Mostrando entradas con la etiqueta Paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paz. Mostrar todas las entradas

Uh: vaya lío, los amigos de mis amigas son mis amigos


¿Acaso hay intereses de por medio a la hora de apoyar a un pueblo en su lucha por la democracia? No, o eso nos dicen, pero algo huele a chamusquina en el mundo árabe.
Primero empezó una revuelta popular contra Ben Ali en Túnez. Un líder pro-occidental en un régimen democrático en la teoría, pero una plutocracia (gobierno de los ladrones) en la práctica, con un presidente en el poder desde hacía décadas.
Dentro de lo que cabe, una revuelta pacífica y Occidente ni se inmutó.
Luego comenzó otra revuelta contra Mubarak, otro líder pro-occidental, en Egipto. Como sabéis, el pueblo egipcio quería democracia y ya no fue tan pacífico como Túnez. Occidente se puso esta vez un poco nervioso, y como los que ríen aunque el chiste no haga gracia, solo por el saber-estar, nos congratulamos todos de que por fin, Egipto y ahora también Túnez tuviesen revueltas democráticas.
El saber-estar que se confunde con el saber-callar.
Marruecos y Argelia con manifestaciones, Jordania y Palestina gritando contra líderes que gobiernan mal, Irak sin comentarios, y aquí callamos todos, al fin y al cabo, son sólo un puñado de exaltados.
Las Revueltas en mayúsculas se están viviendo ahora en Yemen, Bahréin y Libia. Tres casos muy dispares entre sí que hay que recordar.
En Libia hay un líder psicópata que fue el mayor grano en el culo que han tenido los EE UU y mundo occidental. Gadafi, un hedonista bipolar, que malamente fue comparado como un Che Guevara árabe, está detrás de actos terroristas contra intereses “capitalistas” extranjeros.
Que el pueblo libio, machacado desde… desde siempre, para qué nos vamos a engañar, se levante ahora contagiado por sus vecinos contra el dictador es la mejor manera para que Occidente consiga un país amigo, democrático y que casualidad, con petróleo.
Por ello, como Fuenteovejuna, todo el Consejo de la ONU se ha alzado militarmente contra Gadafi. Si el fin es humanitario es legítimo, es la responsabilidad de este organismo, pero cabe preguntarse qué pasa con los otros dos países, Yemen y Bahréin que continúan con sus revueltas.
En Bahréin, incluso las propias fuerzas de Arabia Saudí entraron en la capital para acallar a los manifestantes que continuamente se movilizaban en la Plaza de la Perla pacíficamente para pedir democracia. ¿Acallas la voz de tu pueblo con un ejército exterior? Eso es doblemente ilegal en derecho internacional. Pero ahora todos los países árabes petroleros del Golfo Pérsico son amigos de Occidente y Bahréin es un país pequeñito. Mejor nos callamos.
Saber-estar, saber-callar.
No obstante, no todos los países árabes son petroleros, de hecho, el último país amigo, Yemen, es el más pobre y olvidado de entre los países árabes. Aún así los pobres y los olvidados yemeníes también tienen derecho a vivir en democracia y por ello protestan con todas sus ganas –pacíficamente- y son reprimidos con la misma brutalidad armada que, pensemos con quién lo podemos comparar…, ¿con Gadafi?
En resumen, que esto es un lío: Libia dictadura enemiga, ataco. Yemen dictadura pobre, me callo. Bahréin dictadura amiga y rica, me callo todavía más.
La comunidad occidental, perdón, internacional, debería aplicar las mismas reglas a todo el mundo y no permitir ningún Gadafi más porque aunque nos den la mano cuando nos conviene, la tienen llena de oro negro y mancha.

