Mostrando entradas con la etiqueta Soberanía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Soberanía. Mostrar todas las entradas

La Constitución y un pepino


El procedimiento es así por un claro objetivo. No se hace al tuntún.
Nuestro sistema legislativo es el que es por estar en un Estado Democrático de Derecho (en mayúsculas). Es lento, debatible y redebatible, engorroso, burocratizado. Muy leeento. Es un sistema de leyes y se piensan dos veces las normas, ya que sus consecuencias son tremendamente importantes.
La ley del pepino: Un grupo parlamentario decide proponer una ley desde la oposición para defender el pepino español. Se debate si procede hacer esta ley o no. Se vota en una cámara, se vota en otra y se da un paso adelante. Se crean comisiones para investigar cómo proteger al pepino, que si un etiquetado, que si unas multas a quien mancille su nombre. Las comisiones, meses más tardes y tras votaciones, llevan la propuesta al Congreso. El Congreso debate de nuevo. Que si pepino sí, que si pepino no. Pues pepino a veces, porque finalmente se aprueban algunas cláusulas adicionales y se pasa la ley de pepino por… el Senado que lo ha de votar también. En el Senado no gusta la ley del pepino. Pepino no.
La ley vuelve al Congreso y ahí ya sin tocarla más (la ley decimos) se aprueba finalmente la Ley ordinaria de protección del pepino español. Sólo tuvieron que pasar 5 meses y 3 semanas. Es necesario ese tiempo para asegurarnos que asentamos las correctas bases de protección de nuestra noble hortaliza.
En cambio, ahora los partidos mayoritarios, PSOE y PP, deciden reformar la Constitución en cuestión de semanas. ¡De días! Sin ningún tipo de debate previo. O peor aún, habiendo debate pero en la calle y no dentro de la Cámara del Pueblo.
Vamos a cambiar además la Constitución por intereses cortoplacistas para hipotecarnos soberanamente de por vida, y recalco el doble sentido de soberanamente.
Como el Gobierno de Angela Merkel decide en Alemania introducir un artículo en su Carta Magna para que legalmente su Estado no se endeude más, nosotros lo copiamos. Lo copiamos a la desesperada para calmar a los mercados salvajes y lo copiamos a la manera express para poner la guinda a la legislatura a dos meses de las Elecciones Generales.
¿El método? Ha fallado.
¿Las formas? Han fallado.
¿Las razones? Han fallado.
¿Las consecuencias? Simbólicas, pero relevantes. No sirve de nada que se obligue el Estado a no endeudarse porque nuestra firma de los Tratados comunitarios ya nos exigía seguir las pautas marcadas en Maastricht poniendo un techo al déficit y a la deuda.
Es de un gran derrotismo democrático, que nuestra Constitución, fruto de la utopía de una Transición pacífica y esperanzadora de hace 30 años, se vea afectada de forma tan sucia por las circunstancias vigentes de unos inversionistas recelosos.
Primero los servicios públicos. Primero los derechos sociales. Primero el Estado del Bienestar. Después ya veremos cómo nosotros –nosotros somos el poder- seremos capaces de hacer frente a los ciclos económicos.
Podremos recortar, podremos reajustar y podremos replantearnos muchos cambios en nuestro modelo de financiación, pero manchar la Constitución, hasta ahora intocable, para cerrar a cal y canto cualquier manera de intervención keynesiana-estatal para hacer frente a una crisis, dejándonos a la deriva, todavía más, en manos especuladoras, es, ante todo, un error.
Es ante todo el mayor error que se ha cometido en este país desde 1978.

