
El merchandising entrama un diálogo directo con los sentidos del consumidor. El olfato, el tacto, el gusto, el oído y, como no, la vista, juegan un papel fundamental a la hora de posicionar lo que se quiere vender frente al consumidor.
Las luces son un gran reclamo. Un producto bien posicionado espacialmente si se le acompaña de una luz adecuada (según al público a dónde se quiera llegar) tiene asegurada la atención del comprador.
De forma exterior también se ilumina todo. ¿Quién puede concebir un establecimiento sin un letrero luminoso? Y es que las luces nos encantan. Están en todas partes y son –a todos los niveles- para llamar la atención al viandante, desde la iluminación de una catedral patrimonio de la humanidad hasta la máquina tragaperras de la taberna de un pueblo remoto.
Una de las señales de que las fiestas navideñas han llegado, ya no es sólo que sea Navidad en el Corte Inglés o que monten un lineal de turrones a la entrada de supermercado de barrio, sino las luces: eso sí que es inconfundible.
Y es que están relacionadas con la decoración del punto de venta y con las campañas de los grandes medios, y es, no olvidemos, una estrategia comercial más para aumentar el consumo en estas fechas.
Madrid este año se vuelve a situar a la cabeza con un gasto total de luces de 3,5 millones de euros, que incluye la instalación, el mantenimiento y el consumo. El doble que Barcelona, que también hay que reconocer, será un gasto asumido por las asociaciones de comerciantes y empresarios del centro de la ciudad.
La estrategia en este año de crisis ha sido adelantar el alumbrado a los últimos días de noviembre. La decoración es menos sobria y de más diseño y calidad, como año tras año, pero esta vez centrándolo solo en las calles más céntricas de la ciudad.
Si el español medio esta navidades gastará 800 euros de media (regalos, alimentación, ocio y lotería, entre otros) se moverá una cantidad de 25 mil millones de euros en estas semanas de consumo, que no olvidemos, será una bocanada de oxígeno para el comercio de este país.
Eso explica al consumidor y ciudadano medio porqué hay ese derroche de gasto de iluminación en las ciudades. Ya que de los 7 millones que gastan las grandes ciudades se ve más que amortizado. De 35 euros que gasta el comprador García, 1 céntimo irá para amortizar esta performance lumínica.
También para muchos es ya una tradición (sí, señores, las navidades han evolucionado) la puesta en escena de la luces en el centro de la ciudad. Y ahora nos podemos pasar una tarde de x-mas shopping (un hobby más para algunos) sin escuchar un villancico, y no pasa nada… podemos comprar con frío, podemos comprar sin colores llamativos, pero, ¿sin luces? No, las compras no serían tan grandes porque la gente no saldría a las zonas comerciales con la facilidad y las ganas que lo hacen cuando se iluminan las calles.
Lo positivo, así pues, de la iluminación navideña es que aumenta el consumo y se reaviva la economía, que este año está más que dañada por el pánico a no gastar… Lo negativo, es por un lado, lo que algunos critican, que es pérdida de valores religiosos en esta fiesta cristiana, y por otros, el derroche energético, que bien se podría unir bajo el mismo paraguas (a verdes y feligreses) del consumismo navideño.
Muy a su pesar, muchas familias (la mayoría de este país) tienen su fuente de ingresos en mayor o menor medida a través de este consumismo despilfarrador de estas fiestas; por consiguiente, habría que ser críticos pero con los pies en el suelo.
No podemos vivir un mes de diciembre sin luces navideñas, pero tampoco podemos soportar esos 30 millones de kw por hora, ni las 10 toneladas de CO2 que implicará este consumo. ¿Hay un punto intermedio? Se ha demostrado que las luces en las calles es un reclamo eficaz para el consumidor, pero, ¿qué tal si aparte de eficaces probamos a ser eficientes?
El ayuntamiento de Bilbao ha decido enfocar toda la campaña lumínica navideña en torno a cortinas de LEDs, ahorrando un 98% de energía con respecto al año pasado. Este es el tipo de iniciativas que deberían abanderar el resto de ciudades. Y si bien, sí que es excesivo mes y medio de luces en las calles, la estrategia sería más justa (y más del estilo de Santa Klaus) si la iluminación se extiende a otros barrios no tan céntricos, donde sí que hay comercios, también hay familias que dependen de la facturación de diciembre y que tienen derecho a este merchandising urbano, que afortunadamente cada vez se hace con menos dinero público y más dinero de las empresas: al fin y al cabo, ésta es su campaña.