Vivir en el peor país del mundo


Corea del Norte es hoy el peor país del mundo.
Actualmente, de todos los países del mundo, más ricos o más pobres, más democráticos o menos, hay uno que destaca por su aislamiento. La Corea del Norte es un estado hermético, cerrado y opaco.
Ellos comenzaron la guerra de Corea. Pim pom fuera. Cruzaron el paralelo 38 y atacaron a sus hermanos del sur. A partir de ahí se metieron las potencias de la guerra fría y se lidió una de las más sangrientas guerras del S XX.
Ahora Corea del Norte ha vuelto a atacar a Corea del Sur. Hay dos diferencia entre este año y 1950: Una es que la curiosa estatura media entre los coreanos de la parte norte y de la parte sur ya que los norcoreanos subdesarrollados no han mantenido el ritmo en un par de generaciones y son bastante más bajos. La otra, en cambio, es que los comunistas norcoreanos ahora son una potencia atómica y ya no hay un equilibrio de poder como antes entre la URSS y EE UU.
Hablando de la bomba, queremos creer que no habrá ningún dirigente tan enfermo que sea capaz de usarla hoy en día: ni los miembros del Consejo permanente de Seguridad de la ONU (EE UU, Reino Unido, Francia, Rusia y China), ni India y Pakistán, y las dudas, como siempre, caen en la Corea del Norte. De estos ocho países, los cinco primeros allanan el tablero, los hindúes y pakistaníes se equilibran mutuamente, pero los norcoreanos son un auténtico enemigo de la paz mundial.
Esta Corea tiene restringida la entrada a extranjeros y les prohíben cualquier dispositivo de comunicación cuando entran en el país. Tal como ocurría en El show de Truman, el visitante ve lo que el acompañante oficial quiere que vea. Las calles y la gente amañadas para crear una irrealidad que encubra los problemas que sufre la población de este país.
Hubo una tremenda hambruna que mató a 3 millones de norcoreanos la pasada década (¡más de un 10% de la población!) y el gobierno de Kim Jong-il no fue capaz o no quiso hacer absolutamente nada.
Desinformación. En los hogares norcoreanos sólo ven una y otra vez los desfiles militares y las hazañas de su líder. Propaganda en el más peyorativo de los sentidos.
Desinformación de nuevo. La prensa es la agenda diaria en papel de su líder Kim Jong-il. Surrealista ver cómo el líder supremo es capaz de estar omnipresente en mil lugares a la vez en un solo día.
Desinformación que únicamente somos capaces de esfumar gracias a los testimonios de los norcoreanos que logran huir del país.
Torturas y malos tratos. Control férreo de todos los momentos de la vida personal de la ciudadanía. Limpieza étnica. Si un miembro de la familia es declarado enemigo de la patria, se encarcela y tortura a él y a tres generaciones para “limpiar” esa contaminación. Abuelo, padre e hijo.
Y no es que sean comunistas ya que la ideología oficial es el Juche. El Juche es una mezcla de lo peor del estalinismo, nacionalismo y fascismo en una sola filosofía obligatoria. Ir contra el Juche equivale al ostracismo, de la ya de por sí, aislada Corea del Norte.
Algún día cambiará. Es un país horrible, empobrecido a posta, dictatorial e inhumano. De noche desde satélite a penas se ven las luces de Pyongyang… Algún día los norcoreanos entrarán en el S XXI.
Siempre algún día, si no entramos en sus provocaciones y nos autodestruimos, claro.