Indignado en islandés se dice “reiður”


Que no, que no y que no. Islandia es como una gran Puerta del Sol en el Círculo Polar Ártico. Los indignados islandeses no necesitan tienda de campaña para acampar frente al Parlamento de Reykjavík por dos motivos.
En primer lugar, el fracaso de una acampada en Islandia por las inclemencias climáticas; y por otro lado, por los cauces de participación democrática directa de la que disfrutan los islandeses, que hay que recordar que desde hace muchos siglos tienen la Asamblea democrática más antigua del mundo. Ambos motivos hacen del caso islandés, un caso único donde se hace mucho ruido sin muchas caceroladas.
Un pequeño país, con una serie de recursos limitados que supo crear una economía de libre mercado y un Estado del Bienestar, únicos y compaginables como sólo los países nórdicos supieron hacer. Compaginable hasta el divorcio sufrido hace dos años, con la quiebra financiera internacional que azotó a Islandia de una manera calamitosa y no esperada por nadie.
No fueron ni por asomo el Goliat derribado del que se habló porque han sabido hacer las cuentas para salir de la crisis… y menuda manera de hacerlo.
Aún siguen en pleitos con los Gobiernos británico y holandés, que financiaron la deuda de la isla ártica y ahora los propios islandeses se niegan a pagar. Se niegan a pagarla porque no es su deuda: es la deuda de la mala gestión de un Gobierno.
Se negaron a pagarla en el primer referéndum (bien sabido era el resultado, pero los islandeses lo replantean todo vía plebiscito) y lo volvieron a negar por segunda vez. “No queremos pagar vuestra deuda”. Y sigue sin ser pagada.
Poco a poco van saliendo de la crisis. Islandia también fue rescatada por el FMI, también tuvieron recortes sociales e incluso han pedido su adhesión a la Unión Europea porque una economía tan débil no podrá sobrevivir sola tras las heridas mortales que sufrió por las batidas de este capitalismo salvaje del que se estuvo beneficiando su banca durante las últimas décadas.
Paradojas. Pero lo más paradójico, que no se ha atrevido a hacer absolutamente ningún otro país afectado por la crisis, es que los islandeses han denunciado a los presidentes y gestores de las principales bancas del país e incluso están juzgando (“juzgando” que se dice pronto) al ex Primer Ministro, Geeir Haarde, por la incompetente gestión de la crisis, por tener información privilegiada y aún así hacer una mala política económica, llevando a Islandia a la bancarrota y poniendo en peligro la sostenibilidad del país las siguientes décadas.
Es por ello, que el caso islandés es único, y que cada ciudadano islandés puede ser un reiður, un indignado, que lucha por su dignidad y por la de su país.
Quizás su cultura ciudadana sea mucho más avanzada que el resto del continente, quizás los islandeses sean un pueblo espartano y con unos principios intachables, o sencillamente, puede que estas medidas puedan ser únicamente tomadas por un país pequeño de 300.000 habitantes.
No importa analizar las causas de su actitud, sino las consecuencias de sus actos. Sí que se puede actuar de forma cívica y comprometida, solidaria y orgullosa, para poner los puntos sobre las íes y para aplicar la justicia, que al fin y al cabo es algo inherente a cualquier sociedad. A no ser que esa justicia sea demasiado incómoda.

