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Humo


No existe ahora. Quizás se haya esfumado en poco tiempo o quizás nunca hubiese existido. La riqueza de estos países tan desarrollados se ha demostrado que es relativa.
El capitalismo se ha criticado desde muchos sectores y no es algo nuevo, ya que siempre ha tenido detractores y defensores, y como unas reglas de juego que son, el sistema capitalista se ha modificado década tras década. Desde la década de los 90 teníamos en Occidente un ultracapitalismo que, entrados en el S XXI, se ha extendido a todas las partes del planeta.
Este ultracapitalismo no es otro que el de la desregulación total de todas las transacciones y el de la especulación extrema. Especulación extrema cuyas consecuencias estamos viviendo ahora.
Se puede especular con el valor de todo: de los tulipanes, del oro, del petróleo, del arroz o de la solvencia soberana de un país. Y como toda especulación tiene el mismo proceso de hinchazón sin sentido y explosión sin cabeza, nos hemos empapado todos de esta supernova especulativa de nuestra deuda soberana.
Europa, Japón y los EE UU en 2011 se destacan por tener los mayores problemas de financiación estatal a pesar de ser los Estados con mayores ingresos –dicen-. ¿Ingresos? La mayor partida de lo ingresado por los países occidentales proviene de los mercados financieros. Los gobiernos (todos los gobiernos de todos los países con independencia de su color político) actuaron irresponsablemente vendiendo en los parqués la deuda soberana de sus ciudadanos hasta unos niveles que superan el 80% ó incluso el 100%, sin reducir en ningún momento el gasto derrochador, incluso reduciendo impuestos y dándole también su trozo de pastel al sector bancario, que más bien se demuestra que ha sido una manzana envenenada.
Si alguien compra un coche a plazos, lo usa, lo paga durante “x” tiempo, y cuando acaba de financiarlo, lo posee totalmente. Esta persona está especulando con sus ingresos, corrientes y constantes, pagando hipotecas, letras y créditos, y haciendo uso de lo que en realidad todavía no es suyo.
Nuestros Estados han hecho lo mismo: han estado haciendo uso con las infraestructuras y servicios sociales de dinero inexistente, con financiación especulativa que iban devolviendo, eso sí, con los impuestos que católicamente pagamos los contribuyentes.
A crecimiento más rápido, más rápidamente se esfuma, tal y como ha pasado en la periferia de Europa. Grecia es un ejemplo de goma elástica estirada al extremo. Y también lo es nuestro país, y también los son todos y cada uno de los países del mal llamado mundo desarrollado.
Humo.
Decíamos al comienzo que esto es ultracapitalismo. Un sistema creado, no de la nada, sino como consecuencia de cada uno de los actos de Gobiernos, empresas y ciudadanos. Ha sido una responsabilidad colectiva que deberemos enmendar. Hablamos de ultracapitalismo como una versión atroz y enferma de un sistema de mercado de economía abierta.
Ha llegado el momento del cambio. Se hará solo y sin prisas. Este actual sistema dará paso a otro no tan especulativo o indirectamente regulado.
Hemos de aflojarnos el cinturón y hemos de pagar lo que no teníamos en aras de mantener nuestros servicios sociales, pero porque nosotros queremos, no porque lo diga la agencia de rating Moody’s.

