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Humo


No existe ahora. Quizás se haya esfumado en poco tiempo o quizás nunca hubiese existido. La riqueza de estos países tan desarrollados se ha demostrado que es relativa.
El capitalismo se ha criticado desde muchos sectores y no es algo nuevo, ya que siempre ha tenido detractores y defensores, y como unas reglas de juego que son, el sistema capitalista se ha modificado década tras década. Desde la década de los 90 teníamos en Occidente un ultracapitalismo que, entrados en el S XXI, se ha extendido a todas las partes del planeta.
Este ultracapitalismo no es otro que el de la desregulación total de todas las transacciones y el de la especulación extrema. Especulación extrema cuyas consecuencias estamos viviendo ahora.
Se puede especular con el valor de todo: de los tulipanes, del oro, del petróleo, del arroz o de la solvencia soberana de un país. Y como toda especulación tiene el mismo proceso de hinchazón sin sentido y explosión sin cabeza, nos hemos empapado todos de esta supernova especulativa de nuestra deuda soberana.
Europa, Japón y los EE UU en 2011 se destacan por tener los mayores problemas de financiación estatal a pesar de ser los Estados con mayores ingresos –dicen-. ¿Ingresos? La mayor partida de lo ingresado por los países occidentales proviene de los mercados financieros. Los gobiernos (todos los gobiernos de todos los países con independencia de su color político) actuaron irresponsablemente vendiendo en los parqués la deuda soberana de sus ciudadanos hasta unos niveles que superan el 80% ó incluso el 100%, sin reducir en ningún momento el gasto derrochador, incluso reduciendo impuestos y dándole también su trozo de pastel al sector bancario, que más bien se demuestra que ha sido una manzana envenenada.
Si alguien compra un coche a plazos, lo usa, lo paga durante “x” tiempo, y cuando acaba de financiarlo, lo posee totalmente. Esta persona está especulando con sus ingresos, corrientes y constantes, pagando hipotecas, letras y créditos, y haciendo uso de lo que en realidad todavía no es suyo.
Nuestros Estados han hecho lo mismo: han estado haciendo uso con las infraestructuras y servicios sociales de dinero inexistente, con financiación especulativa que iban devolviendo, eso sí, con los impuestos que católicamente pagamos los contribuyentes.
A crecimiento más rápido, más rápidamente se esfuma, tal y como ha pasado en la periferia de Europa. Grecia es un ejemplo de goma elástica estirada al extremo. Y también lo es nuestro país, y también los son todos y cada uno de los países del mal llamado mundo desarrollado.
Humo.
Decíamos al comienzo que esto es ultracapitalismo. Un sistema creado, no de la nada, sino como consecuencia de cada uno de los actos de Gobiernos, empresas y ciudadanos. Ha sido una responsabilidad colectiva que deberemos enmendar. Hablamos de ultracapitalismo como una versión atroz y enferma de un sistema de mercado de economía abierta.
Ha llegado el momento del cambio. Se hará solo y sin prisas. Este actual sistema dará paso a otro no tan especulativo o indirectamente regulado.
Hemos de aflojarnos el cinturón y hemos de pagar lo que no teníamos en aras de mantener nuestros servicios sociales, pero porque nosotros queremos, no porque lo diga la agencia de rating Moody’s.

De la indignación a la esperanza


La indignación.
Leo de la RAE la definición de indignación: “Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos.”
Luego me planteo si el término que utilizan los medios de comunicación para definir a los espontáneos que irrumpieron en la Puerta del Sol o en otras plazas del país es el término correcto o no: Indignados, ¿contra quién van?, ¿contra qué actos?
Otras protestas que marcaron la historia de este país tenían una cabeza de turco para agitar las banderas de la indignación mucho más claro. Un gobierno concreto, una política concreta, una empresa o una información mal dada.
Indignación contra una ley, contra una mala gestión de una catástrofe, contra un atentado, contra la guerra. Actos irresponsables del Gobierno.
Pero ahora los acampados protestan indignados contra el sistema. Es una amalgama de pareceres, de ideología y de posturas.
¿La solución? La solución la buscamos entre todos, mediante un método de participación directa.
Un ciudadano corriente se puede acercar a Sol, a Plaça Catalunya, La Encarnación, el Obradoiro o a cualquiera de las plazas donde están las protestas para oír las propuestas del pueblo, y es más, pueden subirse a la tarima improvisada y con megáfono en mano, proponer soluciones a los problemas que le indignan.
Aún así quien se acerque también a estos puntos de encuentro oirá discursos vanos y en parte demagógicos, algo que paradójicamente es contra lo que se protesta también. Quien quiera mover a más de una docena de personas ha de elevar un grito cargado de sentimientos primarios (volvemos a la indignación, pero podría ser cualquier otro sentir visceral) y plantear soluciones de linchamiento.
Quitarle el dinero a los bancos, retirar al Rey, proclamar la III República, dividir todos rendimientos financieros entre la clase trabajadora…
El mensaje no es este. No buscamos la destrucción de todo lo que hemos construido, sino su mejora. No buscamos taparnos nosotros destapando al vecino. No queremos más de lo mismo, sea con un altavoz de Sol o con un micrófono en el Congreso. Queremos algo nuevo, y ese algo nuevo ya está sucediendo.
Guste o no, para cualquier demócrata convencido se le puede poner la piel de gallina al ver la acogida de las acampadas. Quien haya dicho que la juventud española ya no tiene valores miente ya que, ¿qué hay más valioso que seguir respetando los valores democráticos que forjaron la historia reciente de nuestro país?, ¿cómo podemos darle un balón de oxígeno a esta democracia si no es saliendo a la calle, exigiéndola, viviéndola?
Esperamos que este movimiento de los indignados del 15-M se traduzca “vehementemente” en un mensaje definido contra “un acto” concreto. Esperamos que este mensaje cruce las fronteras, tal como ha ocurrido en el mundo árabe para otros países de Europa.
Los españoles no tenemos la culpa que una maldita agencia de rating nos baje la nota para que a nuestro Gobierno se le exija hacer una serie de recortes sociales. Somos la ciudadanía las víctimas. Hoy la ciudadanía española, portuguesa, irlandesa, griega… y mañana la italiana, la belga, la húngara, la francesa.
Revolución, democrática, pacífica y europea. Cuatro palabras que nos llenan de esperanza.

Ha llamado al cero cero patatero


Cuando el barco está en peligro el capitán pide a la tripulación que arrimen el hombro y tiren por la borda los lastres que pueden llevar a la embarcación al hundimiento.
Las empresas también han de sortear las crisis con medidas ahorrativas extremas que en muchos casos llevan implícitos recortes de costes laborales, entre otros. Estos recortes son impopulares y odiados por todo el mundo. Los dichosos EREs o expedientes de regulación de empleo que tanto afectan a grandes empresas, donde un ERE puede implicar la pérdida de miles de puestos de trabajos de la noche a la mañana.
Es una contracción brusca, pero necesaria, reconozcámoslo, para la supervivencia de la empresa. Por este mismo principio lógico de contracción y ahorro, el Estado y la Administración Pública también están sujetos a recortes de salarios y al cese de algunos puestos de trabajos directos e indirectos, pero todo ello en aras de la supervivencia de toda la organización.
Es, como decimos impopular, pero lógico y legítimo. Algo muy distinto es lo que ahora quiere llevar a cabo Telefónica, la multinacional española de telecomunicaciones líder todavía indiscutible, presente en diversos países y con una plantilla en España de más de 28.000 empleados, ha anunciado que recortará en los próximos tres años a un 20% de su plantilla (nótese que colocamos la preposición “a”), todo ello ante su comité de accionistas de los que dependen los fondos del gigante de la telefonía.
En realidad habría que matizar que dependen de estos accionistas, pero también de los propios trabajadores. Nadie como ellos – como estos últimos- conoce la firma, el método, los servicios y productos. Una empresa de telecomunicaciones ha de ser innovadora: eso es una obviedad, pero esta innovación pasa desde luego por la formación constante de los trabajadores para adecuar su mano de obra a las necesidades de los consumidores y clientes.
De nada sirve echar a la calle a los 5.600 trabajadores sobrantes si a corto plazo hay que contratar a nuevos trabajadores y seguir formándolos. Un gasto innecesario que la directiva de la empresa ha obviado.
Quizás sea una demagogia para apaciguar las inquietudes capitalistas del accionariado, como hace nuestro Presidente del Gobierno con los mercados, pero está claro el planning marcado y no es de muy buen ver.
En 2003 cada acción de Telefónica era pagada a 0,25€ y este año asciende a 1,75€, cantidad que esperan mantener los próximos años, pero eso sí, a costa de los recortes laborales.
Este año los beneficios de la empresa fueron máximos a pesar de la crisis: 10.000 millones de euros. Si bien la deuda de la empresa sigue estando por las nubes y el accionariado se compone prácticamente por medianos capitalistas, sigue siendo la peor de las medidas impopulares que se pueden haber tomado.
Telefónica es inmensamente rentable y tiene otra deuda no tangible con la sociedad española que la diferencia del resto de la competencia. Era una empresa estatal de comunicaciones y sus orígenes –difíciles, costosos y asfixiantes para el resto de los mortales- en su caso fueron promovidos por el capital público década tras década. Impuestos de contribuyentes que aún aguardan la rentabilidad social de este servicio público privatizado.
Salen con ventaja y se abanderan de ser la empresa que más invierten en I+D+i de todo el IBEX35. Una especie de marca nacional “i-beric” que no son capaces de hacer un guiño al país que la vio nacer o al país que la creó, de hecho.
Estos 5.600 trabajadores no van a hacer que el paro aumente mucho más o su mantenimiento hará que se reduzca. Es una cifra ridícula en comparación a lo que aporta esta firma al PIB nacional, pero lo que más hay que lamentar es la falta de solidaridad.
Algunos directivos la han criticado como una medida antipatriótica para España. No es cuestión de volvernos defensores de nuestros colores nacionales ni mucho menos, pero habría que recordarles a nuestros amigos de Telefónica que tienen una responsabilidad triple, hacia sus accionistas, hacia sus empleados y hacia la sociedad general.
En tiempos de crisis hemos de apretarnos el cinturón todos y todas, o por lo menos saber comunicarlo para dejar de ser la empresa de telefonía más odiada por los clientes por enésima vez consecutiva.

