
¿Estamos empezando una nueva década? Para algunos ya han empezado los años 10, para otros, la década no comenzaría hasta el próximo 1 de enero de 2011 porque se cuentan las décadas con el año 1, tal como ocurre con los siglos (el S XXI comenzó en 2001).
Sin embargo, vivimos los 80 desde el 80 al 89, los 90 desde el 90 al 99 y la pasada década tuvo que haber acabado en 2009.
Esta década en cuestión es una década anónima, sin personalidad, sin nombre. Década de los 00, década de los 2000, primera década del S XXI.
Los 00 –llamémosla así- han pasado muy rápido y ha estado llena de acontecimientos vertiginosos.
¿Mala década? Es posible. En los albores de la misma comenzaba la catástrofe del 11 S, y nos dimos todos cuenta que el mundo había cambiado. Nos empezamos a sentir más inseguros, conocimos nuevas formas de conflictos bélicos.
La paranoia llegó a tal extremo que nuestros derechos a la intimidad se vieron reducidos y mancillados (todo por el bien común): seguimiento de correo electrónico, chequeos corporales, traspaso de datos personales entre gobiernos, etc.
Irak bombardeado, Osetia bombardeada, Palestina bombardeada. Las grandes potencias como antaño han seguido haciendo de las suyas, demostrando su fuerza ante un pobre enemigo, cuyos objetivos, ya no son (no lo eran ya desde que vivimos las guerras en directo a la hora de comer) civiles sino militares: bases, cuarteles, refugios de terroristas, que a veces se han llegado a convertir en casas particulares, escuelas y hospitales. Pero EE UU, Rusia o Israel tienen un corazón inmenso (más grande que sus misiles crucero) y esto son sólo daños colaterales.
Al fin y al cabo, ellos son buenos; los malos los hemos descubierto en esta década y es el terrorismo internacional –y por qué no, también el nacional como han tergiversado muchos medios de comunicación- No sólo Nueva York. Madrid, Londres, Casablanca, Bali, Yakarta o Nairobi han sido objetivo de su ira yihadista.
Una década también marcada por una crisis ecológica. El cambio climático es una amenaza incluso mayor que al Qaeda o Sadam Hussein, pero no ha llegado a la paranoia necesaria para desembolsar las cantidades astronómicas que la seguridad planetaria ha necesitado en los 00.
La paranoia sí que ha llegado al recelo del desconocido, es decir, el odio al extranjero. Los 00 también fueron decisivos para el resurgir de la extrema derecha en EE UU, Austria, Suiza, Polonia o el Vaticano.
Paranoia también económica que finalizó con la primera gran crisis global de la que aún estamos intentando salir.
Un panorama, en definitiva, desolador que nos ha hecho dudar de que el S XXI haya tenido buen comienzo y que hemos perdido el norte.
Sin embargo, los 00 fueron, como decíamos “vertiginosos” y dieron mucho de sí.
Internet se ha convertido en el mayor medio de comunicación, uniéndonos a todos –los habitantes de esta aldea global- como nunca lo habíamos estado antes.
La tecnología está de nuestra mano y nos acompaña día a día. Emails y móviles nos hacen la vida más fácil que difícil.
Los 00 también han sido el año de la globalización positiva, del humanismo planetario. ¿Qué es sino el movimiento antiglobalización, sino el primer gran movimiento humano global (vaya paradoja, no?).
Las guerras se redujeron cuantitativamente con respecto a los 90s, lo cual convierte a esta década que hemos finalizado como la más pacífica en toda la historia de la humanidad.
Y es la más humana, la más solidaria. Sólo hay que ver cómo ha sido la reacción ante las catástrofes ecológicas y humanitarias. En 2002, tras el desastre del Prestige, el país se movilizó como nunca por una causa medioambiental y 2003 el 90% del país rechazó la guerra de Irak con pancartas y silbatos.