La Constitución y un pepino


El procedimiento es así por un claro objetivo. No se hace al tuntún.
Nuestro sistema legislativo es el que es por estar en un Estado Democrático de Derecho (en mayúsculas). Es lento, debatible y redebatible, engorroso, burocratizado. Muy leeento. Es un sistema de leyes y se piensan dos veces las normas, ya que sus consecuencias son tremendamente importantes.
La ley del pepino: Un grupo parlamentario decide proponer una ley desde la oposición para defender el pepino español. Se debate si procede hacer esta ley o no. Se vota en una cámara, se vota en otra y se da un paso adelante. Se crean comisiones para investigar cómo proteger al pepino, que si un etiquetado, que si unas multas a quien mancille su nombre. Las comisiones, meses más tardes y tras votaciones, llevan la propuesta al Congreso. El Congreso debate de nuevo. Que si pepino sí, que si pepino no. Pues pepino a veces, porque finalmente se aprueban algunas cláusulas adicionales y se pasa la ley de pepino por… el Senado que lo ha de votar también. En el Senado no gusta la ley del pepino. Pepino no.
La ley vuelve al Congreso y ahí ya sin tocarla más (la ley decimos) se aprueba finalmente la Ley ordinaria de protección del pepino español. Sólo tuvieron que pasar 5 meses y 3 semanas. Es necesario ese tiempo para asegurarnos que asentamos las correctas bases de protección de nuestra noble hortaliza.
En cambio, ahora los partidos mayoritarios, PSOE y PP, deciden reformar la Constitución en cuestión de semanas. ¡De días! Sin ningún tipo de debate previo. O peor aún, habiendo debate pero en la calle y no dentro de la Cámara del Pueblo.
Vamos a cambiar además la Constitución por intereses cortoplacistas para hipotecarnos soberanamente de por vida, y recalco el doble sentido de soberanamente.
Como el Gobierno de Angela Merkel decide en Alemania introducir un artículo en su Carta Magna para que legalmente su Estado no se endeude más, nosotros lo copiamos. Lo copiamos a la desesperada para calmar a los mercados salvajes y lo copiamos a la manera express para poner la guinda a la legislatura a dos meses de las Elecciones Generales.
¿El método? Ha fallado.
¿Las formas? Han fallado.
¿Las razones? Han fallado.
¿Las consecuencias? Simbólicas, pero relevantes. No sirve de nada que se obligue el Estado a no endeudarse porque nuestra firma de los Tratados comunitarios ya nos exigía seguir las pautas marcadas en Maastricht poniendo un techo al déficit y a la deuda.
Es de un gran derrotismo democrático, que nuestra Constitución, fruto de la utopía de una Transición pacífica y esperanzadora de hace 30 años, se vea afectada de forma tan sucia por las circunstancias vigentes de unos inversionistas recelosos.
Primero los servicios públicos. Primero los derechos sociales. Primero el Estado del Bienestar. Después ya veremos cómo nosotros –nosotros somos el poder- seremos capaces de hacer frente a los ciclos económicos.
Podremos recortar, podremos reajustar y podremos replantearnos muchos cambios en nuestro modelo de financiación, pero manchar la Constitución, hasta ahora intocable, para cerrar a cal y canto cualquier manera de intervención keynesiana-estatal para hacer frente a una crisis, dejándonos a la deriva, todavía más, en manos especuladoras, es, ante todo, un error.
Es ante todo el mayor error que se ha cometido en este país desde 1978.

Banca cívica no es ética


Inteligencia (+) militar, fuego (+) amigo, santa (+) inquisición… muchas veces combinamos palabras para crear nuevos conceptos cuando a priori son contradictorios y no podrían ir en la misma frase.
Por ejemplo, “Banca (+) cívica”. La banca es una entidad financiera con ánimo de lucro cuya actividad reside en el comercio del dinero, que es a su vez el producto menos cívico que puede haber en el mercado.
“Banca cívica” como marca comercial es un gran acierto. Desde el punto de vista del marketing es el hallazgo exacto de ese nicho de mercado de pequeños ahorradores, que son la base a su vez del sistema financiero nacional, que están hartos de que los bancos los gestionen los banqueros y que las cajas cada vez estén más alejadas de su idea original.
Pero vayamos atrás. ¿Por qué ahora veo esta nueva entidad en plena expansión en 2011? ¿Banca cívica es cívica?
Para responder a estas preguntas hay que recordar que el crash financiero de 2009 fue como un aguacero sobre unos pequeños castillos de arena que eran nuestras cajas y bancos. Los bancos, más sólidos, supieron saldar la envestida. Las cajas, sin embargo, han tenido que reorganizarse y partir de cero.
Eran ya demasiadas entidades de ahorro y no quedaban fondos públicos para rescatar la mala gestión, la avaricia y la improvisación de sus directivos.
La solución que se nos dio a las cajas españolas desde las instituciones financieras internacionales fue la más cómoda y menos quirúrgica de todas: “Fusionaos”. Y empezó lo que se conoce como O.R.G.I.A.: Ordenamiento Reorganizador General Interbancario Acelerado.
O.R.G.I.A para arriba, O.R.G.I.A para abajo, y a ciegas, también sea dicho, salieron unas combinaciones de lo más dispar. De algunas combinaciones algunas entidades a posteriori quisieron conservar su nombre comercial, otras su denominador común geográfico, pero otras fueron más allá.
Caja Navarra, Cajasol, CajaCanarias y Caja de Burgos, cuyo único punto en común era un futuro más oscuro que la propia sombra de la crisis, decidieron unirse en un nuevo sistema institucional de protección (léase fusión) que se le llamó Banca Cívica.
La idea no fue mala ya que ha cosechado muchos éxitos. Una imagen renovadora, un violeta reivindicativo, un árbol ecosostenible y grafittis en sus newsletters.
Gran idea, grande Banca Cívica. Vende transparencia y aplica un mensaje directo a sus socios que se puede leer entre líneas “decimos toda la verdad porque aunque usted no lo sepa somos la fusión de unas cajas insostenibles y especuladoras que se quedaron con el culo al aire, y ahora hemos aprendido la lección”.
¿Es Banca Cívica igual que la banca ética?
Pues no, Banca Cívica es un nombre comercial de una entidad financiera normal y corriente, y la banca ética es un concepto de banca que ya existía antes de la crisis.
La banca ética no basa su actividad en la rentabilidad/riesgo, y suele estar gestionada por cooperativas. El impacto social de estas entidades financieras alternativas es muy positivo, ya que siempre prioriza las inversiones en comercio justo, educación y microcréditos para proyectos de desarrollo. La rentabilidad de sus ahorradores no será tan alta como el resto de entidades de toda la vida, pero desde luego es, sin lugar a dudas, la mejor de las bancas que puede haber hoy en día en términos de interés general y sostenibilidad.
Por cierto, Triodos Bank es la banca ética más importante que hay en España y tampoco es la única, pero que no os confundan: Banca Cívica no es una banca ética.
Si ellos no se fían de tu solvencia ni de tus avales, tú tampoco te fíes de los suyos.

