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Humo


No existe ahora. Quizás se haya esfumado en poco tiempo o quizás nunca hubiese existido. La riqueza de estos países tan desarrollados se ha demostrado que es relativa.
El capitalismo se ha criticado desde muchos sectores y no es algo nuevo, ya que siempre ha tenido detractores y defensores, y como unas reglas de juego que son, el sistema capitalista se ha modificado década tras década. Desde la década de los 90 teníamos en Occidente un ultracapitalismo que, entrados en el S XXI, se ha extendido a todas las partes del planeta.
Este ultracapitalismo no es otro que el de la desregulación total de todas las transacciones y el de la especulación extrema. Especulación extrema cuyas consecuencias estamos viviendo ahora.
Se puede especular con el valor de todo: de los tulipanes, del oro, del petróleo, del arroz o de la solvencia soberana de un país. Y como toda especulación tiene el mismo proceso de hinchazón sin sentido y explosión sin cabeza, nos hemos empapado todos de esta supernova especulativa de nuestra deuda soberana.
Europa, Japón y los EE UU en 2011 se destacan por tener los mayores problemas de financiación estatal a pesar de ser los Estados con mayores ingresos –dicen-. ¿Ingresos? La mayor partida de lo ingresado por los países occidentales proviene de los mercados financieros. Los gobiernos (todos los gobiernos de todos los países con independencia de su color político) actuaron irresponsablemente vendiendo en los parqués la deuda soberana de sus ciudadanos hasta unos niveles que superan el 80% ó incluso el 100%, sin reducir en ningún momento el gasto derrochador, incluso reduciendo impuestos y dándole también su trozo de pastel al sector bancario, que más bien se demuestra que ha sido una manzana envenenada.
Si alguien compra un coche a plazos, lo usa, lo paga durante “x” tiempo, y cuando acaba de financiarlo, lo posee totalmente. Esta persona está especulando con sus ingresos, corrientes y constantes, pagando hipotecas, letras y créditos, y haciendo uso de lo que en realidad todavía no es suyo.
Nuestros Estados han hecho lo mismo: han estado haciendo uso con las infraestructuras y servicios sociales de dinero inexistente, con financiación especulativa que iban devolviendo, eso sí, con los impuestos que católicamente pagamos los contribuyentes.
A crecimiento más rápido, más rápidamente se esfuma, tal y como ha pasado en la periferia de Europa. Grecia es un ejemplo de goma elástica estirada al extremo. Y también lo es nuestro país, y también los son todos y cada uno de los países del mal llamado mundo desarrollado.
Humo.
Decíamos al comienzo que esto es ultracapitalismo. Un sistema creado, no de la nada, sino como consecuencia de cada uno de los actos de Gobiernos, empresas y ciudadanos. Ha sido una responsabilidad colectiva que deberemos enmendar. Hablamos de ultracapitalismo como una versión atroz y enferma de un sistema de mercado de economía abierta.
Ha llegado el momento del cambio. Se hará solo y sin prisas. Este actual sistema dará paso a otro no tan especulativo o indirectamente regulado.
Hemos de aflojarnos el cinturón y hemos de pagar lo que no teníamos en aras de mantener nuestros servicios sociales, pero porque nosotros queremos, no porque lo diga la agencia de rating Moody’s.

Puñetera hambruna


¿Te lo digo o te lo cuento? Pues te lo cuento.
En 2011 con todo nuestro desarrollo científico, comercial, social y tecnológico sigue existiendo hambruna.
La hambruna no es una foto de un niño desnutrido del África subsahariana. Eso se ha convertido en un cliché y no transmite nada.
Hambruna es dolor. El Hambre en mayúsculas es una muerte lenta y dolorosa que incide en el cuerpo de una forma muy parecida a como lo hace la anorexia comatosa, el cáncer o el sida en un momento muy avanzado de la enfermedad.
Los dolores son crónicos en articulaciones y sistema digestivo. La piel y el pelo pierden vida. El corazón se cansa y el individuo hambriento apenas puede consumir la energía de las reservas musculares que le quedan en su cuerpo.
Ronchas, sangrado, inflamaciones de las piernas, dolores de cabeza continuos, vómitos y mareos. Vértigo, náuseas, diarrea.
Las personas pueden morir en un corto lapso de tiempo en el caso de tener sed extrema, de tener frío extremo, de tener calor extremo. Horas o minutos, pero el hambre puede ser semanas o años si se convierte en una situación crónica.
Porque la gente se muere.
Irlanda entre 1885 y 1889 vivió una de las peores hambrunas registradas (la Great Famine). Un cuarto de la población de la isla empobrecida en aquel entonces pereció por falta de su alimento básico: la patata.
Entre 1932-1933 la URSS dejó morir de hambre a 7 millones de ucranianos. Lo que se conoce como Holodomor por los aún supervivientes de ese capítulo vergonzoso del s XX en que Stalin literalmente robó los cereales y los alimentos de los agricultores de Ucrania.
Tenemos que llegar al We are the world para conocer también la Hambruna de Etiopía de los años 80. Murieron más de un millón de personas.
Malas cosechas, malos gobiernos, mal clima… son muchas las causas, pero muy simple la solución: la comida.
Actualmente Somalia vuelve a estar atacada por la maldita hambre de una región de África más que olvidada, sin recursos, predesertizada y con unas guerrillas fundamentalistas que no dejan introducir la ayuda internacional. Un país sin gobierno desde hace años, anárquico, donde sólo se interviene en caso de que un pirata secuestre un barco atunero occidental.
Cara de vergüenza para los gobiernos occidentales que intervienen en Afganistán, Irak o Libia para luchar contra los dictadores y no deparan en la necesidad de utilizar a los ejércitos cuando sí que se necesitan, como hoy en día en Somalia.
Es mejor dejar a las ONGs con el culo al aire ante bandas armadas bárbaras extremadamente violentas. ¿Acaso no saquearían un convoy de alimentos, que justo en esta parte del planeta es el bien más preciado?
Una barra de pan vale vidas y hay gente dispuesta a morir a por ella.
El hambre duele y mata, ha matado muchas veces a lo largo de la historia y vuelve a envestir. Pero que haya hambre es un problema de gestión de recursos básicos y por lo tanto, aunque haya sequías, malas cosechas, inflación, saqueos y su p*** madre, no nos podemos permitir dejar a nadie morir de hambre.
Cuando ese niño-premio de fotoperiodismo-cliché negro y africano muere de hambre, no muere, no te engañes, lo estamos matando tanto tú como yo.