Ha pasado, lo has visto


Para que una empresa tenga éxito ha de marcar un claro business plan. En ese plan ha de detectarse su target y dirigir su producto o servicio a un nicho de mercado concreto.
¿Nicho? Hay un sinfín de nichos de mercado y en cuanto a los medios de comunicación también hay que pasar de un puñado de canales generalistas a un contexto actual en el que las televisiones se tematizan y se dirigen a distintos nichos de mercado que marca la audiencia.
Con la televisión de pago hay (in)finitos canales en el que el televidente –usuario que ha pagado- podrá escoger el que más se ajuste a su perfil y preferencias.
La TDT es un paso intermedio entre la plataforma analógica de 5 canales de hace décadas a una plataforma futura de televisión a la carta. Con la TDT conseguimos –tras abono obligatorio del aparato para que no nos pillase el apagón- disfrutar de decenas de canales de forma gratuita.
Ahora bien, ¿es real esto de la televisión a la carta?, ¿conseguimos que cada cadena encuentre un nicho de mercado para un target definido?
Se intenta, pero nos dejan a medio camino…
La TDT ofrece canales de ocio, de series, de telerrealidad, de deportes. Cadenas de humor y cadenas de malhumor facha, canales públicos y canales privados.
Los públicos tienen la obligación de ofrecernos un servicio público de información veraz y neutral: RTVE y los autonómicos. Los privados sí que se pueden orientar hacia auténticos canales temáticos, siempre y cuando su proyecto sea viable.
CNN+ era el único canal privado que la plataforma digital de la TDT ofrecía en todo el territorio nacional de noticias e información 24 horas. Tras la compra de Telecinco, y con pérdidas acumuladas desde hacía tiempo, el proyecto de CNN+ no resultaba rentable y desapareció, o mejor dicho, fue sustituido por el canal de Gran Hermano 24 horas, lo cual dice bastante del cambio.
No es que Telecinco, la cadena amiga, sea un gigante que busque destruir cualquier ápice de conocimiento e información para la sociedad española, lo que pasa es que es una empresa privada que busca un beneficio, y un canal como CNN+ no daba esos beneficios.
Sin embargo, muchos nos negamos a creer que un canal privado de noticias en la TDT sea inviable.
Las únicas opciones que le quedan al ciudadano que decida consumir información en su televisor, a cualquier momento son, o pagar, o si no, ver canales públicos (TVE 24H y otros autonómicos similares) tutelados nos guste o no por el gobierno de turno.
De toda la audiencia, tienen libertad los adolescentes pop para ver la MTV, los conservadores para ver Intereconomía, pero no hay agallas de ningún ente privado para lanzar un canal de noticias abierto a todo el mundo, con información de calidad y reportajes de actualidad.
Iñaki Gabilondo conseguirá introducirse en otro medio de comunicación, tal como hizo en su día la también presentadora de CNN+ Letizia Ortiz, y otros muchos profesionales que conformaban la cadena.
Pero el que pierde, una vez más, es el público que hace zapping saltándose la telebasura y que finalmente acaba apagando el televisor. Menos mal que nos queda RTVE para ahora e internet para siempre.

Valor Soria


Llega el otoño y con la campaña prenavideña, viene la campaña electoral. EE UU, Catalunya, Brasil y otros muchos lugares. Ya se sabe… atemos cabos antes del final del año.
Cada país tiene su propio sistema, con sus pros y sus contras, porque no se ha creado todavía un sistema electoral perfecto, pero dentro de la imperfección hay mejoras que se pueden hacer si se quiere, aunque estas mejoras no siempre son deseadas por el Gobierno de turno.
Nuestro sistema electoral español, que también es el reflejo para los sistemas electorales autonómicos, tiene una serie de imperfecciones que no son, desde luego, gratuitas.
Utilizamos una fórmula de reparto, la fórmula d’Hondt, que beneficia a los partidos mayoritarios, pero como es proporcional, no perjudica a los minoritarios. El problema de nuestro sistema, por lo tanto, no es el reparto de escaños en una circunscripción, sino que en España utilizamos la diminuta y desigual provincia como circunscripción donde escogemos a nuestros diputados.
Veamos: en España tenemos 50 provincias y 2 ciudades autónomas. Como decimos, por cada provincia repartimos un número “x” de escaños. ¿Son justos los números asignados de escaños en las distintas provincias? ¡Ni de escoña!
Las provincias más pobladas tienen más escaños, pero no son los suficientes con respecto a aquellas otras más despobladas. Ejemplo: Madrid tiene 35 escaños, Barcelona 31. En cambio, Soria tiene 2.
Si Soria (95.000 habitantes) fuese el reflejo para asignar los escaños de Madrid (6.400.000 habitantes), la capital española pasaría de los actuales 35 a 134 escaños. Casi nada.
Soria, Teruel, Segovia, Palencia, y la mayoría de las provincias más despobladas están sobrerrepresentadas con escaños frente a las provincias más urbanas.
Retomemos el caso soriano. Esta es la provincia donde el voto tiene más peso. Un escaño se conseguiría con tan sólo 47.000 votos (frente a los 182.000 votos necesarios para un escaño madrileño). Entonces, podemos hablar del valor Soria, que es el peso que tiene esta provincia electoralmente.
Soria equivale a 1 Soria. Teruel equivale a 1,03 Sorias. Albacete equivale a 2,11 Sorias. Pontevedra a 2,88. Vizcaya a 3,03. Barcelona a 3,72 ó Madrid a 3,84 Sorias.
No es justo y no es justo por el argumento que dan los creadores del sistema. Sencillamente, nos explicaron, es que estas provincias no urbanas tienen un déficit de estructuras y de servicios y darles más peso político es un guiño justiciero.
No es de extrañar que el sistema hecho en la década de los 70’s fuese creado por UCD y que el centro derecha de UCD hubiese cosechado siempre más votos en las zonas rurales, frente a los cinturones industriales urbanos que solían votar a los partidos más de izquierda.
El sistema se debería modificar y tendríamos que desechar la circunscripción provincial como reseña posfranquista y utilizar una circunscripción nacional, estatal y única. O sino que se lo digan a IU o a UPyD, que aunque sean votados en todas las provincias únicamente cuentan los votos de la –ya de por sí- infravalorada provincia de Madrid.
Democratizar el voto y rizar el rizo. Únicamente de esa manera conseguiremos que el sufragio tenga el mismo poder, y el ciudadano la misma voz sea éste de una parroquia campestre de Soria o de un edificio de colmenas del extrarradio.