Las luces son un gran reclamo. Un producto bien posicionado espacialmente si se le acompaña de una luz adecuada (según al público a dónde se quiera llegar) tiene asegurada la atención del comprador.
De forma exterior también se ilumina todo. ¿Quién puede concebir un establecimiento sin un letrero luminoso? Y es que las luces nos encantan. Están en todas partes y son –a todos los niveles- para llamar la atención al viandante, desde la iluminación de una catedral patrimonio de la humanidad hasta la máquina tragaperras de la taberna de un pueblo remoto.
Una de las señales de que las fiestas navideñas han llegado, ya no es sólo que sea Navidad en el Corte Inglés o que monten un lineal de turrones a la entrada de supermercado de barrio, sino las luces: eso sí que es inconfundible.
Y es que están relacionadas con la decoración del punto de venta y con las campañas de los grandes medios, y es, no olvidemos, una estrategia comercial más para aumentar el consumo en estas fechas.
Madrid este año se vuelve a situar a la cabeza con un gasto total de luces de 3,5 millones de euros, que incluye la instalación, el mantenimiento y el consumo. El doble que Barcelona, que también hay que reconocer, será un gasto asumido por las asociaciones de comerciantes y empresarios del centro de la ciudad.
La estrategia en este año de crisis ha sido adelantar el alumbrado a los últimos días de noviembre. La decoración es menos sobria y de más diseño y calidad, como año tras año, pero esta vez centrándolo solo en las calles más céntricas de la ciudad.
Si el español medio esta navidades gastará 800 euros de media (regalos, alimentación, ocio y lotería, entre otros) se moverá una cantidad de 25 mil millones de euros en estas semanas de consumo, que no olvidemos, será una bocanada de oxígeno para el comercio de este país.
Eso explica al consumidor y ciudadano medio porqué hay ese derroche de gasto de iluminación en las ciudades. Ya que de los 7 millones que gastan las grandes ciudades se ve más que amortizado. De 35 euros que gasta el comprador García, 1 céntimo irá para amortizar esta performance lumínica.
También para muchos es ya una tradición (sí, señores, las navidades han evolucionado) la puesta en escena de la luces en el centro de la ciudad. Y ahora nos podemos pasar una tarde de x-mas shopping (un hobby más para algunos) sin escuchar un villancico, y no pasa nada… podemos comprar con frío, podemos comprar sin colores llamativos, pero, ¿sin luces? No, las compras no serían tan grandes porque la gente no saldría a las zonas comerciales con la facilidad y las ganas que lo hacen cuando se iluminan las calles.
Lo positivo, así pues, de la iluminación navideña es que aumenta el consumo y se reaviva la economía, que este año está más que dañada por el pánico a no gastar… Lo negativo, es por un lado, lo que algunos critican, que es pérdida de valores religiosos en esta fiesta cristiana, y por otros, el derroche energético, que bien se podría unir bajo el mismo paraguas (a verdes y feligreses) del consumismo navideño.
Muy a su pesar, muchas familias (la mayoría de este país) tienen su fuente de ingresos en mayor o menor medida a través de este consumismo despilfarrador de estas fiestas; por consiguiente, habría que ser críticos pero con los pies en el suelo.
No podemos vivir un mes de diciembre sin luces navideñas, pero tampoco podemos soportar esos 30 millones de kw por hora, ni las 10 toneladas de CO2 que implicará este consumo. ¿Hay un punto intermedio? Se ha demostrado que las luces en las calles es un reclamo eficaz para el consumidor, pero, ¿qué tal si aparte de eficaces probamos a ser eficientes?
El ayuntamiento de Bilbao ha decido enfocar toda la campaña lumínica navideña en torno a cortinas de LEDs, ahorrando un 98% de energía con respecto al año pasado. Este es el tipo de iniciativas que deberían abanderar el resto de ciudades. Y si bien, sí que es excesivo mes y medio de luces en las calles, la estrategia sería más justa (y más del estilo de Santa Klaus) si la iluminación se extiende a otros barrios no tan céntricos, donde sí que hay comercios, también hay familias que dependen de la facturación de diciembre y que tienen derecho a este merchandising urbano, que afortunadamente cada vez se hace con menos dinero público y más dinero de las empresas: al fin y al cabo, ésta es su campaña.
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