A nivel global esto implicó el mayor movimiento pacifista de toda la historia, incluso con más apoyo que los hippies en la guerra de Vietnam.
¿Solidaridad? Sí y es más: en 2004 se produjo el mayor trasbase de dinero privado en toda la historia económica del hombre desde el crash del 29 y fue justo para la reconstrucción de los países afectados por el tsunami del sudeste asiático.
Con ciudadanos solidarios y pacíficos, los gobiernos tienen que dar ejemplo. ¿Qué hay del desarme nuclear recién iniciado por Rusia y los EE UU? ¿y la pacificación de los Balcanes y media África? ¿El acercamiento de las dos Coreas? ¿Qué pasa con la distensión de China?
Cada vez vamos más en el mismo carro llamado humanidad global. Hoy en día la democracia se ha convertido definitivamente en el paradigma de sistema político que debe tener cualquier país. Hace 25 años muchos países, o bien eran colonias explotadas, o bien eran dictaduras de corte militar-marxista o post-fascistas, o directamente populistas. Hace 50 los países democráticos eran tan sólo un pequeño club selecto. Hoy en día, y aunque se pueda matizar la propia calidad de cada una de estas democracias, de 198 países tan sólo 3 se declaran como absolutistas.
Y tu voz cuenta: el relevo democrático se da cuando la gente se harta. Ha ocurrido durante los 00 en la mayoría de los países de América Latina, en España y en los EE UU. Y seguirá ocurriendo.
Nunca hemos avanzado tanto como en los últimos diez años, a nivel científico, social, económico, político, legal, tecnológico y por qué no, también humano.
Creemos que no somos nadie, pero lo que ocurre es que ahora toda la sociedad es la que decide. Somos miles de millones de personas con fuerza, pero que estamos atomizados y no nos sentimos visibles a no ser que no nos unamos.
He ahí el proyecto para la década de los 10. Podemos hacer todo lo que nos imaginemos, siempre que queramos hacerlo, claro…
Sin embargo, vivimos los 80 desde el 80 al 89, los 90 desde el 90 al 99 y la pasada década tuvo que haber acabado en 2009.
Esta década en cuestión es una década anónima, sin personalidad, sin nombre. Década de los 00, década de los 2000, primera década del S XXI.
Los 00 –llamémosla así- han pasado muy rápido y ha estado llena de acontecimientos vertiginosos.
¿Mala década? Es posible. En los albores de la misma comenzaba la catástrofe del 11 S, y nos dimos todos cuenta que el mundo había cambiado. Nos empezamos a sentir más inseguros, conocimos nuevas formas de conflictos bélicos.
La paranoia llegó a tal extremo que nuestros derechos a la intimidad se vieron reducidos y mancillados (todo por el bien común): seguimiento de correo electrónico, chequeos corporales, traspaso de datos personales entre gobiernos, etc.
Irak bombardeado, Osetia bombardeada, Palestina bombardeada. Las grandes potencias como antaño han seguido haciendo de las suyas, demostrando su fuerza ante un pobre enemigo, cuyos objetivos, ya no son (no lo eran ya desde que vivimos las guerras en directo a la hora de comer) civiles sino militares: bases, cuarteles, refugios de terroristas, que a veces se han llegado a convertir en casas particulares, escuelas y hospitales. Pero EE UU, Rusia o Israel tienen un corazón inmenso (más grande que sus misiles crucero) y esto son sólo daños colaterales.
Al fin y al cabo, ellos son buenos; los malos los hemos descubierto en esta década y es el terrorismo internacional –y por qué no, también el nacional como han tergiversado muchos medios de comunicación- No sólo Nueva York. Madrid, Londres, Casablanca, Bali, Yakarta o Nairobi han sido objetivo de su ira yihadista.
Una década también marcada por una crisis ecológica. El cambio climático es una amenaza incluso mayor que al Qaeda o Sadam Hussein, pero no ha llegado a la paranoia necesaria para desembolsar las cantidades astronómicas que la seguridad planetaria ha necesitado en los 00.
