Laporta, te echábamos de menos

Este Laporta es la leche. Lo hizo. Consiguió utilizar la presidencia del FCB para relanzar su carrera política y fundar una nueva formación dentro del panorama político catalán: Democràcia Catalana (DC).
Además este Laporta no pierde ninguna. Su posición se centrará dentro del independentismo catalán, es decir, en el extremo del espectro.
Sabe de sobra que menos del 15% de la población catalana es independentista (nótese que los nacionalistas catalanes hablan de "autonomía", "autogobierno", "relaciones con el poder central" pero la palabra Independentismo sigue dando urticaria como lo es la palabra España, ya que siempre se habla de Estado Español en los medios catalanes). ¿Entonces cómo animará a que la ciudadanía lo siga? Pues con el discurso demagógico que por excelencia consigue mancillar el nombre de los catalanes con tópicos mal merecidos: la butxaca y una supuesta deuda estatal hacia Cataluña.
Lo primero que hay que hacer es hablar con propiedad. Joan Laporta -el well-known showman de DC- nos dice que hay un déficit entre lo que Cataluña da y lo que Madrid reinvierte. Bueno, déficit no significa esto ni por asomo. ¿Los contribuyentes más adinerados tienen un déficit en sus cuentas tras pagar sus impuestos? Es ridículo e insolidario este argumento.
Es más, hay que hablar claro para no confundir a la población. Madrid y Barcelona son los motores económicos de España y los que atraen prácticamente toda la actividad económica del Estado.
Madrid y Barcelona provincias suman el 25% del total de la población española. A día de hoy, sin embargo, en estas dos zonas se ofrece el 57% del empleo total del país. Es más, si hablamos concretamente de puestos de trabajo a cubrir por personas con formación universitaria, en Madrid y Barcelona están el 65% de las plazas.
Vaya... 2 de cada 3 es muchísimo. Una persona cualquiera, llamémosla José por eso de la originalidad, vive y estudia en Andalucía toda su vida hasta los 25 años. En este tiempo la Junta de Andalucía se hace cargo de su sustento educacional y sanitario, y finalmente José consigue su título de ingeniero.
José finalmente tras moverse y buscar consigue un puesto de trabajo en Barcelona, donde pasa su edad activa pagando católicamente sus impuestos recaudados por el Ajuntament, la Generalitat y la Agencia Tributaria.
Cuando llega a cierta edad y tras padecer los sinsabores de una vida laboriosa decide retirarse y jubilarse en su tierra natal. En este momento José se convierte en un ciudadano de la tercera edad con especial atención por parte, una vez más, de la administración andaluza.
¿A quién le ha salido caro y quién se ha beneficiado de José? Hay cientos de miles de Josés.
Cataluña siempre ha sido tierra de acogida y un lugar abierto en todos los sentidos. La riqueza catalana no viene de ahora, sino que es el proceso de un progreso sin freno gracias a la mano de obra de los trabajadores de otras CC AA -operarios hace décadas y diplomados ahora-, y no hay que olvidar que durante siglos recibió la única inversión del gobierno central del momento (Borbones y Caudillos) que se dirigía a los puntos concretos del país que se querían activar (Barcelona, Madrid y las Vascongadas).
Sí que existe, por consiguiente, una deuda histórica por parte del gobierno central para el resto de las CC AA.
Es por ello que con la España democrática se institucionaliza la Solidaridad entre los distintos territorios. La riqueza se crea en Barcelona, y con esa riqueza hay que reajustar las zonas menos desarrolladas, sean la Lleida rural, Extremadura u Honduras, porque los motores económicos se ubican en puntos concretos de la geografía, y si no hay barreras para que fluya el capital humano cuando se necesita, tampoco lo tendría que haber para los beneficios acumulados que se tengan que redistribuir.
Cataluña también se ha beneficiado de obras faraónicas financiadas con los fondos europeos de Cohesión. Estos fondos se dan a España por el peso que tienen las CC AA menos ricas con respecto a la media comunitaria. Cataluña sola no podría nunca haber recibido estos fondos por sí misma.
Laporta quizás no cuenta lo caro que es ser un estado soberano e independiente. Hay gastos diplomáticos, militares, de seguridad, logísticos y administrativos que hacen que ser libre no sea tan bonito y barato como se creería a priori, y que ahora Madrid administra y no la Generalitat.
Laporta, amigo mío, en un supuesto de vivir en una Cataluña libre dentro de la UE, también se tendría que arrimar el hombro en aras de atajar la diferencia económica para las CC AA menos avanzadas y otras regiones europeas del Este de Europa. Ser independientes implica también seguir siendo responsables.
Y lo que DC tampoco piensa es que una independencia catalana implicaría una huída de empresas extranjeras que gestionan Iberia o España domiciliadas en la ciudad condal hacia la capital española.
Pérdidas y más pérdidas.
Las posiciones extremas son respetables, pero como extremas que son, en muchos casos pecan de infantiles e irresponsables.
Cataluña tiene que mirar hacia adelante, preocuparse por su futuro, luchar por lo que le es propio, por lo que le pertenece como pueblo y como nación, pero con un discurso democrático y realista.
Laporta, esto es como el Barça y para ganar, antes tienes que crear equipo.

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