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Indignado en islandés se dice “reiður”


Que no, que no y que no. Islandia es como una gran Puerta del Sol en el Círculo Polar Ártico. Los indignados islandeses no necesitan tienda de campaña para acampar frente al Parlamento de Reykjavík por dos motivos.
En primer lugar, el fracaso de una acampada en Islandia por las inclemencias climáticas; y por otro lado, por los cauces de participación democrática directa de la que disfrutan los islandeses, que hay que recordar que desde hace muchos siglos tienen la Asamblea democrática más antigua del mundo. Ambos motivos hacen del caso islandés, un caso único donde se hace mucho ruido sin muchas caceroladas.
Un pequeño país, con una serie de recursos limitados que supo crear una economía de libre mercado y un Estado del Bienestar, únicos y compaginables como sólo los países nórdicos supieron hacer. Compaginable hasta el divorcio sufrido hace dos años, con la quiebra financiera internacional que azotó a Islandia de una manera calamitosa y no esperada por nadie.
No fueron ni por asomo el Goliat derribado del que se habló porque han sabido hacer las cuentas para salir de la crisis… y menuda manera de hacerlo.
Aún siguen en pleitos con los Gobiernos británico y holandés, que financiaron la deuda de la isla ártica y ahora los propios islandeses se niegan a pagar. Se niegan a pagarla porque no es su deuda: es la deuda de la mala gestión de un Gobierno.
Se negaron a pagarla en el primer referéndum (bien sabido era el resultado, pero los islandeses lo replantean todo vía plebiscito) y lo volvieron a negar por segunda vez. “No queremos pagar vuestra deuda”. Y sigue sin ser pagada.
Poco a poco van saliendo de la crisis. Islandia también fue rescatada por el FMI, también tuvieron recortes sociales e incluso han pedido su adhesión a la Unión Europea porque una economía tan débil no podrá sobrevivir sola tras las heridas mortales que sufrió por las batidas de este capitalismo salvaje del que se estuvo beneficiando su banca durante las últimas décadas.
Paradojas. Pero lo más paradójico, que no se ha atrevido a hacer absolutamente ningún otro país afectado por la crisis, es que los islandeses han denunciado a los presidentes y gestores de las principales bancas del país e incluso están juzgando (“juzgando” que se dice pronto) al ex Primer Ministro, Geeir Haarde, por la incompetente gestión de la crisis, por tener información privilegiada y aún así hacer una mala política económica, llevando a Islandia a la bancarrota y poniendo en peligro la sostenibilidad del país las siguientes décadas.
Es por ello, que el caso islandés es único, y que cada ciudadano islandés puede ser un reiður, un indignado, que lucha por su dignidad y por la de su país.
Quizás su cultura ciudadana sea mucho más avanzada que el resto del continente, quizás los islandeses sean un pueblo espartano y con unos principios intachables, o sencillamente, puede que estas medidas puedan ser únicamente tomadas por un país pequeño de 300.000 habitantes.
No importa analizar las causas de su actitud, sino las consecuencias de sus actos. Sí que se puede actuar de forma cívica y comprometida, solidaria y orgullosa, para poner los puntos sobre las íes y para aplicar la justicia, que al fin y al cabo es algo inherente a cualquier sociedad. A no ser que esa justicia sea demasiado incómoda.

De la indignación a la esperanza


La indignación.
Leo de la RAE la definición de indignación: “Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos.”
Luego me planteo si el término que utilizan los medios de comunicación para definir a los espontáneos que irrumpieron en la Puerta del Sol o en otras plazas del país es el término correcto o no: Indignados, ¿contra quién van?, ¿contra qué actos?
Otras protestas que marcaron la historia de este país tenían una cabeza de turco para agitar las banderas de la indignación mucho más claro. Un gobierno concreto, una política concreta, una empresa o una información mal dada.
Indignación contra una ley, contra una mala gestión de una catástrofe, contra un atentado, contra la guerra. Actos irresponsables del Gobierno.
Pero ahora los acampados protestan indignados contra el sistema. Es una amalgama de pareceres, de ideología y de posturas.
¿La solución? La solución la buscamos entre todos, mediante un método de participación directa.
Un ciudadano corriente se puede acercar a Sol, a Plaça Catalunya, La Encarnación, el Obradoiro o a cualquiera de las plazas donde están las protestas para oír las propuestas del pueblo, y es más, pueden subirse a la tarima improvisada y con megáfono en mano, proponer soluciones a los problemas que le indignan.
Aún así quien se acerque también a estos puntos de encuentro oirá discursos vanos y en parte demagógicos, algo que paradójicamente es contra lo que se protesta también. Quien quiera mover a más de una docena de personas ha de elevar un grito cargado de sentimientos primarios (volvemos a la indignación, pero podría ser cualquier otro sentir visceral) y plantear soluciones de linchamiento.
Quitarle el dinero a los bancos, retirar al Rey, proclamar la III República, dividir todos rendimientos financieros entre la clase trabajadora…
El mensaje no es este. No buscamos la destrucción de todo lo que hemos construido, sino su mejora. No buscamos taparnos nosotros destapando al vecino. No queremos más de lo mismo, sea con un altavoz de Sol o con un micrófono en el Congreso. Queremos algo nuevo, y ese algo nuevo ya está sucediendo.
Guste o no, para cualquier demócrata convencido se le puede poner la piel de gallina al ver la acogida de las acampadas. Quien haya dicho que la juventud española ya no tiene valores miente ya que, ¿qué hay más valioso que seguir respetando los valores democráticos que forjaron la historia reciente de nuestro país?, ¿cómo podemos darle un balón de oxígeno a esta democracia si no es saliendo a la calle, exigiéndola, viviéndola?
Esperamos que este movimiento de los indignados del 15-M se traduzca “vehementemente” en un mensaje definido contra “un acto” concreto. Esperamos que este mensaje cruce las fronteras, tal como ha ocurrido en el mundo árabe para otros países de Europa.
Los españoles no tenemos la culpa que una maldita agencia de rating nos baje la nota para que a nuestro Gobierno se le exija hacer una serie de recortes sociales. Somos la ciudadanía las víctimas. Hoy la ciudadanía española, portuguesa, irlandesa, griega… y mañana la italiana, la belga, la húngara, la francesa.
Revolución, democrática, pacífica y europea. Cuatro palabras que nos llenan de esperanza.

Chikilicuatre y la tercera arista


Llamar la atención.
Es muy difícil en los tiempos que corren llamar la atención de una marca, una idea, una imagen. Ha de perfeccionarse, estudiar el mercado, buscar un tipo de persona concreta.
En la música y en la política pasa igualmente lo mismo.
Hay un tipo de público inconformista e impertinente al que le gusta llamar la atención y finiquitar el statu quo. No es necesario ser friki, ni idealista, ni tan siquiera poseer un argumentario para exponer la diferencia, hay que ser, en esencia, boicoteador, ¿y para qué? Pues básicamente para fastidiar.
Estos últimos años en el Festival de Eurovisión, surgieron artistas anti-Eurovisión, cuyo origen no es otro que criticar la monótona y escasa variedad musical e incluso el método de votación, y que se plantea como una alternativa al resto de los concursantes, a veces con humor y otras, con muy mala uva.
Alf Poier abrió la caja de pandora representando a Austria en 2003. Un hombre especial, ridículo y cómico, en definitiva un artista que no pasó desapercibido y del que se siguió hablando mucho.
Muchos otros lo siguieron, y de hecho, fueron escogidos en los distintos concursos nacionales televisivos. Lordi (ganadores de 2006), Verka Serduchka (2º en 2007), nuestro Chikilicuatre o la islandesa enloquecida Silvia Night (2006) con una canción cuya letra directamente insultaba a los eurofans.
Muchos de ellos quedaron mejor posicionados que las canciones típicas tradiciones, y es que la voz del pueblo manda. En este caso el televoto los catapultó hacia el estrellato provocando un efecto llamada hacia lo soez, lo freak e incluso lo insulso. Algo que hace hinchar la vena a los ortodoxos de este certamen que obviamente se siente boicoteados por el gran público.
Y es que Europa va a la deriva. Otra manera de boicotear es votando, pero en las urnas.
Hay otro sector de la población, no se sabe si más soez o más mal informado que los euroboicoteadores de la canción, pero que también son el reflejo de algo.
El pueblo llano quiere pan y circo. Es muy fácil infundir el miedo a que la UE es un ente perverso, a que el inmigrante viene a robarnos el trabajo o que hay un criminal con turbante a la vuelta de la esquina.
La extrema derecha populista y antieuropea crece como la espuma en lugares en los que nunca había estado presente y con un discurso ultranacionalista que se asemeja en distintos países.
En Hungría acaban de aprobar una constitución ultraconservadora, en Finlandia son ya casi la fuerza más votada o en Dinamarca acaban de pactar con el Gobierno de turno para cerrar las fronteras danesas, justo al contrario de lo ratificado en el Acuerdo de Schengen.
Los inmigrantes, Bruselas, los gays y suponemos que alguna que otra estrella del pop hacen temblar los cimientos sociales y nacionales de estos países avanzados.
El votante desinformado o el votante boicoteador son el target de este discurso. Hay que olvidarnos del viejo esquema rectilíneo de izquierda-derecha (o izquierda-centro-derecha), ya que aquí hay una tercera arista puntiaguda –no digamos tercera vía, que es un eufemismo de Tony Blair que nunca nadie creyó- en lo que se conforma como el nuevo triángulo sociopolítico europeo, donde se sitúan cada vez más ciudadanos: Izquierda democrática – derecha democrática – populismo antidemocrático.
Hay que llamarlo por su nombre, ya que el recorte de derechos que plantea esta fuerza y su discurso vacío de argumentos lo convierte en un (neo)populismo del S XXI en el que hasta ahora era el continente más avanzado e instruido.
Tal como los eurofans pusieron el grito en el cielo con Chikilicuatre, los demócratas nos rasgamos las vestiduras ante el continuo triunfo de esta nueva ideología que ha entrado en juego.
Ver para creer.