Homologar


No se sabe si lo contrario a las homologaciones son las heterologaciones, pero lo que está claro es que no todo el mundo consigue que se homologue su situación personal concreta.
Se homologan procesos de producción para estandarizar los patrones mínimos de calidad. Se homologan titulaciones para facilitar el intercambio de conocimiento. Se homologan los códigos ISO y las medidas del Sistema Internacional. Se homologa todo.
Se homologan ideas y se homologan derechos. El pensamiento único tiene sus pros y sus contras. El principal pro está claro que es que ha triunfado la democracia y el Estado de derecho. Los derechos civiles también se extienden y se estandarizan. Es lógico que toda mujer tenga los mismos derechos que el hombre, que puedan votar las minorías étnicas o que el trabajador tenga derecho al descanso. Es lógico, no es sólo occidental, por eso se nos ponen los pelos como escarpias cuando descubrimos que hay países o democracias de serie B en los que esto no se cumple.
Avanzamos, adaptamos y homologamos.
EE UU es una república federal en la que cada Estado tiene su propio Código Civil. Algunos Estados más desarrollados democráticamente habían aprobado libremente el matrimonio entre personas del mismo sexo y otros, no tan avanzados, directamente lo prohibieron. Hasta ahora por culpa de una cláusula legislativa federal no se podía equiparar el matrimonio de lesbianas y gays en los Estados en los que no se permitía, es decir, una pareja de dos mujeres que se casan en Massachusetts eran matrimonio en Vermont, pero ni tan siquiera pareja de hecho en Texas, Florida o Illinois.
Hasta el levantamiento de esta cláusula por parte de Obama, los ciudadanos LGTB eran ciudadanos de segunda en los Estados que así lo deseasen. Aparte de la discriminación, este trato arbitrario incide negativamente en la movilidad de las familias dentro del propio país y por lo tanto sería un lastre económico para toda el sistema nacional.
En un mundo global en el que no hay fronteras entre los países, ¿cómo podría haber habido hasta ahora fronteras interestatales dentro de un propio país para la movilidad de sus personas?
Inútil y absurdo. Lo ocurrido ahora en EE UU también ocurrirá en el espacio comunitario. Si hay movilidad de personas y los cónyuges de los ciudadanos comunitarios tienen los mismos derechos en cualquier país de la Unión, es ridículo que un matrimonio gay concertado en Bélgica pueda tener validez en Portugal, pero no en Polonia.
No es una cuestión relativa a la Carta de Derechos comunitaria, es una cuestión de los principios rectores de la UE: la igualdad de todos los ciudadanos va más allá de los Códigos Civiles nacionales. O cambian cada una de las legislaciones, o bien, habrá que buscar una forma de homologar la diversidad de familias que vivimos ahora en Europa.
Homologando lo homologable. Aumentando en derechos. Progresando, en definitiva, para que las barreras mentales se vayan derrumbando. Sólo así se construye Europa, y quien dice Europa, dice los EE UU y el resto del mundo.

Que vienen los chinos


Que vienen los chinos y se van a quedar todo. Que hay chinos en todas partes. Que los chinos dominarán el mundo…
Todos estos comentarios son los argumentos esgrimidos para el nuevo fenómeno, sustituto del antiamericanismo, que es la sinofobia o fobia a lo chino. Sin embargo, no hay que tener este sentimiento de rechazo. Que vengan los chinos no es ningún trauma.
Hace décadas que los chinos han estado emigrando a los cinco continentes. Los vemos en cada una de nuestras ciudades. Muchos de ellos empezaron con restaurantes y tiendas de bazar, pero cada vez están abriendo más su negocio a otros sectores y servicios.
Por cierto, la inmensa mayoría de los chinos que viven en España proceden únicamente del distrito de Qingtian, lo cual ayuda a comprender la envergadura del gigante asiático. China tiene 30 veces la población española. 1 de cada 5 habitantes del planeta es chino.
Es lógico que cualquier país occidental cuando analiza la población asiática residente se asombre del número de chinos que hay. En primer lugar, nuestra ignorancia occidental ombliguista nos hace creer que cualquier oriental es chino, cuando no es así. En segundo lugar, si hay un 5% de población china emigrante en otros países ya son 66 millones de personas (lo que correspondería a ser el país nº 19 por sí sólo en población).
Hasta ahora el chino emigraba por la digna razón de mejorar la vida de su familia, tal como hemos hecho todos, también los europeos. Ahora los chinos externalizan servicios y su presencia en países más pobres responde a un proceso que China ha vivido hasta hace muy poco tiempo: la búsqueda de mano de obra más barata.
No hay que asustarse de una China que crezca económicamente. La huida de población sin recursos de China se reduce, a la par que las empresas chinas aumentan el capital y muy en buena medida gracias al know-how que aprendieron de las empresas occidentales que externalizaron los servicios en su territorio.
Que China se convierta en una potencia económica es buena noticia, ¿acaso cuando hablábamos de un mundo más justo e igualitario era un mero discurso vacío? En un planeta justo, el país con mayor población debería tener el PIB mayor. Eso significaría que las rentas per cápita se equilibran e igualan. Que China supere a los EE UU en riqueza total no es malo, es únicamente una señal de progreso, y una muestra de que en la globalización cada vez más, todos cuentan, y las relaciones son plenamente multilaterales.
China tendrá el PIB mayor, pero no dominará el planeta Tierra. Seguirá siendo un poder “equiparable” a EE UU, a la Unión Europea, a Latinoamérica o a la India. Por cierto, para que no nos frustremos, pensemos en China -y también en India-, no como un sólo país sino como todo un continente, o si cabe, como un socio comercial.
Hasta ahora si el gigante asiático era la gran factoría mundial de todo, beneficiaba a todas las empresas que producían o compraban en China, y también beneficiaban al consumidor de Occidente que podía acceder a unos precios más competitivos. El perjudicado era el operario de fábrica que se quedaba sin empleo.
Ahora la calidad de vida en China ha aumentado y los salarios también, y surge un nuevo fenómeno. China va a África y la empresa occidental vuelve a Europa. Ya hay marcas que vuelven a abrir procesos productivos a este lado del globo porque China deja de ser competitiva en costes laborales. Hablábamos de calidad de vida para el ciudadano chino y de una clase media en alza que consumirá productos no Made in China, sino productos a precios no tan competitivos y fabricados en Occidente.
En los próximos cinco años este despegue acabará de cuajar en otros países emergentes asiáticos y americanos, haciendo que todas las relaciones comerciales, que todos los procesos productivos, que todos los servicios y productos, y que todas las tomas de decisiones sean multilaterales.
En la próxima década le tocará finalmente a África.
Y no nos equivoquemos, que vengan los chinos no es malo. Recuerden que ahora nos están comprando deuda pública, pero su crecimiento tampoco será eternamente exponencial.
En cada casa cuecen habas.