Indignado en islandés se dice “reiður”


Que no, que no y que no. Islandia es como una gran Puerta del Sol en el Círculo Polar Ártico. Los indignados islandeses no necesitan tienda de campaña para acampar frente al Parlamento de Reykjavík por dos motivos.
En primer lugar, el fracaso de una acampada en Islandia por las inclemencias climáticas; y por otro lado, por los cauces de participación democrática directa de la que disfrutan los islandeses, que hay que recordar que desde hace muchos siglos tienen la Asamblea democrática más antigua del mundo. Ambos motivos hacen del caso islandés, un caso único donde se hace mucho ruido sin muchas caceroladas.
Un pequeño país, con una serie de recursos limitados que supo crear una economía de libre mercado y un Estado del Bienestar, únicos y compaginables como sólo los países nórdicos supieron hacer. Compaginable hasta el divorcio sufrido hace dos años, con la quiebra financiera internacional que azotó a Islandia de una manera calamitosa y no esperada por nadie.
No fueron ni por asomo el Goliat derribado del que se habló porque han sabido hacer las cuentas para salir de la crisis… y menuda manera de hacerlo.
Aún siguen en pleitos con los Gobiernos británico y holandés, que financiaron la deuda de la isla ártica y ahora los propios islandeses se niegan a pagar. Se niegan a pagarla porque no es su deuda: es la deuda de la mala gestión de un Gobierno.
Se negaron a pagarla en el primer referéndum (bien sabido era el resultado, pero los islandeses lo replantean todo vía plebiscito) y lo volvieron a negar por segunda vez. “No queremos pagar vuestra deuda”. Y sigue sin ser pagada.
Poco a poco van saliendo de la crisis. Islandia también fue rescatada por el FMI, también tuvieron recortes sociales e incluso han pedido su adhesión a la Unión Europea porque una economía tan débil no podrá sobrevivir sola tras las heridas mortales que sufrió por las batidas de este capitalismo salvaje del que se estuvo beneficiando su banca durante las últimas décadas.
Paradojas. Pero lo más paradójico, que no se ha atrevido a hacer absolutamente ningún otro país afectado por la crisis, es que los islandeses han denunciado a los presidentes y gestores de las principales bancas del país e incluso están juzgando (“juzgando” que se dice pronto) al ex Primer Ministro, Geeir Haarde, por la incompetente gestión de la crisis, por tener información privilegiada y aún así hacer una mala política económica, llevando a Islandia a la bancarrota y poniendo en peligro la sostenibilidad del país las siguientes décadas.
Es por ello, que el caso islandés es único, y que cada ciudadano islandés puede ser un reiður, un indignado, que lucha por su dignidad y por la de su país.
Quizás su cultura ciudadana sea mucho más avanzada que el resto del continente, quizás los islandeses sean un pueblo espartano y con unos principios intachables, o sencillamente, puede que estas medidas puedan ser únicamente tomadas por un país pequeño de 300.000 habitantes.
No importa analizar las causas de su actitud, sino las consecuencias de sus actos. Sí que se puede actuar de forma cívica y comprometida, solidaria y orgullosa, para poner los puntos sobre las íes y para aplicar la justicia, que al fin y al cabo es algo inherente a cualquier sociedad. A no ser que esa justicia sea demasiado incómoda.