Así, tampoco


Pues menudo panorama... El 29-S, huelga general.
La huelga jurídicamente es un derecho reconocido en nuestra Constitución que, como todos sabemos, aún está pendiente de ser desarrollado en Ley Orgánica desde 1977. Es decir, es un derecho legítimo y una laguna en el tintero del legislador.
La huelga políticamente es una conquista de la izquierda de este país. Muchos sindicalistas, revolucionarios e intelectuales dieron su vida para que ahora disfrutemos de este derecho.
Sin embargo, económicamente la huelga siempre ha sido una contingencia, una incidencia no deseada en el fondo por ninguna de las partes, ni por el trabajador, ni por la patronal, ni por los gobernantes. Un día de huelga en un salario medio español equivale a un 4,5% menos al final de mes en su nómina. "No trabajas, no cobras".
Es exactamente la misma cantidad que el Gobierno quiere reducir al personal que trabaja en la Administación, y como duele, se protesta, y con razón. Qué paradoja, ¿verdad?
Estamos en crisis y una huelga general en todo el territorio nacional no ayuda en nada a que la economía se recupere. Por lo tanto, es vista como un mal menor. Un mal menor: sería igual, en caso de ser secundada por la totalidad de la población activa, a una reducción del 0,27% del PIB nacional. Pérdida de miles de millones de euros, pero de eso tampoco se habla... y por eso al tejido empresarial no le gusta bajar la verja un día laborable.
No estamos acostumbrados a una huelga general ya que ésta es la séptima en 35 años, y esto lo convierte en un fenómenos aislado.
Pero sí que estamos acostumbrados a otro tipo de huelgas: transportistas, basureros, controladores aéreos, de transporte público, etc. Es decir, aquellas huelgas en las que el patrón y el gobierno suelen ser la misma persona y el afectado, no es el empresario sino el ciudadano.
Nos cancelan vuelos, se llenan los barrios de basura pestilente, nos quedamos sin metro, nos cortan las calles, y nos hacen la vida imposible para que nos enfademos... y no nos enfadamos con el causante (teóricamente, con la Administración), sino con los huelguistas. Es por consiguiente, más que una huelga, un chantaje público cuyas víctimas somos todos.
Esta huelga no es como éstas, esta huelga es "general". La convocan los sindicatos porque el Gobierno ha tomado una serie de medidas en materia laboral y fiscal para que el país salga de la crisis (versión oficial).
¿Qué no se dice?
1.- La política que llevaba a cabo el Gobierno Zapatero era una política intervencionista y keynesiana, mediante la cual con inyección de dinero público se intentaba fomentar el desarrollo económico de todos los sectores. Muy de izquierdas y lamentablemente, a corto plazo, deficitaria.
2.- Desde la izquierda el intervencionismo es necesario y se piensa que a medio plazo habrá de nuevo equilibrio presupuestario. Desde la derecha se vende el tijeretazo. La derecha gobierna en Europa (nos guste o no) y se "animó" a que curiosamente los gobiernos más deficitarios-izquierdistas hiciesen los recortes oportunos, entre ellos, España.
3.- La decisión del recorte no afecta únicamente a España sino a la mayoría de los países europeos, con independencia de su color político. Zapatero no tiene margen de maniobra ya que estaba en minoría en el Ecofin.
4.- Las cuentas nacionales hoy en día "dependen" de la deuda soberana. Con lo recuadado mediante impuestos no se haría ni la mitad de lo que el Estado gasta en servicios, personal, inversión. El sistema obliga a que emitamos deuda y que los mercados la compren. Si no hay confianza, nadie la compra, si nadie la compra, la deuda crece en intereses y nos ahogamos llegando a la bancarrota.
5.- Los sindicatos saben de sobra cuál es el papel que España juega en Europa y cómo se financia el Estado. Mucho dinero en ayudas, subvenciones y servicios sociales que viene directamente de Wall Street. La imagen de España por lo tanto también se puja en Bolsa.
Los sindicatos son, muy tristemente, un lobby más. Han perdido el papel fundamental que tenían en la sociedad, y su discurso gris ya no llega al pueblo.
¿Garantes de la clase trabajadora? Ellos también se callaron ante la burbuja inmobiliaria, pero como daba millones de puestos de trabajo, para qué protestar, trabajo es lo que se quería, ¿no? Ahora con un 20% de paro nos preguntamos qué ha sido del poder sindical.
Protestar por la crisis es estúpido en la medida en que nadie la desea, y también en la medida que todo el mundo es responsable. Con la bonanza económica partidos de todas las tendencias, empresarios y sindicatos, trabajadores y consumidores, callaron/callamos como putas y ahora la crisis global-mundial-planetaria nos afecta (lógicamente) mucho más.
¿Por qué no hubo una huelga general en mayo cuando el Gobierno estaba lidiando en Bruselas los recortes que se imponían a países de la periferia como España? Esperar a que se aprueben las reformas en el Congreso, a que pase el verano y a que llegue septiembre (casi octubre, señores) es llegar tarde. Muy tarde.
Convocar una huelga general es normal para UGT y CC OO. Son sindicatos, es su rol. Su rol tradicional, como en los 70s. Pero es que ahora no somos proletarios explotados. No vivimos aislados del mundo. Nuestro país ya no es soberano económicamente.
La única respuesta útil hubiese sido una huelga general europea y previa a los recortes, cuando la presión hubiese podido dar algún fruto. Ahora son 100 euros menos en nómina a los que la secunden y un subidón de adrenalina para los piquetes camorristas de turno.
Amigos sindicatos de UGT y CC OO, con todo el cariño del mundo: Decís que "Así, no", pero vosotros "Así, tampoco".

Hasta los 67 y más allá


Clases de ciencia.
Ejemplo 1: Bañera con el agua corriendo no se llena. Se pone un tapón y se llena hasta desbordar.
Ejemplo 2: Frutero con una docena de manzanas, cada día como dos y repongo una. El frutero se quedará vacío.
Ejemplo 3: La esperanza de vida se alarga por los avances médicos y sociales, la población se envejece porque duramos más, pero los nacimientos se reducen. El sistema de pensiones se desequilibra porque hay un trabajador por cada dos jubilados.
España está en la cabeza de los países envejecidos, y de hecho, podríamos empezar a padecer un crecimiento negativo si no fuese por la población inmigrante recién llegada la última década.
Es tan sencillo como un problema de 3º de Primaria. La esperanza de vida se ha alargado estrepitosamente en el mundo, mucho más en los países más avanzados. Ello es debido a todas las mejoras que hemos visto a lo largo del S XX, en todos los terrenos, tanto laboral, alimentario, educacional, científico, social, etc. De hecho, con 80,9 años somos el 5º país del mundo más longevo y el 1º de toda la UE.
El problema es que con una tasa de fertilidad de 1,31 hijos por mujer, no conseguimos llegar a la renovación generacional y el crecimiento vegetativo incluso acabará siendo negativo.
En definitiva, nuestro bienestar que incentiva vivir hasta la eternidad y no tener hijos, económicamente es insostenible. En las próximas décadas se podrá llegar a tener más población jubilada que activa, lo cual es directamente inviable en un sistema social de pensiones.
Para rizar el rizo y agravar la situación, sólo hay que echar un vistazo a la población activa desempleada y a la edad en que los jóvenes de este país acceden a su primer empleo, o dada la economía sumergida y para especificar, a la edad en que éstos comienzan a cotizar, que en definitiva es de lo estamos hablando.
No, no salen las cuentas. Comparando el país en 2010 y 1985 vemos las diferencias, que aunque parezca que fue ayer, créanme, no lo es en absoluto.
En 1985 vivíamos hasta los 73, jubilándonos a los 65 y comenzando a trabajar a los 18. Ergo, 47 años trabajados para el disfrute de 8 años en Torremolinos.
En cambio en 2010 viviremos hasta los 80 (suma y sigue porque cada vez es más común ser centagenario), incorporándonos al mercado laboral a la media de 25 años. Jubilándonos como hasta ahora, habremos cotizado sólo 40 años para el disfrute mínimo de 15 años o más.
Esto es cotizar –y recaudar- un 14% menos que 1985, para el disfrute del doble de años que viven ahora los pensionistas en su período de jubilación y que en las próximas décadas seguirá en riguroso aumento.
Pues lo dicho, las cuentas no salen, y lo peor de todo ha sido la respuesta ciudadana y sindical para un problema que el gobierno prevé a varios años vista. Para una vez que el Ejecutivo toma una decisión para el largo plazo, sale nuestro instinto egoísta e irracional y el “no me gusta trabajar” para protestar con un “hasta los 67 que trabaje tu (pitido) (pitido)”.
Incluso con esta medida el sistema de pensiones sigue peligrando y no todo el mundo tiene un plan de pensiones privado, ya que como trabajadores se nos debe garantizar este beneficio al tener una cotización obligatoria y pública en la Seguridad Social.
En Alemania la jubilación ya es a los 67, en los EE UU a los 66 y en el resto de los países occidentales a los 65, salvo en Francia donde es a los 60.
En España la vamos a tener que subir dos años (hasta los 67) y en la república francesa también, es decir, dos años hasta los 62.
Cuando se nos toca el bolsillo salimos a la calle, siendo 2 millones de personas las que se manifestaron contra esta medida en París, y siendo sólo un par de decenas de miles que protestaron contra las expulsiones masivas de romaníes por parte del gobierno galo una semana antes.
Si esto es la única movilización que pueden convocar las organizaciones sindicales, sociales y de color progre, paren el tren, que yo me bajo.