Homologar


No se sabe si lo contrario a las homologaciones son las heterologaciones, pero lo que está claro es que no todo el mundo consigue que se homologue su situación personal concreta.
Se homologan procesos de producción para estandarizar los patrones mínimos de calidad. Se homologan titulaciones para facilitar el intercambio de conocimiento. Se homologan los códigos ISO y las medidas del Sistema Internacional. Se homologa todo.
Se homologan ideas y se homologan derechos. El pensamiento único tiene sus pros y sus contras. El principal pro está claro que es que ha triunfado la democracia y el Estado de derecho. Los derechos civiles también se extienden y se estandarizan. Es lógico que toda mujer tenga los mismos derechos que el hombre, que puedan votar las minorías étnicas o que el trabajador tenga derecho al descanso. Es lógico, no es sólo occidental, por eso se nos ponen los pelos como escarpias cuando descubrimos que hay países o democracias de serie B en los que esto no se cumple.
Avanzamos, adaptamos y homologamos.
EE UU es una república federal en la que cada Estado tiene su propio Código Civil. Algunos Estados más desarrollados democráticamente habían aprobado libremente el matrimonio entre personas del mismo sexo y otros, no tan avanzados, directamente lo prohibieron. Hasta ahora por culpa de una cláusula legislativa federal no se podía equiparar el matrimonio de lesbianas y gays en los Estados en los que no se permitía, es decir, una pareja de dos mujeres que se casan en Massachusetts eran matrimonio en Vermont, pero ni tan siquiera pareja de hecho en Texas, Florida o Illinois.
Hasta el levantamiento de esta cláusula por parte de Obama, los ciudadanos LGTB eran ciudadanos de segunda en los Estados que así lo deseasen. Aparte de la discriminación, este trato arbitrario incide negativamente en la movilidad de las familias dentro del propio país y por lo tanto sería un lastre económico para toda el sistema nacional.
En un mundo global en el que no hay fronteras entre los países, ¿cómo podría haber habido hasta ahora fronteras interestatales dentro de un propio país para la movilidad de sus personas?
Inútil y absurdo. Lo ocurrido ahora en EE UU también ocurrirá en el espacio comunitario. Si hay movilidad de personas y los cónyuges de los ciudadanos comunitarios tienen los mismos derechos en cualquier país de la Unión, es ridículo que un matrimonio gay concertado en Bélgica pueda tener validez en Portugal, pero no en Polonia.
No es una cuestión relativa a la Carta de Derechos comunitaria, es una cuestión de los principios rectores de la UE: la igualdad de todos los ciudadanos va más allá de los Códigos Civiles nacionales. O cambian cada una de las legislaciones, o bien, habrá que buscar una forma de homologar la diversidad de familias que vivimos ahora en Europa.
Homologando lo homologable. Aumentando en derechos. Progresando, en definitiva, para que las barreras mentales se vayan derrumbando. Sólo así se construye Europa, y quien dice Europa, dice los EE UU y el resto del mundo.

Por qué deberías cobrar más


Deberías cobrar más por muchos motivos. El primero de todo es porque te lo mereces como profesional. La mayoría de los puestos de trabajo de este país están sub-pagados porque hay un desequilibrio de la oferta y la demanda en la mano de obra.
Deberías cobrar más porque es un derecho. Todos los actores sociales –gobierno, sindicatos y patronal- tienen la obligación moral de satisfacer las necesidades básicas de cada individuo, de cada trabajador.
La Constitución, el Estatuto de los Trabajadores y la Declaración universal de los Derechos del Hombre ratifican que todos tenemos derecho a trabajar y a recibir un salario justo.
Deberías cobrar más porque trabajas más. Hay un coste de tiempo, esfuerzo y rendimiento que no se ve reflejado en la mayoría de los empleos. Una persona desde que sale de casa hasta que llega al trabajo invierte su tiempo gratuitamente hacia el proyecto empresarial de su jefe. El transporte tiene un coste no asumido así como también la dichosa plusvalía, es decir, el tiempo trabajado en horas extra que no se computa en el salario.
Plusvalía es 5 minutos trabajados cada día sin recibir nada a cambio. Es un aumento de la producción a coste 0 (patatero) para el empresario. 5 minutos trabajados gratis cada día es una plusvalía de 3 días al final del año para el jefe.
Deberías cobrar más porque la economía nacional se reactiva. Un empleado con más salario es un consumidor con más poder adquisitivo. Un consumidor con más capacidad de compra es mayor facturación para la empresa. Mayor facturación es expansión y, cerrando el ciclo, es más salario.
Deberías cobrar más porque así el Estado recauda más y los servicios sociales mejoran. El más justo de los impuestos es el impuesto a la renta, que grava las rentas más altas. A mayores rentas, mayores ingresos para fines sociales.
Deberías cobrar más para aliviar la presión fiscal hacia las empresas. Si no es por activa es por pasiva. Si la población no tiene suficientes recursos el estado ha de aumentar los impuestos a las empresas y la actividad empresarial se ve ahogada.
Deberías cobrar más porque las empresas ganan más. La mayoría de las empresas tienen ganancias que se convierten en dividendos hacia la élite de la corporación y no en salarios para la fuerza de trabajo. Es un fallo de la filosofía empresarial de este país que nunca implica al trabajador en el proyecto de la compañía.
Deberías cobrar más porque nos tenemos que igualar al nivel europeo en todos los sentidos, incluida nuestra capacidad adquisitiva.
Deberías cobrar más porque eres capital humano y no coste laboral. Vales mucho. Tienes una formación y una experiencia que aporta un know-how a la empresa único. Este capital humano tiene un coste para el directivo de la empresa. Eso es lógico y nadie lo duda, pero es primero el valor que aporta ese trabajador (el beneficio) y luego viene el coste.
Deberías cobrar más porque los números no cuadran. En este país sólo trabaja el 80% de la fuerza de trabajo, pero seguimos estando en el top 10 mundial de PIB y la riqueza del país sigue siendo una de las más altas, ¿dónde está?
Deberías cobrar más porque los números sí que cuadran. Si trabajas 8 horas al día y multiplicas tu salario x 3 te das cuenta que tú, que tu vida y que tu tiempo vale mucho más.
Puede parecer simplista y demagógico. Puede parecer una visión parcial del mercado laboral… pero no nos engañemos. Algo falla a la hora de calcular el valor del trabajo en este país.

Todos menos los inmigrantes


Ante la ley, mi derecho es tu derecho, mi derecho es tu obligación, tu derecho es mi obligación.
La relación directa entre derechos y obligaciones no ha hecho otra cosa sino estecharse con el progreso y avance de los años. Ambas son consecuencia de la responsabilidad de toda la ciudadanía.
Somos personas físicas y jurídicas cada vez más maduras en un sistema que no es así porque sí, es así porque ha evolucionado y crecido como el buen saber humano le ha dejado. Esto es aplicable a la legislación, la economía, la ciencia, el consumo o la educación. Esta evolución es lo que se conoce como progreso y es, como decimos, una evolución y no una involución.
Ha habido, pues, una evolución de la sociedad a favor de todos y cada uno de tus derechos de los que puedes disfrutar en relación directa al grado de responsabilidad que tienes con tus semejantes, que todo sea dicho, es altísima.
Se oyen quejas. Sin quejas no habría esta evolución. Quejémonos, pero sin amargarnos, ya que a veces se nos olvida hasta dónde hemos llegado o hasta dónde nos han traído.
Hoy en día se oye que el papel de la mujer se ve ninguneado por un machismo primitivo y que la violencia de género es el peor de los males. Es cierto que aún hemos heredado un machismo ibérico de Cro-Magnon, pero ya nos hemos hecho suficientes lavativas y hoy la mujer goza de los mismos derechos o más, en el caso de iniciativas de discriminación positiva, que el hombre. Progreso es avanzar dentro de casa para garantizar, por ejemplo, legal y económicamente la maternidad, pero nuestros ojos se han de dirigir allá –fuera de casa- donde la mujer aún no ha llegado a nuestro nivel de progreso.
Hoy se dice también que la juventud está puteada en la peor generación perdida de Ni-Ni’s. Decir esto en un país con una tasa de alfabetización del 99% es un insulto. Afirmar esto cuando toma el relevo del país la primera generación formada en el sistema de educación público, universal y gratuito es otra incoherencia. Queremos alcanzar la luna sin tan siquiera tomar impulso y nos olvidamos de la generación de nuestros padres que no tuvieron ni la mitad de lo que tenemos nosotros, y que –dad todos por hecho- lucharon como fieras para darnos estos privilegios.
También dicen que la clase trabajadora sufre la primera involución de derechos. Pues que digan en dónde se plasma una limitación de derechos. Quizás sea que toca responsabilidad, que toca remangarse y transitoriamente reorientar la economía. Facilitar el despido, rebajar el salario a funcionarios, trabajar hasta los 67 son obligaciones colectivas para seguir disfrutando de los derechos laborales y del bien común, que no han dejado de aumentar desde el primer sindicato hasta hoy.
Nos limitan los derechos privados y políticos. Vale. Gracias a la tecnología el activismo del individuo puede aumentar exponencialmente. Un muerto y un ciberataque acaban de llevar a Túnez a una transición democrática. Estamos más vigilados todos, los ciudadanos anónimos y también la delincuencia, que no ha dejado de reducirse las últimas décadas, todo sea dicho. Tu propiedad privada está más garantizada que nunca, tu intimidad también, y hay que enfatizar aquí un “a pesar” de la tecnología. Pero esto, una vez más, son las obligaciones que tenemos que soportar para tener derecho a la seguridad, a la comunicación, a la integridad.
Y así todo: Contaminación y derechos medioambientales que no existían hasta la contaminación. Derechos del niño. Derechos de lesbianas y gays. Derecho para practicar tu religión. Derecho para disfrutar de tu cuerpo, de tu mente. Derecho a hablar y a callar. Derecho al aire limpio en un espacio público. Derecho a comprar y derecho a escribir todo esto.
Hablábamos de la obligación con el semejante. No le quitemos la ciudadanía a aquéllos que sí que han visto reducidos sus derechos y no nos quejemos por quejarnos sin mirar hacia atrás. Sin mirar hacia adelante.
El inmigrante en Occidente tiene muchas obligaciones y hay sectores que buscan una involución de sus derechos: criminalizar su situación, prohibir su religión, no permitiendo que las mujeres escojan su atuendo, no dejándoles votar, no dejándoles trabajar, pidiéndoles la documentación por su color de piel y mandándoles guardar cola en la fila de al lado.
Si quieres progreso, arrima el hombro.