Ha llamado al cero cero patatero


Cuando el barco está en peligro el capitán pide a la tripulación que arrimen el hombro y tiren por la borda los lastres que pueden llevar a la embarcación al hundimiento.
Las empresas también han de sortear las crisis con medidas ahorrativas extremas que en muchos casos llevan implícitos recortes de costes laborales, entre otros. Estos recortes son impopulares y odiados por todo el mundo. Los dichosos EREs o expedientes de regulación de empleo que tanto afectan a grandes empresas, donde un ERE puede implicar la pérdida de miles de puestos de trabajos de la noche a la mañana.
Es una contracción brusca, pero necesaria, reconozcámoslo, para la supervivencia de la empresa. Por este mismo principio lógico de contracción y ahorro, el Estado y la Administración Pública también están sujetos a recortes de salarios y al cese de algunos puestos de trabajos directos e indirectos, pero todo ello en aras de la supervivencia de toda la organización.
Es, como decimos impopular, pero lógico y legítimo. Algo muy distinto es lo que ahora quiere llevar a cabo Telefónica, la multinacional española de telecomunicaciones líder todavía indiscutible, presente en diversos países y con una plantilla en España de más de 28.000 empleados, ha anunciado que recortará en los próximos tres años a un 20% de su plantilla (nótese que colocamos la preposición “a”), todo ello ante su comité de accionistas de los que dependen los fondos del gigante de la telefonía.
En realidad habría que matizar que dependen de estos accionistas, pero también de los propios trabajadores. Nadie como ellos – como estos últimos- conoce la firma, el método, los servicios y productos. Una empresa de telecomunicaciones ha de ser innovadora: eso es una obviedad, pero esta innovación pasa desde luego por la formación constante de los trabajadores para adecuar su mano de obra a las necesidades de los consumidores y clientes.
De nada sirve echar a la calle a los 5.600 trabajadores sobrantes si a corto plazo hay que contratar a nuevos trabajadores y seguir formándolos. Un gasto innecesario que la directiva de la empresa ha obviado.
Quizás sea una demagogia para apaciguar las inquietudes capitalistas del accionariado, como hace nuestro Presidente del Gobierno con los mercados, pero está claro el planning marcado y no es de muy buen ver.
En 2003 cada acción de Telefónica era pagada a 0,25€ y este año asciende a 1,75€, cantidad que esperan mantener los próximos años, pero eso sí, a costa de los recortes laborales.
Este año los beneficios de la empresa fueron máximos a pesar de la crisis: 10.000 millones de euros. Si bien la deuda de la empresa sigue estando por las nubes y el accionariado se compone prácticamente por medianos capitalistas, sigue siendo la peor de las medidas impopulares que se pueden haber tomado.
Telefónica es inmensamente rentable y tiene otra deuda no tangible con la sociedad española que la diferencia del resto de la competencia. Era una empresa estatal de comunicaciones y sus orígenes –difíciles, costosos y asfixiantes para el resto de los mortales- en su caso fueron promovidos por el capital público década tras década. Impuestos de contribuyentes que aún aguardan la rentabilidad social de este servicio público privatizado.
Salen con ventaja y se abanderan de ser la empresa que más invierten en I+D+i de todo el IBEX35. Una especie de marca nacional “i-beric” que no son capaces de hacer un guiño al país que la vio nacer o al país que la creó, de hecho.
Estos 5.600 trabajadores no van a hacer que el paro aumente mucho más o su mantenimiento hará que se reduzca. Es una cifra ridícula en comparación a lo que aporta esta firma al PIB nacional, pero lo que más hay que lamentar es la falta de solidaridad.
Algunos directivos la han criticado como una medida antipatriótica para España. No es cuestión de volvernos defensores de nuestros colores nacionales ni mucho menos, pero habría que recordarles a nuestros amigos de Telefónica que tienen una responsabilidad triple, hacia sus accionistas, hacia sus empleados y hacia la sociedad general.
En tiempos de crisis hemos de apretarnos el cinturón todos y todas, o por lo menos saber comunicarlo para dejar de ser la empresa de telefonía más odiada por los clientes por enésima vez consecutiva.