Asociaciones necias, oídos sordos


El asociacionismo es una nueva forma de acción política y ciudadana en un escenario como el actual, en el cual hay una multitud de actores con deseos de influir en la toma de decisiones gubernamentales y en la activación de movilizaciones civiles. Son lobbies y grupos de presión que más que ningunear el sistema democrático son un avance, un paso firme para su fortalecimiento.
Los movimientos sociales y asociaciones dotan de mayor legitimidad lo que ya es a día de hoy una red de poder, en la que cualquiera de nosotros puede por fin participar de forma activa o pasiva.
De forma activa es colaborando; de forma pasiva es dejando pasar… Y no siempre hay que dejar pasar. Los movimientos más radicales, por naturaleza, no son constructivos, no crean debate sino provocación, son destructivos con la democracia y el sistema creado y acordado entre todos los ciudadanos.
Sin ánimo de negarles la voz, lo cual es un derecho irremplazable y digno, hay que alzar la mano y embestir un alto a sus derivas radicales, violentas, y por qué no decirlo, “necias”.
No es cuestión de caer en el insulto fácil, pero algunas de las acciones con más eco de los extremistas son necedades que hieren la inteligencia del resto de los ciudadanos.
Y al hablar de extremos, nos referimos a todos los extremos, de arriba abajo, de izquierda a derecha. Todos.
Por ejemplo, en un extremo tenemos el caso de los pro-taurinos con todos y cada uno de sus argumentos naïf que no tienen ningún sentido y –como decíamos- hieren la inteligencia. La última joya, ante la prohibición de las corridas en Cataluña, es que quieren llevar al TC la constitucionalidad de esta norma. Señores de la derecha, si no le gustan las decisiones del pueblo, por favor aguántense, pero el TC no es ningún basurero de frustraciones neocon. Les explico que la Constitución recoge el derecho de disfrutar del medio ambiente y la obligación de respetarlo, y añadimos, con toda su fauna y toda su flora nacional. Las CC AA tienen competencia para legislar sobre el trato a los animales, así que ya saben lo que dirá educadamente el TC: Tururú (¡)
Peor todavía son las asociaciones identitarias radicales, mayoritariamente de jóvenes, que perdieron el norte de lo que en su época sí era una lucha democrática y constructiva.
Son grupos minoritarios de extrema izquierda independentista, que recorren las calles de Santiago de Compostela, Donosti o Barcelona y cuyo ruido ensordece la voz de lo que sí que podría ser una lucha justa.
¿Cómo se puede tener la sangre fría y la falta de tacto, de comparar cualquiera de estas CC AA con Palestina, Sáhara Occidental y recientemente Kosovo? ¿nos hemos vuelto locos o qué? En fin, ¿acaso hay refugiados catalanes hacinados en tiendas de campaña al otro lado de los Pirineos?, ¿ha bombardeado Madrid a la ciudad condal con bombas de racimo? ¿hay alguna limpieza étnica contra los euskaldunes?
Cualquier comparación al respeto, aunque se enmascare de solidaridad antirrepresiva, es únicamente una forma de tergiversar la verdad y burlarse de las auténticas víctimas.
Necio también es apoyar a colaboradores de ETA en nombre de la independencia catalana y en contra del Estado español, hablar de lucha y resistencia contra concejales electos democráticamente, hablar de amnistía a presos políticos en un país como el nuestro, todo ello es una vez más, no sólo necio, sino un acto de irresponsabilidad, camorrista y mercenario. Como igual de irresponsable, camorrista, mercenario y necio es ser una auxiliar admininstrativa del Ajuntament de Terrassa, beneficiarse del cargo para entrar en los archivos de la DGT, facilitar una matrícula de un concejal del PP, dársela a ETA, y que ésta le ponga una bomba-lapa para acabar con su vida.
Para asociaciones necias, ya se sabe: oídos sordos…

Laporta, te echábamos de menos

Este Laporta es la leche. Lo hizo. Consiguió utilizar la presidencia del FCB para relanzar su carrera política y fundar una nueva formación dentro del panorama político catalán: Democràcia Catalana (DC).
Además este Laporta no pierde ninguna. Su posición se centrará dentro del independentismo catalán, es decir, en el extremo del espectro.
Sabe de sobra que menos del 15% de la población catalana es independentista (nótese que los nacionalistas catalanes hablan de "autonomía", "autogobierno", "relaciones con el poder central" pero la palabra Independentismo sigue dando urticaria como lo es la palabra España, ya que siempre se habla de Estado Español en los medios catalanes). ¿Entonces cómo animará a que la ciudadanía lo siga? Pues con el discurso demagógico que por excelencia consigue mancillar el nombre de los catalanes con tópicos mal merecidos: la butxaca y una supuesta deuda estatal hacia Cataluña.
Lo primero que hay que hacer es hablar con propiedad. Joan Laporta -el well-known showman de DC- nos dice que hay un déficit entre lo que Cataluña da y lo que Madrid reinvierte. Bueno, déficit no significa esto ni por asomo. ¿Los contribuyentes más adinerados tienen un déficit en sus cuentas tras pagar sus impuestos? Es ridículo e insolidario este argumento.
Es más, hay que hablar claro para no confundir a la población. Madrid y Barcelona son los motores económicos de España y los que atraen prácticamente toda la actividad económica del Estado.
Madrid y Barcelona provincias suman el 25% del total de la población española. A día de hoy, sin embargo, en estas dos zonas se ofrece el 57% del empleo total del país. Es más, si hablamos concretamente de puestos de trabajo a cubrir por personas con formación universitaria, en Madrid y Barcelona están el 65% de las plazas.
Vaya... 2 de cada 3 es muchísimo. Una persona cualquiera, llamémosla José por eso de la originalidad, vive y estudia en Andalucía toda su vida hasta los 25 años. En este tiempo la Junta de Andalucía se hace cargo de su sustento educacional y sanitario, y finalmente José consigue su título de ingeniero.
José finalmente tras moverse y buscar consigue un puesto de trabajo en Barcelona, donde pasa su edad activa pagando católicamente sus impuestos recaudados por el Ajuntament, la Generalitat y la Agencia Tributaria.
Cuando llega a cierta edad y tras padecer los sinsabores de una vida laboriosa decide retirarse y jubilarse en su tierra natal. En este momento José se convierte en un ciudadano de la tercera edad con especial atención por parte, una vez más, de la administración andaluza.
¿A quién le ha salido caro y quién se ha beneficiado de José? Hay cientos de miles de Josés.
Cataluña siempre ha sido tierra de acogida y un lugar abierto en todos los sentidos. La riqueza catalana no viene de ahora, sino que es el proceso de un progreso sin freno gracias a la mano de obra de los trabajadores de otras CC AA -operarios hace décadas y diplomados ahora-, y no hay que olvidar que durante siglos recibió la única inversión del gobierno central del momento (Borbones y Caudillos) que se dirigía a los puntos concretos del país que se querían activar (Barcelona, Madrid y las Vascongadas).
Sí que existe, por consiguiente, una deuda histórica por parte del gobierno central para el resto de las CC AA.
Es por ello que con la España democrática se institucionaliza la Solidaridad entre los distintos territorios. La riqueza se crea en Barcelona, y con esa riqueza hay que reajustar las zonas menos desarrolladas, sean la Lleida rural, Extremadura u Honduras, porque los motores económicos se ubican en puntos concretos de la geografía, y si no hay barreras para que fluya el capital humano cuando se necesita, tampoco lo tendría que haber para los beneficios acumulados que se tengan que redistribuir.
Cataluña también se ha beneficiado de obras faraónicas financiadas con los fondos europeos de Cohesión. Estos fondos se dan a España por el peso que tienen las CC AA menos ricas con respecto a la media comunitaria. Cataluña sola no podría nunca haber recibido estos fondos por sí misma.
Laporta quizás no cuenta lo caro que es ser un estado soberano e independiente. Hay gastos diplomáticos, militares, de seguridad, logísticos y administrativos que hacen que ser libre no sea tan bonito y barato como se creería a priori, y que ahora Madrid administra y no la Generalitat.
Laporta, amigo mío, en un supuesto de vivir en una Cataluña libre dentro de la UE, también se tendría que arrimar el hombro en aras de atajar la diferencia económica para las CC AA menos avanzadas y otras regiones europeas del Este de Europa. Ser independientes implica también seguir siendo responsables.
Y lo que DC tampoco piensa es que una independencia catalana implicaría una huída de empresas extranjeras que gestionan Iberia o España domiciliadas en la ciudad condal hacia la capital española.
Pérdidas y más pérdidas.
Las posiciones extremas son respetables, pero como extremas que son, en muchos casos pecan de infantiles e irresponsables.
Cataluña tiene que mirar hacia adelante, preocuparse por su futuro, luchar por lo que le es propio, por lo que le pertenece como pueblo y como nación, pero con un discurso democrático y realista.
Laporta, esto es como el Barça y para ganar, antes tienes que crear equipo.

