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Humo


No existe ahora. Quizás se haya esfumado en poco tiempo o quizás nunca hubiese existido. La riqueza de estos países tan desarrollados se ha demostrado que es relativa.
El capitalismo se ha criticado desde muchos sectores y no es algo nuevo, ya que siempre ha tenido detractores y defensores, y como unas reglas de juego que son, el sistema capitalista se ha modificado década tras década. Desde la década de los 90 teníamos en Occidente un ultracapitalismo que, entrados en el S XXI, se ha extendido a todas las partes del planeta.
Este ultracapitalismo no es otro que el de la desregulación total de todas las transacciones y el de la especulación extrema. Especulación extrema cuyas consecuencias estamos viviendo ahora.
Se puede especular con el valor de todo: de los tulipanes, del oro, del petróleo, del arroz o de la solvencia soberana de un país. Y como toda especulación tiene el mismo proceso de hinchazón sin sentido y explosión sin cabeza, nos hemos empapado todos de esta supernova especulativa de nuestra deuda soberana.
Europa, Japón y los EE UU en 2011 se destacan por tener los mayores problemas de financiación estatal a pesar de ser los Estados con mayores ingresos –dicen-. ¿Ingresos? La mayor partida de lo ingresado por los países occidentales proviene de los mercados financieros. Los gobiernos (todos los gobiernos de todos los países con independencia de su color político) actuaron irresponsablemente vendiendo en los parqués la deuda soberana de sus ciudadanos hasta unos niveles que superan el 80% ó incluso el 100%, sin reducir en ningún momento el gasto derrochador, incluso reduciendo impuestos y dándole también su trozo de pastel al sector bancario, que más bien se demuestra que ha sido una manzana envenenada.
Si alguien compra un coche a plazos, lo usa, lo paga durante “x” tiempo, y cuando acaba de financiarlo, lo posee totalmente. Esta persona está especulando con sus ingresos, corrientes y constantes, pagando hipotecas, letras y créditos, y haciendo uso de lo que en realidad todavía no es suyo.
Nuestros Estados han hecho lo mismo: han estado haciendo uso con las infraestructuras y servicios sociales de dinero inexistente, con financiación especulativa que iban devolviendo, eso sí, con los impuestos que católicamente pagamos los contribuyentes.
A crecimiento más rápido, más rápidamente se esfuma, tal y como ha pasado en la periferia de Europa. Grecia es un ejemplo de goma elástica estirada al extremo. Y también lo es nuestro país, y también los son todos y cada uno de los países del mal llamado mundo desarrollado.
Humo.
Decíamos al comienzo que esto es ultracapitalismo. Un sistema creado, no de la nada, sino como consecuencia de cada uno de los actos de Gobiernos, empresas y ciudadanos. Ha sido una responsabilidad colectiva que deberemos enmendar. Hablamos de ultracapitalismo como una versión atroz y enferma de un sistema de mercado de economía abierta.
Ha llegado el momento del cambio. Se hará solo y sin prisas. Este actual sistema dará paso a otro no tan especulativo o indirectamente regulado.
Hemos de aflojarnos el cinturón y hemos de pagar lo que no teníamos en aras de mantener nuestros servicios sociales, pero porque nosotros queremos, no porque lo diga la agencia de rating Moody’s.

Indignado en islandés se dice “reiður”


Que no, que no y que no. Islandia es como una gran Puerta del Sol en el Círculo Polar Ártico. Los indignados islandeses no necesitan tienda de campaña para acampar frente al Parlamento de Reykjavík por dos motivos.
En primer lugar, el fracaso de una acampada en Islandia por las inclemencias climáticas; y por otro lado, por los cauces de participación democrática directa de la que disfrutan los islandeses, que hay que recordar que desde hace muchos siglos tienen la Asamblea democrática más antigua del mundo. Ambos motivos hacen del caso islandés, un caso único donde se hace mucho ruido sin muchas caceroladas.
Un pequeño país, con una serie de recursos limitados que supo crear una economía de libre mercado y un Estado del Bienestar, únicos y compaginables como sólo los países nórdicos supieron hacer. Compaginable hasta el divorcio sufrido hace dos años, con la quiebra financiera internacional que azotó a Islandia de una manera calamitosa y no esperada por nadie.
No fueron ni por asomo el Goliat derribado del que se habló porque han sabido hacer las cuentas para salir de la crisis… y menuda manera de hacerlo.
Aún siguen en pleitos con los Gobiernos británico y holandés, que financiaron la deuda de la isla ártica y ahora los propios islandeses se niegan a pagar. Se niegan a pagarla porque no es su deuda: es la deuda de la mala gestión de un Gobierno.
Se negaron a pagarla en el primer referéndum (bien sabido era el resultado, pero los islandeses lo replantean todo vía plebiscito) y lo volvieron a negar por segunda vez. “No queremos pagar vuestra deuda”. Y sigue sin ser pagada.
Poco a poco van saliendo de la crisis. Islandia también fue rescatada por el FMI, también tuvieron recortes sociales e incluso han pedido su adhesión a la Unión Europea porque una economía tan débil no podrá sobrevivir sola tras las heridas mortales que sufrió por las batidas de este capitalismo salvaje del que se estuvo beneficiando su banca durante las últimas décadas.
Paradojas. Pero lo más paradójico, que no se ha atrevido a hacer absolutamente ningún otro país afectado por la crisis, es que los islandeses han denunciado a los presidentes y gestores de las principales bancas del país e incluso están juzgando (“juzgando” que se dice pronto) al ex Primer Ministro, Geeir Haarde, por la incompetente gestión de la crisis, por tener información privilegiada y aún así hacer una mala política económica, llevando a Islandia a la bancarrota y poniendo en peligro la sostenibilidad del país las siguientes décadas.
Es por ello, que el caso islandés es único, y que cada ciudadano islandés puede ser un reiður, un indignado, que lucha por su dignidad y por la de su país.
Quizás su cultura ciudadana sea mucho más avanzada que el resto del continente, quizás los islandeses sean un pueblo espartano y con unos principios intachables, o sencillamente, puede que estas medidas puedan ser únicamente tomadas por un país pequeño de 300.000 habitantes.
No importa analizar las causas de su actitud, sino las consecuencias de sus actos. Sí que se puede actuar de forma cívica y comprometida, solidaria y orgullosa, para poner los puntos sobre las íes y para aplicar la justicia, que al fin y al cabo es algo inherente a cualquier sociedad. A no ser que esa justicia sea demasiado incómoda.

Chikilicuatre y la tercera arista


Llamar la atención.
Es muy difícil en los tiempos que corren llamar la atención de una marca, una idea, una imagen. Ha de perfeccionarse, estudiar el mercado, buscar un tipo de persona concreta.
En la música y en la política pasa igualmente lo mismo.
Hay un tipo de público inconformista e impertinente al que le gusta llamar la atención y finiquitar el statu quo. No es necesario ser friki, ni idealista, ni tan siquiera poseer un argumentario para exponer la diferencia, hay que ser, en esencia, boicoteador, ¿y para qué? Pues básicamente para fastidiar.
Estos últimos años en el Festival de Eurovisión, surgieron artistas anti-Eurovisión, cuyo origen no es otro que criticar la monótona y escasa variedad musical e incluso el método de votación, y que se plantea como una alternativa al resto de los concursantes, a veces con humor y otras, con muy mala uva.
Alf Poier abrió la caja de pandora representando a Austria en 2003. Un hombre especial, ridículo y cómico, en definitiva un artista que no pasó desapercibido y del que se siguió hablando mucho.
Muchos otros lo siguieron, y de hecho, fueron escogidos en los distintos concursos nacionales televisivos. Lordi (ganadores de 2006), Verka Serduchka (2º en 2007), nuestro Chikilicuatre o la islandesa enloquecida Silvia Night (2006) con una canción cuya letra directamente insultaba a los eurofans.
Muchos de ellos quedaron mejor posicionados que las canciones típicas tradiciones, y es que la voz del pueblo manda. En este caso el televoto los catapultó hacia el estrellato provocando un efecto llamada hacia lo soez, lo freak e incluso lo insulso. Algo que hace hinchar la vena a los ortodoxos de este certamen que obviamente se siente boicoteados por el gran público.
Y es que Europa va a la deriva. Otra manera de boicotear es votando, pero en las urnas.
Hay otro sector de la población, no se sabe si más soez o más mal informado que los euroboicoteadores de la canción, pero que también son el reflejo de algo.
El pueblo llano quiere pan y circo. Es muy fácil infundir el miedo a que la UE es un ente perverso, a que el inmigrante viene a robarnos el trabajo o que hay un criminal con turbante a la vuelta de la esquina.
La extrema derecha populista y antieuropea crece como la espuma en lugares en los que nunca había estado presente y con un discurso ultranacionalista que se asemeja en distintos países.
En Hungría acaban de aprobar una constitución ultraconservadora, en Finlandia son ya casi la fuerza más votada o en Dinamarca acaban de pactar con el Gobierno de turno para cerrar las fronteras danesas, justo al contrario de lo ratificado en el Acuerdo de Schengen.
Los inmigrantes, Bruselas, los gays y suponemos que alguna que otra estrella del pop hacen temblar los cimientos sociales y nacionales de estos países avanzados.
El votante desinformado o el votante boicoteador son el target de este discurso. Hay que olvidarnos del viejo esquema rectilíneo de izquierda-derecha (o izquierda-centro-derecha), ya que aquí hay una tercera arista puntiaguda –no digamos tercera vía, que es un eufemismo de Tony Blair que nunca nadie creyó- en lo que se conforma como el nuevo triángulo sociopolítico europeo, donde se sitúan cada vez más ciudadanos: Izquierda democrática – derecha democrática – populismo antidemocrático.
Hay que llamarlo por su nombre, ya que el recorte de derechos que plantea esta fuerza y su discurso vacío de argumentos lo convierte en un (neo)populismo del S XXI en el que hasta ahora era el continente más avanzado e instruido.
Tal como los eurofans pusieron el grito en el cielo con Chikilicuatre, los demócratas nos rasgamos las vestiduras ante el continuo triunfo de esta nueva ideología que ha entrado en juego.
Ver para creer.