A Dios rogando y con el mazo dando


Si el estimado lector es un acérrimo defensor de la vieja izquierda, mejor no siga leyendo.
Vivimos ante una situación desequilibrada de exigencias y derechos, en lo que se refiere a la política sindical y sus reivindicaciones. Para ser más exactos, estamos atravesando un amargo momento para la lucha obrera y sus reivindicaciones, y los actores responsables de movilizar al antiguo proletariado no son capaces de incentivar un cambio, llegar a ningún acuerdo, legitimar sus actos, ni mejorar, en definitiva el derecho del trabajador.
Un claro ejemplo es la huelga y en lo que se ha convertido este acto. Hay que llamarla con su nombre: es sólo un acto. La disfrazan de derecho, pero es un acto, para algunos social y para otros de chantaje. Ha sido una gran conquista en la historia democrática de nuestro país. El hecho de que en su día se viese plasmada en la Constitución implicó la apertura de la España social y sindical, necesaria y en auge en su día.
Sin embargo, la huelga utópica de 1978 ha degenerado tres décadas después en ese acto ignominioso que nadie en este país se atreve a poner en duda.
La finalidad de la huelga es la paralización de la actividad productiva en aras del cumplimiento de una reivindicación, mejora o queja del trabajador. El primer fallo es que hay reivindicaciones del comité de empresa que no tienen por qué ser secundadas por toda la plantilla.
Más allá de este pequeño fallo, que se resuelve como tiene que ser, votando, hay otro gran error en el que se han convertido las huelgas: La presión se hace contra el Gobierno nunca contra el empresario.
Una ciudadanía inconformista es bueno para todos. Una élite obrera inconformista no sólo es malo, sino que es demagógico. Hablamos de élite ya que incluso dentro de la clase trabajadora hay unos pocos que deciden por muchos, y es más, hay reivindicaciones que vienen de la capital y que todos acallan como propias sin pensar en las consecuencias.
Volvamos a la huelga contra el Gobierno y la Administración. Aquí estamos ante un acto egoísta y vandálico.
Huelga de recogedores de basura y el ciudadano queda puteado con la peste de las ciudades sin tener ninguna culpa. Huelga de los controladores aéreos y el pasajero queda tirado sin tener ninguna culpa. Huelga de conductores de trenes y el viajero queda hacinado sin poder ir a trabajar y sin tener ninguna culpa.
Hay que fastidiarse que hubiese sido Esperanza Aguirre la única que se atreviese a recordar que este derecho a huelga ha de ser regulado por ley orgánica para evitar la paralización como ocurrió en Madrid con la huelga del Metro. Las fuerzas del orden público, los servicios médicos-urgencias, y los servicios de transporte con toda su estructura han de estar siempre operativos. Lo pagamos todos y tienen una responsabilidad mayor con la sociedad.
Sí, la huelga, aparte de ser únicamente una herramienta para hacer un chantaje al Gobierno, trae consecuencias negativas que a la larga repercuten en otros trabajadores.
Un ejemplo: una huelga de Cercanías, un trabajador no pude ir a abrir una tienda y se pierde media jornada de trabajo. Es una cadena que da empleo a más de 100 personas y ese mes por esa huelga, la empresa ajena al conflicto laboral de los trenes pierde un 2% de facturación. La empresa haciendo números ve conveniente, con los tiempos difíciles que corren, reducir su plantilla en 2 personas como medida de reajuste.
Todas las huelgas, en el momento en que influyen en otros sectores económicos, en otros trabajadores y en otros ciudadanos anónimos, se convierten en actos delictivos.
Todas las huelgas que tienen como finalidad la reducción de la productividad tienen como primera víctima al propio trabajador.
Todas las huelgas que se han hecho hasta ahora no han recogido ningún fruto, salvo el menosprecio y alejamiento de la clase sindical e incluso de la función pública del ciudadano. Los frutos se recogen en la mesa de negociación y sí, hay muchas más medidas de presión que una huelga en la que los piquetes, esos grandes hooligans bolcheviques, acaben haciendo de las suyas. Patético y retrógrado.
No, no me representan, pero por favor, que no nos puteen más, que ya tenemos bastante con levantarnos cada mañana con un 20% de paro.