Ha pasado, lo has visto


Para que una empresa tenga éxito ha de marcar un claro business plan. En ese plan ha de detectarse su target y dirigir su producto o servicio a un nicho de mercado concreto.
¿Nicho? Hay un sinfín de nichos de mercado y en cuanto a los medios de comunicación también hay que pasar de un puñado de canales generalistas a un contexto actual en el que las televisiones se tematizan y se dirigen a distintos nichos de mercado que marca la audiencia.
Con la televisión de pago hay (in)finitos canales en el que el televidente –usuario que ha pagado- podrá escoger el que más se ajuste a su perfil y preferencias.
La TDT es un paso intermedio entre la plataforma analógica de 5 canales de hace décadas a una plataforma futura de televisión a la carta. Con la TDT conseguimos –tras abono obligatorio del aparato para que no nos pillase el apagón- disfrutar de decenas de canales de forma gratuita.
Ahora bien, ¿es real esto de la televisión a la carta?, ¿conseguimos que cada cadena encuentre un nicho de mercado para un target definido?
Se intenta, pero nos dejan a medio camino…
La TDT ofrece canales de ocio, de series, de telerrealidad, de deportes. Cadenas de humor y cadenas de malhumor facha, canales públicos y canales privados.
Los públicos tienen la obligación de ofrecernos un servicio público de información veraz y neutral: RTVE y los autonómicos. Los privados sí que se pueden orientar hacia auténticos canales temáticos, siempre y cuando su proyecto sea viable.
CNN+ era el único canal privado que la plataforma digital de la TDT ofrecía en todo el territorio nacional de noticias e información 24 horas. Tras la compra de Telecinco, y con pérdidas acumuladas desde hacía tiempo, el proyecto de CNN+ no resultaba rentable y desapareció, o mejor dicho, fue sustituido por el canal de Gran Hermano 24 horas, lo cual dice bastante del cambio.
No es que Telecinco, la cadena amiga, sea un gigante que busque destruir cualquier ápice de conocimiento e información para la sociedad española, lo que pasa es que es una empresa privada que busca un beneficio, y un canal como CNN+ no daba esos beneficios.
Sin embargo, muchos nos negamos a creer que un canal privado de noticias en la TDT sea inviable.
Las únicas opciones que le quedan al ciudadano que decida consumir información en su televisor, a cualquier momento son, o pagar, o si no, ver canales públicos (TVE 24H y otros autonómicos similares) tutelados nos guste o no por el gobierno de turno.
De toda la audiencia, tienen libertad los adolescentes pop para ver la MTV, los conservadores para ver Intereconomía, pero no hay agallas de ningún ente privado para lanzar un canal de noticias abierto a todo el mundo, con información de calidad y reportajes de actualidad.
Iñaki Gabilondo conseguirá introducirse en otro medio de comunicación, tal como hizo en su día la también presentadora de CNN+ Letizia Ortiz, y otros muchos profesionales que conformaban la cadena.
Pero el que pierde, una vez más, es el público que hace zapping saltándose la telebasura y que finalmente acaba apagando el televisor. Menos mal que nos queda RTVE para ahora e internet para siempre.

Mientras no se globalice todo...


¿Sabíais lo que es un datáfono?
Es el aparato que usan los dependientes y prestadores de servicios en el punto de venta para que el cliente pueda pagar mediante una tarjeta de crédito. Constantemente estamos pasando la tarjeta por datáfonos y olvidándonos de si tenemos suelto o no.
Conversación real en la cola de una caja en un punto de venta:
A: Pero, ¿en serio que tengo que firmar? El banco me ha dicho que con esta nueva tarjeta ya no era necesario firmar ningún ticket…
B: Depende del datáfono, señora. Algunos les basta con el chip, pero otros nos obligan a comprobar los deneíes y pedir la firma, como siempre.
A: Siempre nos mienten y nos marean los bancos con sus inventos…
B: Ya… yo la entiendo, pero mientras que no se “globalice” tendremos que convivir con los dos sistemas. Lo siento.
Y así es la percepción de la realidad por parte de la sociedad actual. ¿Querría decir la dependienta “generalizar” en vez de “globalizar”? Seguramente hubiese tenido un lapsus, pero no iba muy desencaminada.
Hoy en día todos los productos están expandidos por todo el ancho del planeta. Cada vez más hay una sola sociedad de consumo, con todos sus pros y todos sus contras.
Lo más increíble de este proceso globalizador es que ha sido tan corto que para muchos aún no tiene un significado desarrollado en su lenguaje diario. Lo que está claro es que está ahí y que es unidireccional.
Se han globalizado los datáfonos, el cine y google, la política y la economía, el calentamiento global y la lucha contra la pobreza, se ha globalizado Zara y al-Qaida. Hoy en día, todo es global e incluso nuestra propia existencia en el mundo.
Sólo basta alzar la vista y ver la etiqueta de diez objetos que haya alrededor, darles la vuelta y ver su etiquetado, su marco CE y su procedencia. Globalizado y transnacional. Tus pantalones han sido diseñados en algún país europeo, con capital americano, con materia prima africana y mano de obra asiática.
Tus noticias diarias globalizadas, tu facebook globalizado, tu concepción del mundo globalizada y tu futuro también globalizado.
Ante este panorama –para muchos desolador- hay que saber hacerle frente y sacarle provecho.
Somos ya casi 7 mil millones de ciudadanos que vivimos en red y en interdependencia unos de otros. Cada una de las partes en este juego ha de beneficiarse de la forma más justa de un intercambio comercial sin fronteras, donde no se pueda frenar únicamente los productos, sino tampoco las ideas. Un mundo global sin fronteras donde tengamos la información de qué pasa al otro lado y donde, por supuesto, nos incumba.
En este mundo tal como vivimos ya en la segunda década del S XXI, no hay que quedarse llorando al pensar eso de “Todo tiempo pasado fue mejor.” La globalización ha de mejorar la forma de pagar con tarjetas de crédito, los derechos, el bienestar y tu vida también.