Uh: vaya lío, los amigos de mis amigas son mis amigos


¿Acaso hay intereses de por medio a la hora de apoyar a un pueblo en su lucha por la democracia? No, o eso nos dicen, pero algo huele a chamusquina en el mundo árabe.
Primero empezó una revuelta popular contra Ben Ali en Túnez. Un líder pro-occidental en un régimen democrático en la teoría, pero una plutocracia (gobierno de los ladrones) en la práctica, con un presidente en el poder desde hacía décadas.
Dentro de lo que cabe, una revuelta pacífica y Occidente ni se inmutó.
Luego comenzó otra revuelta contra Mubarak, otro líder pro-occidental, en Egipto. Como sabéis, el pueblo egipcio quería democracia y ya no fue tan pacífico como Túnez. Occidente se puso esta vez un poco nervioso, y como los que ríen aunque el chiste no haga gracia, solo por el saber-estar, nos congratulamos todos de que por fin, Egipto y ahora también Túnez tuviesen revueltas democráticas.
El saber-estar que se confunde con el saber-callar.
Marruecos y Argelia con manifestaciones, Jordania y Palestina gritando contra líderes que gobiernan mal, Irak sin comentarios, y aquí callamos todos, al fin y al cabo, son sólo un puñado de exaltados.
Las Revueltas en mayúsculas se están viviendo ahora en Yemen, Bahréin y Libia. Tres casos muy dispares entre sí que hay que recordar.
En Libia hay un líder psicópata que fue el mayor grano en el culo que han tenido los EE UU y mundo occidental. Gadafi, un hedonista bipolar, que malamente fue comparado como un Che Guevara árabe, está detrás de actos terroristas contra intereses “capitalistas” extranjeros.
Que el pueblo libio, machacado desde… desde siempre, para qué nos vamos a engañar, se levante ahora contagiado por sus vecinos contra el dictador es la mejor manera para que Occidente consiga un país amigo, democrático y que casualidad, con petróleo.
Por ello, como Fuenteovejuna, todo el Consejo de la ONU se ha alzado militarmente contra Gadafi. Si el fin es humanitario es legítimo, es la responsabilidad de este organismo, pero cabe preguntarse qué pasa con los otros dos países, Yemen y Bahréin que continúan con sus revueltas.
En Bahréin, incluso las propias fuerzas de Arabia Saudí entraron en la capital para acallar a los manifestantes que continuamente se movilizaban en la Plaza de la Perla pacíficamente para pedir democracia. ¿Acallas la voz de tu pueblo con un ejército exterior? Eso es doblemente ilegal en derecho internacional. Pero ahora todos los países árabes petroleros del Golfo Pérsico son amigos de Occidente y Bahréin es un país pequeñito. Mejor nos callamos.
Saber-estar, saber-callar.
No obstante, no todos los países árabes son petroleros, de hecho, el último país amigo, Yemen, es el más pobre y olvidado de entre los países árabes. Aún así los pobres y los olvidados yemeníes también tienen derecho a vivir en democracia y por ello protestan con todas sus ganas –pacíficamente- y son reprimidos con la misma brutalidad armada que, pensemos con quién lo podemos comparar…, ¿con Gadafi?
En resumen, que esto es un lío: Libia dictadura enemiga, ataco. Yemen dictadura pobre, me callo. Bahréin dictadura amiga y rica, me callo todavía más.
La comunidad occidental, perdón, internacional, debería aplicar las mismas reglas a todo el mundo y no permitir ningún Gadafi más porque aunque nos den la mano cuando nos conviene, la tienen llena de oro negro y mancha.

Homologar


No se sabe si lo contrario a las homologaciones son las heterologaciones, pero lo que está claro es que no todo el mundo consigue que se homologue su situación personal concreta.
Se homologan procesos de producción para estandarizar los patrones mínimos de calidad. Se homologan titulaciones para facilitar el intercambio de conocimiento. Se homologan los códigos ISO y las medidas del Sistema Internacional. Se homologa todo.
Se homologan ideas y se homologan derechos. El pensamiento único tiene sus pros y sus contras. El principal pro está claro que es que ha triunfado la democracia y el Estado de derecho. Los derechos civiles también se extienden y se estandarizan. Es lógico que toda mujer tenga los mismos derechos que el hombre, que puedan votar las minorías étnicas o que el trabajador tenga derecho al descanso. Es lógico, no es sólo occidental, por eso se nos ponen los pelos como escarpias cuando descubrimos que hay países o democracias de serie B en los que esto no se cumple.
Avanzamos, adaptamos y homologamos.
EE UU es una república federal en la que cada Estado tiene su propio Código Civil. Algunos Estados más desarrollados democráticamente habían aprobado libremente el matrimonio entre personas del mismo sexo y otros, no tan avanzados, directamente lo prohibieron. Hasta ahora por culpa de una cláusula legislativa federal no se podía equiparar el matrimonio de lesbianas y gays en los Estados en los que no se permitía, es decir, una pareja de dos mujeres que se casan en Massachusetts eran matrimonio en Vermont, pero ni tan siquiera pareja de hecho en Texas, Florida o Illinois.
Hasta el levantamiento de esta cláusula por parte de Obama, los ciudadanos LGTB eran ciudadanos de segunda en los Estados que así lo deseasen. Aparte de la discriminación, este trato arbitrario incide negativamente en la movilidad de las familias dentro del propio país y por lo tanto sería un lastre económico para toda el sistema nacional.
En un mundo global en el que no hay fronteras entre los países, ¿cómo podría haber habido hasta ahora fronteras interestatales dentro de un propio país para la movilidad de sus personas?
Inútil y absurdo. Lo ocurrido ahora en EE UU también ocurrirá en el espacio comunitario. Si hay movilidad de personas y los cónyuges de los ciudadanos comunitarios tienen los mismos derechos en cualquier país de la Unión, es ridículo que un matrimonio gay concertado en Bélgica pueda tener validez en Portugal, pero no en Polonia.
No es una cuestión relativa a la Carta de Derechos comunitaria, es una cuestión de los principios rectores de la UE: la igualdad de todos los ciudadanos va más allá de los Códigos Civiles nacionales. O cambian cada una de las legislaciones, o bien, habrá que buscar una forma de homologar la diversidad de familias que vivimos ahora en Europa.
Homologando lo homologable. Aumentando en derechos. Progresando, en definitiva, para que las barreras mentales se vayan derrumbando. Sólo así se construye Europa, y quien dice Europa, dice los EE UU y el resto del mundo.