De la indignación a la esperanza


La indignación.
Leo de la RAE la definición de indignación: “Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos.”
Luego me planteo si el término que utilizan los medios de comunicación para definir a los espontáneos que irrumpieron en la Puerta del Sol o en otras plazas del país es el término correcto o no: Indignados, ¿contra quién van?, ¿contra qué actos?
Otras protestas que marcaron la historia de este país tenían una cabeza de turco para agitar las banderas de la indignación mucho más claro. Un gobierno concreto, una política concreta, una empresa o una información mal dada.
Indignación contra una ley, contra una mala gestión de una catástrofe, contra un atentado, contra la guerra. Actos irresponsables del Gobierno.
Pero ahora los acampados protestan indignados contra el sistema. Es una amalgama de pareceres, de ideología y de posturas.
¿La solución? La solución la buscamos entre todos, mediante un método de participación directa.
Un ciudadano corriente se puede acercar a Sol, a Plaça Catalunya, La Encarnación, el Obradoiro o a cualquiera de las plazas donde están las protestas para oír las propuestas del pueblo, y es más, pueden subirse a la tarima improvisada y con megáfono en mano, proponer soluciones a los problemas que le indignan.
Aún así quien se acerque también a estos puntos de encuentro oirá discursos vanos y en parte demagógicos, algo que paradójicamente es contra lo que se protesta también. Quien quiera mover a más de una docena de personas ha de elevar un grito cargado de sentimientos primarios (volvemos a la indignación, pero podría ser cualquier otro sentir visceral) y plantear soluciones de linchamiento.
Quitarle el dinero a los bancos, retirar al Rey, proclamar la III República, dividir todos rendimientos financieros entre la clase trabajadora…
El mensaje no es este. No buscamos la destrucción de todo lo que hemos construido, sino su mejora. No buscamos taparnos nosotros destapando al vecino. No queremos más de lo mismo, sea con un altavoz de Sol o con un micrófono en el Congreso. Queremos algo nuevo, y ese algo nuevo ya está sucediendo.
Guste o no, para cualquier demócrata convencido se le puede poner la piel de gallina al ver la acogida de las acampadas. Quien haya dicho que la juventud española ya no tiene valores miente ya que, ¿qué hay más valioso que seguir respetando los valores democráticos que forjaron la historia reciente de nuestro país?, ¿cómo podemos darle un balón de oxígeno a esta democracia si no es saliendo a la calle, exigiéndola, viviéndola?
Esperamos que este movimiento de los indignados del 15-M se traduzca “vehementemente” en un mensaje definido contra “un acto” concreto. Esperamos que este mensaje cruce las fronteras, tal como ha ocurrido en el mundo árabe para otros países de Europa.
Los españoles no tenemos la culpa que una maldita agencia de rating nos baje la nota para que a nuestro Gobierno se le exija hacer una serie de recortes sociales. Somos la ciudadanía las víctimas. Hoy la ciudadanía española, portuguesa, irlandesa, griega… y mañana la italiana, la belga, la húngara, la francesa.
Revolución, democrática, pacífica y europea. Cuatro palabras que nos llenan de esperanza.

Paraíso caribeño

El paraíso está en el Caribe. No es Santo Domingo, ni Cancún, ni tan siquiera la isla de Jamaica para los más hedonistas. Es el pequeño estado de Saint Kitts-Nevis, o para los quijotinos, San Cristóbal y Nieves.
Este pequeño país, no es sólo un paraíso por su ubicación, su clima, su cultura caribeña, sino porque es el espejo de la riqueza media mundial.
Es curioso, pero la renta media de Saint Kitts-Nevis coincide con la renta per cápita media del planeta Tierra, es decir, un sancristobaleño podría representar al humano medio en poder adquisitivo a día de hoy con 15.000 $/anuales.
Bastante inferior a las economías más avanzadas y ligeramente por encima de los países en vías de desarrollo (o para que nos hagamos a una idea, en el ránking mundial justo entre la europea Lituania y el desarrollado Uruguay) es una economía reflejo del progreso y la cohesión.
Este pequeño archipiélago, formado obviamente por Saint Kitts y por Nevis, es también joven ya que únicamente es independiente desde 1983, y desde aquel entonces supo dar el salto de una economía colonizada basada en el monocultivo azucarero a una economía abierta al mundo, fomentando el turismo tan en auge en la zona estas últimas décadas. Turismo que ha sido sostenible y que no ha hecho otra cosa, sino que recibir inversión extranjera directa en la pre-globalización hasta hoy.
Saint Kitts ya es un país maduro y actualmente están en su última fase económica, que es diversificar los servicios de las islas que ya representan más del 70% de su PIB.
Sus 40.000 habitantes a estas alturas ya disfrutan de un Índice de Desarrollo Humano alto (0,821 sobre 1) y todo sea dicho, salvo temporadas de huracanes, que es el problema climatológico de estas latitudes, su calidad de vida se ve reforzada por unas temperaturas paradisíacas. ¿Qué más queremos?
Saint Kitts, de esta manera, nos ofrece un doble ejemplo valorable. Por un lado, muestra como los que antaño eran llamados países en vías de desarrollo y ex-colonias europeas, hoy son países (y democracias libres) avanzados. Por otro lado es un ejemplo esperanzador para todo el mundo: la riqueza del planeta es inabarcable.
En realidad sí que es abarcable, pero desde luego se viene abajo la premisa de que hay demasiada población en la Tierra para toda la riqueza económica que se puede generar, y que por lo tanto siempre habrá países pobres.
Si sumamos todo el PIB planetario y lo repartimos entre los más de 6 mil millones de ciudadanos que vivimos en 2010 en todos los continentes, podríamos vivir como un habitante de Saint Kitts, con una calidad de vida óptima y un programa económico desarrollado.
Todos sabemos que las diferencias económicas entre Occidente y el Tercer Mundo siguen siendo extremas, pero cada vez más la brecha se está cerrando y la riqueza confluye a todos los países en vías de desarrollo en este sistema globalizado. Otro reto será conseguir que si todos consumimos con el mismo ritmo de riqueza que tiene un sancristobaleño, los recursos físicos y naturales den para los 6 mil millones, pero sabemos ya a ciencia cierta que los recursos financieros y monetarios sí que son suficientes, ya no sólo para ofrecer una vida digna a cada uno de nosotros, sino un bienestar tan deseado como el del llamado Primer Mundo.
Tiempo al tiempo o si no que se lo digan a las diferentes generaciones que hoy habitan el que quiero pensar que es ya un paraíso utópico al otro lado del Atlántico.