Mientras no se globalice todo...


¿Sabíais lo que es un datáfono?
Es el aparato que usan los dependientes y prestadores de servicios en el punto de venta para que el cliente pueda pagar mediante una tarjeta de crédito. Constantemente estamos pasando la tarjeta por datáfonos y olvidándonos de si tenemos suelto o no.
Conversación real en la cola de una caja en un punto de venta:
A: Pero, ¿en serio que tengo que firmar? El banco me ha dicho que con esta nueva tarjeta ya no era necesario firmar ningún ticket…
B: Depende del datáfono, señora. Algunos les basta con el chip, pero otros nos obligan a comprobar los deneíes y pedir la firma, como siempre.
A: Siempre nos mienten y nos marean los bancos con sus inventos…
B: Ya… yo la entiendo, pero mientras que no se “globalice” tendremos que convivir con los dos sistemas. Lo siento.
Y así es la percepción de la realidad por parte de la sociedad actual. ¿Querría decir la dependienta “generalizar” en vez de “globalizar”? Seguramente hubiese tenido un lapsus, pero no iba muy desencaminada.
Hoy en día todos los productos están expandidos por todo el ancho del planeta. Cada vez más hay una sola sociedad de consumo, con todos sus pros y todos sus contras.
Lo más increíble de este proceso globalizador es que ha sido tan corto que para muchos aún no tiene un significado desarrollado en su lenguaje diario. Lo que está claro es que está ahí y que es unidireccional.
Se han globalizado los datáfonos, el cine y google, la política y la economía, el calentamiento global y la lucha contra la pobreza, se ha globalizado Zara y al-Qaida. Hoy en día, todo es global e incluso nuestra propia existencia en el mundo.
Sólo basta alzar la vista y ver la etiqueta de diez objetos que haya alrededor, darles la vuelta y ver su etiquetado, su marco CE y su procedencia. Globalizado y transnacional. Tus pantalones han sido diseñados en algún país europeo, con capital americano, con materia prima africana y mano de obra asiática.
Tus noticias diarias globalizadas, tu facebook globalizado, tu concepción del mundo globalizada y tu futuro también globalizado.
Ante este panorama –para muchos desolador- hay que saber hacerle frente y sacarle provecho.
Somos ya casi 7 mil millones de ciudadanos que vivimos en red y en interdependencia unos de otros. Cada una de las partes en este juego ha de beneficiarse de la forma más justa de un intercambio comercial sin fronteras, donde no se pueda frenar únicamente los productos, sino tampoco las ideas. Un mundo global sin fronteras donde tengamos la información de qué pasa al otro lado y donde, por supuesto, nos incumba.
En este mundo tal como vivimos ya en la segunda década del S XXI, no hay que quedarse llorando al pensar eso de “Todo tiempo pasado fue mejor.” La globalización ha de mejorar la forma de pagar con tarjetas de crédito, los derechos, el bienestar y tu vida también.