Así, tampoco


Pues menudo panorama... El 29-S, huelga general.
La huelga jurídicamente es un derecho reconocido en nuestra Constitución que, como todos sabemos, aún está pendiente de ser desarrollado en Ley Orgánica desde 1977. Es decir, es un derecho legítimo y una laguna en el tintero del legislador.
La huelga políticamente es una conquista de la izquierda de este país. Muchos sindicalistas, revolucionarios e intelectuales dieron su vida para que ahora disfrutemos de este derecho.
Sin embargo, económicamente la huelga siempre ha sido una contingencia, una incidencia no deseada en el fondo por ninguna de las partes, ni por el trabajador, ni por la patronal, ni por los gobernantes. Un día de huelga en un salario medio español equivale a un 4,5% menos al final de mes en su nómina. "No trabajas, no cobras".
Es exactamente la misma cantidad que el Gobierno quiere reducir al personal que trabaja en la Administación, y como duele, se protesta, y con razón. Qué paradoja, ¿verdad?
Estamos en crisis y una huelga general en todo el territorio nacional no ayuda en nada a que la economía se recupere. Por lo tanto, es vista como un mal menor. Un mal menor: sería igual, en caso de ser secundada por la totalidad de la población activa, a una reducción del 0,27% del PIB nacional. Pérdida de miles de millones de euros, pero de eso tampoco se habla... y por eso al tejido empresarial no le gusta bajar la verja un día laborable.
No estamos acostumbrados a una huelga general ya que ésta es la séptima en 35 años, y esto lo convierte en un fenómenos aislado.
Pero sí que estamos acostumbrados a otro tipo de huelgas: transportistas, basureros, controladores aéreos, de transporte público, etc. Es decir, aquellas huelgas en las que el patrón y el gobierno suelen ser la misma persona y el afectado, no es el empresario sino el ciudadano.
Nos cancelan vuelos, se llenan los barrios de basura pestilente, nos quedamos sin metro, nos cortan las calles, y nos hacen la vida imposible para que nos enfademos... y no nos enfadamos con el causante (teóricamente, con la Administración), sino con los huelguistas. Es por consiguiente, más que una huelga, un chantaje público cuyas víctimas somos todos.
Esta huelga no es como éstas, esta huelga es "general". La convocan los sindicatos porque el Gobierno ha tomado una serie de medidas en materia laboral y fiscal para que el país salga de la crisis (versión oficial).
¿Qué no se dice?
1.- La política que llevaba a cabo el Gobierno Zapatero era una política intervencionista y keynesiana, mediante la cual con inyección de dinero público se intentaba fomentar el desarrollo económico de todos los sectores. Muy de izquierdas y lamentablemente, a corto plazo, deficitaria.
2.- Desde la izquierda el intervencionismo es necesario y se piensa que a medio plazo habrá de nuevo equilibrio presupuestario. Desde la derecha se vende el tijeretazo. La derecha gobierna en Europa (nos guste o no) y se "animó" a que curiosamente los gobiernos más deficitarios-izquierdistas hiciesen los recortes oportunos, entre ellos, España.
3.- La decisión del recorte no afecta únicamente a España sino a la mayoría de los países europeos, con independencia de su color político. Zapatero no tiene margen de maniobra ya que estaba en minoría en el Ecofin.
4.- Las cuentas nacionales hoy en día "dependen" de la deuda soberana. Con lo recuadado mediante impuestos no se haría ni la mitad de lo que el Estado gasta en servicios, personal, inversión. El sistema obliga a que emitamos deuda y que los mercados la compren. Si no hay confianza, nadie la compra, si nadie la compra, la deuda crece en intereses y nos ahogamos llegando a la bancarrota.
5.- Los sindicatos saben de sobra cuál es el papel que España juega en Europa y cómo se financia el Estado. Mucho dinero en ayudas, subvenciones y servicios sociales que viene directamente de Wall Street. La imagen de España por lo tanto también se puja en Bolsa.
Los sindicatos son, muy tristemente, un lobby más. Han perdido el papel fundamental que tenían en la sociedad, y su discurso gris ya no llega al pueblo.
¿Garantes de la clase trabajadora? Ellos también se callaron ante la burbuja inmobiliaria, pero como daba millones de puestos de trabajo, para qué protestar, trabajo es lo que se quería, ¿no? Ahora con un 20% de paro nos preguntamos qué ha sido del poder sindical.
Protestar por la crisis es estúpido en la medida en que nadie la desea, y también en la medida que todo el mundo es responsable. Con la bonanza económica partidos de todas las tendencias, empresarios y sindicatos, trabajadores y consumidores, callaron/callamos como putas y ahora la crisis global-mundial-planetaria nos afecta (lógicamente) mucho más.
¿Por qué no hubo una huelga general en mayo cuando el Gobierno estaba lidiando en Bruselas los recortes que se imponían a países de la periferia como España? Esperar a que se aprueben las reformas en el Congreso, a que pase el verano y a que llegue septiembre (casi octubre, señores) es llegar tarde. Muy tarde.
Convocar una huelga general es normal para UGT y CC OO. Son sindicatos, es su rol. Su rol tradicional, como en los 70s. Pero es que ahora no somos proletarios explotados. No vivimos aislados del mundo. Nuestro país ya no es soberano económicamente.
La única respuesta útil hubiese sido una huelga general europea y previa a los recortes, cuando la presión hubiese podido dar algún fruto. Ahora son 100 euros menos en nómina a los que la secunden y un subidón de adrenalina para los piquetes camorristas de turno.
Amigos sindicatos de UGT y CC OO, con todo el cariño del mundo: Decís que "Así, no", pero vosotros "Así, tampoco".

Hasta los 67 y más allá


Clases de ciencia.
Ejemplo 1: Bañera con el agua corriendo no se llena. Se pone un tapón y se llena hasta desbordar.
Ejemplo 2: Frutero con una docena de manzanas, cada día como dos y repongo una. El frutero se quedará vacío.
Ejemplo 3: La esperanza de vida se alarga por los avances médicos y sociales, la población se envejece porque duramos más, pero los nacimientos se reducen. El sistema de pensiones se desequilibra porque hay un trabajador por cada dos jubilados.
España está en la cabeza de los países envejecidos, y de hecho, podríamos empezar a padecer un crecimiento negativo si no fuese por la población inmigrante recién llegada la última década.
Es tan sencillo como un problema de 3º de Primaria. La esperanza de vida se ha alargado estrepitosamente en el mundo, mucho más en los países más avanzados. Ello es debido a todas las mejoras que hemos visto a lo largo del S XX, en todos los terrenos, tanto laboral, alimentario, educacional, científico, social, etc. De hecho, con 80,9 años somos el 5º país del mundo más longevo y el 1º de toda la UE.
El problema es que con una tasa de fertilidad de 1,31 hijos por mujer, no conseguimos llegar a la renovación generacional y el crecimiento vegetativo incluso acabará siendo negativo.
En definitiva, nuestro bienestar que incentiva vivir hasta la eternidad y no tener hijos, económicamente es insostenible. En las próximas décadas se podrá llegar a tener más población jubilada que activa, lo cual es directamente inviable en un sistema social de pensiones.
Para rizar el rizo y agravar la situación, sólo hay que echar un vistazo a la población activa desempleada y a la edad en que los jóvenes de este país acceden a su primer empleo, o dada la economía sumergida y para especificar, a la edad en que éstos comienzan a cotizar, que en definitiva es de lo estamos hablando.
No, no salen las cuentas. Comparando el país en 2010 y 1985 vemos las diferencias, que aunque parezca que fue ayer, créanme, no lo es en absoluto.
En 1985 vivíamos hasta los 73, jubilándonos a los 65 y comenzando a trabajar a los 18. Ergo, 47 años trabajados para el disfrute de 8 años en Torremolinos.
En cambio en 2010 viviremos hasta los 80 (suma y sigue porque cada vez es más común ser centagenario), incorporándonos al mercado laboral a la media de 25 años. Jubilándonos como hasta ahora, habremos cotizado sólo 40 años para el disfrute mínimo de 15 años o más.
Esto es cotizar –y recaudar- un 14% menos que 1985, para el disfrute del doble de años que viven ahora los pensionistas en su período de jubilación y que en las próximas décadas seguirá en riguroso aumento.
Pues lo dicho, las cuentas no salen, y lo peor de todo ha sido la respuesta ciudadana y sindical para un problema que el gobierno prevé a varios años vista. Para una vez que el Ejecutivo toma una decisión para el largo plazo, sale nuestro instinto egoísta e irracional y el “no me gusta trabajar” para protestar con un “hasta los 67 que trabaje tu (pitido) (pitido)”.
Incluso con esta medida el sistema de pensiones sigue peligrando y no todo el mundo tiene un plan de pensiones privado, ya que como trabajadores se nos debe garantizar este beneficio al tener una cotización obligatoria y pública en la Seguridad Social.
En Alemania la jubilación ya es a los 67, en los EE UU a los 66 y en el resto de los países occidentales a los 65, salvo en Francia donde es a los 60.
En España la vamos a tener que subir dos años (hasta los 67) y en la república francesa también, es decir, dos años hasta los 62.
Cuando se nos toca el bolsillo salimos a la calle, siendo 2 millones de personas las que se manifestaron contra esta medida en París, y siendo sólo un par de decenas de miles que protestaron contra las expulsiones masivas de romaníes por parte del gobierno galo una semana antes.
Si esto es la única movilización que pueden convocar las organizaciones sindicales, sociales y de color progre, paren el tren, que yo me bajo.