Compartimentos estancos

Los compartimentos estancos son espacios delimitados, cerrados e incomunicados. Lo que se coloca en un compartimento estanco no se puede mezclar con los otros elementos externos al compartimento, eso sí, siempre que la finalidad sea que no se mezclen.
Agua y aceite.
En nuestra geografía urbana se intuyen ciertos compartimentos estancos por zonas o barrios. Hay en cualquier zona metropolitana que presuma de más de 50 mil habitantes, una zona, la más rica, en la que las rentas más altas viven, trabajan y crecen. Hay otra zona, la más reprimida, donde las clases más bajas malviven, trabajan también y crecen todavía más.
Entre ambas zonas hay muchas otras zonas no etiquetadas, de clase media. Lo curiosos es que entre el más rico y el más pobre tan sólo hay un par de kilómetros. Por mucho que lo intenten, es imposible delimitar compartimentos estancos entre barrios como si la ciudad fuese Berlín, Jerusalén o Nicosia. Es imposible
A nivel macro sí que se puede hacer. Ese gran invento humano, el de las fronteras, que crean países, marcan territorios, recrean sociedades y homogenizan culturas.
Un deleite.
Las fronteras marcan grandes contrastes. Un factor de riesgo es que entre dos países fronterizos las diferencias lleguen a extremos. En el sentido más económico hay grandes desniveles entre países vecinos.
El mayor de todos casualmente es el de la frontera de las dos Coreas, que divide a un país como Corea del Sur que es 25 veces más rico que su hermano comunista del Norte, y todo ello hablando en términos de renta per cápita.
El segundo lugar del mundo con una diferencia tan abismal es entre Israel y Egipto (Franja de Gaza), donde la diferencia asciende a 15 veces más ricos los israelíes que los árabes.
Otro ejemplo sangrante es EE UU y México, donde la diferencia es de hasta tres veces, pero aunque mucha gente crea que esta larga frontera es la vergüenza mundial, hay que remarcar que no ocupan el tercer puesto en ránking de diferencias económicas fronterizas. No hay que ir tan lejos, y la frontera no es tan grande, sólo unos kilómetros.
El tercer puesto, pues, lo ocupamos los españoles, que tenemos frontera con Marruecos y somos 7 veces más ricos que los vecinos magrebíes (concretamente 7,39).
Esto ayuda a entender aún más la problemática entre un país que está en otro continente, que tiene otra cultura, otros objetivos de política exterior, otra forma de entender el progreso, y como no, otros ingresos. No obstante, tenemos que labrar una apacible convivencia con los vecinos marroquíes, de máxima colaboración y ayuda mutua.
No es para desarrollar en este punto el papel que juegan las plazas de Ceuta y Melilla o el Sáhara Occidental, pero hay que matizar que ambas ciudades fueron fundadas por castellanos y portuguese antes de que Granada fuese tomada por los cristianos y que nunca fueron marroquíes; y bueno, el caso saharaui es el de la eterna reivindicación de su autodeterminación. Pero aquí estamos hablando de las diferencias económicas entre dos países fronterizos, entre los que la gente se mueve.
Lógico que los habitantes del Rift se hacinen en los pasos fronterizos para buscar mejores oportunidades. Normal que intenten cruzar el estrecho. Claro que es vergonzoso que el español medio tenga la misma riqueza que 7 marroquíes.
Si los ricos no fuesen tan ricos y los pobres tan pobres, no existiría el conflicto social; y eso es sabido por todos. Lo que no todo el mundo sabe es la gran mentira de que España, o cualquier país, sea un compartimento estanco, porque ahora más que nunca somos como una sóla ciudad donde forzosamente las distintas clases han de convivir y mirarse a la cara.