Vivir en el peor país del mundo


Corea del Norte es hoy el peor país del mundo.
Actualmente, de todos los países del mundo, más ricos o más pobres, más democráticos o menos, hay uno que destaca por su aislamiento. La Corea del Norte es un estado hermético, cerrado y opaco.
Ellos comenzaron la guerra de Corea. Pim pom fuera. Cruzaron el paralelo 38 y atacaron a sus hermanos del sur. A partir de ahí se metieron las potencias de la guerra fría y se lidió una de las más sangrientas guerras del S XX.
Ahora Corea del Norte ha vuelto a atacar a Corea del Sur. Hay dos diferencia entre este año y 1950: Una es que la curiosa estatura media entre los coreanos de la parte norte y de la parte sur ya que los norcoreanos subdesarrollados no han mantenido el ritmo en un par de generaciones y son bastante más bajos. La otra, en cambio, es que los comunistas norcoreanos ahora son una potencia atómica y ya no hay un equilibrio de poder como antes entre la URSS y EE UU.
Hablando de la bomba, queremos creer que no habrá ningún dirigente tan enfermo que sea capaz de usarla hoy en día: ni los miembros del Consejo permanente de Seguridad de la ONU (EE UU, Reino Unido, Francia, Rusia y China), ni India y Pakistán, y las dudas, como siempre, caen en la Corea del Norte. De estos ocho países, los cinco primeros allanan el tablero, los hindúes y pakistaníes se equilibran mutuamente, pero los norcoreanos son un auténtico enemigo de la paz mundial.
Esta Corea tiene restringida la entrada a extranjeros y les prohíben cualquier dispositivo de comunicación cuando entran en el país. Tal como ocurría en El show de Truman, el visitante ve lo que el acompañante oficial quiere que vea. Las calles y la gente amañadas para crear una irrealidad que encubra los problemas que sufre la población de este país.
Hubo una tremenda hambruna que mató a 3 millones de norcoreanos la pasada década (¡más de un 10% de la población!) y el gobierno de Kim Jong-il no fue capaz o no quiso hacer absolutamente nada.
Desinformación. En los hogares norcoreanos sólo ven una y otra vez los desfiles militares y las hazañas de su líder. Propaganda en el más peyorativo de los sentidos.
Desinformación de nuevo. La prensa es la agenda diaria en papel de su líder Kim Jong-il. Surrealista ver cómo el líder supremo es capaz de estar omnipresente en mil lugares a la vez en un solo día.
Desinformación que únicamente somos capaces de esfumar gracias a los testimonios de los norcoreanos que logran huir del país.
Torturas y malos tratos. Control férreo de todos los momentos de la vida personal de la ciudadanía. Limpieza étnica. Si un miembro de la familia es declarado enemigo de la patria, se encarcela y tortura a él y a tres generaciones para “limpiar” esa contaminación. Abuelo, padre e hijo.
Y no es que sean comunistas ya que la ideología oficial es el Juche. El Juche es una mezcla de lo peor del estalinismo, nacionalismo y fascismo en una sola filosofía obligatoria. Ir contra el Juche equivale al ostracismo, de la ya de por sí, aislada Corea del Norte.
Algún día cambiará. Es un país horrible, empobrecido a posta, dictatorial e inhumano. De noche desde satélite a penas se ven las luces de Pyongyang… Algún día los norcoreanos entrarán en el S XXI.
Siempre algún día, si no entramos en sus provocaciones y nos autodestruimos, claro.

Los supersónicos y nuestra visión de futuro


Casi tienen 50 años y Los Supersónicos ya han dejado huella a varias generaciones de niños. Hanna-Barbera son inconfundibles por el trazo de sus dibujos y por siempre jugar con el factor tiempo para ambientar la imaginación de los chavalines en otros lugares.
En el caso de nuestros amigos Supersónicos, la trama tiene lugar en 2063 y el futuro es, como siempre que nos lo imaginamos, bastante bizarro.
Siempre se creyó que en el año 2000 íbamos a tener coches voladores, y francamente, una década más tarde seguimos sin poder volar para ir al trabajo, pero sí que podemos volar para ir en casi cualquier momento a casi cualquier lugar del planeta. También tenemos internet y vivimos en la era de la información; algo completamente inimaginable hace más de 15 años.
Es curioso cómo es la vida en el futuro según los guionistas de Hanna-Barbera. Es utópico, positivo y divertido. Una maravilla para el aprendizaje y entretenimiento de los niños.
Todo es automático y la robótica forma parte del día a día de la gente. No se imaginaban en su día lo maravilloso que es hoy la informática, pero para ellos todo es digital y todos los inventos son manuales. Con grandes botones, todo sea dicho, como eran en la década de los 60’s.
Hacían ejercicio de dedos y tenían pasillos mecánicos en la propia casa, en las aceras o en los despachos para no caminar. Sus coches sí que volaban y con razón, porque viendo la proyección vertical de la vivienda en la década en que nacieron los dibujos se creía que en el futuro las casas seguirían siendo unifamiliares (como es el modelo anglosajón) pero colgantes sobre las nubes.
La productividad era tan eficiente, que únicamente trabajaban tres horas, tres días a la semana.
Vagos o con calidad de vida. Todo depende del prisma en que se analicen los Supersónicos, pero desde luego eran muy felices y daban ese mensaje a los niños: el futuro será mejor y viviremos todos en paz.
Repetimos que iniciaron su emisión en 1962 y acertarían en la existencia de vídeoconferencias, pero desde luego, se equivocaban en la idea del papel que jugaría la mujer en el futuro. Las amas de casa seguían sin trabajar y seguiría siendo el varón el que traía el pan a casa, en un modelo familiar tradicional.
Lo mejor de todo es que los dibujos no eran patrióticos a pesar de que se hiciesen en plena Guerra Fría. Maravillosos años 60’s… De hecho, a partir de la 1973 y la crisis del petróleo cambia la visión global del mundo, y nos volvemos pesimistas.
Pasamos de la visión de vida futura de los Supersónicos a tener una supuesta conciencia de los problemas globales: habrá guerras, hambre, sobrepoblación, contaminación, no habrá recursos energéticos y un largo etcétera.
Bien deberíamos mantener la idea utópica de un mundo mejor de la familia Supersónica y pensar cómo llegar a un escenario donde las preocupaciones sean sólo triviales, donde haya recursos para todos y donde, en definitiva, todos y todas podamos ser felices.
Si nuestro presidente, por ejemplo, no se hubiese olvidado de estos dibujos animados de su infancia, hubiese sabido que una de las mejores maneras de alcanzar este status es invertir más en robótica, domótica e I+D. Asignaturas pendientes de inversión en nuestro país, en el que tenemos capital humano y mano de obra más que suficiente para dar el salto, co-liderar un proyecto europeo de gran calibre y poder hacer un poco de frente al Extremo Oriente.
Menos mal que tenemos a los japoneses. Estos sí que no se perdían ni un sólo capítulo de la serie.