Los supersónicos y nuestra visión de futuro


Casi tienen 50 años y Los Supersónicos ya han dejado huella a varias generaciones de niños. Hanna-Barbera son inconfundibles por el trazo de sus dibujos y por siempre jugar con el factor tiempo para ambientar la imaginación de los chavalines en otros lugares.
En el caso de nuestros amigos Supersónicos, la trama tiene lugar en 2063 y el futuro es, como siempre que nos lo imaginamos, bastante bizarro.
Siempre se creyó que en el año 2000 íbamos a tener coches voladores, y francamente, una década más tarde seguimos sin poder volar para ir al trabajo, pero sí que podemos volar para ir en casi cualquier momento a casi cualquier lugar del planeta. También tenemos internet y vivimos en la era de la información; algo completamente inimaginable hace más de 15 años.
Es curioso cómo es la vida en el futuro según los guionistas de Hanna-Barbera. Es utópico, positivo y divertido. Una maravilla para el aprendizaje y entretenimiento de los niños.
Todo es automático y la robótica forma parte del día a día de la gente. No se imaginaban en su día lo maravilloso que es hoy la informática, pero para ellos todo es digital y todos los inventos son manuales. Con grandes botones, todo sea dicho, como eran en la década de los 60’s.
Hacían ejercicio de dedos y tenían pasillos mecánicos en la propia casa, en las aceras o en los despachos para no caminar. Sus coches sí que volaban y con razón, porque viendo la proyección vertical de la vivienda en la década en que nacieron los dibujos se creía que en el futuro las casas seguirían siendo unifamiliares (como es el modelo anglosajón) pero colgantes sobre las nubes.
La productividad era tan eficiente, que únicamente trabajaban tres horas, tres días a la semana.
Vagos o con calidad de vida. Todo depende del prisma en que se analicen los Supersónicos, pero desde luego eran muy felices y daban ese mensaje a los niños: el futuro será mejor y viviremos todos en paz.
Repetimos que iniciaron su emisión en 1962 y acertarían en la existencia de vídeoconferencias, pero desde luego, se equivocaban en la idea del papel que jugaría la mujer en el futuro. Las amas de casa seguían sin trabajar y seguiría siendo el varón el que traía el pan a casa, en un modelo familiar tradicional.
Lo mejor de todo es que los dibujos no eran patrióticos a pesar de que se hiciesen en plena Guerra Fría. Maravillosos años 60’s… De hecho, a partir de la 1973 y la crisis del petróleo cambia la visión global del mundo, y nos volvemos pesimistas.
Pasamos de la visión de vida futura de los Supersónicos a tener una supuesta conciencia de los problemas globales: habrá guerras, hambre, sobrepoblación, contaminación, no habrá recursos energéticos y un largo etcétera.
Bien deberíamos mantener la idea utópica de un mundo mejor de la familia Supersónica y pensar cómo llegar a un escenario donde las preocupaciones sean sólo triviales, donde haya recursos para todos y donde, en definitiva, todos y todas podamos ser felices.
Si nuestro presidente, por ejemplo, no se hubiese olvidado de estos dibujos animados de su infancia, hubiese sabido que una de las mejores maneras de alcanzar este status es invertir más en robótica, domótica e I+D. Asignaturas pendientes de inversión en nuestro país, en el que tenemos capital humano y mano de obra más que suficiente para dar el salto, co-liderar un proyecto europeo de gran calibre y poder hacer un poco de frente al Extremo Oriente.
Menos mal que tenemos a los japoneses. Estos sí que no se perdían ni un sólo capítulo de la serie.

El libro ha muerto, ¡viva el libro!


La ciencia ficción siempre ha sorprendido a todo el mundo en su momento de publicación. En la película Fahrenheit 451 de François Truffaut (1966) se recrea una sociedad futurista donde los libros están prohibidos, la gente no puede leer y el poseer cualquier ejemplar era delito y tenían que ser quemadas todas sus páginas. En esta obra se narra la nefasta idea de que en el futuro se prohibiría la literatura porque leer hace pensar, sentir, entristecerse y aísla al individuo del resto de la sociedad.
Afortunadamente hoy se sigue leyendo. Todo es lectura porque todo es comunicación. Hay que leer para trabajar, para desplazarnos, para buscar y encontrar, para actualizarnos, para saber de la otra persona.
Esto es la sociedad de la información, y la información son imágenes, pero también palabras.
Una novedad ha sido recientemente la aparición del libro electrónico o eBook. Se trata de un reproductor de lectura, como podría ser de vídeo o música, pero donde se puede almacenar toda una biblioteca personal en un solo aparato.
Se ahorra espacio, se salvan árboles, se hace accesible cualquier autor, se lleva consigo y apenas gasta energía porque sólo se consume la batería pasando de página electrónicamente, es decir, de pantalla.
Intenta simular un libro, con su forma, peso y tamaño, e incluso con la luz de la pantalla para que parezca una hoja de papel.
Sin embargo, no nos engañemos, un libro electrónico no es un libro.
Un amante de los libros es un amante de la literatura. Un lector de eBook puede ser un gran amante de la tecnología, pero quizás sin pasión literaria. Y esto ha sido un error de cálculo marketiniano por parte de las empresas productoras de estos dispositivos y de las editoriales que quieren dar el cibersalto sin red.
El target de cualquier obra literaria clásica o moderna adora el libro, con su cubierta, con sus páginas, su olor y estantería. Un consumidor que seguirá gustando del libro de toda la vida.
Quien compare los libros con la digitalización de la música se equivoca porque el formato musical sí que evolucionó por sí solo todas estas décadas: disco, cassette, CD, mp3, ipod, playlist on line… pero la música es dónde y el libro es cómo. Además, se siguen vendiendo vinilos, todo sea dicho.
Con esto no hay que menospreciar el libro electrónico: puede tener grandes ventajas a nivel de investigación y estudio, guardando grandes volúmenes de enciclopedias, manuales y libros de consulta en un par de dispositivos.
Ahora bien, a nivel ocio, a nivel disfrute literario, el libro no ha muerto ni morirá. A cualquier persona lectora se le pone la piel de gallina con la vaga idea de un mundo sin libros como en Fahrenheit 451.
Así pues, tendrá el eBook un ciclo de vida como cualquier otro producto, y se comprarán, y se le podrá sacar el máximo provecho, pero tendrá un fin. Y aparecerán otras formas de lectura electrónica que convivirán de la mano con el libro de toda la vida.
Lo bonito de esto es que se demuestra que el ser humano sigue siendo humano mientras que haya teatro, lápices, tambores y libros por los siglos de los siglos. Amén.

Compartimentos estancos

Los compartimentos estancos son espacios delimitados, cerrados e incomunicados. Lo que se coloca en un compartimento estanco no se puede mezclar con los otros elementos externos al compartimento, eso sí, siempre que la finalidad sea que no se mezclen.
Agua y aceite.
En nuestra geografía urbana se intuyen ciertos compartimentos estancos por zonas o barrios. Hay en cualquier zona metropolitana que presuma de más de 50 mil habitantes, una zona, la más rica, en la que las rentas más altas viven, trabajan y crecen. Hay otra zona, la más reprimida, donde las clases más bajas malviven, trabajan también y crecen todavía más.
Entre ambas zonas hay muchas otras zonas no etiquetadas, de clase media. Lo curiosos es que entre el más rico y el más pobre tan sólo hay un par de kilómetros. Por mucho que lo intenten, es imposible delimitar compartimentos estancos entre barrios como si la ciudad fuese Berlín, Jerusalén o Nicosia. Es imposible
A nivel macro sí que se puede hacer. Ese gran invento humano, el de las fronteras, que crean países, marcan territorios, recrean sociedades y homogenizan culturas.
Un deleite.
Las fronteras marcan grandes contrastes. Un factor de riesgo es que entre dos países fronterizos las diferencias lleguen a extremos. En el sentido más económico hay grandes desniveles entre países vecinos.
El mayor de todos casualmente es el de la frontera de las dos Coreas, que divide a un país como Corea del Sur que es 25 veces más rico que su hermano comunista del Norte, y todo ello hablando en términos de renta per cápita.
El segundo lugar del mundo con una diferencia tan abismal es entre Israel y Egipto (Franja de Gaza), donde la diferencia asciende a 15 veces más ricos los israelíes que los árabes.
Otro ejemplo sangrante es EE UU y México, donde la diferencia es de hasta tres veces, pero aunque mucha gente crea que esta larga frontera es la vergüenza mundial, hay que remarcar que no ocupan el tercer puesto en ránking de diferencias económicas fronterizas. No hay que ir tan lejos, y la frontera no es tan grande, sólo unos kilómetros.
El tercer puesto, pues, lo ocupamos los españoles, que tenemos frontera con Marruecos y somos 7 veces más ricos que los vecinos magrebíes (concretamente 7,39).
Esto ayuda a entender aún más la problemática entre un país que está en otro continente, que tiene otra cultura, otros objetivos de política exterior, otra forma de entender el progreso, y como no, otros ingresos. No obstante, tenemos que labrar una apacible convivencia con los vecinos marroquíes, de máxima colaboración y ayuda mutua.
No es para desarrollar en este punto el papel que juegan las plazas de Ceuta y Melilla o el Sáhara Occidental, pero hay que matizar que ambas ciudades fueron fundadas por castellanos y portuguese antes de que Granada fuese tomada por los cristianos y que nunca fueron marroquíes; y bueno, el caso saharaui es el de la eterna reivindicación de su autodeterminación. Pero aquí estamos hablando de las diferencias económicas entre dos países fronterizos, entre los que la gente se mueve.
Lógico que los habitantes del Rift se hacinen en los pasos fronterizos para buscar mejores oportunidades. Normal que intenten cruzar el estrecho. Claro que es vergonzoso que el español medio tenga la misma riqueza que 7 marroquíes.
Si los ricos no fuesen tan ricos y los pobres tan pobres, no existiría el conflicto social; y eso es sabido por todos. Lo que no todo el mundo sabe es la gran mentira de que España, o cualquier país, sea un compartimento estanco, porque ahora más que nunca somos como una sóla ciudad donde forzosamente las distintas clases han de convivir y mirarse a la cara.