La paranoia sí que ha llegado al recelo del desconocido, es decir, el odio al extranjero. Los 00 también fueron decisivos para el resurgir de la extrema derecha en EE UU, Austria, Suiza, Polonia o el Vaticano.
Paranoia también económica que finalizó con la primera gran crisis global de la que aún estamos intentando salir.
Un panorama, en definitiva, desolador que nos ha hecho dudar de que el S XXI haya tenido buen comienzo y que hemos perdido el norte.
Sin embargo, los 00 fueron, como decíamos “vertiginosos” y dieron mucho de sí.
Internet se ha convertido en el mayor medio de comunicación, uniéndonos a todos –los habitantes de esta aldea global- como nunca lo habíamos estado antes.
La tecnología está de nuestra mano y nos acompaña día a día. Emails y móviles nos hacen la vida más fácil que difícil.
Los 00 también han sido el año de la globalización positiva, del humanismo planetario. ¿Qué es sino el movimiento antiglobalización, sino el primer gran movimiento humano global (vaya paradoja, no?).
Las guerras se redujeron cuantitativamente con respecto a los 90s, lo cual convierte a esta década que hemos finalizado como la más pacífica en toda la historia de la humanidad.
Y es la más humana, la más solidaria. Sólo hay que ver cómo ha sido la reacción ante las catástrofes ecológicas y humanitarias. En 2002, tras el desastre del Prestige, el país se movilizó como nunca por una causa medioambiental y 2003 el 90% del país rechazó la guerra de Irak con pancartas y silbatos.
A nivel global esto implicó el mayor movimiento pacifista de toda la historia, incluso con más apoyo que los hippies en la guerra de Vietnam.
¿Solidaridad? Sí y es más: en 2004 se produjo el mayor trasbase de dinero privado en toda la historia económica del hombre desde el crash del 29 y fue justo para la reconstrucción de los países afectados por el tsunami del sudeste asiático.
Con ciudadanos solidarios y pacíficos, los gobiernos tienen que dar ejemplo. ¿Qué hay del desarme nuclear recién iniciado por Rusia y los EE UU? ¿y la pacificación de los Balcanes y media África? ¿El acercamiento de las dos Coreas? ¿Qué pasa con la distensión de China?
Cada vez vamos más en el mismo carro llamado humanidad global. Hoy en día la democracia se ha convertido definitivamente en el paradigma de sistema político que debe tener cualquier país. Hace 25 años muchos países, o bien eran colonias explotadas, o bien eran dictaduras de corte militar-marxista o post-fascistas, o directamente populistas. Hace 50 los países democráticos eran tan sólo un pequeño club selecto. Hoy en día, y aunque se pueda matizar la propia calidad de cada una de estas democracias, de 198 países tan sólo 3 se declaran como absolutistas.
Y tu voz cuenta: el relevo democrático se da cuando la gente se harta. Ha ocurrido durante los 00 en la mayoría de los países de América Latina, en España y en los EE UU. Y seguirá ocurriendo.
Nunca hemos avanzado tanto como en los últimos diez años, a nivel científico, social, económico, político, legal, tecnológico y por qué no, también humano.
Creemos que no somos nadie, pero lo que ocurre es que ahora toda la sociedad es la que decide. Somos miles de millones de personas con fuerza, pero que estamos atomizados y no nos sentimos visibles a no ser que no nos unamos.
He ahí el proyecto para la década de los 10. Podemos hacer todo lo que nos imaginemos, siempre que queramos hacerlo, claro…
1 comentario:
Pues sí, una década llena de esperanza y de ilusión. En serio creo que esta crisis que estamos viviendo es el punto de partida hacía la consecución de un objetivo global como el que comentas. Ahora bien, a ver si las redes de interconexión de los cerebros de todos nosotros por una vez vibra al mismo tiempo.
Saludos y muy chulo el blog !!!!
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