Paraíso caribeño

El paraíso está en el Caribe. No es Santo Domingo, ni Cancún, ni tan siquiera la isla de Jamaica para los más hedonistas. Es el pequeño estado de Saint Kitts-Nevis, o para los quijotinos, San Cristóbal y Nieves.
Este pequeño país, no es sólo un paraíso por su ubicación, su clima, su cultura caribeña, sino porque es el espejo de la riqueza media mundial.
Es curioso, pero la renta media de Saint Kitts-Nevis coincide con la renta per cápita media del planeta Tierra, es decir, un sancristobaleño podría representar al humano medio en poder adquisitivo a día de hoy con 15.000 $/anuales.
Bastante inferior a las economías más avanzadas y ligeramente por encima de los países en vías de desarrollo (o para que nos hagamos a una idea, en el ránking mundial justo entre la europea Lituania y el desarrollado Uruguay) es una economía reflejo del progreso y la cohesión.
Este pequeño archipiélago, formado obviamente por Saint Kitts y por Nevis, es también joven ya que únicamente es independiente desde 1983, y desde aquel entonces supo dar el salto de una economía colonizada basada en el monocultivo azucarero a una economía abierta al mundo, fomentando el turismo tan en auge en la zona estas últimas décadas. Turismo que ha sido sostenible y que no ha hecho otra cosa, sino que recibir inversión extranjera directa en la pre-globalización hasta hoy.
Saint Kitts ya es un país maduro y actualmente están en su última fase económica, que es diversificar los servicios de las islas que ya representan más del 70% de su PIB.
Sus 40.000 habitantes a estas alturas ya disfrutan de un Índice de Desarrollo Humano alto (0,821 sobre 1) y todo sea dicho, salvo temporadas de huracanes, que es el problema climatológico de estas latitudes, su calidad de vida se ve reforzada por unas temperaturas paradisíacas. ¿Qué más queremos?
Saint Kitts, de esta manera, nos ofrece un doble ejemplo valorable. Por un lado, muestra como los que antaño eran llamados países en vías de desarrollo y ex-colonias europeas, hoy son países (y democracias libres) avanzados. Por otro lado es un ejemplo esperanzador para todo el mundo: la riqueza del planeta es inabarcable.
En realidad sí que es abarcable, pero desde luego se viene abajo la premisa de que hay demasiada población en la Tierra para toda la riqueza económica que se puede generar, y que por lo tanto siempre habrá países pobres.
Si sumamos todo el PIB planetario y lo repartimos entre los más de 6 mil millones de ciudadanos que vivimos en 2010 en todos los continentes, podríamos vivir como un habitante de Saint Kitts, con una calidad de vida óptima y un programa económico desarrollado.
Todos sabemos que las diferencias económicas entre Occidente y el Tercer Mundo siguen siendo extremas, pero cada vez más la brecha se está cerrando y la riqueza confluye a todos los países en vías de desarrollo en este sistema globalizado. Otro reto será conseguir que si todos consumimos con el mismo ritmo de riqueza que tiene un sancristobaleño, los recursos físicos y naturales den para los 6 mil millones, pero sabemos ya a ciencia cierta que los recursos financieros y monetarios sí que son suficientes, ya no sólo para ofrecer una vida digna a cada uno de nosotros, sino un bienestar tan deseado como el del llamado Primer Mundo.
Tiempo al tiempo o si no que se lo digan a las diferentes generaciones que hoy habitan el que quiero pensar que es ya un paraíso utópico al otro lado del Atlántico.

El libro ha muerto, ¡viva el libro!


La ciencia ficción siempre ha sorprendido a todo el mundo en su momento de publicación. En la película Fahrenheit 451 de François Truffaut (1966) se recrea una sociedad futurista donde los libros están prohibidos, la gente no puede leer y el poseer cualquier ejemplar era delito y tenían que ser quemadas todas sus páginas. En esta obra se narra la nefasta idea de que en el futuro se prohibiría la literatura porque leer hace pensar, sentir, entristecerse y aísla al individuo del resto de la sociedad.
Afortunadamente hoy se sigue leyendo. Todo es lectura porque todo es comunicación. Hay que leer para trabajar, para desplazarnos, para buscar y encontrar, para actualizarnos, para saber de la otra persona.
Esto es la sociedad de la información, y la información son imágenes, pero también palabras.
Una novedad ha sido recientemente la aparición del libro electrónico o eBook. Se trata de un reproductor de lectura, como podría ser de vídeo o música, pero donde se puede almacenar toda una biblioteca personal en un solo aparato.
Se ahorra espacio, se salvan árboles, se hace accesible cualquier autor, se lleva consigo y apenas gasta energía porque sólo se consume la batería pasando de página electrónicamente, es decir, de pantalla.
Intenta simular un libro, con su forma, peso y tamaño, e incluso con la luz de la pantalla para que parezca una hoja de papel.
Sin embargo, no nos engañemos, un libro electrónico no es un libro.
Un amante de los libros es un amante de la literatura. Un lector de eBook puede ser un gran amante de la tecnología, pero quizás sin pasión literaria. Y esto ha sido un error de cálculo marketiniano por parte de las empresas productoras de estos dispositivos y de las editoriales que quieren dar el cibersalto sin red.
El target de cualquier obra literaria clásica o moderna adora el libro, con su cubierta, con sus páginas, su olor y estantería. Un consumidor que seguirá gustando del libro de toda la vida.
Quien compare los libros con la digitalización de la música se equivoca porque el formato musical sí que evolucionó por sí solo todas estas décadas: disco, cassette, CD, mp3, ipod, playlist on line… pero la música es dónde y el libro es cómo. Además, se siguen vendiendo vinilos, todo sea dicho.
Con esto no hay que menospreciar el libro electrónico: puede tener grandes ventajas a nivel de investigación y estudio, guardando grandes volúmenes de enciclopedias, manuales y libros de consulta en un par de dispositivos.
Ahora bien, a nivel ocio, a nivel disfrute literario, el libro no ha muerto ni morirá. A cualquier persona lectora se le pone la piel de gallina con la vaga idea de un mundo sin libros como en Fahrenheit 451.
Así pues, tendrá el eBook un ciclo de vida como cualquier otro producto, y se comprarán, y se le podrá sacar el máximo provecho, pero tendrá un fin. Y aparecerán otras formas de lectura electrónica que convivirán de la mano con el libro de toda la vida.
Lo bonito de esto es que se demuestra que el ser humano sigue siendo humano mientras que haya teatro, lápices, tambores y libros por los siglos de los siglos. Amén.