La humildad de nuestra soberanía económica

En los regímenes absolulistas el Rey era el soberano del reino. En las democracias el pueblo es el soberano de la nación.
Una gran parte de la ciudadanía no se lo cree, y no es demagógico, es un hecho. ¿Cómo podemos ser los españoles soberanos de nuestra propia democracia? ¿votando?
Muy bien, los españoles hemos votado mayoritariamente a un proyecto de corte centroizquierdista (o a varios proyectos en general progresistas) que es, sin error a dudas, la imagen de la actual sociedad de España.
Aún así, el gobierno Zapatero ha dado un giro de 180º en su gestión económica, con lógicos recortes en una situación de crisis y déficit público, pero con una serie de reformas que van más allá y parecen ser de rúbrica neoliberal-conservadora: congelar pensiones y salarios públicos, reducir el gasto público, una reforma liberal, perdón "laboral", que facilita el despido pero no frena el trabajo precario dando más poder a las empresas privadas de contratación, una reforma de cajas que permiten su capitalización privada, haciendo que los dividendos y beneficios caigan en manos de inversores y no a los fines sociales que obligaban a las cajas a ser eso, cajas, y no bancos.
Hemos perdido parcelas de soberanía gracias/por culpa de la UE y a día de hoy ya no hay ninguna competencia 100% estatal.
¿Cómo es la estrategia económica comunitaria? Veamos, esto es muy simple: 27 países europeos con 27 gobiernos diferentes. De éstos, 20 son de derechas y 7 de izquierdas (España, Portugal, Chipre, Grecia, Austria, Eslovenia y Eslovaquia, con respeto, "lo mejorcito").
En términos de población, de esta manera, estos 7 países progres representan el 17% de la población de la UE y la derecha gobierna al restante 83% de los ciudadanos comunitarios.
Y en términos macroeconómicos, aún se desequilibra más, ya que los países conservadores llegan a acaparar el 86% del PIB de toda la Unión.
La pregunta es, ¿tienen la culpa nuestros vecinos europeos con su papeleta derechoide que hayan escogido gobiernos que obligan a los países minoritarios de centro-izquierda a adoptar una serie de reformas sólo justificables desde una ideología liberal, ultracapitalista y neo-con?
No, aunque sí que ayuda, o por lo menos los legitiman democráticamente ("señores, la mayoría europea ha hablado").¿Y por qué no? Pues sencillamente ya no es que no seamos un país soberano, es que ya no hay ninguna institución pública (en el nivel que sea y del color político que tenga) que sea libre en términos económicos, siendo que la economía marca casi toda la agenda política.
Ni el pueblo ni el Estado son dueños de la riqueza nacional, porque ahora la riqueza es transnacional.
Estamos actuando para que los inversores internacionales estén satisfechos. Ellos pagan todo. De ellos depende el empleo, no del Ministerio de Trabajo. De ellos depende la reducción de la inversión pública, no de nuestros impuestos. De ellos depende la deuda española, no de las decisiones que tome Moncloa.
Así pues, hay que tratarlos con respeto y hacer que se sientan a gusto. Ellos tienen el maletín, y antes se hunden países enteros que dejarle a alguien que lo abra.
Son el Cliente con mayúsculas y siempre tienen la razón, pero por favor, no es necesario que nos bajemos los pantalones, que somos pobres pero no idiotas.

Tonto el último

3, 2, 1... ¡fuera!
Quien a estas alturas no esté listo para las próximas elecciones lo lleva claro. Hay dos citas importantes: las elecciones municipales y autónimicas en la mayoría de CC AA y las catalanas. Si en las últimas generales la crisis era un mal presagio ("aquí no hay crisis, aquí hay 'desaceleración' de la economía" ehem...) en estos próximos comicios será el pan de cada día y tenemos que estar ya en preaviso por posibles manipulaciones y giros demagógicos de todas las formaciones.
Hay que tener en cuenta que estas elecciones pueden ser un reflejo de lo que sucederá 2012, pero para eso aún queda mucho debate -y mucho grito-.
Pero por ahora, ¿quién es el que se está moviendo? ¿quién está desengrasando motores?
CiU ha comenzado su plan de comunicación con un mensaje positivo, que se agradece entre tanto demonio interno que hay ahora en política. Su imagen es una sonrisa y su mensaje "el cambio está aquí".
La sonrisa es una gráfica económica ascendente. Así matamos dos pájaros de un tiro, y a sabiendas de que la recuperación económica se hará más visible en la legislatura que viene, el partido que esté en el gobierno siempre podrá adueñarse de la bonanza cíclica irremediable que padece y disfruta -según el momento- todo modelo económico.
Izquierda Unida también se aprovechará de la coyuntura económica en su estrategia de marketing político.
Con nuevo aparato de gobierno interno, la formación de IU recientemente ha anunciado su proceso de refundación, para renovar la clásica izquierda y atraer los votos y la participación de los socialistas que estén a día de hoy descontentos con la actuación del gobierno Zapatero.
¿Pura galería? Es posible, pero esta es la última oportunidad para que la formación que hoy aglutina a comunistas, marxistas, verdes e izquierdistas sociales pueda sobrevivir en una criba electoral. Actualmente sólo hay dos diputados (uno de IU y otro de IC-V), cuando con un sistema electoral de circunscripción única hubiesen conseguido 17 ya que son la tercera fuerza en número de votos, pero la sexta en número de diputados.
El modelo electoral no tiene trazas de ser modificado, ya que sigue beneficiando a PP y PSOE en menor medida y así mismo a PNV y CiU en sus provincias correspondientes.
IU será la víctima de este sistema, pero con las cartas sobre la mesa podrá robar votos a los socialistas y así quizás recuperar algún escaño.
Trabajo duro.
Otro lavado de imagen es la izquierda abertzale vasca. ¿Qué pasa con Batasuna? Han tenido tantos nombres a lo largo de las distintas elecciones y han sido tan vetados... Ahora van a coalinearse con Eusko Alkartasuna, que siempre ha demostrado ser la izquierda social nacionalista y no violenta.
Conseguirá Batasuna el beneplácito de Madrid bajo el paraguas de EA o sencillamente prohibirán la lista de esta formación. Esta irresponsabilidad por parte de la Junta Electoral Central, llegados al caso, desembocaría en la mayor castración que ha sufrido la democracia joven española. Y es que si la izquierda abertzale radical representaba un 10% del electorado vasco al que se le cortaba la voz por no condenar sus líderes la violencia de ETA, ahora estamos hablando de posiblemente casi un cuarto de los vascos y vascas con derecho a voto, con ideología progresista y vasquista (no es ninguna aberración).
Aunque no guste, es la voz del pueblo. La visión de un pueblo que no comparte las formas con los verdugos etarras, pero sí su idea de futuro para Euskal Herria.
Esto también va a traer mucho debate -y sí, aún más gritos y quizás violencia- por parte de algunos actores implicados.
Vemos que los partidos "pequeños" ya se están moviendo. ¿Qué pasa con PP y PSOE? ¿en qué estación de quedaron varados?
El PSOE tiene la excusa de gestionar una más que difícil agenda política en un torbellino de crisis financiera-económica-social y no tener tiempo para pensar más allá de un mes vista, ¿pero qué hacen los amigos de Rajoy?
El PP sigue sin mover ficha, ni presentar proyectos, ni caras, ni programas nuevos.
¿Dónde está la alternativa de este país? ¿Tendremos voto castigo? Uy, que se preparen porque en las épocas más críticas este voto sentencia a muchos, muchísimos, gobiernos.
La campaña aún se va a lidiar, pero ya se huele un ascenso de los partidos minoritarios y nacionalistas y seguramente, por mucha pena que dé, una abstención altísima, más alta que el paro.


No somos PIGS


No sabemos cómo ha ocurrido porque esto no estaba pensado así. La maldita volatilidad de los mercados ahora sí que ha llegado a nuestros bolsillos.
España no se ha contagiado exactamente de la crisis griega, España se ha impregnado de los horribles males paronoicos bursátiles y, peor si cabe, de sus horribles soluciones.
Todo empezó hace veinte años. En aquel entonces el Financial Times se burlaba de la inestabilidad económica de los países del sur de Europa en la ya denominada CEE. Éramos Portugal, Italia, Grecia y España, o, acuñándonos con las siglas en inglés, "PIGS".
Gobiernos corruptos, población mayoritariamente agrícola, falta de formación y jóvenes sistemas democráticos frente a la vieja Europa del norte. Tras tres décadas, gracias a los esfuerzos de la población, de los distintos gobiernos de diferentes colores y de las instituciones comunitarias, conseguimos convertirnos cada uno de estos países en grandes potencias económicas y sociales. De milagro español se acuñó, por ejemplo, el crecimiento sin precedentes (salvo el período de recesión de los 90s) de nuestra economía hasta 2008, llegando a ser el 8º mayor PIB del mundo.
¿Y ahora hemos perdido todos toda credibilidad? ¿No será que los que han perdido la credibilidad son los mercados internacionales con sus irracionales vaivenes?
España tiene un gran problema -vergonzoso- que el desempleo. Las cuentas públicas, sin embargo estaban saneadas y no era necesario el alarmismo producido por la caída de Atenas. Nuestra deuda pública está por debajo de la media comunitaria y por debajo de Francia, Gran Bretaña o Alemania. Nuestro déficit tiene una dirección alcista, pero se sitúa en posiciones similarares a nuestros vecinos.
Entonces, ¿por qué ha subido nuestro déficit? Claro que ha de subir... Si nuestro gobierno es social ha de "invertir" en la economía, dando ayudas, subvenciones, asistencias, rescatando sectores como el bancario, el de la construcción o el automovilístico, salvando puestos de trabajo en éstos, y si cabe, subiendo impuestos. El gobierno socialista, por su color político, parte de la idea que es mediante inyecciones de gasto que la economía crece.
Ello crea déficit a corto plazo y, una vez fuera de la crisis, se conseguirían sanear las cuentas públicas.
¿Qué ocurre cuando se mete en medio el FMI? El color político cambia. El neoliberalismo y su ahorro se convierten en la pauta a seguir.
Reducción del gasto sanitario, de los salarios públicos o de la ayuda al exterior, entre otros, no son sólo un grave recorte social, sino una reducción de la capacidad adquisitiva de la población y, por consiguiente, una limitación para la recuperación de la puñetera crisis.
Hasta hace unas semanas, el gobierno español no se planteaba que le chantejearían los "otros" interesados internacionales para dar un giro de 180º en la planificación económica nacional.
Dar sumas astronómicas de dinero para que tal firma venda coches o que los bancos no se hundan en 2009 no endeuda, ¿no? El gran problema es que tenemos una población envejecida y dependiente y es un lastre social. Vaya...
Ahora también incluían a Irlanda en los PIGS (o PIIGS) y vuelve a saltar este acrónomico ofensivo a la prensa salmón.
Entre los PIGS quedaban los últimos reductos socialistas europeos de Zapatero, Sócrates y Papandreu, pero si no se puede hacer la política que el pueblo había votado, ¿cuál es el resultado para Europa?
Mercados 1 - Ciudadanía 0.