Frío - calor


Nuestro planeta es inmensamente fantástico y diverso en todas sus latitudes. El ser humano ha sido capaz de hacer frente a las inclemencias más extremas y poblar casi cualquier paraje de los cinco continentes.
Esquimales y tuaregs, monjes tibetanos y rapanuís de Pascua. ¿Cómo hemos llegado a todas las esquinas del globo?
Los puntos extremos son los más sorprendentes, y si bien ahora parece que el clima nos está devolviendo el guante, hemos sido capaces de adecuar nuestras necesidades a cada una de las meteorologías concretas de cada lugar.
Aún así hay que echar un vistazo a la posible relación directa entre clima y riqueza.
De esta manera es una contradicción que una población rodeada de tundra y cercana al círculo polar tenga mejor calidad de vida que otra población cercana al ecuador y rodeada de una infinidad de recursos naturales.
¿Acaso nos hace espabilar el frío para sobrevivir y maximizar nuestros pocos recursos? Pues en parte sí.
Hagamos una pequeña comparativa de temperaturas. Cojamos las 5 ciudades principales de los países con mayor renta per cápita del planeta (Oslo, Sidney, Reykiavik, Toronto y Dublín) y contrastémoslas con las 5 más pobres (Niamey, Kabul, Freetown, Bangui y Bamako). Las ricas tienen una temperatura media anual de 9ºC y las pobres 24,4ºC.
Hay posiblemente una explicación histórica y social a esta diferencia. Los países fríos han sido libres durante más tiempo, mayoritariamente provienen de una tradición liberal de pensamiento, política y religión; y como no, un pasado pacífico. En contraste, los países calientes han estado colonizados, han sufrido violencia interna extrema y no ha habido una tradición autóctona de libre pensamiento y progreso.
Sin embargo, nos encontramos con zonas del planeta que han tenido prácticamente la misma historia, religión, poder político o progreso, y que aún así siguen respondiendo a esta dicotomía.
En América las zonas más desarrolladas están en Norteamérica y el Cono Sur (Santiago-Buenos Aires-Montevideo), en contraste con la pobreza tropical, que se acentúa y lleva al extremo en Centroamérica. Es más, en los EE UU las diferencias se acentúan enormemente entre estados más fríos como Washington o los estados de Nueva Inglaterra que tienen mayor calidad de vida que los más calurosos Mississippi, Alabama o Luisiana.
En la Unión Europea estas diferencias también se pueden contrastar entre un norte helado y rico y un sur caliente y pobre. Destaca por ejemplo Italia, un mismo país, con una Italia prealpina extremadamente rica en contraste con su Sur más limitado.
España no es la excepción. Pensemos en el clima de Donosti o Pamplona, que gozan de la mayor calidad de vida y del tiempo en Extremadura, cuyo desarrollo es el más reciente del conjunto español.
En los climas fríos, la población es mucho menor y las relaciones humanas escasean más, lo cual unido a la necesidad de buscar los recursos que la naturaleza no da, llevan a un mayor progreso humano. En las zonas más calurosas se daba, no obstante, lo contrario.
Aunque el clima no es determinante, sí que hace que podamos confundir dos mapas mudos, uno económico y otro climatológico. Hasta ahora la riqueza se ha repartido siguiendo el esquema descendente atlántico-mediterráneo-tropical-desértico.
Pero no hay que echarse las manos a la cabeza. Hay actualmente dos factores equilibradores de la mano del hombre.
El clima ha ayudado a forjar culturas y modelos socioeconómicos. Hoy aterrizamos ya en un modelo único y urbano, donde ya no hay una relación tan directa con la climatología ni la naturaleza.
Por otro lado, el clima... ¿qué vamos a decir de la influencia humana sobre el clima y sobre lo poco que éste nos ha importado hasta ahora?
Para bien o para mal. Estas diferencias históricas y climáticas se están borrando. Le hemos dado al "reset" y se está pintando un nuevo mapa mundial.

Laporta, te echábamos de menos

Este Laporta es la leche. Lo hizo. Consiguió utilizar la presidencia del FCB para relanzar su carrera política y fundar una nueva formación dentro del panorama político catalán: Democràcia Catalana (DC).
Además este Laporta no pierde ninguna. Su posición se centrará dentro del independentismo catalán, es decir, en el extremo del espectro.
Sabe de sobra que menos del 15% de la población catalana es independentista (nótese que los nacionalistas catalanes hablan de "autonomía", "autogobierno", "relaciones con el poder central" pero la palabra Independentismo sigue dando urticaria como lo es la palabra España, ya que siempre se habla de Estado Español en los medios catalanes). ¿Entonces cómo animará a que la ciudadanía lo siga? Pues con el discurso demagógico que por excelencia consigue mancillar el nombre de los catalanes con tópicos mal merecidos: la butxaca y una supuesta deuda estatal hacia Cataluña.
Lo primero que hay que hacer es hablar con propiedad. Joan Laporta -el well-known showman de DC- nos dice que hay un déficit entre lo que Cataluña da y lo que Madrid reinvierte. Bueno, déficit no significa esto ni por asomo. ¿Los contribuyentes más adinerados tienen un déficit en sus cuentas tras pagar sus impuestos? Es ridículo e insolidario este argumento.
Es más, hay que hablar claro para no confundir a la población. Madrid y Barcelona son los motores económicos de España y los que atraen prácticamente toda la actividad económica del Estado.
Madrid y Barcelona provincias suman el 25% del total de la población española. A día de hoy, sin embargo, en estas dos zonas se ofrece el 57% del empleo total del país. Es más, si hablamos concretamente de puestos de trabajo a cubrir por personas con formación universitaria, en Madrid y Barcelona están el 65% de las plazas.
Vaya... 2 de cada 3 es muchísimo. Una persona cualquiera, llamémosla José por eso de la originalidad, vive y estudia en Andalucía toda su vida hasta los 25 años. En este tiempo la Junta de Andalucía se hace cargo de su sustento educacional y sanitario, y finalmente José consigue su título de ingeniero.
José finalmente tras moverse y buscar consigue un puesto de trabajo en Barcelona, donde pasa su edad activa pagando católicamente sus impuestos recaudados por el Ajuntament, la Generalitat y la Agencia Tributaria.
Cuando llega a cierta edad y tras padecer los sinsabores de una vida laboriosa decide retirarse y jubilarse en su tierra natal. En este momento José se convierte en un ciudadano de la tercera edad con especial atención por parte, una vez más, de la administración andaluza.
¿A quién le ha salido caro y quién se ha beneficiado de José? Hay cientos de miles de Josés.
Cataluña siempre ha sido tierra de acogida y un lugar abierto en todos los sentidos. La riqueza catalana no viene de ahora, sino que es el proceso de un progreso sin freno gracias a la mano de obra de los trabajadores de otras CC AA -operarios hace décadas y diplomados ahora-, y no hay que olvidar que durante siglos recibió la única inversión del gobierno central del momento (Borbones y Caudillos) que se dirigía a los puntos concretos del país que se querían activar (Barcelona, Madrid y las Vascongadas).
Sí que existe, por consiguiente, una deuda histórica por parte del gobierno central para el resto de las CC AA.
Es por ello que con la España democrática se institucionaliza la Solidaridad entre los distintos territorios. La riqueza se crea en Barcelona, y con esa riqueza hay que reajustar las zonas menos desarrolladas, sean la Lleida rural, Extremadura u Honduras, porque los motores económicos se ubican en puntos concretos de la geografía, y si no hay barreras para que fluya el capital humano cuando se necesita, tampoco lo tendría que haber para los beneficios acumulados que se tengan que redistribuir.
Cataluña también se ha beneficiado de obras faraónicas financiadas con los fondos europeos de Cohesión. Estos fondos se dan a España por el peso que tienen las CC AA menos ricas con respecto a la media comunitaria. Cataluña sola no podría nunca haber recibido estos fondos por sí misma.
Laporta quizás no cuenta lo caro que es ser un estado soberano e independiente. Hay gastos diplomáticos, militares, de seguridad, logísticos y administrativos que hacen que ser libre no sea tan bonito y barato como se creería a priori, y que ahora Madrid administra y no la Generalitat.
Laporta, amigo mío, en un supuesto de vivir en una Cataluña libre dentro de la UE, también se tendría que arrimar el hombro en aras de atajar la diferencia económica para las CC AA menos avanzadas y otras regiones europeas del Este de Europa. Ser independientes implica también seguir siendo responsables.
Y lo que DC tampoco piensa es que una independencia catalana implicaría una huída de empresas extranjeras que gestionan Iberia o España domiciliadas en la ciudad condal hacia la capital española.
Pérdidas y más pérdidas.
Las posiciones extremas son respetables, pero como extremas que son, en muchos casos pecan de infantiles e irresponsables.
Cataluña tiene que mirar hacia adelante, preocuparse por su futuro, luchar por lo que le es propio, por lo que le pertenece como pueblo y como nación, pero con un discurso democrático y realista.
Laporta, esto es como el Barça y para ganar, antes tienes que crear equipo.