Compartimentos estancos

Los compartimentos estancos son espacios delimitados, cerrados e incomunicados. Lo que se coloca en un compartimento estanco no se puede mezclar con los otros elementos externos al compartimento, eso sí, siempre que la finalidad sea que no se mezclen.
Agua y aceite.
En nuestra geografía urbana se intuyen ciertos compartimentos estancos por zonas o barrios. Hay en cualquier zona metropolitana que presuma de más de 50 mil habitantes, una zona, la más rica, en la que las rentas más altas viven, trabajan y crecen. Hay otra zona, la más reprimida, donde las clases más bajas malviven, trabajan también y crecen todavía más.
Entre ambas zonas hay muchas otras zonas no etiquetadas, de clase media. Lo curiosos es que entre el más rico y el más pobre tan sólo hay un par de kilómetros. Por mucho que lo intenten, es imposible delimitar compartimentos estancos entre barrios como si la ciudad fuese Berlín, Jerusalén o Nicosia. Es imposible
A nivel macro sí que se puede hacer. Ese gran invento humano, el de las fronteras, que crean países, marcan territorios, recrean sociedades y homogenizan culturas.
Un deleite.
Las fronteras marcan grandes contrastes. Un factor de riesgo es que entre dos países fronterizos las diferencias lleguen a extremos. En el sentido más económico hay grandes desniveles entre países vecinos.
El mayor de todos casualmente es el de la frontera de las dos Coreas, que divide a un país como Corea del Sur que es 25 veces más rico que su hermano comunista del Norte, y todo ello hablando en términos de renta per cápita.
El segundo lugar del mundo con una diferencia tan abismal es entre Israel y Egipto (Franja de Gaza), donde la diferencia asciende a 15 veces más ricos los israelíes que los árabes.
Otro ejemplo sangrante es EE UU y México, donde la diferencia es de hasta tres veces, pero aunque mucha gente crea que esta larga frontera es la vergüenza mundial, hay que remarcar que no ocupan el tercer puesto en ránking de diferencias económicas fronterizas. No hay que ir tan lejos, y la frontera no es tan grande, sólo unos kilómetros.
El tercer puesto, pues, lo ocupamos los españoles, que tenemos frontera con Marruecos y somos 7 veces más ricos que los vecinos magrebíes (concretamente 7,39).
Esto ayuda a entender aún más la problemática entre un país que está en otro continente, que tiene otra cultura, otros objetivos de política exterior, otra forma de entender el progreso, y como no, otros ingresos. No obstante, tenemos que labrar una apacible convivencia con los vecinos marroquíes, de máxima colaboración y ayuda mutua.
No es para desarrollar en este punto el papel que juegan las plazas de Ceuta y Melilla o el Sáhara Occidental, pero hay que matizar que ambas ciudades fueron fundadas por castellanos y portuguese antes de que Granada fuese tomada por los cristianos y que nunca fueron marroquíes; y bueno, el caso saharaui es el de la eterna reivindicación de su autodeterminación. Pero aquí estamos hablando de las diferencias económicas entre dos países fronterizos, entre los que la gente se mueve.
Lógico que los habitantes del Rift se hacinen en los pasos fronterizos para buscar mejores oportunidades. Normal que intenten cruzar el estrecho. Claro que es vergonzoso que el español medio tenga la misma riqueza que 7 marroquíes.
Si los ricos no fuesen tan ricos y los pobres tan pobres, no existiría el conflicto social; y eso es sabido por todos. Lo que no todo el mundo sabe es la gran mentira de que España, o cualquier país, sea un compartimento estanco, porque ahora más que nunca somos como una sóla ciudad donde forzosamente las distintas clases han de convivir y mirarse a la cara.