Paz global: sonríe porque las guerras se van a acabar


En la II Guerra Mundial murieron 61 millones de personas y el 73% de las bajas fueron civiles. Desde entonces y tras medio siglo, las guerras, las muertes de guerra e incluso el gasto militar ha descendido proporcionalmente, lo cual nos lleva irremediablemente a un mundo más pacífico.
Actualmente el gasto militar en la mayoría de los grandes países se sitúa bajo el 4% del PIB. Sencillamente, si no hay guerra, el Estado tiene que gastar en las otras demandas y necesidades de la población. Es simple.
Desde el fin de la Guerra Fría el gasto militar en los países occidentales descendió estrepitosamente, hasta la Guerra de Irak, que como todos sabemos, implicó una partida presupuestaria inmensa, con la que nuestros amigos de la Administración Bush no contaban.
Cuantitativa y cualitativamente las guerras se están borrando. Las sigue habiendo, y siguen siendo el mayor de los males de nuestro planeta, la mayor de las vergüenzas, una patada de rabia en la boca del estómago, pero son cada vez menos y menos, y los señores de la guerra intentan que sean “menores”.
Desde las dos últimas décadas las guerras se viven en directo. Siempre hay un cámara que reporta desde la trinchera. Cuanto más implicados estén los países occidentales, más posibilidades de crítica hay desde la opinión pública, y, por ende, la guerra ahora ha de ser no sólo televisada, sino humana, rápida y libertadora.
Televisada… todos nos habíamos acostumbrado a comer o cenar con las imágenes de la guerra.
Humana gracias a la tecnología, esto es, evitando el mayor número de bajas militares y eliminando las bajas civiles (o intentándolo). La guerra ya no es cuerpo-a-cuerpo, sino satelizada y dirigida hacia objetivos militares. Los bombardeos ya no son contra la población civil, y ahora sí que se avisa con octavillas… Los civiles ya no son enemigos, sino amigos, y nuestros soldados son profesionales, con lo que, que mueran, es un coste evitable y si mueren civiles es un suicidio político. Recordad, lo están grabando todo.
Ha de ser rápida; cuanto más larga, más cara y menos humana. También ahora es libertadora, y tras la guerra, si ganan los “aliados” eso sí, es por el bien de todo un pueblo.
Todo esto suena contradictorio, ¿verdad? Claro que lo es, y es por ello que las guerras se están acabando por sí solas.
En la actualidad, ya no se invaden países, aunque hasta hace una década era normal. No obstante, no podemos obviar los casos de Irak, Afganistán y el conflicto palestino-israelí. En el caso iraquí fue una guerra ilegal; en el afgano, una guerra respaldada por la ONU; y en el caso de Palestina, sería el único en la actualidad que se correspondería con el viejo modelo del país grande se come al pequeño.
Hay guerra civil en Somalia, Sudán, Chad y Pakistán. Nos encontramos con movimientos insurgentes en el Cáucaso de Rusia, India, Filipinas, Cachemira, Magreb, Pakistán, Yemen, Tailandia y Kurdistán. Y se habla de “narcoguerra” en Colombia y México.
¿Parece mucho? No lo parece: ¡Lo es! Pero estos 18 conflictos actuales que acabamos de nombrar son extremamente mucho menos de cómo estaba el planeta en los 90s y más atrás. En aquel entonces había guerras en los cinco continentes: Europa del Este, América Latina, el Sudeste Asiático, Oriente Medio y Todo el continente africano morían de Guerra.
Antes la guerra era buena, la gente la apoyaba, era una bendición, vendíamos armas a todo el mundo y nos armábamos hasta los dientes por si nos atacaban. Hoy nadie ataca. Hoy firmamos tratados para reducir las armas. Hoy todo el mundo odia la guerra.
Recordemos que por motivo de la Guerra de Irak todo el planeta se había movilizado, desde Nueva York hasta Seúl. Hoy sabemos una vez más que había sido un error, lo cual es bueno.
Los ejércitos podrán vigilar únicamente los conflictos globales latentes que seguirán existiendo, pero Nunca Más una guerra en mi nombre ni en nombre de mi país.
Así pues, ahora que todo lo ves, que todo lo votas, que todo lo pagas, que todo lo lloras, que todo lo gritas, sonríe porque las guerras se van a acabar.

Hasta los 67 y más allá


Clases de ciencia.
Ejemplo 1: Bañera con el agua corriendo no se llena. Se pone un tapón y se llena hasta desbordar.
Ejemplo 2: Frutero con una docena de manzanas, cada día como dos y repongo una. El frutero se quedará vacío.
Ejemplo 3: La esperanza de vida se alarga por los avances médicos y sociales, la población se envejece porque duramos más, pero los nacimientos se reducen. El sistema de pensiones se desequilibra porque hay un trabajador por cada dos jubilados.
España está en la cabeza de los países envejecidos, y de hecho, podríamos empezar a padecer un crecimiento negativo si no fuese por la población inmigrante recién llegada la última década.
Es tan sencillo como un problema de 3º de Primaria. La esperanza de vida se ha alargado estrepitosamente en el mundo, mucho más en los países más avanzados. Ello es debido a todas las mejoras que hemos visto a lo largo del S XX, en todos los terrenos, tanto laboral, alimentario, educacional, científico, social, etc. De hecho, con 80,9 años somos el 5º país del mundo más longevo y el 1º de toda la UE.
El problema es que con una tasa de fertilidad de 1,31 hijos por mujer, no conseguimos llegar a la renovación generacional y el crecimiento vegetativo incluso acabará siendo negativo.
En definitiva, nuestro bienestar que incentiva vivir hasta la eternidad y no tener hijos, económicamente es insostenible. En las próximas décadas se podrá llegar a tener más población jubilada que activa, lo cual es directamente inviable en un sistema social de pensiones.
Para rizar el rizo y agravar la situación, sólo hay que echar un vistazo a la población activa desempleada y a la edad en que los jóvenes de este país acceden a su primer empleo, o dada la economía sumergida y para especificar, a la edad en que éstos comienzan a cotizar, que en definitiva es de lo estamos hablando.
No, no salen las cuentas. Comparando el país en 2010 y 1985 vemos las diferencias, que aunque parezca que fue ayer, créanme, no lo es en absoluto.
En 1985 vivíamos hasta los 73, jubilándonos a los 65 y comenzando a trabajar a los 18. Ergo, 47 años trabajados para el disfrute de 8 años en Torremolinos.
En cambio en 2010 viviremos hasta los 80 (suma y sigue porque cada vez es más común ser centagenario), incorporándonos al mercado laboral a la media de 25 años. Jubilándonos como hasta ahora, habremos cotizado sólo 40 años para el disfrute mínimo de 15 años o más.
Esto es cotizar –y recaudar- un 14% menos que 1985, para el disfrute del doble de años que viven ahora los pensionistas en su período de jubilación y que en las próximas décadas seguirá en riguroso aumento.
Pues lo dicho, las cuentas no salen, y lo peor de todo ha sido la respuesta ciudadana y sindical para un problema que el gobierno prevé a varios años vista. Para una vez que el Ejecutivo toma una decisión para el largo plazo, sale nuestro instinto egoísta e irracional y el “no me gusta trabajar” para protestar con un “hasta los 67 que trabaje tu (pitido) (pitido)”.
Incluso con esta medida el sistema de pensiones sigue peligrando y no todo el mundo tiene un plan de pensiones privado, ya que como trabajadores se nos debe garantizar este beneficio al tener una cotización obligatoria y pública en la Seguridad Social.
En Alemania la jubilación ya es a los 67, en los EE UU a los 66 y en el resto de los países occidentales a los 65, salvo en Francia donde es a los 60.
En España la vamos a tener que subir dos años (hasta los 67) y en la república francesa también, es decir, dos años hasta los 62.
Cuando se nos toca el bolsillo salimos a la calle, siendo 2 millones de personas las que se manifestaron contra esta medida en París, y siendo sólo un par de decenas de miles que protestaron contra las expulsiones masivas de romaníes por parte del gobierno galo una semana antes.
Si esto es la única movilización que pueden convocar las organizaciones sindicales, sociales y de color progre, paren el tren, que yo me bajo.