Que vienen los chinos


Que vienen los chinos y se van a quedar todo. Que hay chinos en todas partes. Que los chinos dominarán el mundo…
Todos estos comentarios son los argumentos esgrimidos para el nuevo fenómeno, sustituto del antiamericanismo, que es la sinofobia o fobia a lo chino. Sin embargo, no hay que tener este sentimiento de rechazo. Que vengan los chinos no es ningún trauma.
Hace décadas que los chinos han estado emigrando a los cinco continentes. Los vemos en cada una de nuestras ciudades. Muchos de ellos empezaron con restaurantes y tiendas de bazar, pero cada vez están abriendo más su negocio a otros sectores y servicios.
Por cierto, la inmensa mayoría de los chinos que viven en España proceden únicamente del distrito de Qingtian, lo cual ayuda a comprender la envergadura del gigante asiático. China tiene 30 veces la población española. 1 de cada 5 habitantes del planeta es chino.
Es lógico que cualquier país occidental cuando analiza la población asiática residente se asombre del número de chinos que hay. En primer lugar, nuestra ignorancia occidental ombliguista nos hace creer que cualquier oriental es chino, cuando no es así. En segundo lugar, si hay un 5% de población china emigrante en otros países ya son 66 millones de personas (lo que correspondería a ser el país nº 19 por sí sólo en población).
Hasta ahora el chino emigraba por la digna razón de mejorar la vida de su familia, tal como hemos hecho todos, también los europeos. Ahora los chinos externalizan servicios y su presencia en países más pobres responde a un proceso que China ha vivido hasta hace muy poco tiempo: la búsqueda de mano de obra más barata.
No hay que asustarse de una China que crezca económicamente. La huida de población sin recursos de China se reduce, a la par que las empresas chinas aumentan el capital y muy en buena medida gracias al know-how que aprendieron de las empresas occidentales que externalizaron los servicios en su territorio.
Que China se convierta en una potencia económica es buena noticia, ¿acaso cuando hablábamos de un mundo más justo e igualitario era un mero discurso vacío? En un planeta justo, el país con mayor población debería tener el PIB mayor. Eso significaría que las rentas per cápita se equilibran e igualan. Que China supere a los EE UU en riqueza total no es malo, es únicamente una señal de progreso, y una muestra de que en la globalización cada vez más, todos cuentan, y las relaciones son plenamente multilaterales.
China tendrá el PIB mayor, pero no dominará el planeta Tierra. Seguirá siendo un poder “equiparable” a EE UU, a la Unión Europea, a Latinoamérica o a la India. Por cierto, para que no nos frustremos, pensemos en China -y también en India-, no como un sólo país sino como todo un continente, o si cabe, como un socio comercial.
Hasta ahora si el gigante asiático era la gran factoría mundial de todo, beneficiaba a todas las empresas que producían o compraban en China, y también beneficiaban al consumidor de Occidente que podía acceder a unos precios más competitivos. El perjudicado era el operario de fábrica que se quedaba sin empleo.
Ahora la calidad de vida en China ha aumentado y los salarios también, y surge un nuevo fenómeno. China va a África y la empresa occidental vuelve a Europa. Ya hay marcas que vuelven a abrir procesos productivos a este lado del globo porque China deja de ser competitiva en costes laborales. Hablábamos de calidad de vida para el ciudadano chino y de una clase media en alza que consumirá productos no Made in China, sino productos a precios no tan competitivos y fabricados en Occidente.
En los próximos cinco años este despegue acabará de cuajar en otros países emergentes asiáticos y americanos, haciendo que todas las relaciones comerciales, que todos los procesos productivos, que todos los servicios y productos, y que todas las tomas de decisiones sean multilaterales.
En la próxima década le tocará finalmente a África.
Y no nos equivoquemos, que vengan los chinos no es malo. Recuerden que ahora nos están comprando deuda pública, pero su crecimiento tampoco será eternamente exponencial.
En cada casa cuecen habas.

Por qué deberías cobrar más


Deberías cobrar más por muchos motivos. El primero de todo es porque te lo mereces como profesional. La mayoría de los puestos de trabajo de este país están sub-pagados porque hay un desequilibrio de la oferta y la demanda en la mano de obra.
Deberías cobrar más porque es un derecho. Todos los actores sociales –gobierno, sindicatos y patronal- tienen la obligación moral de satisfacer las necesidades básicas de cada individuo, de cada trabajador.
La Constitución, el Estatuto de los Trabajadores y la Declaración universal de los Derechos del Hombre ratifican que todos tenemos derecho a trabajar y a recibir un salario justo.
Deberías cobrar más porque trabajas más. Hay un coste de tiempo, esfuerzo y rendimiento que no se ve reflejado en la mayoría de los empleos. Una persona desde que sale de casa hasta que llega al trabajo invierte su tiempo gratuitamente hacia el proyecto empresarial de su jefe. El transporte tiene un coste no asumido así como también la dichosa plusvalía, es decir, el tiempo trabajado en horas extra que no se computa en el salario.
Plusvalía es 5 minutos trabajados cada día sin recibir nada a cambio. Es un aumento de la producción a coste 0 (patatero) para el empresario. 5 minutos trabajados gratis cada día es una plusvalía de 3 días al final del año para el jefe.
Deberías cobrar más porque la economía nacional se reactiva. Un empleado con más salario es un consumidor con más poder adquisitivo. Un consumidor con más capacidad de compra es mayor facturación para la empresa. Mayor facturación es expansión y, cerrando el ciclo, es más salario.
Deberías cobrar más porque así el Estado recauda más y los servicios sociales mejoran. El más justo de los impuestos es el impuesto a la renta, que grava las rentas más altas. A mayores rentas, mayores ingresos para fines sociales.
Deberías cobrar más para aliviar la presión fiscal hacia las empresas. Si no es por activa es por pasiva. Si la población no tiene suficientes recursos el estado ha de aumentar los impuestos a las empresas y la actividad empresarial se ve ahogada.
Deberías cobrar más porque las empresas ganan más. La mayoría de las empresas tienen ganancias que se convierten en dividendos hacia la élite de la corporación y no en salarios para la fuerza de trabajo. Es un fallo de la filosofía empresarial de este país que nunca implica al trabajador en el proyecto de la compañía.
Deberías cobrar más porque nos tenemos que igualar al nivel europeo en todos los sentidos, incluida nuestra capacidad adquisitiva.
Deberías cobrar más porque eres capital humano y no coste laboral. Vales mucho. Tienes una formación y una experiencia que aporta un know-how a la empresa único. Este capital humano tiene un coste para el directivo de la empresa. Eso es lógico y nadie lo duda, pero es primero el valor que aporta ese trabajador (el beneficio) y luego viene el coste.
Deberías cobrar más porque los números no cuadran. En este país sólo trabaja el 80% de la fuerza de trabajo, pero seguimos estando en el top 10 mundial de PIB y la riqueza del país sigue siendo una de las más altas, ¿dónde está?
Deberías cobrar más porque los números sí que cuadran. Si trabajas 8 horas al día y multiplicas tu salario x 3 te das cuenta que tú, que tu vida y que tu tiempo vale mucho más.
Puede parecer simplista y demagógico. Puede parecer una visión parcial del mercado laboral… pero no nos engañemos. Algo falla a la hora de calcular el valor del trabajo en este país.