Frío - calor


Nuestro planeta es inmensamente fantástico y diverso en todas sus latitudes. El ser humano ha sido capaz de hacer frente a las inclemencias más extremas y poblar casi cualquier paraje de los cinco continentes.
Esquimales y tuaregs, monjes tibetanos y rapanuís de Pascua. ¿Cómo hemos llegado a todas las esquinas del globo?
Los puntos extremos son los más sorprendentes, y si bien ahora parece que el clima nos está devolviendo el guante, hemos sido capaces de adecuar nuestras necesidades a cada una de las meteorologías concretas de cada lugar.
Aún así hay que echar un vistazo a la posible relación directa entre clima y riqueza.
De esta manera es una contradicción que una población rodeada de tundra y cercana al círculo polar tenga mejor calidad de vida que otra población cercana al ecuador y rodeada de una infinidad de recursos naturales.
¿Acaso nos hace espabilar el frío para sobrevivir y maximizar nuestros pocos recursos? Pues en parte sí.
Hagamos una pequeña comparativa de temperaturas. Cojamos las 5 ciudades principales de los países con mayor renta per cápita del planeta (Oslo, Sidney, Reykiavik, Toronto y Dublín) y contrastémoslas con las 5 más pobres (Niamey, Kabul, Freetown, Bangui y Bamako). Las ricas tienen una temperatura media anual de 9ºC y las pobres 24,4ºC.
Hay posiblemente una explicación histórica y social a esta diferencia. Los países fríos han sido libres durante más tiempo, mayoritariamente provienen de una tradición liberal de pensamiento, política y religión; y como no, un pasado pacífico. En contraste, los países calientes han estado colonizados, han sufrido violencia interna extrema y no ha habido una tradición autóctona de libre pensamiento y progreso.
Sin embargo, nos encontramos con zonas del planeta que han tenido prácticamente la misma historia, religión, poder político o progreso, y que aún así siguen respondiendo a esta dicotomía.
En América las zonas más desarrolladas están en Norteamérica y el Cono Sur (Santiago-Buenos Aires-Montevideo), en contraste con la pobreza tropical, que se acentúa y lleva al extremo en Centroamérica. Es más, en los EE UU las diferencias se acentúan enormemente entre estados más fríos como Washington o los estados de Nueva Inglaterra que tienen mayor calidad de vida que los más calurosos Mississippi, Alabama o Luisiana.
En la Unión Europea estas diferencias también se pueden contrastar entre un norte helado y rico y un sur caliente y pobre. Destaca por ejemplo Italia, un mismo país, con una Italia prealpina extremadamente rica en contraste con su Sur más limitado.
España no es la excepción. Pensemos en el clima de Donosti o Pamplona, que gozan de la mayor calidad de vida y del tiempo en Extremadura, cuyo desarrollo es el más reciente del conjunto español.
En los climas fríos, la población es mucho menor y las relaciones humanas escasean más, lo cual unido a la necesidad de buscar los recursos que la naturaleza no da, llevan a un mayor progreso humano. En las zonas más calurosas se daba, no obstante, lo contrario.
Aunque el clima no es determinante, sí que hace que podamos confundir dos mapas mudos, uno económico y otro climatológico. Hasta ahora la riqueza se ha repartido siguiendo el esquema descendente atlántico-mediterráneo-tropical-desértico.
Pero no hay que echarse las manos a la cabeza. Hay actualmente dos factores equilibradores de la mano del hombre.
El clima ha ayudado a forjar culturas y modelos socioeconómicos. Hoy aterrizamos ya en un modelo único y urbano, donde ya no hay una relación tan directa con la climatología ni la naturaleza.
Por otro lado, el clima... ¿qué vamos a decir de la influencia humana sobre el clima y sobre lo poco que éste nos ha importado hasta ahora?
Para bien o para mal. Estas diferencias históricas y climáticas se están borrando. Le hemos dado al "reset" y se está pintando un nuevo mapa mundial.

La humildad de nuestra soberanía económica

En los regímenes absolulistas el Rey era el soberano del reino. En las democracias el pueblo es el soberano de la nación.
Una gran parte de la ciudadanía no se lo cree, y no es demagógico, es un hecho. ¿Cómo podemos ser los españoles soberanos de nuestra propia democracia? ¿votando?
Muy bien, los españoles hemos votado mayoritariamente a un proyecto de corte centroizquierdista (o a varios proyectos en general progresistas) que es, sin error a dudas, la imagen de la actual sociedad de España.
Aún así, el gobierno Zapatero ha dado un giro de 180º en su gestión económica, con lógicos recortes en una situación de crisis y déficit público, pero con una serie de reformas que van más allá y parecen ser de rúbrica neoliberal-conservadora: congelar pensiones y salarios públicos, reducir el gasto público, una reforma liberal, perdón "laboral", que facilita el despido pero no frena el trabajo precario dando más poder a las empresas privadas de contratación, una reforma de cajas que permiten su capitalización privada, haciendo que los dividendos y beneficios caigan en manos de inversores y no a los fines sociales que obligaban a las cajas a ser eso, cajas, y no bancos.
Hemos perdido parcelas de soberanía gracias/por culpa de la UE y a día de hoy ya no hay ninguna competencia 100% estatal.
¿Cómo es la estrategia económica comunitaria? Veamos, esto es muy simple: 27 países europeos con 27 gobiernos diferentes. De éstos, 20 son de derechas y 7 de izquierdas (España, Portugal, Chipre, Grecia, Austria, Eslovenia y Eslovaquia, con respeto, "lo mejorcito").
En términos de población, de esta manera, estos 7 países progres representan el 17% de la población de la UE y la derecha gobierna al restante 83% de los ciudadanos comunitarios.
Y en términos macroeconómicos, aún se desequilibra más, ya que los países conservadores llegan a acaparar el 86% del PIB de toda la Unión.
La pregunta es, ¿tienen la culpa nuestros vecinos europeos con su papeleta derechoide que hayan escogido gobiernos que obligan a los países minoritarios de centro-izquierda a adoptar una serie de reformas sólo justificables desde una ideología liberal, ultracapitalista y neo-con?
No, aunque sí que ayuda, o por lo menos los legitiman democráticamente ("señores, la mayoría europea ha hablado").¿Y por qué no? Pues sencillamente ya no es que no seamos un país soberano, es que ya no hay ninguna institución pública (en el nivel que sea y del color político que tenga) que sea libre en términos económicos, siendo que la economía marca casi toda la agenda política.
Ni el pueblo ni el Estado son dueños de la riqueza nacional, porque ahora la riqueza es transnacional.
Estamos actuando para que los inversores internacionales estén satisfechos. Ellos pagan todo. De ellos depende el empleo, no del Ministerio de Trabajo. De ellos depende la reducción de la inversión pública, no de nuestros impuestos. De ellos depende la deuda española, no de las decisiones que tome Moncloa.
Así pues, hay que tratarlos con respeto y hacer que se sientan a gusto. Ellos tienen el maletín, y antes se hunden países enteros que dejarle a alguien que lo abra.
Son el Cliente con mayúsculas y siempre tienen la razón, pero por favor, no es necesario que nos bajemos los pantalones, que somos pobres pero no idiotas.