La humildad de nuestra soberanía económica

En los regímenes absolulistas el Rey era el soberano del reino. En las democracias el pueblo es el soberano de la nación.
Una gran parte de la ciudadanía no se lo cree, y no es demagógico, es un hecho. ¿Cómo podemos ser los españoles soberanos de nuestra propia democracia? ¿votando?
Muy bien, los españoles hemos votado mayoritariamente a un proyecto de corte centroizquierdista (o a varios proyectos en general progresistas) que es, sin error a dudas, la imagen de la actual sociedad de España.
Aún así, el gobierno Zapatero ha dado un giro de 180º en su gestión económica, con lógicos recortes en una situación de crisis y déficit público, pero con una serie de reformas que van más allá y parecen ser de rúbrica neoliberal-conservadora: congelar pensiones y salarios públicos, reducir el gasto público, una reforma liberal, perdón "laboral", que facilita el despido pero no frena el trabajo precario dando más poder a las empresas privadas de contratación, una reforma de cajas que permiten su capitalización privada, haciendo que los dividendos y beneficios caigan en manos de inversores y no a los fines sociales que obligaban a las cajas a ser eso, cajas, y no bancos.
Hemos perdido parcelas de soberanía gracias/por culpa de la UE y a día de hoy ya no hay ninguna competencia 100% estatal.
¿Cómo es la estrategia económica comunitaria? Veamos, esto es muy simple: 27 países europeos con 27 gobiernos diferentes. De éstos, 20 son de derechas y 7 de izquierdas (España, Portugal, Chipre, Grecia, Austria, Eslovenia y Eslovaquia, con respeto, "lo mejorcito").
En términos de población, de esta manera, estos 7 países progres representan el 17% de la población de la UE y la derecha gobierna al restante 83% de los ciudadanos comunitarios.
Y en términos macroeconómicos, aún se desequilibra más, ya que los países conservadores llegan a acaparar el 86% del PIB de toda la Unión.
La pregunta es, ¿tienen la culpa nuestros vecinos europeos con su papeleta derechoide que hayan escogido gobiernos que obligan a los países minoritarios de centro-izquierda a adoptar una serie de reformas sólo justificables desde una ideología liberal, ultracapitalista y neo-con?
No, aunque sí que ayuda, o por lo menos los legitiman democráticamente ("señores, la mayoría europea ha hablado").¿Y por qué no? Pues sencillamente ya no es que no seamos un país soberano, es que ya no hay ninguna institución pública (en el nivel que sea y del color político que tenga) que sea libre en términos económicos, siendo que la economía marca casi toda la agenda política.
Ni el pueblo ni el Estado son dueños de la riqueza nacional, porque ahora la riqueza es transnacional.
Estamos actuando para que los inversores internacionales estén satisfechos. Ellos pagan todo. De ellos depende el empleo, no del Ministerio de Trabajo. De ellos depende la reducción de la inversión pública, no de nuestros impuestos. De ellos depende la deuda española, no de las decisiones que tome Moncloa.
Así pues, hay que tratarlos con respeto y hacer que se sientan a gusto. Ellos tienen el maletín, y antes se hunden países enteros que dejarle a alguien que lo abra.
Son el Cliente con mayúsculas y siempre tienen la razón, pero por favor, no es necesario que nos bajemos los pantalones, que somos pobres pero no idiotas.

Tócame el programa pero no el organigrama

Cuando una medida se aprueba con tan sólo un voto de diferencia se dice que se salva por los pelos. Así acaba de ser el tijeretazo social recién aprobado en el Congreso de los Diputados.
En esta ocasión el gobierno de Zapatero se ha quedado completamente solo ante la cámara para la aprobación de su proyecto de reducción de déficit. Nunca antes el actual gobierno estuvo tan erosionado como esta vez, donde -ahora sí- se ve el desgaste continuado de la crisis.
Es normal que un gobierno que no sólo tiene que sobrevivir a la crisis, sino también a la oposición, tenga que pensar pormenorizadamente cada paso que da en el difícil manejo de una catástrofe económica tan calamitosa como está viviendo todo el planeta y, especialmente, Europa.
A las duras y a las maduras. Así fue el trato firmado con las Comunidades Europeas por España hace tres décadas. Un matrimonio diplomático y económico sin posibilidad de divorcio. En este caso entonces más que un matrimonio se debería concebir como una hipoteca inmobiliaria, pero para el caso, el concepto es el mismo. España se ha beneficiado durante años de los fondos de cohesión y otros programas de desarrollo comunitario, en paralelo mientras que se avanzaba en la integración monetaria y económica, consiguiendo que nuestro país alcanzase una cuota de bienestar inimaginable hasta hace relativamente poco tiempo.
Ahora la cosa ha cambiado y hay una crisis en la familia que nos afecta a todos y nos urgen a hacer cambios.
El déficit tiene que ser menor del 3%. Un compromiso que firmamos todos en Maastricht en 1992 y que sería la guía de ruta para crear la Eurozona. Hoy -repito, en crisis- el déficit se ha disparado en todos los países de la UE. Lógico, a más gasto social y menos recaudación es lo que tenemos.
La deuda no es el déficit. La deuda reflejaría de alguna manera la solvencia de un país. A menor solvencia más necesidad de endeudarse. En este caso, España tiene una baja deuda (y una alta solvencia hasta ahora) frente al resto de los grandes europeos como Alemania, Francia o Italia con una dueda muy alta (y una necesidad de financiarse que te cagas).
Voilà el problema. Si con los impuestos no llegas a cubrir tus gastos públicos acude a la Bolsa y emite deuda. Error (!) Así se delega directamente a los inversores internacionales la posibilidad de éxito o fracaso en la solución a la crisis actual. No es que dé miedo, lo que da es pena ver cómo los gobernantes hacen sus políticas acorde con la respuesta de los parqués bursátiles.
Si tenemos en cuenta que las bolsas son incontrolables, volátiles y son el reflejo de la euforia y la histeria de inversores, hace que nuestra economía europea (y también mundial) aunque parezca fuerte es tan frágil como el cuerpo del acróbata que cae a la arena sin red.
Es por ello que nuestro gobierno tiene que hacer lo que hace. No es sólo reducir nuestro déficit, es dar confianza a los mercados para que nuestros vecinos europeos se puedan financiar.
Sarkozy, Merkel, Berlusconi -y Cameron ahora- tienen un poder político de peso en la UE. Un poder político que aboga por los tijeretazos en su casa y en la de sus vecinos.
Zapatero apenas tiene capacidad de maniobra. Recordad "en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad".
Ya puestos, ¿y si quitase los ministerios de Vivienda, Igualdad o Cultura como pedía el PP? Entonces ya se perdería por completo el origen social del programa del PSOE y se reconocería que sus tareas son y eran hasta el momento innecesarias.
Cada quien seguirá en su sitio, viendo hacia dónde desemboca la crisis y el Gobierno central constantemente plasmará en sus funciones ejecutivas las decisiones que tome Europa. Tal y como haría un posible Gobierno de Rajoy, aunque ellos nunca lo reconozcan.