Paz global: sonríe porque las guerras se van a acabar


En la II Guerra Mundial murieron 61 millones de personas y el 73% de las bajas fueron civiles. Desde entonces y tras medio siglo, las guerras, las muertes de guerra e incluso el gasto militar ha descendido proporcionalmente, lo cual nos lleva irremediablemente a un mundo más pacífico.
Actualmente el gasto militar en la mayoría de los grandes países se sitúa bajo el 4% del PIB. Sencillamente, si no hay guerra, el Estado tiene que gastar en las otras demandas y necesidades de la población. Es simple.
Desde el fin de la Guerra Fría el gasto militar en los países occidentales descendió estrepitosamente, hasta la Guerra de Irak, que como todos sabemos, implicó una partida presupuestaria inmensa, con la que nuestros amigos de la Administración Bush no contaban.
Cuantitativa y cualitativamente las guerras se están borrando. Las sigue habiendo, y siguen siendo el mayor de los males de nuestro planeta, la mayor de las vergüenzas, una patada de rabia en la boca del estómago, pero son cada vez menos y menos, y los señores de la guerra intentan que sean “menores”.
Desde las dos últimas décadas las guerras se viven en directo. Siempre hay un cámara que reporta desde la trinchera. Cuanto más implicados estén los países occidentales, más posibilidades de crítica hay desde la opinión pública, y, por ende, la guerra ahora ha de ser no sólo televisada, sino humana, rápida y libertadora.
Televisada… todos nos habíamos acostumbrado a comer o cenar con las imágenes de la guerra.
Humana gracias a la tecnología, esto es, evitando el mayor número de bajas militares y eliminando las bajas civiles (o intentándolo). La guerra ya no es cuerpo-a-cuerpo, sino satelizada y dirigida hacia objetivos militares. Los bombardeos ya no son contra la población civil, y ahora sí que se avisa con octavillas… Los civiles ya no son enemigos, sino amigos, y nuestros soldados son profesionales, con lo que, que mueran, es un coste evitable y si mueren civiles es un suicidio político. Recordad, lo están grabando todo.
Ha de ser rápida; cuanto más larga, más cara y menos humana. También ahora es libertadora, y tras la guerra, si ganan los “aliados” eso sí, es por el bien de todo un pueblo.
Todo esto suena contradictorio, ¿verdad? Claro que lo es, y es por ello que las guerras se están acabando por sí solas.
En la actualidad, ya no se invaden países, aunque hasta hace una década era normal. No obstante, no podemos obviar los casos de Irak, Afganistán y el conflicto palestino-israelí. En el caso iraquí fue una guerra ilegal; en el afgano, una guerra respaldada por la ONU; y en el caso de Palestina, sería el único en la actualidad que se correspondería con el viejo modelo del país grande se come al pequeño.
Hay guerra civil en Somalia, Sudán, Chad y Pakistán. Nos encontramos con movimientos insurgentes en el Cáucaso de Rusia, India, Filipinas, Cachemira, Magreb, Pakistán, Yemen, Tailandia y Kurdistán. Y se habla de “narcoguerra” en Colombia y México.
¿Parece mucho? No lo parece: ¡Lo es! Pero estos 18 conflictos actuales que acabamos de nombrar son extremamente mucho menos de cómo estaba el planeta en los 90s y más atrás. En aquel entonces había guerras en los cinco continentes: Europa del Este, América Latina, el Sudeste Asiático, Oriente Medio y Todo el continente africano morían de Guerra.
Antes la guerra era buena, la gente la apoyaba, era una bendición, vendíamos armas a todo el mundo y nos armábamos hasta los dientes por si nos atacaban. Hoy nadie ataca. Hoy firmamos tratados para reducir las armas. Hoy todo el mundo odia la guerra.
Recordemos que por motivo de la Guerra de Irak todo el planeta se había movilizado, desde Nueva York hasta Seúl. Hoy sabemos una vez más que había sido un error, lo cual es bueno.
Los ejércitos podrán vigilar únicamente los conflictos globales latentes que seguirán existiendo, pero Nunca Más una guerra en mi nombre ni en nombre de mi país.
Así pues, ahora que todo lo ves, que todo lo votas, que todo lo pagas, que todo lo lloras, que todo lo gritas, sonríe porque las guerras se van a acabar.