Paz global: sonríe porque las guerras se van a acabar


En la II Guerra Mundial murieron 61 millones de personas y el 73% de las bajas fueron civiles. Desde entonces y tras medio siglo, las guerras, las muertes de guerra e incluso el gasto militar ha descendido proporcionalmente, lo cual nos lleva irremediablemente a un mundo más pacífico.
Actualmente el gasto militar en la mayoría de los grandes países se sitúa bajo el 4% del PIB. Sencillamente, si no hay guerra, el Estado tiene que gastar en las otras demandas y necesidades de la población. Es simple.
Desde el fin de la Guerra Fría el gasto militar en los países occidentales descendió estrepitosamente, hasta la Guerra de Irak, que como todos sabemos, implicó una partida presupuestaria inmensa, con la que nuestros amigos de la Administración Bush no contaban.
Cuantitativa y cualitativamente las guerras se están borrando. Las sigue habiendo, y siguen siendo el mayor de los males de nuestro planeta, la mayor de las vergüenzas, una patada de rabia en la boca del estómago, pero son cada vez menos y menos, y los señores de la guerra intentan que sean “menores”.
Desde las dos últimas décadas las guerras se viven en directo. Siempre hay un cámara que reporta desde la trinchera. Cuanto más implicados estén los países occidentales, más posibilidades de crítica hay desde la opinión pública, y, por ende, la guerra ahora ha de ser no sólo televisada, sino humana, rápida y libertadora.
Televisada… todos nos habíamos acostumbrado a comer o cenar con las imágenes de la guerra.
Humana gracias a la tecnología, esto es, evitando el mayor número de bajas militares y eliminando las bajas civiles (o intentándolo). La guerra ya no es cuerpo-a-cuerpo, sino satelizada y dirigida hacia objetivos militares. Los bombardeos ya no son contra la población civil, y ahora sí que se avisa con octavillas… Los civiles ya no son enemigos, sino amigos, y nuestros soldados son profesionales, con lo que, que mueran, es un coste evitable y si mueren civiles es un suicidio político. Recordad, lo están grabando todo.
Ha de ser rápida; cuanto más larga, más cara y menos humana. También ahora es libertadora, y tras la guerra, si ganan los “aliados” eso sí, es por el bien de todo un pueblo.
Todo esto suena contradictorio, ¿verdad? Claro que lo es, y es por ello que las guerras se están acabando por sí solas.
En la actualidad, ya no se invaden países, aunque hasta hace una década era normal. No obstante, no podemos obviar los casos de Irak, Afganistán y el conflicto palestino-israelí. En el caso iraquí fue una guerra ilegal; en el afgano, una guerra respaldada por la ONU; y en el caso de Palestina, sería el único en la actualidad que se correspondería con el viejo modelo del país grande se come al pequeño.
Hay guerra civil en Somalia, Sudán, Chad y Pakistán. Nos encontramos con movimientos insurgentes en el Cáucaso de Rusia, India, Filipinas, Cachemira, Magreb, Pakistán, Yemen, Tailandia y Kurdistán. Y se habla de “narcoguerra” en Colombia y México.
¿Parece mucho? No lo parece: ¡Lo es! Pero estos 18 conflictos actuales que acabamos de nombrar son extremamente mucho menos de cómo estaba el planeta en los 90s y más atrás. En aquel entonces había guerras en los cinco continentes: Europa del Este, América Latina, el Sudeste Asiático, Oriente Medio y Todo el continente africano morían de Guerra.
Antes la guerra era buena, la gente la apoyaba, era una bendición, vendíamos armas a todo el mundo y nos armábamos hasta los dientes por si nos atacaban. Hoy nadie ataca. Hoy firmamos tratados para reducir las armas. Hoy todo el mundo odia la guerra.
Recordemos que por motivo de la Guerra de Irak todo el planeta se había movilizado, desde Nueva York hasta Seúl. Hoy sabemos una vez más que había sido un error, lo cual es bueno.
Los ejércitos podrán vigilar únicamente los conflictos globales latentes que seguirán existiendo, pero Nunca Más una guerra en mi nombre ni en nombre de mi país.
Así pues, ahora que todo lo ves, que todo lo votas, que todo lo pagas, que todo lo lloras, que todo lo gritas, sonríe porque las guerras se van a acabar.