No somos PIGS


No sabemos cómo ha ocurrido porque esto no estaba pensado así. La maldita volatilidad de los mercados ahora sí que ha llegado a nuestros bolsillos.
España no se ha contagiado exactamente de la crisis griega, España se ha impregnado de los horribles males paronoicos bursátiles y, peor si cabe, de sus horribles soluciones.
Todo empezó hace veinte años. En aquel entonces el Financial Times se burlaba de la inestabilidad económica de los países del sur de Europa en la ya denominada CEE. Éramos Portugal, Italia, Grecia y España, o, acuñándonos con las siglas en inglés, "PIGS".
Gobiernos corruptos, población mayoritariamente agrícola, falta de formación y jóvenes sistemas democráticos frente a la vieja Europa del norte. Tras tres décadas, gracias a los esfuerzos de la población, de los distintos gobiernos de diferentes colores y de las instituciones comunitarias, conseguimos convertirnos cada uno de estos países en grandes potencias económicas y sociales. De milagro español se acuñó, por ejemplo, el crecimiento sin precedentes (salvo el período de recesión de los 90s) de nuestra economía hasta 2008, llegando a ser el 8º mayor PIB del mundo.
¿Y ahora hemos perdido todos toda credibilidad? ¿No será que los que han perdido la credibilidad son los mercados internacionales con sus irracionales vaivenes?
España tiene un gran problema -vergonzoso- que el desempleo. Las cuentas públicas, sin embargo estaban saneadas y no era necesario el alarmismo producido por la caída de Atenas. Nuestra deuda pública está por debajo de la media comunitaria y por debajo de Francia, Gran Bretaña o Alemania. Nuestro déficit tiene una dirección alcista, pero se sitúa en posiciones similarares a nuestros vecinos.
Entonces, ¿por qué ha subido nuestro déficit? Claro que ha de subir... Si nuestro gobierno es social ha de "invertir" en la economía, dando ayudas, subvenciones, asistencias, rescatando sectores como el bancario, el de la construcción o el automovilístico, salvando puestos de trabajo en éstos, y si cabe, subiendo impuestos. El gobierno socialista, por su color político, parte de la idea que es mediante inyecciones de gasto que la economía crece.
Ello crea déficit a corto plazo y, una vez fuera de la crisis, se conseguirían sanear las cuentas públicas.
¿Qué ocurre cuando se mete en medio el FMI? El color político cambia. El neoliberalismo y su ahorro se convierten en la pauta a seguir.
Reducción del gasto sanitario, de los salarios públicos o de la ayuda al exterior, entre otros, no son sólo un grave recorte social, sino una reducción de la capacidad adquisitiva de la población y, por consiguiente, una limitación para la recuperación de la puñetera crisis.
Hasta hace unas semanas, el gobierno español no se planteaba que le chantejearían los "otros" interesados internacionales para dar un giro de 180º en la planificación económica nacional.
Dar sumas astronómicas de dinero para que tal firma venda coches o que los bancos no se hundan en 2009 no endeuda, ¿no? El gran problema es que tenemos una población envejecida y dependiente y es un lastre social. Vaya...
Ahora también incluían a Irlanda en los PIGS (o PIIGS) y vuelve a saltar este acrónomico ofensivo a la prensa salmón.
Entre los PIGS quedaban los últimos reductos socialistas europeos de Zapatero, Sócrates y Papandreu, pero si no se puede hacer la política que el pueblo había votado, ¿cuál es el resultado para Europa?
Mercados 1 - Ciudadanía 0.

Mis 20 duros


Siempre que los precios suben es porque la economía está activa. En caso de que desciendan (deflación) esto implica normalmente grandes pérdidas y destrucción económica.
Si los precios no suben de golpe, sino más bien, escalonadamente, tendremos una inflación sana que se expresará en beneficios para todos (beneficios empresariales y beneficios salariales). Este equilibrio no siempre va a la par: en primer lugar, la empresa se reajusta con los nuevos precios, y en segundo lugar, los beneficios acumulados irían a parar al asalariado. De esta manera, los casos de hiperinflación o inflación brusca se convierten en un caos social, ya que este reajuste nunca llega.
Los precios son siempre fijados por la demanda y la oferta. Lo que hace que este equilibrio no siempre sea un punto definitivo es que la economía es dinámica. La oferta varía y la demanda también. Influyen en éstas infinidad de factores. Desde la deuda pública, los impuestos, el ahorro, hasta el excesivo pesimismo, entre muchos otros.
En nuestro caso más reciente, hemos tenido un ápice de deflación ante el comportamiento del consumidor español. A causa del bombardeo catastrófico y mediático de la crisis, éste ha decidido reducir su consumo, hasta tal punto, que muchas empresas se vieron obligadas a bajar sus precios para intentar perder el mínimo posible, siendo en muchos casos, los precios continuadamente inferiores a los de los años anteriores. Obviamente, este comportamiento implica no sólo menos beneficios para el empresario, sino menos capacidad fiscal del estado y menor salario y desde luego ninguna ayuda para frenar el desempleo.
A lo largo de la década de los 2000, nuestro país, nuestro entorno y en general toda la economía global ha sufrido una escalada de precios. “Con la peseta de vivía mejor” no es lo más acertado para reflexionar sobre esta situación económica, sino “En tiempos de la peseta se vivía mejor”, que es muy distinto.
Si veíamos que, con el exceso de pesimismo, la cosa iba mal, no diremos que el exceso de optimismo habrá sido bueno. El claro ejemplo es la última crisis financiera mundial o el ladrillazo de España. Un exceso de optimismo se traduce en especulación. Al haber un gran movimiento de capitales los precios se disparan y llega a un punto que la burbuja explota, como hemos visto. Si todo el mundo pone dinero, crea dinero e inventa dinero que nunca existirá, que nunca se comprará, se llegará a una situación crítica que sin lugar a dudas notará nuestro bolsillo.
Lo que más desestabilizaba, aún así, los precios durante este período ha sido el petróleo. El preciado oro negro ha tenido unos vaivenes que afectaban a todos los sectores. El combustible es un coste directo de transporte presente en el precio de venta al público (PVP). Y hoy todo es logística y transporte. ¿Cómo nos afectará la cada vez más la reducida oferta de este material en peligro de extinción con el más que notable aumento de demanda de ya no sólo el primer mundo? La respuesta la sabemos todos.
Por cierto, una de las soluciones a la falta de carburantes es el biocombustible, pero también ha demostrado que si ahora comenzamos a especular como si los cereales fuesen gasolina, los precios de los alimentos se dispararían en todo el mundo, dañando las economías domésticas más limitadas.
Entonces, ¿qué ha pasado con el euro? Ciertamente en 2002, con la entrada de la moneda única, se produjo el famoso redondeo, y no siguiendo las recomendaciones de las instituciones financieras ni políticas, muchos empresarios redondearon con creces al alza. 125 pesetas pasaban a ser 0,76 euros, que a efectos prácticos se traducían en 0,80 (+6,5%).
Este redondeo fue en su momento una práctica extendida en el comercio minorista y tuvo una influencia en el IPC, pero estamos hablando del IPC de 2002. No podemos achacar este comportamiento (que, por cierto, no tenía nada que ver con la UE, sino con la “trampería” de nuestras pymes) a la actual inflación ni a los actuales precios.
Si vemos PVP altísimos en comparación a 2001 (último año de la peseta) es porque en esta época el precio de la vivienda, de los carburantes y de los alimentos sufrieron la mayor especulación y contagiaron nuestra cesta de la compra. El mercado laboral va aparte y los precios de éste (nuestros sueldos) únicamente crecen al ritmo del IPC. Otro debate es qué entra dentro de este IPC y qué queda fuera del indicador.
Así pues, el euro ha sido una moneda fuerte desde el principio de su instalación en nuestras economías. La peseta no era sino una moneda con escaso valor e interés internacional, más volátil y débil, y sin ningún tipo de garantías a la hora de afrontar una gran crisis como la actual.
No eran tampoco iguales los precios en 1992 en comparación con 2000, ni serán los precios de 2010 iguales a los de 2018.
Dejémonos de mitos. Lo que hay que ser es menos nostálgicos y más realistas para poder así afrontar el futuro económico incierto que nos espera.