Mientras no se globalice todo...


¿Sabíais lo que es un datáfono?
Es el aparato que usan los dependientes y prestadores de servicios en el punto de venta para que el cliente pueda pagar mediante una tarjeta de crédito. Constantemente estamos pasando la tarjeta por datáfonos y olvidándonos de si tenemos suelto o no.
Conversación real en la cola de una caja en un punto de venta:
A: Pero, ¿en serio que tengo que firmar? El banco me ha dicho que con esta nueva tarjeta ya no era necesario firmar ningún ticket…
B: Depende del datáfono, señora. Algunos les basta con el chip, pero otros nos obligan a comprobar los deneíes y pedir la firma, como siempre.
A: Siempre nos mienten y nos marean los bancos con sus inventos…
B: Ya… yo la entiendo, pero mientras que no se “globalice” tendremos que convivir con los dos sistemas. Lo siento.
Y así es la percepción de la realidad por parte de la sociedad actual. ¿Querría decir la dependienta “generalizar” en vez de “globalizar”? Seguramente hubiese tenido un lapsus, pero no iba muy desencaminada.
Hoy en día todos los productos están expandidos por todo el ancho del planeta. Cada vez más hay una sola sociedad de consumo, con todos sus pros y todos sus contras.
Lo más increíble de este proceso globalizador es que ha sido tan corto que para muchos aún no tiene un significado desarrollado en su lenguaje diario. Lo que está claro es que está ahí y que es unidireccional.
Se han globalizado los datáfonos, el cine y google, la política y la economía, el calentamiento global y la lucha contra la pobreza, se ha globalizado Zara y al-Qaida. Hoy en día, todo es global e incluso nuestra propia existencia en el mundo.
Sólo basta alzar la vista y ver la etiqueta de diez objetos que haya alrededor, darles la vuelta y ver su etiquetado, su marco CE y su procedencia. Globalizado y transnacional. Tus pantalones han sido diseñados en algún país europeo, con capital americano, con materia prima africana y mano de obra asiática.
Tus noticias diarias globalizadas, tu facebook globalizado, tu concepción del mundo globalizada y tu futuro también globalizado.
Ante este panorama –para muchos desolador- hay que saber hacerle frente y sacarle provecho.
Somos ya casi 7 mil millones de ciudadanos que vivimos en red y en interdependencia unos de otros. Cada una de las partes en este juego ha de beneficiarse de la forma más justa de un intercambio comercial sin fronteras, donde no se pueda frenar únicamente los productos, sino tampoco las ideas. Un mundo global sin fronteras donde tengamos la información de qué pasa al otro lado y donde, por supuesto, nos incumba.
En este mundo tal como vivimos ya en la segunda década del S XXI, no hay que quedarse llorando al pensar eso de “Todo tiempo pasado fue mejor.” La globalización ha de mejorar la forma de pagar con tarjetas de crédito, los derechos, el bienestar y tu vida también.