Asociaciones necias, oídos sordos


El asociacionismo es una nueva forma de acción política y ciudadana en un escenario como el actual, en el cual hay una multitud de actores con deseos de influir en la toma de decisiones gubernamentales y en la activación de movilizaciones civiles. Son lobbies y grupos de presión que más que ningunear el sistema democrático son un avance, un paso firme para su fortalecimiento.
Los movimientos sociales y asociaciones dotan de mayor legitimidad lo que ya es a día de hoy una red de poder, en la que cualquiera de nosotros puede por fin participar de forma activa o pasiva.
De forma activa es colaborando; de forma pasiva es dejando pasar… Y no siempre hay que dejar pasar. Los movimientos más radicales, por naturaleza, no son constructivos, no crean debate sino provocación, son destructivos con la democracia y el sistema creado y acordado entre todos los ciudadanos.
Sin ánimo de negarles la voz, lo cual es un derecho irremplazable y digno, hay que alzar la mano y embestir un alto a sus derivas radicales, violentas, y por qué no decirlo, “necias”.
No es cuestión de caer en el insulto fácil, pero algunas de las acciones con más eco de los extremistas son necedades que hieren la inteligencia del resto de los ciudadanos.
Y al hablar de extremos, nos referimos a todos los extremos, de arriba abajo, de izquierda a derecha. Todos.
Por ejemplo, en un extremo tenemos el caso de los pro-taurinos con todos y cada uno de sus argumentos naïf que no tienen ningún sentido y –como decíamos- hieren la inteligencia. La última joya, ante la prohibición de las corridas en Cataluña, es que quieren llevar al TC la constitucionalidad de esta norma. Señores de la derecha, si no le gustan las decisiones del pueblo, por favor aguántense, pero el TC no es ningún basurero de frustraciones neocon. Les explico que la Constitución recoge el derecho de disfrutar del medio ambiente y la obligación de respetarlo, y añadimos, con toda su fauna y toda su flora nacional. Las CC AA tienen competencia para legislar sobre el trato a los animales, así que ya saben lo que dirá educadamente el TC: Tururú (¡)
Peor todavía son las asociaciones identitarias radicales, mayoritariamente de jóvenes, que perdieron el norte de lo que en su época sí era una lucha democrática y constructiva.
Son grupos minoritarios de extrema izquierda independentista, que recorren las calles de Santiago de Compostela, Donosti o Barcelona y cuyo ruido ensordece la voz de lo que sí que podría ser una lucha justa.
¿Cómo se puede tener la sangre fría y la falta de tacto, de comparar cualquiera de estas CC AA con Palestina, Sáhara Occidental y recientemente Kosovo? ¿nos hemos vuelto locos o qué? En fin, ¿acaso hay refugiados catalanes hacinados en tiendas de campaña al otro lado de los Pirineos?, ¿ha bombardeado Madrid a la ciudad condal con bombas de racimo? ¿hay alguna limpieza étnica contra los euskaldunes?
Cualquier comparación al respeto, aunque se enmascare de solidaridad antirrepresiva, es únicamente una forma de tergiversar la verdad y burlarse de las auténticas víctimas.
Necio también es apoyar a colaboradores de ETA en nombre de la independencia catalana y en contra del Estado español, hablar de lucha y resistencia contra concejales electos democráticamente, hablar de amnistía a presos políticos en un país como el nuestro, todo ello es una vez más, no sólo necio, sino un acto de irresponsabilidad, camorrista y mercenario. Como igual de irresponsable, camorrista, mercenario y necio es ser una auxiliar admininstrativa del Ajuntament de Terrassa, beneficiarse del cargo para entrar en los archivos de la DGT, facilitar una matrícula de un concejal del PP, dársela a ETA, y que ésta le ponga una bomba-lapa para acabar con su vida.
Para asociaciones necias, ya se sabe: oídos sordos…

Dos Bélgicas

Nos hace mucha gracia ver los titulares sensacionalistas como que "Bélgica se rompe" que se podían ver en la mayoría de los rotativos europeos.
Me vino a la cabeza la idea de balcanización que la derecha española intentaba meter o empalar en la agenda pública con los nacionalismos vasco, catalán y gallego.
Ni España se rompía en ese momento, ni Bélgica se rompe ahora.
El término "balcanización" aparte de demagógico siempre ha sido frívolo. Bosníacos, serbios, croatas y kosovares han muerto durante toda la década de los 90s en unas guerras injustas (como todas) en las que se partió la vieja Yugoslavia en las actuales 7 repúblicas balcánicas.
Desde la década anterior muchos países se desmembraron: la URSS, Checoslovaquia, Etiopía, Timor... En la mayoría de los casos hubo un nuevo despertar de los nacionalismos como respuesta identificatoria ante la pérdida de legitimidad del Estado. Las viejas democracias populares quedaron huérfanas y la búsqueda de las raíces en muchos casos se convirtieron en conflicto en contraposición al "otro". Aún hoy estamos viendo puntos calientes de conflictos en el Cáucaso o Asia Central, entre osetios y georgianos, entre georgianos y ajazos, entre armenios y azeríes, entre rusos y chechenos y, esta semana, entre kirguises y uzbecos. Sí, un lío tremendo que nadie entiende o quiere entender.
Bélgica no son los Balcanes. En Bélgica la democracia está tan asentada que ningún líder populista-conservador, como Bart De Weber, va a poder ni romper el país ni crear una guerra civil.
La victoria del independentismo flamenco de N-VA es únicamente el reflejo de una percepción amañada por los extremistas del norte del país que se han dedicado a crear la imagen de un vecino y compatriota valón -francófono- de parásito pobre.
Una democracia se crea para el 100% de la población, en eso estamos todos de acuerdo. N-VA no va a poder implementar la mayoría de sus principios demagógicos. Los belgas, ya sean flamencos o valones, no quieren vivir en dos estados diferentes a día de hoy.
Tampoco lo quieren los catalanes y si ERC consigue un aumento de votos no sería otra cosa, sino el reflejo por el malestar ante los partidos mayoritarios, tal como ha acontecido en Flandes, y por ende, un síntoma pero no una causa.
Aún así, Bélgica seguramente cambie su modelo de Estado y cree una confederación.
Una confederación dentro de una monarquía federal ya es un avance. Como lo son las consultas sobre la escisión de Québec que es el mayor ejemplo de democracia que hemos conocido hasta ahora.
¿Y en qué punto queda España? Pues si bien, como decíamos, no somos los Balcanes, tampoco somos, ni por asomo, Québec-Canadá.
Lo que está claro en todo caso es que la violencia nunca consigue ningún avance, sino la más vengozosa de las regresiones. Hablando ya claro, Flandes conseguirá más progresos vía urna, que el Ulster hubiese conseguido durante las décadas del IRA.
O lo que es lo mismo, en España Cataluña ha conseguido un estatuto nuevo y con mayor autogobierno que en el caso de Euskadi, cuyo modelo de autodeterminación por el que abogan se ha quedado desde hace años en stand-by. La violencia sólo hace ruido y hace aumentar las distancias entre las distintas partes implicadas.
Así que: Shhhhhhh... que hable el pueblo.