Asociaciones necias, oídos sordos


El asociacionismo es una nueva forma de acción política y ciudadana en un escenario como el actual, en el cual hay una multitud de actores con deseos de influir en la toma de decisiones gubernamentales y en la activación de movilizaciones civiles. Son lobbies y grupos de presión que más que ningunear el sistema democrático son un avance, un paso firme para su fortalecimiento.
Los movimientos sociales y asociaciones dotan de mayor legitimidad lo que ya es a día de hoy una red de poder, en la que cualquiera de nosotros puede por fin participar de forma activa o pasiva.
De forma activa es colaborando; de forma pasiva es dejando pasar… Y no siempre hay que dejar pasar. Los movimientos más radicales, por naturaleza, no son constructivos, no crean debate sino provocación, son destructivos con la democracia y el sistema creado y acordado entre todos los ciudadanos.
Sin ánimo de negarles la voz, lo cual es un derecho irremplazable y digno, hay que alzar la mano y embestir un alto a sus derivas radicales, violentas, y por qué no decirlo, “necias”.
No es cuestión de caer en el insulto fácil, pero algunas de las acciones con más eco de los extremistas son necedades que hieren la inteligencia del resto de los ciudadanos.
Y al hablar de extremos, nos referimos a todos los extremos, de arriba abajo, de izquierda a derecha. Todos.
Por ejemplo, en un extremo tenemos el caso de los pro-taurinos con todos y cada uno de sus argumentos naïf que no tienen ningún sentido y –como decíamos- hieren la inteligencia. La última joya, ante la prohibición de las corridas en Cataluña, es que quieren llevar al TC la constitucionalidad de esta norma. Señores de la derecha, si no le gustan las decisiones del pueblo, por favor aguántense, pero el TC no es ningún basurero de frustraciones neocon. Les explico que la Constitución recoge el derecho de disfrutar del medio ambiente y la obligación de respetarlo, y añadimos, con toda su fauna y toda su flora nacional. Las CC AA tienen competencia para legislar sobre el trato a los animales, así que ya saben lo que dirá educadamente el TC: Tururú (¡)
Peor todavía son las asociaciones identitarias radicales, mayoritariamente de jóvenes, que perdieron el norte de lo que en su época sí era una lucha democrática y constructiva.
Son grupos minoritarios de extrema izquierda independentista, que recorren las calles de Santiago de Compostela, Donosti o Barcelona y cuyo ruido ensordece la voz de lo que sí que podría ser una lucha justa.
¿Cómo se puede tener la sangre fría y la falta de tacto, de comparar cualquiera de estas CC AA con Palestina, Sáhara Occidental y recientemente Kosovo? ¿nos hemos vuelto locos o qué? En fin, ¿acaso hay refugiados catalanes hacinados en tiendas de campaña al otro lado de los Pirineos?, ¿ha bombardeado Madrid a la ciudad condal con bombas de racimo? ¿hay alguna limpieza étnica contra los euskaldunes?
Cualquier comparación al respeto, aunque se enmascare de solidaridad antirrepresiva, es únicamente una forma de tergiversar la verdad y burlarse de las auténticas víctimas.
Necio también es apoyar a colaboradores de ETA en nombre de la independencia catalana y en contra del Estado español, hablar de lucha y resistencia contra concejales electos democráticamente, hablar de amnistía a presos políticos en un país como el nuestro, todo ello es una vez más, no sólo necio, sino un acto de irresponsabilidad, camorrista y mercenario. Como igual de irresponsable, camorrista, mercenario y necio es ser una auxiliar admininstrativa del Ajuntament de Terrassa, beneficiarse del cargo para entrar en los archivos de la DGT, facilitar una matrícula de un concejal del PP, dársela a ETA, y que ésta le ponga una bomba-lapa para acabar con su vida.
Para asociaciones necias, ya se sabe: oídos sordos…

Frío - calor


Nuestro planeta es inmensamente fantástico y diverso en todas sus latitudes. El ser humano ha sido capaz de hacer frente a las inclemencias más extremas y poblar casi cualquier paraje de los cinco continentes.
Esquimales y tuaregs, monjes tibetanos y rapanuís de Pascua. ¿Cómo hemos llegado a todas las esquinas del globo?
Los puntos extremos son los más sorprendentes, y si bien ahora parece que el clima nos está devolviendo el guante, hemos sido capaces de adecuar nuestras necesidades a cada una de las meteorologías concretas de cada lugar.
Aún así hay que echar un vistazo a la posible relación directa entre clima y riqueza.
De esta manera es una contradicción que una población rodeada de tundra y cercana al círculo polar tenga mejor calidad de vida que otra población cercana al ecuador y rodeada de una infinidad de recursos naturales.
¿Acaso nos hace espabilar el frío para sobrevivir y maximizar nuestros pocos recursos? Pues en parte sí.
Hagamos una pequeña comparativa de temperaturas. Cojamos las 5 ciudades principales de los países con mayor renta per cápita del planeta (Oslo, Sidney, Reykiavik, Toronto y Dublín) y contrastémoslas con las 5 más pobres (Niamey, Kabul, Freetown, Bangui y Bamako). Las ricas tienen una temperatura media anual de 9ºC y las pobres 24,4ºC.
Hay posiblemente una explicación histórica y social a esta diferencia. Los países fríos han sido libres durante más tiempo, mayoritariamente provienen de una tradición liberal de pensamiento, política y religión; y como no, un pasado pacífico. En contraste, los países calientes han estado colonizados, han sufrido violencia interna extrema y no ha habido una tradición autóctona de libre pensamiento y progreso.
Sin embargo, nos encontramos con zonas del planeta que han tenido prácticamente la misma historia, religión, poder político o progreso, y que aún así siguen respondiendo a esta dicotomía.
En América las zonas más desarrolladas están en Norteamérica y el Cono Sur (Santiago-Buenos Aires-Montevideo), en contraste con la pobreza tropical, que se acentúa y lleva al extremo en Centroamérica. Es más, en los EE UU las diferencias se acentúan enormemente entre estados más fríos como Washington o los estados de Nueva Inglaterra que tienen mayor calidad de vida que los más calurosos Mississippi, Alabama o Luisiana.
En la Unión Europea estas diferencias también se pueden contrastar entre un norte helado y rico y un sur caliente y pobre. Destaca por ejemplo Italia, un mismo país, con una Italia prealpina extremadamente rica en contraste con su Sur más limitado.
España no es la excepción. Pensemos en el clima de Donosti o Pamplona, que gozan de la mayor calidad de vida y del tiempo en Extremadura, cuyo desarrollo es el más reciente del conjunto español.
En los climas fríos, la población es mucho menor y las relaciones humanas escasean más, lo cual unido a la necesidad de buscar los recursos que la naturaleza no da, llevan a un mayor progreso humano. En las zonas más calurosas se daba, no obstante, lo contrario.
Aunque el clima no es determinante, sí que hace que podamos confundir dos mapas mudos, uno económico y otro climatológico. Hasta ahora la riqueza se ha repartido siguiendo el esquema descendente atlántico-mediterráneo-tropical-desértico.
Pero no hay que echarse las manos a la cabeza. Hay actualmente dos factores equilibradores de la mano del hombre.
El clima ha ayudado a forjar culturas y modelos socioeconómicos. Hoy aterrizamos ya en un modelo único y urbano, donde ya no hay una relación tan directa con la climatología ni la naturaleza.
Por otro lado, el clima... ¿qué vamos a decir de la influencia humana sobre el clima y sobre lo poco que éste nos ha importado hasta ahora?
Para bien o para mal. Estas diferencias históricas y climáticas se están borrando. Le hemos dado al "reset" y se está pintando un nuevo mapa mundial.

África rosa es negra

Hay una relación directa entre el progreso económico y el progreso social, lo cual varía de un país a otro, de una sociedad avanzada a una en pleno desarrollo. En el caso del colectivo LGBT, no es de extrañar que los países pioneros en el desarrollo legislativo de estas uniones homosexuales fuesen, hace ya varias décadas, los países escandinavos.
Europa, de esta manera, ha sido un claro ejemplo para el resto de los regímenes sociales. España pareció ser, hace unos años, el líder del cambio para los países latinos y católicos, lo cual nos debe enorgullecer, pero hay que darle tiempo al tiempo. Recientemente se viene regulando el matrimonio gay también en Portugal, Argentina y Ciudad de México.
Aún así, curioso es observar que la renta per cápita incide directamente en la aprobación del matrimonio gay, o, en su defecto, de las uniones civiles. ¿Hay que esperar a que la sociedad tenga cumplidas todas sus necesidades primarias como son el vivir con trabajo, alimentos y en paz, y una vez alcanzado este mínimo estatus poder regular los derechos sociales?
La renta media de los países en que se aprueban las uniones civiles entre personas del mismo sexo asciende a 28.000 $/anuales. Si en vez de unión civil hablamos de matrimonio gay, la renta per cápita incluso asciende a 48.000.
En el otro extremo, y dentro de las decenas de países en los que la homosexualidad es delito hay que destacar que los países en que es pena capital, la vida media de los ciudadanos tiene asignada 4.100 $ al año. Más bajo el caso de los países con cadena perpetua para los LGBT donde el ciudadano medio malvive con 740 míseros $/anuales.
En África el único país donde la homosexualidad es libre es Sudáfrica. Es más, el país de Nelson Mandela a día de hoy reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo.
En otros 35 países africanos el amor de gays y lesbianas conlleva a pena de cárcel y a la muerte en el norte de Nigeria, Sudán, Somalia y Mauritania.
La religión influye también, pero no es tan decisiva, por lo que el tabú LGBT no es únicamente cultural. El mundo musulmán por ahora parece más reacio a aceptar la homosexualidad, pero entre ellos se ve la tendencia en aquellos países islámicos con más riqueza y mejor repartida, donde ser gay ya no es delito, de los países en los que la riqueza no se reparte bien o en lo que directamente hay una gran pobreza, donde las relaciones homo están perseguidas.
A menor índice de analfabetismo, mayor es la aceptación a la diversidad sexual, pero esto también está ligado con la renta.
Por consiguiente, la homofobia es un mal -eso lo entendemos todos- como lo son el hambre, las epidemias, la violencia y la educaicón precaria, cuyo denominador común a todos ellos es la pobreza.
La globalización ayuda a erradicar la homofobia, no convenciendo a los gobiernos del tercer mundo en la ONU de que es ética y legalmente ilícita según los derechos humanos, sino gracias a que la sociedad comienza a verlo, a "consumir" bienes y servicios LGBT: ocio, literatura, música, tendencias, internet, etc. Pero esto no se puede conseguir en una generación de niños con la cara llena de moscas; esto se consigue con niños que juegan, van a la escuela, se visten y duermen bajo un techo.
Esta semana, al sur de África, en Malawi, dos jóvenes varones de 20 y 26 años se comprometían en público y bajo un rito tradicional, prometiéndose amor eterno.
Días más tarde se les condenaba a 14 años de cárcel por ser gays.
Hay que tener esperanzas y más si estamos hablando del continente más pobre del planeta. Esperanza para que salga de la pobreza. Esperanza para que estos chicos salgan en breve de la cárcel, antes de que expire la pena. ¿O los tenemos que sacar nosotros (y no hablo sólo de los chicos)?

