátil que nunca dura más de 48 horas.
Siempre parcheando, nunca solucionando. Siempre esperanzándonos en que nunca volverá a ocurrir, en que ha sido un mal sueño.
No nos equivoquemos. Estamos hablando de buscar medidas eficaces para mantener con vida a nuestro Pepito económico. Que tantas alegrías nos da y que tantos disgustos nos acarrea.
Reeducación en este caso pasa por rediseño del propio sistema. La próxima vez nos encontraremos con un no-retorno, y en ese momento, en el que quizás ya hayamos entrado, no se salvará ni la familia entera.
Seamos buenas madres y escojamos el camino más amargo y sufrido. Más regulación y menos intervencionismo monetario. Más control y menos libertinaje. Más justicia y menos conchabamiento.
Quien bien te quiere… te hará llorar.