¿Una década perdida?


¿Estamos empezando una nueva década? Para algunos ya han empezado los años 10, para otros, la década no comenzaría hasta el próximo 1 de enero de 2011 porque se cuentan las décadas con el año 1, tal como ocurre con los siglos (el S XXI comenzó en 2001).
Sin embargo, vivimos los 80 desde el 80 al 89, los 90 desde el 90 al 99 y la pasada década tuvo que haber acabado en 2009.
Esta década en cuestión es una década anónima, sin personalidad, sin nombre. Década de los 00, década de los 2000, primera década del S XXI.
Los 00 –llamémosla así- han pasado muy rápido y ha estado llena de acontecimientos vertiginosos.
¿Mala década? Es posible. En los albores de la misma comenzaba la catástrofe del 11 S, y nos dimos todos cuenta que el mundo había cambiado. Nos empezamos a sentir más inseguros, conocimos nuevas formas de conflictos bélicos.
La paranoia llegó a tal extremo que nuestros derechos a la intimidad se vieron reducidos y mancillados (todo por el bien común): seguimiento de correo electrónico, chequeos corporales, traspaso de datos personales entre gobiernos, etc.
Irak bombardeado, Osetia bombardeada, Palestina bombardeada. Las grandes potencias como antaño han seguido haciendo de las suyas, demostrando su fuerza ante un pobre enemigo, cuyos objetivos, ya no son (no lo eran ya desde que vivimos las guerras en directo a la hora de comer) civiles sino militares: bases, cuarteles, refugios de terroristas, que a veces se han llegado a convertir en casas particulares, escuelas y hospitales. Pero EE UU, Rusia o Israel tienen un corazón inmenso (más grande que sus misiles crucero) y esto son sólo daños colaterales.
Al fin y al cabo, ellos son buenos; los malos los hemos descubierto en esta década y es el terrorismo internacional –y por qué no, también el nacional como han tergiversado muchos medios de comunicación- No sólo Nueva York. Madrid, Londres, Casablanca, Bali, Yakarta o Nairobi han sido objetivo de su ira yihadista.
Una década también marcada por una crisis ecológica. El cambio climático es una amenaza incluso mayor que al Qaeda o Sadam Hussein, pero no ha llegado a la paranoia necesaria para desembolsar las cantidades astronómicas que la seguridad planetaria ha necesitado en los 00.
La paranoia sí que ha llegado al recelo del desconocido, es decir, el odio al extranjero. Los 00 también fueron decisivos para el resurgir de la extrema derecha en EE UU, Austria, Suiza, Polonia o el Vaticano.
Paranoia también económica que finalizó con la primera gran crisis global de la que aún estamos intentando salir.
Un panorama, en definitiva, desolador que nos ha hecho dudar de que el S XXI haya tenido buen comienzo y que hemos perdido el norte.
Sin embargo, los 00 fueron, como decíamos “vertiginosos” y dieron mucho de sí.
Internet se ha convertido en el mayor medio de comunicación, uniéndonos a todos –los habitantes de esta aldea global- como nunca lo habíamos estado antes.
La tecnología está de nuestra mano y nos acompaña día a día. Emails y móviles nos hacen la vida más fácil que difícil.
Los 00 también han sido el año de la globalización positiva, del humanismo planetario. ¿Qué es sino el movimiento antiglobalización, sino el primer gran movimiento humano global (vaya paradoja, no?).
Las guerras se redujeron cuantitativamente con respecto a los 90s, lo cual convierte a esta década que hemos finalizado como la más pacífica en toda la historia de la humanidad.
Y es la más humana, la más solidaria. Sólo hay que ver cómo ha sido la reacción ante las catástrofes ecológicas y humanitarias. En 2002, tras el desastre del Prestige, el país se movilizó como nunca por una causa medioambiental y 2003 el 90% del país rechazó la guerra de Irak con pancartas y silbatos.
A nivel global esto implicó el mayor movimiento pacifista de toda la historia, incluso con más apoyo que los hippies en la guerra de Vietnam.
¿Solidaridad? Sí y es más: en 2004 se produjo el mayor trasbase de dinero privado en toda la historia económica del hombre desde el crash del 29 y fue justo para la reconstrucción de los países afectados por el tsunami del sudeste asiático.
Con ciudadanos solidarios y pacíficos, los gobiernos tienen que dar ejemplo. ¿Qué hay del desarme nuclear recién iniciado por Rusia y los EE UU? ¿y la pacificación de los Balcanes y media África? ¿El acercamiento de las dos Coreas? ¿Qué pasa con la distensión de China?
Cada vez vamos más en el mismo carro llamado humanidad global. Hoy en día la democracia se ha convertido definitivamente en el paradigma de sistema político que debe tener cualquier país. Hace 25 años muchos países, o bien eran colonias explotadas, o bien eran dictaduras de corte militar-marxista o post-fascistas, o directamente populistas. Hace 50 los países democráticos eran tan sólo un pequeño club selecto. Hoy en día, y aunque se pueda matizar la propia calidad de cada una de estas democracias, de 198 países tan sólo 3 se declaran como absolutistas.
Y tu voz cuenta: el relevo democrático se da cuando la gente se harta. Ha ocurrido durante los 00 en la mayoría de los países de América Latina, en España y en los EE UU. Y seguirá ocurriendo.
Nunca hemos avanzado tanto como en los últimos diez años, a nivel científico, social, económico, político, legal, tecnológico y por qué no, también humano.
Creemos que no somos nadie, pero lo que ocurre es que ahora toda la sociedad es la que decide. Somos miles de millones de personas con fuerza, pero que estamos atomizados y no nos sentimos visibles a no ser que no nos unamos.
He ahí el proyecto para la década de los 10. Podemos hacer todo lo que nos imaginemos, siempre que queramos hacerlo, claro…