El orgullo no-solidario


A todos los países avanzados se les recomienda por las instituciones internacionales que aporten un 0,7% de su PIB en ayuda para el desarrollo al tercer mundo. Únicamente Dinamarca, Luxemburgo, Suecia y los Países Bajos son los que ayudan a sufragar este gasto y siguen disfrutando de su 99,3%.
Excusas es lo que se oye en el resto de gobiernos, como el nuestro, que aunque haya aumentado en la anterior legislatura el gasto solidario sigue siendo una asignatura pendiente.
Excusas es no llegar al ínfimo 0,7% y excusas es no apoyar como ciudadanos a las ONGs, e ir más allá, criticando el trabajo del tercer sector sin tener ni idea de su labor, para lavar la conciencia de cada uno con un “yo apoyaría a las ONGs pero no me fío”. Excusas para tener la conciencia tranquila porque ser solidario es lo objetivamente correcto. No nos equivoquemos, hay gente insolidaria y no por ello hay que ser mentirosos. Si uno es no-solidario que lo manifieste abiertamente. “Tengo 10 euros mensuales de sobra que no quiero compartir con proyectos sociales de ONGs” y ya está, pero no es necesario faltar al respeto de los profesionales que trabajan para el tercer sector.
El trabajo de las organizaciones no gubernamentales es imprescindible hoy en día y su origen muestra una vez más que el ser humano no es tan ruin como a veces se nos pinta. El trabajo es fundamental porque van allá a donde el Estado no llega.
Nacieron con la Cruz Roja en el S XIX y tuvieron el reconocimiento oficial como intermediarios en 1945 con la fundación de la ONU. Están aquí porque el ser humano ya no puede vivir de espaldas a las catástrofes humanitarias y porque hay algunos individuos que sí que son solidarios y quieren compartir una pequeña parte de su riqueza en aras de mejorar el mundo del que forman parte.
Desde entonces hay que darles las gracias por todo su trabajo. Son las ONGs las responsables que ahora tú sepas que las ballenas están en peligro de extinción, que en Irán lapidan a una mujer adúltera sin juicio, que en El Salvador hay niños que trabajan de esclavos, que en África el sida no deja de extenderse o que en tu barrio hay jóvenes con síndrome de Down que tienen más limitaciones que el resto de la población.
Y más allá de esta labor informativa inciden en los gobiernos nacionales y hacen una labor de campo directa. No caen sus proyectos en saco roto: sí que salvan ballenas, salvan mujeres de la lapidación, llevan a niños a la escuela, reparten condones y forman a jóvenes discapacitados, entre otras muchas funciones.
Las ONGs no sólo dan pan a los pobres. Sus actividades son de lo más diverso: las hay religiosas y laicas, que trabajan en España y que trabajan en países subdesarrollados, hay organizaciones a favor de los derechos humanos, otras por la lucha medioambiental, y otras ayudan al desarrollo social de aquellos países con los que tenemos una deuda pendiente desde que les quitamos las riquezas al tercer mundo colonizado.
De todo el dinero que el socio aporta a la ONG, ciertamente hay que contar con los gastos administrativos, informativos y profesionales. No viven del aire: tienen una estructura y tienen que pagar a médicos, abogados o ingenieros que trabajan de los dos lados del charco.
Con sólo subvenciones no sobrevivirían, así que dependen de un alto porcentaje de población solidaria que vivimos en el primer mundo.
Las ONGs son auditadas constantemente por organismos independientes y la transparencia se demuestra mensualmente a los socios por un lado y al Estado por otro. Son más fiables que la administración pública y las empresas privadas, y no por ello la gente deja de pagar impuestos, ni de consumir bienes materiales para enriquecer el bolsillo de unos cuantos.
Ahora bien, y como decíamos antes, no hay que ser solidarios obligatoriamente. Nuestro gobierno sí que tiene que serlo, pero no nosotros. Es una virtud que sólo tienen algunos ciudadanos que deciden aportar una cantidad prácticamente ridícula a proyectos sociales y estar informados de su seguimiento.
Si colaboras con ONGs, de 1 euro que ganas, compartes 1 céntimo con los que sí que lo necesitan. O lo que es lo mismo, 6 cafés ó 2 copas ó 4 cañas. Es decir, una cantidad que todo españolito se puede permitir. Eso sí, si es solidario.

Senza vergogna


La UE se rige a partir del Tratado de Lisboa por la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión.
La Italia berlusconiana va a tener un serio problema a la hora de aplicar sus leyes xenófobas de persecución a los inmigrantes. De 54 artículos que tiene esta carta, 7 se contradirían a la nueva ley de inmigración italiana. Empezando por que “Todas las personas son iguales ante la ley” (art 20), pero va más allá.
Atentará contra el derecho a la educación (art 14), derecho a trabajar (15), la protección en caso de devolución, expulsión y extradición (19), la no discriminación (21), y lo más leonino, contra los derechos del menor (art 24) y la ayuda social (34), que en todos los casos, no son derechos aplicados a los “ciudadanos comunitarios”, sino para “todas las personas”.
Las gracias no se las tenemos que dar sólo a Silvio, sino a Liga Norte (gracias Liga Norte: tus orígenes solidarios para deshacerte del Sur pobre de Italia siempre marcarán tu inusitada inteligencia).
Ahora en Italia nos encontramos con que la inmigración clandestina ya no es sólo un problema social, sino un delito. Los inmigrantes sin papeles que sean sorprendidos deberán sufrir una reclusión de seis meses, pagar una multa de hasta 10.000 euros y ser expulsados.
Los inmigrantes ilegales no podrán inscribir a sus hijos en el Registro Civil y quienes den empleo o alquilen habitaciones a inmigrantes sin papeles tendrán asimismo sanciones y penas de hasta 3 años.
Se crearán grupos de voluntarios que actuarán en forma conjunta con la policía para ir a la caza de los inmigrantes en cualquier parte del territorio. ¿No recuerda esto a los camisas negras?
Aunque para camisas negras, los vecinos de Rosarno en Calabria, región ya de por sí azotada por la Ndrangheta. En esta localidad comenzaron a atacar a los inmigrantes de una forma fulminante. Al grito de “muerte a los negros” atentaron contra la comunidad de africanos que malamente sobrevivían en los campos de alrededor de la localidad. Hubo heridos de armas, hospitalizados y el resto huyó en menos de 48 horas.
No es justo tratar así a las personas, pero es más injusto oficializarlo.
Como cuando los nazis comenzaron a controlar a sus vecinos judíos, comunistas y homosexuales, marcándolos con una indumentaria y una documentación especial, el nuevo gobierno de Berlusconi sacará un carné por puntos para otorgar – o no – la ciudadanía a los extracomunitarios y con revisiones cada 2 años.
Sí, esto es muy fascista. Es extraño que Italia llegue a estos extremos de racismo cuando siempre ha sido un país avanzado y una de las democracias más importantes del mundo.
Gran parte de los países europeos han sufrido regímenes totalitarios, pero ninguno ha llegado a heredar la ideología del anterior dictador. También puede parecer que Italia es un país especialmente conservador y católico, pero la Iglesia italiana es la primera en alarmarse por el trato denigrante que se les da a los inmigrantes.
Quizás parezca que Italia tiene una alta tasa de población extranjera, pero (incluyendo europeos) no va más allá del 6,48%, de los cuales mayoritariamente son “regulares”.
¿Entonces qué diablos le está pasando a Italia?
Silvio Berlusconi domina el país. Domina en todos los sentidos, ya que es jefe del ejecutivo, de los medios de comunicación y de grandes empresas privadas.
Aparentemente de centro-derecha se ha aliado con la extrema derecha para sumar más poder, obedeciéndolos en sus demandas más antidemocráticas. En vez de frenar la discriminación la alientan con una propaganda (no publicidad, sino “propaganda”) de odio al extranjero.
Este sinsentido es un claro ejemplo de ignorancia y manipulación, de ignominia y violencia, de deshonor y venganza. En una palabra: de Vergüenza.