Asociaciones necias, oídos sordos


El asociacionismo es una nueva forma de acción política y ciudadana en un escenario como el actual, en el cual hay una multitud de actores con deseos de influir en la toma de decisiones gubernamentales y en la activación de movilizaciones civiles. Son lobbies y grupos de presión que más que ningunear el sistema democrático son un avance, un paso firme para su fortalecimiento.
Los movimientos sociales y asociaciones dotan de mayor legitimidad lo que ya es a día de hoy una red de poder, en la que cualquiera de nosotros puede por fin participar de forma activa o pasiva.
De forma activa es colaborando; de forma pasiva es dejando pasar… Y no siempre hay que dejar pasar. Los movimientos más radicales, por naturaleza, no son constructivos, no crean debate sino provocación, son destructivos con la democracia y el sistema creado y acordado entre todos los ciudadanos.
Sin ánimo de negarles la voz, lo cual es un derecho irremplazable y digno, hay que alzar la mano y embestir un alto a sus derivas radicales, violentas, y por qué no decirlo, “necias”.
No es cuestión de caer en el insulto fácil, pero algunas de las acciones con más eco de los extremistas son necedades que hieren la inteligencia del resto de los ciudadanos.
Y al hablar de extremos, nos referimos a todos los extremos, de arriba abajo, de izquierda a derecha. Todos.
Por ejemplo, en un extremo tenemos el caso de los pro-taurinos con todos y cada uno de sus argumentos naïf que no tienen ningún sentido y –como decíamos- hieren la inteligencia. La última joya, ante la prohibición de las corridas en Cataluña, es que quieren llevar al TC la constitucionalidad de esta norma. Señores de la derecha, si no le gustan las decisiones del pueblo, por favor aguántense, pero el TC no es ningún basurero de frustraciones neocon. Les explico que la Constitución recoge el derecho de disfrutar del medio ambiente y la obligación de respetarlo, y añadimos, con toda su fauna y toda su flora nacional. Las CC AA tienen competencia para legislar sobre el trato a los animales, así que ya saben lo que dirá educadamente el TC: Tururú (¡)
Peor todavía son las asociaciones identitarias radicales, mayoritariamente de jóvenes, que perdieron el norte de lo que en su época sí era una lucha democrática y constructiva.
Son grupos minoritarios de extrema izquierda independentista, que recorren las calles de Santiago de Compostela, Donosti o Barcelona y cuyo ruido ensordece la voz de lo que sí que podría ser una lucha justa.
¿Cómo se puede tener la sangre fría y la falta de tacto, de comparar cualquiera de estas CC AA con Palestina, Sáhara Occidental y recientemente Kosovo? ¿nos hemos vuelto locos o qué? En fin, ¿acaso hay refugiados catalanes hacinados en tiendas de campaña al otro lado de los Pirineos?, ¿ha bombardeado Madrid a la ciudad condal con bombas de racimo? ¿hay alguna limpieza étnica contra los euskaldunes?
Cualquier comparación al respeto, aunque se enmascare de solidaridad antirrepresiva, es únicamente una forma de tergiversar la verdad y burlarse de las auténticas víctimas.
Necio también es apoyar a colaboradores de ETA en nombre de la independencia catalana y en contra del Estado español, hablar de lucha y resistencia contra concejales electos democráticamente, hablar de amnistía a presos políticos en un país como el nuestro, todo ello es una vez más, no sólo necio, sino un acto de irresponsabilidad, camorrista y mercenario. Como igual de irresponsable, camorrista, mercenario y necio es ser una auxiliar admininstrativa del Ajuntament de Terrassa, beneficiarse del cargo para entrar en los archivos de la DGT, facilitar una matrícula de un concejal del PP, dársela a ETA, y que ésta le ponga una bomba-lapa para acabar con su vida.
Para asociaciones necias, ya se sabe: oídos sordos…