Big Brother birmano


No todo lo que brilla es oro.
Ni las buenas intenciones ni los buenos hechos.
Es un caso público reconocido desde hace 20 años y aún no se ha hecho nada para la liberación de Suu Kyi. Esta defensora de las libertades y pacifista intentó en su día liberar a Birmania de la tiranía de un ejército envenenado (como muchos otros ejércitos que hay) y corrupto de avaricia y poder.
En 1990 ganó las elecciones democráticas de su país con el Partido Nacional de la Democracia de una forma demoledora (82% de los votos es mucho más de lo que haya conseguido cualquier partido a lo largo de las “democracias” actuales, léase Irán o Venezuela). Los birmanos aclamaban un cambio, pero se les segó la voz a golpe de culata de escopeta, entrando en la casa de Suu Kyi y arrestándola desde entonces y por segunda vez, todo sea dicho.
Es uno de los estados más tiranos y crueles que hay, de un país que se autodefine como democracia, cuando es el ejército el que gobierna, ejecuta, legisla y coordina todo el dinero público, recursos y derechos del pueblo de Myanmar. De hecho, la constitución “democrática” actual reserva un cuarto de diputados a miembros del ejército en activo.
Ahora con la boca chica pedimos un cambio. Lo pide Obama y Europa hace tiempo que prefiere liderar otras causas nobles y Amnistía Internacional –junto otras Ongs pro-derechos- son los únicos que pujan por la liberación de nuestra libertaria budista.
Ser noticia durante más de 10 años cuesta. Los medios de comunicación no hablan de Rangún… no hablan ya de las condiciones a las que se ven avocados los presos políticos de allá… porque el sudeste asiático, o da dólares, o nos queda muy lejos.
Suu Kyi sigue combatiendo en la sombra y el propio ejército birmano se hace para sí flaco favor, reteniendo a una persona con tanto potencial como nuestra heroína. Hay muchos más anónimos (más de 2.000 presos políticos) que aguardan el tan deseado cambio de Birmania.
Obama y Suu Kyi son parecidos, ya que ambos son Nobeles de la paz. Ambos fueron elegidos en sus respectivos países en sufragio universal. Ambos son un referente de la esperanza; pero la diferencia está en que el primero viaja a lo largo y ancho de todo el planeta y la segunda no puede salir de su casa porque un militar le pegaría un tiro en la cabeza.
Hoy gracias a internet, las redes sociales, el tercer sector, países de la ASEAN, Occidente, birmanos enfadados y la propia Aung San Suu Kyi, Myanmar puede salir de ese lastre dictatorial que sigue empañando el sudeste asiático, para conseguir –por fin- una democracia de verdad y no la pura palabrería del general Than Shwe y amigos.
Así acabará este espectáculo tan negro y bochornoso en que se ha convertido el encerrar a la líder carismática, legítima y potencialmente peligrosa de un país en una burbuja de cristal.