"Democracia" no es una palabra griega


A nuestro elitista club se le ve el plumero. La eurozona es VIP y quien no dé la talla, sale fuera de la cancha.
No está regulado, pero ya hay voces dentro de Centroeuropa que hablan de retirar a Grecia del club del euro. Es increíble que se le dé este crédito a estas opiniones del pueblo llano, y aún más increíble que el Ecofin se convierta en el nuevo FMI.
Aún así, en la crisis helénica, que nos afecta a todos, hay que aclarar y hacer hincapié en algunos puntos muy importantes:
A (alfa).- Se ha comparado a Grecia con España y Portugal e inluso con Italia. Ya que todos formamos parte del Sur de Europa y nuestras economías teóricamente se asemejan. En realidad, en lo que siempre se han parecido estos países es en sus indicadores macroeconómicos y no tanto ni en las actividades principales de sus economías, ni en los errores o aciertos de sus políticas económicas. Grecia ha caído en picado y es el único país europeo que no ha experimentado un ligero crecimiento en los últimos dos años (España, si bien está en recesión sí que ha aumentado económicamente el último trimestre).
B (beta).- Una unión política no tiene que implicar ni tan siquiera el debate de si un miembro debe abandonar dicha alianza por sufrir un hándicap económico o financiero. Tal margen de maniobra insolidario equivaldría a –literalmente- “echar” a Extremadura de España, a Sicilia de Italia o a la antigua RDA de la actual Alemania. Fomentar estos debates demagógicos únicamente crean rechazo al vecino y desde luego no aportan nada constructivo ni sustancial.
C (gamma).- El Ecofin está formado por los ministros de Asuntos económicos de cada uno de los países soberanos de la Unión. Si bien su función es salvaguardar el interés comunitario de todos y cada uno de los países, están, por otro lado, sesgados. Me explico, un partido mayoritario forma gobierno en un país. Ese gobierno elige a un ministro económico que abandere la ideología de éste. Estos ministros se juntan y hay una mayoría ideológica, que, en este caso es la liberal-conservadora, y que aunque quieran buscar un bien común, repito, están sesgados en sus deliberaciones (pasaría igual si la mayoría fuese de otro color).
D (delta).- El timón lo toman Merkel y Sarkozy –del centro-derecha europeo – y obligan a Grecia a tomar una serie de medidas que apoyan todos y cada uno de los países europeos (incluidos España y la socialista Elena Salgado que le toca presidir el Ecofin). Dichas medidas son para lo que todos queremos, que es reducir la deuda griega, pero que implican la reducción de las pensiones, la reducción de sueldos, contención del gasto público y aumento de los impuestos, entre otras. Medidas todas ellas impopulares que exigen a un gobierno soberano no tener margen de maniobra.
E (épsilon).- Se le achaca a Grecia que ha jugado sucio, que han manipulado los datos macro para maquillar su deuda. Lo que hay que decir es que actualmente el Gobierno griego lo preside la socialdemocracia de Papandreu, que relevaba a la derecha de Karamanlís. El actual gobierno y la población general helena no tienen nada que ver con esta manipulación y es un hecho que también hay que tener en cuenta a la hora de tomar medidas.
F (zeta).- El nuevo gobierno griego (electo en 2009) es fruto del descontento de toda la ciudadanía. Grecia llevaba arrastrando una crisis sin precedentes y el PASOK de Papandreu iba a emprender una serie de reformas que se han visto truncadas por la llamada de la Unión Europea. No es justo que no se les dé un voto de confianza.
G (eta).- Finalmente, hay que aclarar que este paquete de medidas tienen un único fin: tranquilizar a los mercados financieros. Ello explica la urgencia de dicha reforma: Un mes. Se exige cambiar al país en tan sólo 4 semanas, únicamente para que el euro no pierda valor y las macroempresas que operan en la zona no se vean afectadas. Al fin y al cabo ellas sí que son las soberanas del capital.
En definitiva, Grecia es una víctima más de la crisis y la volatilidad de los mercados financieros, es víctima de la corrupción y de una administración pública despilfarradora.
No es justo que Grecia entre en la UE como un miembro más, con un mercado de 10 millones de consumidores con los que se le ha estado pudiendo dar salida a los productos franceses y alemanes durante 28 años, y ahora sea un lastre.
Tampoco es justo que una reforma tan radical pueda herir a un Estado del Bienestar. Aquí estamos hablando de millones de personas. ¿Qué sino son las pensiones, la educación y la sanidad? Y en este caso, la reforma no sería una reforma, sino que sería una extorsión en toda regla.

Senza vergogna


La UE se rige a partir del Tratado de Lisboa por la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión.
La Italia berlusconiana va a tener un serio problema a la hora de aplicar sus leyes xenófobas de persecución a los inmigrantes. De 54 artículos que tiene esta carta, 7 se contradirían a la nueva ley de inmigración italiana. Empezando por que “Todas las personas son iguales ante la ley” (art 20), pero va más allá.
Atentará contra el derecho a la educación (art 14), derecho a trabajar (15), la protección en caso de devolución, expulsión y extradición (19), la no discriminación (21), y lo más leonino, contra los derechos del menor (art 24) y la ayuda social (34), que en todos los casos, no son derechos aplicados a los “ciudadanos comunitarios”, sino para “todas las personas”.
Las gracias no se las tenemos que dar sólo a Silvio, sino a Liga Norte (gracias Liga Norte: tus orígenes solidarios para deshacerte del Sur pobre de Italia siempre marcarán tu inusitada inteligencia).
Ahora en Italia nos encontramos con que la inmigración clandestina ya no es sólo un problema social, sino un delito. Los inmigrantes sin papeles que sean sorprendidos deberán sufrir una reclusión de seis meses, pagar una multa de hasta 10.000 euros y ser expulsados.
Los inmigrantes ilegales no podrán inscribir a sus hijos en el Registro Civil y quienes den empleo o alquilen habitaciones a inmigrantes sin papeles tendrán asimismo sanciones y penas de hasta 3 años.
Se crearán grupos de voluntarios que actuarán en forma conjunta con la policía para ir a la caza de los inmigrantes en cualquier parte del territorio. ¿No recuerda esto a los camisas negras?
Aunque para camisas negras, los vecinos de Rosarno en Calabria, región ya de por sí azotada por la Ndrangheta. En esta localidad comenzaron a atacar a los inmigrantes de una forma fulminante. Al grito de “muerte a los negros” atentaron contra la comunidad de africanos que malamente sobrevivían en los campos de alrededor de la localidad. Hubo heridos de armas, hospitalizados y el resto huyó en menos de 48 horas.
No es justo tratar así a las personas, pero es más injusto oficializarlo.
Como cuando los nazis comenzaron a controlar a sus vecinos judíos, comunistas y homosexuales, marcándolos con una indumentaria y una documentación especial, el nuevo gobierno de Berlusconi sacará un carné por puntos para otorgar – o no – la ciudadanía a los extracomunitarios y con revisiones cada 2 años.
Sí, esto es muy fascista. Es extraño que Italia llegue a estos extremos de racismo cuando siempre ha sido un país avanzado y una de las democracias más importantes del mundo.
Gran parte de los países europeos han sufrido regímenes totalitarios, pero ninguno ha llegado a heredar la ideología del anterior dictador. También puede parecer que Italia es un país especialmente conservador y católico, pero la Iglesia italiana es la primera en alarmarse por el trato denigrante que se les da a los inmigrantes.
Quizás parezca que Italia tiene una alta tasa de población extranjera, pero (incluyendo europeos) no va más allá del 6,48%, de los cuales mayoritariamente son “regulares”.
¿Entonces qué diablos le está pasando a Italia?
Silvio Berlusconi domina el país. Domina en todos los sentidos, ya que es jefe del ejecutivo, de los medios de comunicación y de grandes empresas privadas.
Aparentemente de centro-derecha se ha aliado con la extrema derecha para sumar más poder, obedeciéndolos en sus demandas más antidemocráticas. En vez de frenar la discriminación la alientan con una propaganda (no publicidad, sino “propaganda”) de odio al extranjero.
Este sinsentido es un claro ejemplo de ignorancia y manipulación, de ignominia y violencia, de deshonor y venganza. En una palabra: de Vergüenza.