Iva-profeno para demagogias cervicales


Siempre que tienes las manos ocupadas o tienes la boca llena, suena el móvil. Es una ley de Murphy - como muchas otras que hay - de las pequeñas incidencias que nos pasan en nuestra vida cotidiana, pero sin las cuales no viviríamos porque este mundo no es perfecto.
Cuando enciendes un pitillo es cuando llega el bus. Cuando empiezan los brotes verdes es justo el momento en el que el Gobierno decide subir el IVA. Una ley de Murphy.
Sabíamos que íbamos a recibir esa llamada, teníamos la certeza de que el bus estaba al caer y teníamos el conocimiento de que nuestro IVA era esencialmente bajo y que tenía que ser aumentado. Aún así siempre nos quejamos (“rayos! por qué ahora!”).
En los países nórdicos, el IVA había pasado al 18% en el año 1977 (también una década crítica, todo sea dicho) y no ha dejado de ascender hasta el actual 25%.
¿Doloroso? Está claro que nos queda mucho por andar para llegar a los niveles de Suecia o Finlandia, pero sí que nos podemos comparar con nuestros simpáticos vecinos del sur: Italia 20%, Portugal 20%, Grecia 21%, Francia 19,6%, etc.
Con todo, no nos vale de argumento que ellos tengan un mayor nivel de vida y que se lo puedan permitir, porque además el IVA sigue siendo un impuesto porcentual aplicado a un precio de venta al público, acorde con los ingresos de cada caso, algo de lo que ya se encargan las empresas de fijar para poder abrir mercado. Así, un mismo producto X de la misma marca costará más en Dinamarca que en Francia, más en Francia que aquí, y más en España que en Portugal. Es un hecho. Lo que varía es la capacidad recaudatoria de cada país. Y en este caso sí que nuestro ejecutivo recaudaba mucho menos que el resto de la UE.
Y otro engaño es que ahora todo subirá un 2%. Craso error: no nos confundamos. El 18% es el tipo más alto (el 7% será el IVA reducido para algunos servicios y el 4% de IVA superreducido se mantendrá igual para los bienes de primera necesidad).
Ese 2% de más no implica necesariamente que ahora todos los bienes que se gravan al 18% asciendan esos dos puntos. Como ejemplo, una cámara hasta ahora valía 290€, de los cuales 40€ (16%) eran recaudados para las arcas del Estado y 250€ por el empresario. Ahora, con el nuevo IVA, el precio final será de 295%, es decir, un 1,7% de más, ya que se sigue gravando la misma base (16% de 250 y 18% de 250). Eso sí, el grupo Inditex no incrementará sus precios (aplaudo su política).
Lo positivo es que es un pequeño grano de arena para reducir nuestro déficit. Lo negativo es que necesitamos piedras, no granitos de arena.
Los impuestos han de aumentar para poder sanear nuestro sistema, equilibrar los gastos con los ingresos públicos y no endeudarse el país. El problema es que debería haberse aumentado el IRPF para las rentas más altas, no deberían haber desaparecido impuestos como los del patrimonio ni donaciones. Y ni hablar de los famosos 400 euros (!)
Es muy irresponsable bajar los impuestos en situaciones de superávit presupuestario cuando se sabe que se avecina una gran crisis. Es demagógico bajar el IRPF, que es y seguirá siendo el impuesto más Justo (en mayúsculas) de todos cuantos hay. Es curioso que se suba el IVA y que creamos que será suficiente. Pues no llega, señores.
El IVA tendría que haber aumentado en nuestra bonanza previa a 2009 y elevarlo a niveles europeos. Ahora, si se emparanoia a la gente, al público, al consumidor, las compras se reducirán y la economía sufrirá otro freno.
Ya hay quien se encarga de emparanoiar a la patria (incluso más irresponsable que las políticas fiscales del Gobierno) y hablan de rebelión contra el IVA. Demagogia barata para un país en que sólo nos fijamos en las gangas cuando el vecino las compra.
Sólo nos queda esperar que ésta sea una de las muchas decisiones serias y responsables que tome el Gobierno para equilibrar las cuentas públicas. Sintiéndolo por el que no lo quiera entender: Preferible son las medidas impopulares que las tómbolas oportunistas en materia fiscal.
El calmante ayuda a acabar el día, pero hay que buscar el origen del dolor para poder levantarse mañana.

El genial Doctor Doom


Davos es la parade de los análisis financieros mundiales. Pero no tenemos que olvidar que es únicamente un referente: en Davos no se decide nada, únicamente se delibera.
El motivo es que en esta localidad suiza se lleva a cabo el Foro Económico Mundial. Este Foro es únicamente una fundación cuya misión es compartir los conocimientos económicos, financieros y sociales de la mano de expertos internacionales. Es importante por la repercusión mediática que tiene y por los invitados, que aunque sean jefes de estado o ministros de economía, únicamente asisten para lo que es: una arena para compartir ideas y repetimos, no para tomar decisiones.
Hay más de un centenar de expertos que lo que están haciendo ahora es analizar, entre otros asuntos, la actual crisis económica mundial, sus repercusiones y próximos problemas a solventar por parte de las instituciones y gobiernos.
La opinión pública se ha escandalizado por el análisis catastrófico de Nouriel Roubini, también apelado Doctor Doom (Doctor Catástrofe). Roubini ya había preconizado la irrupción de la actual crisis financiera y la de otras crisis regionales en la pasada década.
Roubini va a Davos y su intelectualidad tiene un eco en los medios que muy pocos economistas han conseguido con muchos años de estudio y trabajo académico. Los malos augurios de Roubini también fueron compartidos por la inmensa mayoría de comunidad científica estos años, pero el resto de profesionales no tienen voz.
No hay reglas escritas en economía y por eso implica el crear un debate sano y necesario. No todos los grandes economistas de Davos apoyan a este gurú cuando ataca la inestabilidad del mercado europeo en la zona euro.
España ha salido más que tocada de su análisis. Según éste, a España le sigue el mismo camino que Grecia. Nuestros vecinos griegos tienen un déficit, que ya arrastraban desde hace un tiempo, pero agravado con la crisis económica mundial.
Roubini, cree que Grecia es una amenaza para la Eurozona, como lo es Irlanda o Portugal, e incluso Italia en menor medida, pero el problema europeo lo tendrá a raíz de España, por el que no tiene ninguna esperanza y que considera el cáncer de Europa por su alta tasa de paro, la falta de competitividad, el desequilibrio fiscal y la debilidad de nuestros bancos.
Como no, hubo muchas voces críticas que entienden que si bien España se encuentra en serias dificultades, será (seremos) capaces de salir de esta recesión.
En primer lugar, la tasa de paro es un índice demagógico que sólo utilizan los analistas económicos cuando quieren enfatizar una mala situación, pero, desde luego no tienen en cuenta como un indicador decisivo en análisis corrientes de países (únicamente se ciñen al PIB, que si crece es sinónimo de que “aquí hay negocio” y no la tasa de desempleo que siempre ha sido un indicador más social y que poco importa en las inversiones extranjeras – sino, que vean la tasa de paro de las economías en crecimiento de los países en vías de desarrollo).
El caso es que no les importa el empleo en Davos, y si en realidad lo analizamos en profundidad, nos daremos cuenta que no es únicamente la crisis, ya que el paro ha sido siempre un problema estructural en España: rondamos el 20% pero nunca hemos estado por debajo del 8 ni en los mejores momentos y sí en torno al 12-17%. Es impensable en otras economías pero España siempre ha sido así, algo que se le ha pasado a Roubini.
La falta de competitividad se está atajando con más I+D+i. Si de algo vamos a aprender de esta crisis es que España no puede vivir del ladrillo. Somos ya la generación del conocimiento y hay un capital humano todavía por explotar, así que los recursos están sobre la mesa, algo que también tendría que saber nuestro amigo académico.
En cuanto al desequilibrio fiscal, sí que es una asignatura pendiente, pero no podemos dejar de lado nuestro estado del bienestar, y ciertamente, hasta hace dos años teníamos el mayor superávit de las grandes economías mundiales. Así que no estamos tan tocados y podemos reaccionar.
Finalmente habla de la debilidad de nuestros bancos, cuando es todo lo contrario: mayor debilidad tiene la banca británica, estadounidense o islandesa. Nuestro sistema financiero no ha dependido, como ocurre con la mano de obra, únicamente de la construcción y nuestra banca sigue siendo de las fuertes de Europa.
Davos apesta porque es como las pasarelas donde se marca el estilo de la temporada que viene. Apesta porque es una pena que lo que diga el Doctor Doom implique menos inversión extranjera y desconfianza, cuando es únicamente una opinión humildemente refutable.
Apesta porque las palabras de este hombre no sólo tacha de incompetente a nuestro Gobierno y a nuestro tejido empresarial, sino que nos tacha de incompetentes a todos los españoles que sí que seremos capaces de salir de la crisis; y también de incompetentes a los ilusos europeos que creemos no sólo en el euro, sino en una política social que sí que tiene un coste, pero que estamos dispuestos a asumir.
España saldrá de la crisis, quizás más tarde que Alemania o Francia, pero saldrá a flote. Las otras economías de la UE también lo harán, y no dejaremos que Grecia o Portugal salgan de la eurozona por “pobres” o “endeudados”.
Y ya puestos a hacer como nuestro amigo catastrofista, y hablar por hablar del futuro, el señor Nouriel Roubini seguirá vendiendo sus libros, artículos y conferencias, porque son de lo más negro y pesimista y, por tanto, de lo más amarillista que hay en estas élites. Y como él bien sabe, este amarillismo crea el pánico que los mercados tanto han sufrido.
¡Gracias Dr. Doom por no dar ninguna solución!

Estiércol


Los brotes verdes han llegado a la economía internacional, pero no a todas las partes del mundo.
Si alguien ve una imagen del meteosat y ojea cómo es Europa, verá que nuestro país es naranja. En términos económicos y sin salir de Europa no se aleja mucho de la instantánea de un satélite y así podemos afirmar que no: No tenemos brotes verdes.
Lo bueno es que Europa tirará de nuestra economía. Lo malo es que somos los segundones.
En España la crisis ha sido doble (algo parecido a lo que ha ocurrido en los EE UU y en Gran Bretaña), y no como en otros países del mundo en que se dio una contracción económica y un cataclismo financiero, del que, ahora sí, el mundo se está despertando. El caso español es distinto, ya que aquí la burbuja inmobiliaria explotó.
Más que una burbuja es una supernova inmobiliaria que destruyó más de un millón de empleos directos, pero también indirectos.
Si a eso le sumamos que España ya tenía un paro estructural y que cada vez que bajábamos de un 10% de tasa de desempleo echábamos cohetes, las consecuencias de esta crisis doble inmobiliario-financiera son incluso más leoninas para nuestro mercado laboral.
Esta semana la tasa de desempleo ha descendido ligeramente (14.000 personas menos), pero no es porque se hayan creado más puestos de trabajo sino porque más gente ha arrojado la toalla en esta encarnada lucha contra la crisis.
El paro juvenil no ha bajado, sencillamente los jóvenes deciden continuar formándose o estudiando mientras que la crisis no finaliza.
El paro de los inmigrantes tampoco desciende. Únicamente huyen de España (es la primera vez en esta década que la población inmigrante desciende en este país).
Cada vez hay menos gente que busca trabajo y los que lo encuentran tienen que aguantar la explotación (sí: es explotación) del trabajo precario, temporal, que muchas veces se traduce en subempleo y en otras en pluriempleo.
¿Cómo va a mejorar la economía de este país si no amortizamos el dinero de la educación de los jóvenes ya que acaban realizando trabajos inferiores a su formación? ¿Cómo vamos a conciliar la vida social y laboral si hay gente que, para sobrevivir, tiene que pasar por una ETT e ir aceptando distintos oficios para trabajar a deshora y en empresas distintas?
Esta situación es un paso atrás en la evolución del progreso de este país. Bajos ingresos o falta de ingresos es no consumo. No consumo es menos facturación para las empresas. Y así entramos en un círculo sin fin del que aún no hemos salido.
Quizás quede mucho más tiempo del esperado para salir de esta crisis. Quizás tengamos que esperar una generación. Quizás (y muy malthusianamente) tendremos que aprender de esta debacle para reorientar el mercado laboral, pero mientras tanto lo que nos toca es apechugar con todas las consecuencias.
La patronal pide flexibilidad, que no es otra cosa, sino el eufemismo de buscar ahorro de costes laborales para así poder despedir de una forma más rápida y más barata a los empleados que les “sobran”. En fin, lo que hay que buscar es el bien común, para el empresario y para el trabajador; y no el interés privado y parcial de tirar por la borda los lastres antes de que el barco se hunda.
El trabajador no es un lastre porque el trabajo es el valor añadido esencial del producto o servicio que nos venden las empresas.
Quizás no podamos salir de la crisis actual y de los problemas estructurales del empleo español hasta que nos demos cuenta que el trabajo no es un coste sino un capital. No es una cuestión de contabilidad empresarial, es un problema de filosofía empresarial.
Aquí fallan todos. Y que no nos mientan: No hay brotes verdes todavía, aún estamos removiendo la tierra. Nos queda elegir qué plantar.

Congratulations


Una ciudad unida por un proyecto siempre es algo bueno. Un país unido por ese proyecto es todavía mejor.
Parecía mentira (o no tanto) que nuestro amigo Gallardón hubiese aunado las fuerzas institucionales y privadas para sacar adelante el proyecto de Madrid 2012 y luego nuevamente el proyecto de Madrid 2016.
Con un apoyo muy populoso, más que popular, de un 85% de madrileños, se había convertido en más que un proyecto, un sueño, o si lo preferimos decir, el sueño de tener la corazonada de convertir a la capital madrileña en un referente moderno internacional, y eso, al fin y al cabo ya lo ha conseguido Gallardón.
Este personaje es un gran político. Muy poca gente lo duda. A veces odiado por los de su propio partido, a veces querido por la oposición, este liberal demócrata aterrizó desde la comunidad de Madrid al ayuntamiento de la mayor ciudad de España.
Recogió una ciudad gris, burocrática, industrial y un tanto rancia, y la convirtió en una ciudad luminosa, dinamizada, comercial y abierta.
En realidad poco ha cambiado su skyline más allá de la típica construcción que ataca a cada ciudad española de un tiempo a esta parte, sino lo que ha surgido es la nueva etiqueta de la marca Madrid.
Una ciudad cultural y joven, que da la bienvenida a todo el mundo, en medio de la esteposa meseta castellana, una ciudad que tiene que ser capital y reflejo de un país también joven y dinámico como España. Ahora a nadie le extraña que Madrid estuviese codo con codo con Londres para 2012 y a punto de desbancar a los brasileños de Río para 2016.
Barcelona’92 está cerca –demasiado cerca quizás para otorgar unos juegos a España- y repetir los JJOO de nuevo en un mismo continente no se suele hacer, con lo que Madrid tendrá que esperar a 2020. Las instalaciones que se han podido construir serán para todos los madrileños, madrileñas y visitantes; las infraestructuras también y el espíritu olímpico no se ha esfumado por completo.
En este nuestro mundo global (qué bonito los aros olímpicos) tenemos que ver más allá del tradicional Occidente y otorgar los JJOO, o la oportunidad de celebrarlos a otros países que ya no son ajenos al juego. Pekín ha sido la puerta a China en 2008 y Río de Janeiro lo será también a Sudamérica.
Un país emergente, cansadísimo de ser siempre emergente, una potencia deportiva, una ciudad cosmopolita, vistosa y alegre… En definitiva un rival digno para la villa de Madrid. Así ha sido Río.
Brasil se enfrenta a un gran despilfarro de dinero público y privado. Cantidades astronómicas, cuya evaluación del impacto a posteriori tiene sus detractores y defensores. ¿Es bueno el impacto olímpico en una urbe masificada ya de por sí hoy en día?
Una mala gestión siempre lleva al descalabro de pérdidas de puestos de trabajo y quiebras de empresas con el estallido de la burbuja olímpica una vez se acaben los juegos. Una buena gestión puede aportar grandes avances a una localidad: nuevo transporte, renovación urbanística, notoriedad, infraestructuras deportivas, remodelación vial, inversión extranjera, nuevos servicios, empleo y mucho turismo. ¿Merece la pena?
A Gallardón sí que le valió.
Desde aquí sólo nos tenemos que congratular de vender esa imagen tan buena del país y de nuestra capital. Debemos también alegrarnos por nuestros amigos cariocas que seguramente celebrarán los JJOO más coloridos de la historia. Y al fin, pensar que a la tercera va la vencida.