Alles Gute zum Geburtstag!


Han pasado veinte años ya y a los alemanes les parece que fue ayer cuando cumplieron su sueño de derribar el muro.
Fue una reliquia de arte colorida y un símbolo del desprecio humano.
Fue impulsivo. Fue pensado de antemano. Fue legalmente ilegal, tanto su construcción como su caída.
No fue sólo un antes y un después para Alemania, también fue el inicio histórico de la era global. Con sus pros y sus contras, se abría la muralla que injustamente había separado dos mundos y dos formas de ser desde la II Guerra Mundial.
Quien diga que fue pacífica miente. Si hubiese sido pacífica nunca se hubiese derrumbado el muro. Fue violenta, rabiosa, como tiene que ser. Violenta y sin derramamiento de sangre. Sólo así se empuña un martillo para hacer caer el muro de la vergüenza.
Ese muro había convertido a Berlín Occidental en un ghetto dentro de la propia Alemania con 120 km de puro hormigón. Hubo gente que murió al intentar atravesarlo. Hubo familias que se vieron divididas. Desertores. Mucha tensión militar entre ambos bloques.
Pero no debemos olvidar que, por mucho que los “aliados” hubiesen intentado que los berlineses creciesen a espaldas unos de otros, ambas partes estaban mirándose a la cara y a la espera del ansiado encuentro.
Ningún gobernante puede hacer callar la voz del pueblo ni las movilizaciones colectivas… esa es la gran lección de este famoso episodio de la historia.
Quién le iba a decir a Schawoski, portavoz del Politburó de la RDA que cuando le preguntaron sobre la entrada en vigor del permiso de movilidad de los alemanes orientales hacia la RFA, el contestar “Mmm… pues cuando le informemos… mmm… inmediatamente” los dos Berlines iban a salir a la calle con champán y cinceles hacia la puerta de Brandemburgo.
Para unos, la mayor despedida de soltero de la historia. Para otros el principio del fin. Para unos cuantos la oportunidad de hacer turismo. Pero para todos, fue la mejor noticia que le pudieron nunca dar.
A esta ciudad aún le inunda la alegría de recibir al prójimo, tal como aconteció aquella noche hace veinte años, cuando los soldados berlineses de los dos bandos se dieron la mano, cuando bailaron jóvenes de ambos lados en el mismo espacio, cuando los coches empezaron a circular por todas las calles saludando a vecinos que intuían que existían, pero que nunca les vieron las caras.
Recordemos con nostalgia ese momento en que, por una vez, hasta se nos pasó por la cabeza que Alemania pudo haber ideado un modelo intermedio entre los dos bloques con la reunificación. Pensemos que no hemos perdido la oportunidad y quedémonos con lo positivo que a veces podemos leer en los anales de la historia.
¿Muros? Sigue habiendo muros.
Algunos lejanos como la verja de EE UU con México, otros más cercanos como la valla de Ceuta. Los hay de alambre como el que separa en Nicosia la República turcochipriota al norte del sur de Chipre.
Algunos están muy minados, como entre las dos Coreas y otros son la auténtica marginación y hacinamiento como el muro de Palestina.
Pero lo hemos visto, y lo seguiremos viendo. Los muros se saltan, los alambres de espino se cortan y la gente circula porque nadie (Nadie) debe matar al que quiera cruzar cualquier barrera irracional que divida a dos pueblos que miran hacia la misma dirección.

