Congratulations


Una ciudad unida por un proyecto siempre es algo bueno. Un país unido por ese proyecto es todavía mejor.
Parecía mentira (o no tanto) que nuestro amigo Gallardón hubiese aunado las fuerzas institucionales y privadas para sacar adelante el proyecto de Madrid 2012 y luego nuevamente el proyecto de Madrid 2016.
Con un apoyo muy populoso, más que popular, de un 85% de madrileños, se había convertido en más que un proyecto, un sueño, o si lo preferimos decir, el sueño de tener la corazonada de convertir a la capital madrileña en un referente moderno internacional, y eso, al fin y al cabo ya lo ha conseguido Gallardón.
Este personaje es un gran político. Muy poca gente lo duda. A veces odiado por los de su propio partido, a veces querido por la oposición, este liberal demócrata aterrizó desde la comunidad de Madrid al ayuntamiento de la mayor ciudad de España.
Recogió una ciudad gris, burocrática, industrial y un tanto rancia, y la convirtió en una ciudad luminosa, dinamizada, comercial y abierta.
En realidad poco ha cambiado su skyline más allá de la típica construcción que ataca a cada ciudad española de un tiempo a esta parte, sino lo que ha surgido es la nueva etiqueta de la marca Madrid.
Una ciudad cultural y joven, que da la bienvenida a todo el mundo, en medio de la esteposa meseta castellana, una ciudad que tiene que ser capital y reflejo de un país también joven y dinámico como España. Ahora a nadie le extraña que Madrid estuviese codo con codo con Londres para 2012 y a punto de desbancar a los brasileños de Río para 2016.
Barcelona’92 está cerca –demasiado cerca quizás para otorgar unos juegos a España- y repetir los JJOO de nuevo en un mismo continente no se suele hacer, con lo que Madrid tendrá que esperar a 2020. Las instalaciones que se han podido construir serán para todos los madrileños, madrileñas y visitantes; las infraestructuras también y el espíritu olímpico no se ha esfumado por completo.
En este nuestro mundo global (qué bonito los aros olímpicos) tenemos que ver más allá del tradicional Occidente y otorgar los JJOO, o la oportunidad de celebrarlos a otros países que ya no son ajenos al juego. Pekín ha sido la puerta a China en 2008 y Río de Janeiro lo será también a Sudamérica.
Un país emergente, cansadísimo de ser siempre emergente, una potencia deportiva, una ciudad cosmopolita, vistosa y alegre… En definitiva un rival digno para la villa de Madrid. Así ha sido Río.
Brasil se enfrenta a un gran despilfarro de dinero público y privado. Cantidades astronómicas, cuya evaluación del impacto a posteriori tiene sus detractores y defensores. ¿Es bueno el impacto olímpico en una urbe masificada ya de por sí hoy en día?
Una mala gestión siempre lleva al descalabro de pérdidas de puestos de trabajo y quiebras de empresas con el estallido de la burbuja olímpica una vez se acaben los juegos. Una buena gestión puede aportar grandes avances a una localidad: nuevo transporte, renovación urbanística, notoriedad, infraestructuras deportivas, remodelación vial, inversión extranjera, nuevos servicios, empleo y mucho turismo. ¿Merece la pena?
A Gallardón sí que le valió.
Desde aquí sólo nos tenemos que congratular de vender esa imagen tan buena del país y de nuestra capital. Debemos también alegrarnos por nuestros amigos cariocas que seguramente celebrarán los JJOO más coloridos de la historia. Y al fin, pensar que a la tercera va la vencida.

No hay comentarios: