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El motor de Venezuela


Venezuela ha sido uno de los países más ricos y avanzados de Sudamérica a lo largo del siglo XX, y tras la recesión de las dos anteriores décadas, se ha convertido en una potencia emergente en el siglo XXI, creciendo a pasos agigantados su PIB.
Las nuevas políticas chavistas, que son bastantes artificiales, han recalcado este crecimiento y lo han amoldado para que económicamente parezca como que Venezuela y los venezolanos crecen más que sus vecinos, pero no es, sino, un apunte demagógico más.
El principal recurso del país es el petróleo. Lo ha sido y lo es actualmente. Gracias al oro negro Venezuela ha podido crecer tan rápidamente. En Maracaibo y Orinoco hay un gran número de yacimientos petrolíferos que convierten al país en la séptima potencia con este combustible y la mayor de Latinoamérica.
Ahora, que se sabe que el petróleo escasea y escaseará cada vez más, es cuando Chávez y su gabinete presumen de recursos y con chulería, hacen faltar a la diplomacia. Su discurso antiimperialista choca drásticamente con la práctica de conchabamiento (“con-chavamiento”) con Washington.
Petróleos de Venezuela SA, PDVSA, es la empresa estatal que domina toda la gestión y extracción de este elemento. Una de las mayores empresas de toda América, que extiende sus tentáculos a lo largo del globo, desde Suecia a los EE UU (Citgo).
Por medio de Citgo, la chavista PDVSA extrae en suelo norteamericano todavía más petróleo, el cual también vende en dicho país.
Ni a Hugo ni a ningún presidente americano les beneficia que la tensión diplomática haga que llegue la sangre al río, porque los dos son mutuamente dependientes de este chapapote exquisito.
Además los EE UU son con diferencia el mayor socio comercial de Caracas, tanto a nivel import como export. Por cierto (ríanse) el segundo socio comercial es Colombia, con el que Chávez tampoco guarda especial simpatía.
¿Si se retiran embajadores en Washington o Bogotá porqué no retiran también sus empresas? Bueno, el dólar y más aún el petrodólar, está por encima de los principios socialistas-bolivarianos, hemos de suponer…
Otra contradicción es que se mantiene una estricta paridad artificial entre la moneda venezolana y el dólar (1 dólar=2,15 bolívares), lo cual convierte a una moneda volátil en una divisa estable, no reflejando la realidad de su valor.
De esa manera, cuando Hugo les fija un salario mínimo de 450 dólares a los venezolanos, siendo el más alto de la zona, en realidad equivaldría sólo a un tercio de dicha cantidad. Por consiguiente, el valor de un sueldo en bolívares tan alto, no es sino un engaño para los venezolanos cuando salen de la república chavista.
Otra trampa artificiosa de Hugo Chávez es fijar un precio para los carburantes ridículamente bajo y contradictoriamente ineficiente. Un litro de gasolina cuesta oficialmente 0,04 dólares. Aunque pueda parecer un beneficio para el pueblo venezolano, no lo es a largo plazo. No se fomentan otros medios de combustible, se contamina más, no refleja el auténtico precio, no hay (aunque no lo haya en ninguna parte) una competitividad bajo un monopolio nacional y dirigido por una burocracia que hace creer que el petróleo será eterno.
El día que esto sea insostenido (porque de por sí es poco sostenible en término económicos y medioambientales) el consumidor medio venezolano y las empresas que utilicen cualquier tipo de transporte no podrán aguantar un incremento desmesurado del litro de gasolina, y por lo tanto se puede caer en una crisis transversal que afecte a todos los sectores sociales.
Poco favor le hace Chávez también a los países de la zona con el Petrocaribe, donando barriladas de petróleo a los más pobres de Centroamérica, siendo que los que se benefician siguen siendo “los de siempre” y no se busca/investiga una alternativa para relevar este carburante.
Demagogia en todos los sentidos. Los que más disfrutan siguen siendo los tecnócratas de PDVSA y los militares del gobierno venezolano… también los otros petromagnates de la OPEP, los empresarios estadounidenses, los venezolanos que tienen cuentas extranjeras en dólares y no en bolívares, los centroamericanos que tienen coche y no carro (obviamente carro sin motor), en fin… pero mientras que el pueblo crea que la revolución bolivariana es compatible con la explotación de un recurso tan “injusto”, el proyecto de la V República de Venezuela tendrá apoyo popular y financiación durante largo y tendido.

Jubílala


Estupefactos. La decisión del Gobierno Zapatero de prolongar la central de Garoña ha dejado desconcertado a todo el mundo. No ha sido una decisión, sino una no-decisión, y eso es mucho más grave.
Hay un gran déficit energético y un debate en torno hacia dónde se tiene que dirigir la política de consumo de todos los estados comunitarios. Muchos gobiernos defienden la energía nuclear. Nuestro gobierno socialista en cambio, como una gran mayoría de ciudadanos europeos conforman el frente a favor de una energía más limpia, segura y sostenible.
Garoña es en la actualidad la central nuclear más antigua de todo el territorio nacional. Construida en 1970, contaba con 40 años de vida. El gobierno actual, en lugar de comenzar los trámites para su cierre y la reestructuración de la zona ha decidido dar carpetazo (carpetazo salomónico, eso sí) y prolongar su vida hasta 2013. Ello, que bien se puede calificar de decisión irresponsable, deja en manos del futuro gobierno de Madrid, la decisión de una prolongación mayor -10 años- o su cierre definitivo.
El CSN (Consejo de Seguridad Nuclear) confía en que la seguridad de la central es correcta y que Garoña no implica ningún peligro para los garoñenses (ni para los bilbaínos, burgaleses, logroñeses, etc) que viven en la zona.
El problema no es el dictamen (no vinculante, nunca lo olvidemos) del CSN, ya que el Ministerio tiene la última palabra. El debate tiene que ser más profundo. Sin ánimo de no caer en infravalorar el peritaje del CSN no hay que olvidar que es un organismo “nuclear” y, por ende, pro nuclear. Una dentista siempre animará a colocar aparatos y un dependiente aconsejará cualquier prenda a quien le pida consejo, y el CSN plasmará la plena seguridad de Garoña durante 10 años más. Obvio. 10, 15 ó 20 años, pero el problema no es que Burgos sea un nuevo Chernobyl, lo que nos deja “estupefactos” es que nuestro gobierno se había planteado reencaminar la política energética de España – estrategia electoral para robar votos verdes- e ir cerrando las centrales nucleares, mucho más si superan los obligatorios 40 años de vida.
La energía nuclear no es buena para el medio ambiente. Greenpeace lo deja bien claro exponiendo los motivos para ser antinuclear: Es peligrosa y sus consecuencias pueden ser, tal como ha demostrado la historia reciente, dramáticas. Se generan residuos que no sabemos cómo tratar pero que científicamente se conoce que permanecerán durante decenas de miles de años. No genera tanto empleo (en Garoña trabajan 315 personas). Está en contra de Kioto y la voluntad de renovación las fuentes de energía es posible ya que muchos países lo han conseguido. Sigue creando dependencia siendo la totalidad del uranio (materia prima) importado. No es una energía renovable y se calcula que en unas décadas se acabará el uranio necesario para el sostenimiento de las centrales nucleares actuales.
Y lo más importante, la gran mayoría de los ciudadanos se declara en contra de la energía nuclear.
No nos sirve de nada dejar de depender de la energía de otros países, ya sea Argelia o Francia, porque a los consumidores no se les repercute tanto en la factura. El coste energético se encarece año tras año por muchos factores como son el IPC, o el hecho de que cada vez consumimos más.
Tampoco nos sirve el argumento de que se pierden puestos de trabajo, porque a nivel general y pensando en el interés de todos los ciudadanos, las energías renovables crean más empleo y sus fines son mucho mejores, con lo que hay que apostar por ellas sin dudarlo. Además, cuando se cierra una nuclear, una refinería o una papelera, la Administración Pública ya se encarga de aplicar un plan dinamizador en la zona, algo que muchos sectores no tienen en la actualidad.
Plantémosle cara y sigamos exigiendo el cierre de las centrales nucleares, no por ser fieles a un programa electoral, sino por ser fieles a nuestros principios: Creemos un país sostenible.