Pues menudo plan


Este verano nos ha desconcertado viajar por el país y ver en cada municipio los tabloides publicitarios del Plan E. Una estupenda forma de anunciarse el Gobierno de España, cosa que es totalmente lícita.
Nuestro gobierno alardea de un incremento en el gasto público para salir de la crisis, lo cual aplaudo porque es esa su función y mucho más por su color político: algo habrá que hacer con esos años seguidos de superávit presupuestario. Lo que no parece del todo bien es en qué se destina ese (nuestro) dinero.
Obra pública directa y en muchos casos innecesaria. El Plan E, tiene una naturaleza bianual y una vez dado el dinero a cada municipalidad no hay ningún método de control a posteriori de los resultados salvo los indicadores macroeconómicos a los que ya estamos acostumbrados, tales como número empresas en quiebra, EREs, el IBEX-35, tasa de desempleo, tasa de morosidad, crecimiento del PIB, pero ninguno sobre el impacto total de esta inversión local.
El gobierno, siguiendo su línea de transparencia, nos marca los ejes sobre los que incide este plan mega-inversor, que son (a) medidas de apoyo a las familias, (b) a las empresas, (c) fomento de empleo, (d) medidas financieras y (e) modernización de la economía.
Pues bien, las medidas de apoyo a la familia y a las empresas (a y b) son básicamente rebajas fiscales y las medidas financieras (d) es inyectar grandes sumas a las entidades financieras. He aquí la primera paradoja ¿cómo reduciendo la recaudación fiscal vamos a poder tener suficiente cash para incentivar la actividad bancaria?
Aún así, esta es la tendencia que están siguiendo todos los países vecinos y no tan vecinos. Todos los gobiernos están exprimiendo las arcas públicas pensando que es la única solución (señores, no es la única) para salir de la crisis y que no habrá (sí que habrá) otra crisis de las mismas dimensiones.
Lo sangrante no es esta teoría neokeynesiana (esto es, intervención estatal para paliar las externalidades del mercado). Esta teoría puede ser la respuesta a un nuevo capitalismo que todos estamos esperando con los dedos cruzados.
Lo realmente demoledor en el Plan E es la incoherencia entre el fomento del empleo vía construcción y obra pública, frente a la modernización de la economía (recordamos, puntos c y e del plan).
Presume el Gobierno Zapatero de invertir 33 mil millones de euros para fomentar el empleo y así durante dos años poder apoyar a 300.000 empleados. Parece una correcta respuesta, salvo por que ¿alguien se ha preguntado cuánto va a parar para los trabajadores? Contando con una media de 1.000 euros mensuales y continuados durante 24 meses (no todos cobran tanto ni todos los meses habrá trabajo, ya que hay un número grande pero limitado de obras públicas) tenemos el resultado de que tan sólo el 22% irá directamente a ese fomento de empleo. Obviamente en construcción hay un gasto desorbitado de licencias, materiales, infraestructura y otros costes… pero, ¿quién construye? Las mismas empresas, contratistas y organismos privados que estuvieron presentes y sobrevivieron al ladrillazo de estos últimos años.
Son éstas las que se llevan un gran beneficio gracias a las licitaciones y contratos públicos con las administraciones locales.
¿Dónde queda la modernización? ¿Acaso no deberían dirigirse esos miles de millones de euros a sectores clave para este nuevo siglo y dar el salto de una p*** vez?
¿Cuánto se va a destinar a las energías renovables, ciencia, nuevas tecnologías e informática, servicios sociales (que crean mucho empleo), agricultura ecológica, reciclaje, robótica, técnicas de calidad, investigación, sostenibilidad y cómo no, formación directa de las personas? Eso es la Modernización y no se tiene que quedar en palabras sino en datos.
La economía doméstica está viva y no se puede controlar, salvo cuando con agallas se plantean planes públicos inversores que pueden llegar a redirigirla. Hagámoslo bien y reconozcamos que la construcción (que llegó a ser un 4% del PIB) no es el mejor sector para apostar.
Quizás a la sexta sea la vencida y el Gobierno cuente con un Plan F, ya que entendemos que hubo un Plan A, un Plan B, un Plan C y un Plan D, ¿no?
Ah no… que Plan E es de “e”ficacia. Disculpen, ni se me había pasado por la cabeza.

Financiación para todos


La financiación autonómica trae tela. No a todo el mundo le gusta el resultado y mucho menos dadas las formas. Pero para que la gente no se alarme, o se alarme a gusto, habría que explicar muy bien qué ha pasado, que está pasando y qué ocurrirá, en un lenguaje claro y limpio de demagogias.
Como prueba, la verdad #1, ¿por qué las comunidades socialistas la apoyan y las populares la critican si no todas se ven beneficiadas de igual manera que en el ejercicio y el modelo anterior?
El resultado, sin embargo, es el esperado: no se ha podido dar el paso adelante hasta el desbloqueo catalán (verdad #2, el tripartito está formado por tres partidos y ninguno es el PSOE, el PSC es un partido independiente pero asociado que siempre ha marcado las distancias en este tema).
Para entender, aún así, la nueva financiación hay que pensar que ésta se divide en tres partidas:
La primera es el Fondo de Garantías de Servicios Públicos Fundamentales, llamémosle, “Servicios públicos”. Los servicios públicos representan el 80% del total de la financiación y es la piedra angular del nuevo sistema de financiación; en primer lugar por su cuantía (4/5 del total!!) y por otro por su naturaleza solidaria (este modelo es más solidario que el anterior y aquí entra el color político del Gobierno actual, esto es, verdad #3).
Los servicios públicos son los que todos entendemos sencillamente por “servicios públicos”, es decir, educación, salud, ayudas sociales… y ¿cómo se ha repartido este famoso 80% del total del dinero que irá a parar a todas las autonomías? Pues atendiendo a criterios tales como crecimiento de la población (ojito lo que ha crecido España en algunas zonas), grupos de edad de especial atención, tales como jubilados, niños de menos de cuatro años, jóvenes en edad escolar, que por cierto, hasta ahora no se tenían en cuenta. Y en términos geográficos ahora se le presta mayor atención a la superficie (pura lógica, de a más km2 que gestionar más dinero se necesita), dispersión (por favor, vean cómo es el rural gallego) y a la insularidad (¿Qué no? Vive tú en una isla y ya verás que no es todo sol).
Por lo tanto estos criterios objetivizan el reparto del fondo a servicios públicos para que cada comunidad reciba según las necesidades concretas de su población. (antes también se repartía con criterios similares, pero todo el mundo sabía que tenían que actualizarse para hacerlos más justos: verdad #4)
Este 80% para servicios públicos deviene de un 75% de impuestos cedidos a las propias comunidades autónomas y un 5% lo da el Gobierno central. Es aquí dónde es solidario (bonita idea) en que todas las comunidades financian la financiación, valga la redundancia.
Aparte de esta primera partida, hay una segunda partida que se conoce como Fondo de Suficiencia Global, o entre amigos, “Suficiencia”. La Suficiencia representa el 16,5% de toda la financiación y no es tan solidaria como la pintan (verdad #5) aunque no por ello menos justo… Aquí cada uno barre para casa. Si los servicios públicos son para “personas” que viven en Comunidades Autónomas, la suficiencia es para las Comunidades. Este dinero es para aquellas que tienen más competencias transferidas y que por lo tanto necesitan más fondos para llevar a cabo su trabajo. Vendría a ser metafóricamente el dinero que le dan los padres al hijo que quiere irse de casa a una edad temprana, que es mucho más que el que reciben el resto de hermanos que no han salido del seno familiar.
Para rizar el rizo hay una tercera partida que se llama Fondo de Convergencia Autonómica, tan sólo sería el 3,5% restante del total de la financiación y vendría a ser el dinero necesario para rellenar el fondo de cooperación y de competitividad entre las Comunidades. Y siguiendo con metáforas es igual que cuando un comensal entre amigos rellana con una jarra los vasos y decide soltar el último chorro al que cree que ha recibido menos (unas cuantas gotas que limpian nuestra conciencia).
Este ínfimo 3,5% de la tercera partida de Convergencia premia a las Comunidades con una menor renta per cápita (ahí la cooperación) y a aquellas otras que tienen una menor financiación per cápita (y aquí la competitividad). A lo que íbamos, acabar de rellenar la jarra o la botella entre los amigos.
El Gobierno central de las tres partidas nos quiere vender la primera y la tercera, ya que son las partidas más utópicas, sociales o solidarias. La segunda es más pragmática o utilitarista, no por ello menos necesaria y apenas hablarán de ella desde el Gobierno (verdad #6).
Ahora hay gustos para todos y habrá gente que crea que Cataluña no se merece tanto dinero cuando al fin y al cabo, tiene un gran número de habitantes y la Generalitat tiene más competencias costosas que otras comunidades. Habrá gente que se queje de que Murcia no reciba tanto, cuando ha sido una de las comunidades que creció también más, pero no sólo en población, sino económicamente, y su población es más urbana, concentrada y tiene menos competencias. Otros no entenderán que Asturias recibe más dinero per cápita Madrid, pero es una comunidad envejecida y con población dispersa. Que Baleares sean unas islas, pero ricas. Que Extremadura necesite fondos y Valencia no tantos… Así todas.
¿Todas? No, ya que Navarra y el País Vasco son comunidades forales excluidas de la financiación general y cuentan con un sistema propio, basado en el concierto. Esto sí que es el punto injusto que desgraciadamente no entra en el debate porque “siempre ha sido así”. Tururú: es ilógico, reaccionario, insolidario, ineficiente y antidemocrático que por motivos de derechos reales históricos, las dos comunidades más ricas del país estén ajenas al sistema de financiación del resto del Estado (verdad #7).