La humildad de nuestra soberanía económica

En los regímenes absolulistas el Rey era el soberano del reino. En las democracias el pueblo es el soberano de la nación.
Una gran parte de la ciudadanía no se lo cree, y no es demagógico, es un hecho. ¿Cómo podemos ser los españoles soberanos de nuestra propia democracia? ¿votando?
Muy bien, los españoles hemos votado mayoritariamente a un proyecto de corte centroizquierdista (o a varios proyectos en general progresistas) que es, sin error a dudas, la imagen de la actual sociedad de España.
Aún así, el gobierno Zapatero ha dado un giro de 180º en su gestión económica, con lógicos recortes en una situación de crisis y déficit público, pero con una serie de reformas que van más allá y parecen ser de rúbrica neoliberal-conservadora: congelar pensiones y salarios públicos, reducir el gasto público, una reforma liberal, perdón "laboral", que facilita el despido pero no frena el trabajo precario dando más poder a las empresas privadas de contratación, una reforma de cajas que permiten su capitalización privada, haciendo que los dividendos y beneficios caigan en manos de inversores y no a los fines sociales que obligaban a las cajas a ser eso, cajas, y no bancos.
Hemos perdido parcelas de soberanía gracias/por culpa de la UE y a día de hoy ya no hay ninguna competencia 100% estatal.
¿Cómo es la estrategia económica comunitaria? Veamos, esto es muy simple: 27 países europeos con 27 gobiernos diferentes. De éstos, 20 son de derechas y 7 de izquierdas (España, Portugal, Chipre, Grecia, Austria, Eslovenia y Eslovaquia, con respeto, "lo mejorcito").
En términos de población, de esta manera, estos 7 países progres representan el 17% de la población de la UE y la derecha gobierna al restante 83% de los ciudadanos comunitarios.
Y en términos macroeconómicos, aún se desequilibra más, ya que los países conservadores llegan a acaparar el 86% del PIB de toda la Unión.
La pregunta es, ¿tienen la culpa nuestros vecinos europeos con su papeleta derechoide que hayan escogido gobiernos que obligan a los países minoritarios de centro-izquierda a adoptar una serie de reformas sólo justificables desde una ideología liberal, ultracapitalista y neo-con?
No, aunque sí que ayuda, o por lo menos los legitiman democráticamente ("señores, la mayoría europea ha hablado").¿Y por qué no? Pues sencillamente ya no es que no seamos un país soberano, es que ya no hay ninguna institución pública (en el nivel que sea y del color político que tenga) que sea libre en términos económicos, siendo que la economía marca casi toda la agenda política.
Ni el pueblo ni el Estado son dueños de la riqueza nacional, porque ahora la riqueza es transnacional.
Estamos actuando para que los inversores internacionales estén satisfechos. Ellos pagan todo. De ellos depende el empleo, no del Ministerio de Trabajo. De ellos depende la reducción de la inversión pública, no de nuestros impuestos. De ellos depende la deuda española, no de las decisiones que tome Moncloa.
Así pues, hay que tratarlos con respeto y hacer que se sientan a gusto. Ellos tienen el maletín, y antes se hunden países enteros que dejarle a alguien que lo abra.
Son el Cliente con mayúsculas y siempre tienen la razón, pero por favor, no es necesario que nos bajemos los pantalones, que somos pobres pero no idiotas.