El genial Doctor Doom


Davos es la parade de los análisis financieros mundiales. Pero no tenemos que olvidar que es únicamente un referente: en Davos no se decide nada, únicamente se delibera.
El motivo es que en esta localidad suiza se lleva a cabo el Foro Económico Mundial. Este Foro es únicamente una fundación cuya misión es compartir los conocimientos económicos, financieros y sociales de la mano de expertos internacionales. Es importante por la repercusión mediática que tiene y por los invitados, que aunque sean jefes de estado o ministros de economía, únicamente asisten para lo que es: una arena para compartir ideas y repetimos, no para tomar decisiones.
Hay más de un centenar de expertos que lo que están haciendo ahora es analizar, entre otros asuntos, la actual crisis económica mundial, sus repercusiones y próximos problemas a solventar por parte de las instituciones y gobiernos.
La opinión pública se ha escandalizado por el análisis catastrófico de Nouriel Roubini, también apelado Doctor Doom (Doctor Catástrofe). Roubini ya había preconizado la irrupción de la actual crisis financiera y la de otras crisis regionales en la pasada década.
Roubini va a Davos y su intelectualidad tiene un eco en los medios que muy pocos economistas han conseguido con muchos años de estudio y trabajo académico. Los malos augurios de Roubini también fueron compartidos por la inmensa mayoría de comunidad científica estos años, pero el resto de profesionales no tienen voz.
No hay reglas escritas en economía y por eso implica el crear un debate sano y necesario. No todos los grandes economistas de Davos apoyan a este gurú cuando ataca la inestabilidad del mercado europeo en la zona euro.
España ha salido más que tocada de su análisis. Según éste, a España le sigue el mismo camino que Grecia. Nuestros vecinos griegos tienen un déficit, que ya arrastraban desde hace un tiempo, pero agravado con la crisis económica mundial.
Roubini, cree que Grecia es una amenaza para la Eurozona, como lo es Irlanda o Portugal, e incluso Italia en menor medida, pero el problema europeo lo tendrá a raíz de España, por el que no tiene ninguna esperanza y que considera el cáncer de Europa por su alta tasa de paro, la falta de competitividad, el desequilibrio fiscal y la debilidad de nuestros bancos.
Como no, hubo muchas voces críticas que entienden que si bien España se encuentra en serias dificultades, será (seremos) capaces de salir de esta recesión.
En primer lugar, la tasa de paro es un índice demagógico que sólo utilizan los analistas económicos cuando quieren enfatizar una mala situación, pero, desde luego no tienen en cuenta como un indicador decisivo en análisis corrientes de países (únicamente se ciñen al PIB, que si crece es sinónimo de que “aquí hay negocio” y no la tasa de desempleo que siempre ha sido un indicador más social y que poco importa en las inversiones extranjeras – sino, que vean la tasa de paro de las economías en crecimiento de los países en vías de desarrollo).
El caso es que no les importa el empleo en Davos, y si en realidad lo analizamos en profundidad, nos daremos cuenta que no es únicamente la crisis, ya que el paro ha sido siempre un problema estructural en España: rondamos el 20% pero nunca hemos estado por debajo del 8 ni en los mejores momentos y sí en torno al 12-17%. Es impensable en otras economías pero España siempre ha sido así, algo que se le ha pasado a Roubini.
La falta de competitividad se está atajando con más I+D+i. Si de algo vamos a aprender de esta crisis es que España no puede vivir del ladrillo. Somos ya la generación del conocimiento y hay un capital humano todavía por explotar, así que los recursos están sobre la mesa, algo que también tendría que saber nuestro amigo académico.
En cuanto al desequilibrio fiscal, sí que es una asignatura pendiente, pero no podemos dejar de lado nuestro estado del bienestar, y ciertamente, hasta hace dos años teníamos el mayor superávit de las grandes economías mundiales. Así que no estamos tan tocados y podemos reaccionar.
Finalmente habla de la debilidad de nuestros bancos, cuando es todo lo contrario: mayor debilidad tiene la banca británica, estadounidense o islandesa. Nuestro sistema financiero no ha dependido, como ocurre con la mano de obra, únicamente de la construcción y nuestra banca sigue siendo de las fuertes de Europa.
Davos apesta porque es como las pasarelas donde se marca el estilo de la temporada que viene. Apesta porque es una pena que lo que diga el Doctor Doom implique menos inversión extranjera y desconfianza, cuando es únicamente una opinión humildemente refutable.
Apesta porque las palabras de este hombre no sólo tacha de incompetente a nuestro Gobierno y a nuestro tejido empresarial, sino que nos tacha de incompetentes a todos los españoles que sí que seremos capaces de salir de la crisis; y también de incompetentes a los ilusos europeos que creemos no sólo en el euro, sino en una política social que sí que tiene un coste, pero que estamos dispuestos a asumir.
España saldrá de la crisis, quizás más tarde que Alemania o Francia, pero saldrá a flote. Las otras economías de la UE también lo harán, y no dejaremos que Grecia o Portugal salgan de la eurozona por “pobres” o “endeudados”.
Y ya puestos a hacer como nuestro amigo catastrofista, y hablar por hablar del futuro, el señor Nouriel Roubini seguirá vendiendo sus libros, artículos y conferencias, porque son de lo más negro y pesimista y, por tanto, de lo más amarillista que hay en estas élites. Y como él bien sabe, este amarillismo crea el pánico que los mercados tanto han sufrido.
¡Gracias Dr. Doom por no dar ninguna solución!

Nuestro dumping es mejor


O jugamos bien o no jugamos. O estamos en la OMC con todas las de la ley y jugamos al monopoly, o dejamos la partida para cuando tengamos las ideas claras, pero fair-play señores, que a los tramposos se les pilla rápido.
¿Cómo podemos seguir con la Política Agrícola Común (PAC) y ser miembros, proselitistas más bien, de la OMC?
Se nos ha dado ya el aviso de acabar con las subvenciones agrícolas para que así todos los productos puedan competir en igualdad de condiciones.
La mitad del presupuesto comunitario de la UE va a la PAC y aún así, sus defensores se quejan del dumping social y el dumping ecológico de los otros países con sus productos agrícolas.
El dumping social explica la aparición de precios bajos por parte de un país productor aprovechándose de una legislación laboral pobre, y por lo tanto que el precio final sea mucho más barato que el que se conseguiría si se pagasen unos salarios justos. Los países con este tipo de (no-) legislación laboral consiguen unos precios más ventajosos que el país que exporta.
Con el dumping ecológico, en cambio, los favorecidos son los países con una legislación medioambiental menos rigurosa, por lo general, países en vías de desarrollo. De esa manera, como no es necesario atajar la contaminación con inversión por parte del productor de medidas más ecológicas, y al no verse en posibilidad de recibir sanciones por parte de la administración, los precios de un mismo producto se encarecen en un país con una legislación más avanzada medioambientalmente.
Los proteccionistas del mercado agrícola comunitario se aferran en estos argumentos para no cumplir con los compromisos de la OMC, sin conocer muy de fondo, la contrapartida a la que los productos agrícolas de terceros países se tienen que ver forzados.
El agricultor europeo recibe ayudas directas y subvenciones para hacer que sobreviva un mercado no competitivo internacionalmente como es el agrícola europeo. Además la sobrerregulación comunitaria en aras de la defensa del consumidor evita que muchos productos no puedan ser comercializados en Europa si no cumplen con las condiciones mínimas de producción, manipulado o información.
De esa manera, y con esta medida se atajaría el dumping ecológico, ya que en todos los productos ganaderos y agrícolas hay que, potestativamente, informar de sus orígenes. En caso de que el país B no cumpla con requisitos mínimos de sanidad, dicho producto, no entra en el mercado. Es más, detrás de tanta normativa comunitaria se esconde un bloqueo directo de terceros productos.
El dumping social tampoco valdría de argumento, ya que son muchas las variables que impiden el desarrollo, y el low cost salarial es una consecuencia y no un medio. Del capital de Occidente depende muy mucho este gap entre las condiciones salariales de éstos y aquéllos, y en muchos casos es capital privado comunitario el que explota la mano de obra barata en estos países en vías de desarrollo con sus productos agrícolas.
De nada valen, pues, estos argumentos para impedir cumplir la UE con el libre comercio que ratificó en su día con la OMC.
Es sabido por todos que este proteccionismo tiene que cesar y que la UE no puede seguir despilfarrando el presupuesto comunitario sobre un sector económico anticuado, no competitivo y que frena el avance del comercio internacional con los países agrícolas pobres.