Lo que hace un Nobel


Aplaudimos todos a Barack por su gran premio Nobel de la Paz. Aplaudamos por el premio y por el noble. Incidimos en “noble” ya que la primera persona en decir que no lo merecía era el propio Obama.
Lleva tan sólo 9 meses en la presidencia de los EE UU y ya se le otorga el galardón, cuando lo ideal sería dárselo al acabar la legislatura… de hecho, la segunda, porque seguramente sea capaz de afrontar otra victoria si notablemente cumple sus promesas.
Este Nobel ha sido premiado por su esfuerzo en pro del desarme nuclear, por sus esfuerzos en contra del cambio climático y por mediar en conflictos armados.
En realidad aún acaba de empezar… Hay que darle tiempo al tiempo. En cuanto al desarme nuclear, ha hecho inmensos avances con la amiga Rusia, pero sigue habiendo amenazas nucleares; y si bien, el fin de la tensión nuclear entre países está hoy cada vez más a la vista, no lo está en sí el riesgo nuclear, como tal, ni tampoco podemos hablar de Paz en mayúsculas en este terreno. Aunque por ahora Barack cumple.
La cumbre medioambiental de Copenhague –cambiando de tercio- será decisiva… y la presión mediática de Barack (nótese que ya hablamos de 'Barack' como si fuese un compañero más) será desde luego un plus en la negociación. Sin esperar que este viaje a Copenhague acabe como la candidatura de Chicago, Barack Obama aportará los valores demócratas y progresistas en aras de alcanzar un acuerdo decisivo, pero como hemos dicho, aún no hay nada escrito.
En cuanto a los conflictos armados globales, Obama cumple, y cumple con su papel diplomático. Lo malo es que la diplomacia no es la mejor de las opciones, sino la menos mala, que no se nos olvide. El diplomático presidente de los EE UU tiene que sortear críticas y presiones de ambos lados y muchas veces ofrece una respuesta ambigua. Ahí también tendremos que esperar, pero una vez más por ahora Obama cumple.
Cuando hablamos de Obama, así pues, tendremos que hablar de tres elementos que conforman este calificativo.
En primer lugar Obama (1), como lo que es, Barack, un compañero más, un humano, un profesional que ha sido galardonado con un Premio Nobel por su actividad de líder mundial, y de lo cual se debe sentir orgulloso (con la boca pequeña).
En segundo lugar, Obama (2) como Gobierno, es decir, el Gobierno Obama. No hay que olvidar que detrás de sus decisiones hay un entramado de un equipo formado por multitud de personas, más cercanas (asesores) y más lejanas (otros “notables” demócratas), cuyo discurso acaba en forma de papel que Obama interpreta. Con el premio Nobel de la Paz se da por hecho que los más Obamas y más demócratas (y más geniales) van a poder tener un margen de maniobra mayor. Las palabras de Barack Obama ahora serán las de Presidente y Líder Mundial reconocido.
En tercer lugar está el movimiento Obama (3). La obamamanía, que se ve reforzada con creces, representa a millones de personas a lo largo y ancho de todo el globo. Lo “Obama” está todavía más de moda… y si alguien lo dudaba, esta marca Obama representa –ahora sí- los valores que hicieron conmover a tantísimos votantes americanos (y no americanos también).
Es un marrón para Barack. Si estuviese con él se lo comentaría, pero como no hay mal que por bien no venga, ahora tendrá una presión más para hacer, si sí o sí, lo que un Líder de la Paz que, a su vez, gobierna una potencia, debería hacer.
Y no se asusten: Woodrow Wilson, Billings Kellogg, Jimmy Carter, Al Gore, y lo peor de todo, Kissinger (artífice y desartífice de la guerra de Vietnam) también lo recibieron en su día y son políticos norteamericanos –con todo lo que ello significa-.
El hecho de ser el símbolo de la paz entre la comunidad afroamericana y el establishment blanco de su propio país, ya lo tendría que convertir en el Nobel de la Paz, pero por ahora lo único que se ha cumplido del todo lo dicho es el sueño del, también Nobel, Martin Luther King.