¿Una década perdida?


¿Estamos empezando una nueva década? Para algunos ya han empezado los años 10, para otros, la década no comenzaría hasta el próximo 1 de enero de 2011 porque se cuentan las décadas con el año 1, tal como ocurre con los siglos (el S XXI comenzó en 2001).
Sin embargo, vivimos los 80 desde el 80 al 89, los 90 desde el 90 al 99 y la pasada década tuvo que haber acabado en 2009.
Esta década en cuestión es una década anónima, sin personalidad, sin nombre. Década de los 00, década de los 2000, primera década del S XXI.
Los 00 –llamémosla así- han pasado muy rápido y ha estado llena de acontecimientos vertiginosos.
¿Mala década? Es posible. En los albores de la misma comenzaba la catástrofe del 11 S, y nos dimos todos cuenta que el mundo había cambiado. Nos empezamos a sentir más inseguros, conocimos nuevas formas de conflictos bélicos.
La paranoia llegó a tal extremo que nuestros derechos a la intimidad se vieron reducidos y mancillados (todo por el bien común): seguimiento de correo electrónico, chequeos corporales, traspaso de datos personales entre gobiernos, etc.
Irak bombardeado, Osetia bombardeada, Palestina bombardeada. Las grandes potencias como antaño han seguido haciendo de las suyas, demostrando su fuerza ante un pobre enemigo, cuyos objetivos, ya no son (no lo eran ya desde que vivimos las guerras en directo a la hora de comer) civiles sino militares: bases, cuarteles, refugios de terroristas, que a veces se han llegado a convertir en casas particulares, escuelas y hospitales. Pero EE UU, Rusia o Israel tienen un corazón inmenso (más grande que sus misiles crucero) y esto son sólo daños colaterales.
Al fin y al cabo, ellos son buenos; los malos los hemos descubierto en esta década y es el terrorismo internacional –y por qué no, también el nacional como han tergiversado muchos medios de comunicación- No sólo Nueva York. Madrid, Londres, Casablanca, Bali, Yakarta o Nairobi han sido objetivo de su ira yihadista.
Una década también marcada por una crisis ecológica. El cambio climático es una amenaza incluso mayor que al Qaeda o Sadam Hussein, pero no ha llegado a la paranoia necesaria para desembolsar las cantidades astronómicas que la seguridad planetaria ha necesitado en los 00.
La paranoia sí que ha llegado al recelo del desconocido, es decir, el odio al extranjero. Los 00 también fueron decisivos para el resurgir de la extrema derecha en EE UU, Austria, Suiza, Polonia o el Vaticano.
Paranoia también económica que finalizó con la primera gran crisis global de la que aún estamos intentando salir.
Un panorama, en definitiva, desolador que nos ha hecho dudar de que el S XXI haya tenido buen comienzo y que hemos perdido el norte.
Sin embargo, los 00 fueron, como decíamos “vertiginosos” y dieron mucho de sí.
Internet se ha convertido en el mayor medio de comunicación, uniéndonos a todos –los habitantes de esta aldea global- como nunca lo habíamos estado antes.
La tecnología está de nuestra mano y nos acompaña día a día. Emails y móviles nos hacen la vida más fácil que difícil.
Los 00 también han sido el año de la globalización positiva, del humanismo planetario. ¿Qué es sino el movimiento antiglobalización, sino el primer gran movimiento humano global (vaya paradoja, no?).
Las guerras se redujeron cuantitativamente con respecto a los 90s, lo cual convierte a esta década que hemos finalizado como la más pacífica en toda la historia de la humanidad.
Y es la más humana, la más solidaria. Sólo hay que ver cómo ha sido la reacción ante las catástrofes ecológicas y humanitarias. En 2002, tras el desastre del Prestige, el país se movilizó como nunca por una causa medioambiental y 2003 el 90% del país rechazó la guerra de Irak con pancartas y silbatos.
A nivel global esto implicó el mayor movimiento pacifista de toda la historia, incluso con más apoyo que los hippies en la guerra de Vietnam.
¿Solidaridad? Sí y es más: en 2004 se produjo el mayor trasbase de dinero privado en toda la historia económica del hombre desde el crash del 29 y fue justo para la reconstrucción de los países afectados por el tsunami del sudeste asiático.
Con ciudadanos solidarios y pacíficos, los gobiernos tienen que dar ejemplo. ¿Qué hay del desarme nuclear recién iniciado por Rusia y los EE UU? ¿y la pacificación de los Balcanes y media África? ¿El acercamiento de las dos Coreas? ¿Qué pasa con la distensión de China?
Cada vez vamos más en el mismo carro llamado humanidad global. Hoy en día la democracia se ha convertido definitivamente en el paradigma de sistema político que debe tener cualquier país. Hace 25 años muchos países, o bien eran colonias explotadas, o bien eran dictaduras de corte militar-marxista o post-fascistas, o directamente populistas. Hace 50 los países democráticos eran tan sólo un pequeño club selecto. Hoy en día, y aunque se pueda matizar la propia calidad de cada una de estas democracias, de 198 países tan sólo 3 se declaran como absolutistas.
Y tu voz cuenta: el relevo democrático se da cuando la gente se harta. Ha ocurrido durante los 00 en la mayoría de los países de América Latina, en España y en los EE UU. Y seguirá ocurriendo.
Nunca hemos avanzado tanto como en los últimos diez años, a nivel científico, social, económico, político, legal, tecnológico y por qué no, también humano.
Creemos que no somos nadie, pero lo que ocurre es que ahora toda la sociedad es la que decide. Somos miles de millones de personas con fuerza, pero que estamos atomizados y no nos sentimos visibles a no ser que no nos unamos.
He ahí el proyecto para la década de los 10. Podemos hacer todo lo que nos imaginemos, siempre que queramos hacerlo, claro…