Desgalleguización


Es tremendamente positivo que vivamos en España, un estado multinacional y diverso. Las nacionalidades son aquellas naciones que carecen de estado propio y no son soberanas. Es un hecho que la Constitución Española reconoce. Las comunidades forales reconocen en su estatuto este concepto; hay algunos estatutos más avanzados cuyo término “nacionalidad” se llama actualmente “nación” como el catalán. Hay reformas estatutarias que actualmente ya reconocen que son realidades nacionales como Aragón y Andalucía.
Según la RAE nación es “Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.”
Galicia no es menos. Es una nación dentro de la unidad española, cuyo estatuto ya a los albores de los 80 reconocía la nacionalidad (es el tercer estatuto tras el vasco y catalán) y desgraciadamente no se ha llegado todavía a un consenso político para una reforma más que necesaria de esta norma, que sí que han conseguido otras CC AA vecinas.
De todas las autonomías bilingües, Galicia es la única de ellas cuya población usa más la lengua propia que la castellana (por cierto, Baleares es la segunda y Cataluña, la tercera). Aunque no es para estar tranquilos, ya que hay un proceso continuo de desgaste –como ocurre en todas las CC AA con más de un idioma- y en las zonas urbanas, que son las que crecen, la gente deja de hablar gallego.
Otra contradicción es la denominada “generación Son Goku”, formada por los primeros gallegos educados en los 80 con el gallego en la educación: son los que más leen en dicha lengua, los que más la escriben y desde luego, los que más la valoran y defienden, y sin embargo, son mayoritariamente castellanoparlantes.
Y es que la comunidad gallega está llena de contradicciones y para ello hay que diferenciar los cuatro tipos de gallegos según su orientación política y la lengua que hablan:
El gallego A hablaría gallego y sería de izquierda; llamémosles “irmandiños”. El gallego B es castellanoparlante y de izquierda: son los “progres urbanos”.
Estos gallegos (A y B) conformarían la mitad de la población, pero Galicia también se conoce por su conservadurismo: los gallegos tipo C son los “ti-de-quen-vés-sendo” (es decir, “y tú de quien eres”, que es la pregunta que hace cualquier persona mayor gallega rural al que viene de fuera), éstos son los ciudadanos que hablan gallego y que son eminentemente conservadores.
Finalmente, el gallego D son los “provincianos”, conservadores y castellanoparlantes, normalmente aburguesados de zonas urbanas que son los que muestran un mayor desprecio por todo lo relacionado con Galicia.
La Galicia progre (A+B) estuvo en el poder en el ejercicio 2005-2009 con el bipartito PSOE-BNG. En este periodo se realizaron profundas reformas laborales, agrarias o medioambientales, pero lo decisivo fue el impulso a la lengua gallega, un impulso repetimos, necesario.
La Galicia conservadora (C+D) vio una batasunización a la catalana este progreso y se dedicaron a llevarlo a pique, ganando las últimas elecciones, y comenzando una nueva política lingüística hacia el pobre castellano en minoría.
El PP desarrolló, con mayoría absoluta, una política del gallego en tiempos de Fraga muy avanzada y muy similar a la del catalán de Pujol (y mucho más avanzada que el euskera). Ahora, el nuevo PP, no sólo desarticuló las reformas que había hecho la izquierda desde 2005, sino todo el trabajo que hizo el fraguismo en los 80 y 90.
La función pública deja de promover el gallego. La lengua gallega también ha dejado de ser la lengua oficial en las instituciones. Las clases ahora defenderán el castellano, dejando a los padres la opción a la exención de asignaturas en gallego a sus pobres hijos para que no sean unos kaleborroka gallegoparlantes. Las galescolas ahora serán galiñas azuis (“gallinas azules”, ya que galescola suena a ikastola y no queremos nacionalistas molotoveros). Pasaremos de un 50% del gallego en las aulas (por ley, que muy difícilmente se estaba cumpliendo) a un mísero 30%.
El nuevo discurso del PP de Galicia es todavía más reaccionario que el del PP de Fraga de hace años. No es un discurso antinacionalista, como se ha tildado, porque es una propaganda nacionalista española, y como tal, demagógica y manipuladora.
Recuerda al “No seas ignorante: habla bien español” de Franco, cuando nuestra democracia e incluso desde Madrid, obliga a los gobiernos autonómicos el proteger y potenciar sus lenguas propias porque enriquecen nuestra diversidad y forman parte de la cultura española, de la cultura de todos.
Entristece pensar que ahora se ha oficializado una estrategia de desgalleguización en la Xunta (o Junta: disculpen señorías) pero aún queda mucho por andar y muchas revanchas que tomar.

¿Una década perdida?


¿Estamos empezando una nueva década? Para algunos ya han empezado los años 10, para otros, la década no comenzaría hasta el próximo 1 de enero de 2011 porque se cuentan las décadas con el año 1, tal como ocurre con los siglos (el S XXI comenzó en 2001).
Sin embargo, vivimos los 80 desde el 80 al 89, los 90 desde el 90 al 99 y la pasada década tuvo que haber acabado en 2009.
Esta década en cuestión es una década anónima, sin personalidad, sin nombre. Década de los 00, década de los 2000, primera década del S XXI.
Los 00 –llamémosla así- han pasado muy rápido y ha estado llena de acontecimientos vertiginosos.
¿Mala década? Es posible. En los albores de la misma comenzaba la catástrofe del 11 S, y nos dimos todos cuenta que el mundo había cambiado. Nos empezamos a sentir más inseguros, conocimos nuevas formas de conflictos bélicos.
La paranoia llegó a tal extremo que nuestros derechos a la intimidad se vieron reducidos y mancillados (todo por el bien común): seguimiento de correo electrónico, chequeos corporales, traspaso de datos personales entre gobiernos, etc.
Irak bombardeado, Osetia bombardeada, Palestina bombardeada. Las grandes potencias como antaño han seguido haciendo de las suyas, demostrando su fuerza ante un pobre enemigo, cuyos objetivos, ya no son (no lo eran ya desde que vivimos las guerras en directo a la hora de comer) civiles sino militares: bases, cuarteles, refugios de terroristas, que a veces se han llegado a convertir en casas particulares, escuelas y hospitales. Pero EE UU, Rusia o Israel tienen un corazón inmenso (más grande que sus misiles crucero) y esto son sólo daños colaterales.
Al fin y al cabo, ellos son buenos; los malos los hemos descubierto en esta década y es el terrorismo internacional –y por qué no, también el nacional como han tergiversado muchos medios de comunicación- No sólo Nueva York. Madrid, Londres, Casablanca, Bali, Yakarta o Nairobi han sido objetivo de su ira yihadista.
Una década también marcada por una crisis ecológica. El cambio climático es una amenaza incluso mayor que al Qaeda o Sadam Hussein, pero no ha llegado a la paranoia necesaria para desembolsar las cantidades astronómicas que la seguridad planetaria ha necesitado en los 00.
La paranoia sí que ha llegado al recelo del desconocido, es decir, el odio al extranjero. Los 00 también fueron decisivos para el resurgir de la extrema derecha en EE UU, Austria, Suiza, Polonia o el Vaticano.
Paranoia también económica que finalizó con la primera gran crisis global de la que aún estamos intentando salir.
Un panorama, en definitiva, desolador que nos ha hecho dudar de que el S XXI haya tenido buen comienzo y que hemos perdido el norte.
Sin embargo, los 00 fueron, como decíamos “vertiginosos” y dieron mucho de sí.
Internet se ha convertido en el mayor medio de comunicación, uniéndonos a todos –los habitantes de esta aldea global- como nunca lo habíamos estado antes.
La tecnología está de nuestra mano y nos acompaña día a día. Emails y móviles nos hacen la vida más fácil que difícil.
Los 00 también han sido el año de la globalización positiva, del humanismo planetario. ¿Qué es sino el movimiento antiglobalización, sino el primer gran movimiento humano global (vaya paradoja, no?).
Las guerras se redujeron cuantitativamente con respecto a los 90s, lo cual convierte a esta década que hemos finalizado como la más pacífica en toda la historia de la humanidad.
Y es la más humana, la más solidaria. Sólo hay que ver cómo ha sido la reacción ante las catástrofes ecológicas y humanitarias. En 2002, tras el desastre del Prestige, el país se movilizó como nunca por una causa medioambiental y 2003 el 90% del país rechazó la guerra de Irak con pancartas y silbatos.
A nivel global esto implicó el mayor movimiento pacifista de toda la historia, incluso con más apoyo que los hippies en la guerra de Vietnam.
¿Solidaridad? Sí y es más: en 2004 se produjo el mayor trasbase de dinero privado en toda la historia económica del hombre desde el crash del 29 y fue justo para la reconstrucción de los países afectados por el tsunami del sudeste asiático.
Con ciudadanos solidarios y pacíficos, los gobiernos tienen que dar ejemplo. ¿Qué hay del desarme nuclear recién iniciado por Rusia y los EE UU? ¿y la pacificación de los Balcanes y media África? ¿El acercamiento de las dos Coreas? ¿Qué pasa con la distensión de China?
Cada vez vamos más en el mismo carro llamado humanidad global. Hoy en día la democracia se ha convertido definitivamente en el paradigma de sistema político que debe tener cualquier país. Hace 25 años muchos países, o bien eran colonias explotadas, o bien eran dictaduras de corte militar-marxista o post-fascistas, o directamente populistas. Hace 50 los países democráticos eran tan sólo un pequeño club selecto. Hoy en día, y aunque se pueda matizar la propia calidad de cada una de estas democracias, de 198 países tan sólo 3 se declaran como absolutistas.
Y tu voz cuenta: el relevo democrático se da cuando la gente se harta. Ha ocurrido durante los 00 en la mayoría de los países de América Latina, en España y en los EE UU. Y seguirá ocurriendo.
Nunca hemos avanzado tanto como en los últimos diez años, a nivel científico, social, económico, político, legal, tecnológico y por qué no, también humano.
Creemos que no somos nadie, pero lo que ocurre es que ahora toda la sociedad es la que decide. Somos miles de millones de personas con fuerza, pero que estamos atomizados y no nos sentimos visibles a no ser que no nos unamos.
He ahí el proyecto para la década de los 10. Podemos hacer todo lo que nos imaginemos, siempre que queramos hacerlo, claro…