La joint venture del fumeta antisistema


El mercado negro o la economía sumergida no se pueden erradicar en su totalidad. Hay que reducirlos al máximo, pero desde la venta de armas hasta las cuentas de una pyme en “B” pasan por este cauce de dinero subterráneo muchos capitales.
Las sustancias ilegales estarán siempre en el mercado negro mientras que no se las legalice. Con el cannabis, por ejemplo, se mueven en España millones de euros al año, libres de impuestos y con unas consecuencias que van más allá de lo que vemos o de las que ve el fumador.
Hay un sector de la población subversivo anticapitalista consumidor de cannabis y muy crítico con el sistema. Todos tenemos en mente a este prototipo de personaje, y, si bien está mal generalizar, hay que darle una lección por su doble moral.
Los fumetas antisistema deberían dejar de criticar el consumismo atroz de la clase media occidental y no caer en el tópico del niño vietnamita que remienda balones y zapatillas deportivas ya que al fin y al cabo, su consumo de cannabis trae unas consecuencias igual o incluso más nefastas para el tercer mundo que una multinacional americana que externaliza la producción.
En primer lugar, hay que plantearse si con 100 euros ó 100 dólares en Occidente los consumidores compramos a una multinacional o a una mafia de la droga. La primera paga sus impuestos y da salarios, con lo que el bien social que aportan es muy relevante. La segunda no paga impuestos, soborna a sus camellos y trae la desestructuración social de las clases menos pudientes.
Las mafias de las drogas matan, usan la violencia, coartan a jóvenes, financian la venta de armas. Son el mayor de los cánceres que soporta hoy el mundo. Los fumetas antisistema critican a los bancos y la(s) Iglesia(s) cuando éstos buscan un beneficio económico para su supervivencia e incluso tienen un excedente para hacer una labor social. Los cárteles de la droga también buscan este beneficio pero con sus excedentes no hacen ningún bien.
Si bien las consecuencias sociales y sanitarias en el Primer Mundo a causa de la droga son deleznables, en el Tercer Mundo son aún peores y lastran su desarrollo.
¿Qué futuro tienen aquellas generaciones perdidas urbanas de clase media y baja que han caído en la espiral de la droga? Muy poco.
Si los fumetas antisistema critican tanto los transgénicos y el comercio no justo de productos agrícolas, deberían saber que en las zonas en las que se produce la droga, muchos agricultores tienen que caer en el monocultivo para su supervivencia económica siendo sus compradores incluso más hijoputas que Monsanto o Nestlé, ya que las mafias narcotraficantes ofrecen siempre condiciones más leoninas y la salida de este cultivo puede resultar incluso peligroso para esas familias.
Un dato para el fumeta español que compra hachís tan tranquilo. El gramo de género comprado por el narcotraficante hispano-marroquí al agricultor vale 0,14 euros. Cuando el producto llega a la península su valor asciende ya a 1,5 euros/gramo. Con un par de intermediarios desde la gran familia de narcos hasta el pequeño camello de barrio, el gramo de costo pasa a valer 4,5 euros cuando lo compra el fumador final.
Este fumeta antisistema ha de pensar, resumiendo, que de 10 euros que compra, el campesino recibe tan sólo 30 míseros céntimos.
Este fumador de droga que también defiende la honrosa causa de los derechos humanos tiene que pensar que hay personas que arriesgan su vida cruzando fronteras con drogas metidas dentro de su cuerpo, y que en muchos países de origen, el comercializar con estupefacientes está tipificado con penas máximas, y que él/ella es en parte responsable de la vida de esta persona.
Así pues, que cada quien compre y consuma lo que quiera, pero que antes de ver la paja en el ojo ajeno se quiten el canuto del suyo propio.
Los fumetas antisistema se deberían dejar de tanto porro y tanta crítica gratuita y ser conscientes también de sus propios actos. Aunque el vicio es el vicio, ¿no?

Los supersónicos y nuestra visión de futuro


Casi tienen 50 años y Los Supersónicos ya han dejado huella a varias generaciones de niños. Hanna-Barbera son inconfundibles por el trazo de sus dibujos y por siempre jugar con el factor tiempo para ambientar la imaginación de los chavalines en otros lugares.
En el caso de nuestros amigos Supersónicos, la trama tiene lugar en 2063 y el futuro es, como siempre que nos lo imaginamos, bastante bizarro.
Siempre se creyó que en el año 2000 íbamos a tener coches voladores, y francamente, una década más tarde seguimos sin poder volar para ir al trabajo, pero sí que podemos volar para ir en casi cualquier momento a casi cualquier lugar del planeta. También tenemos internet y vivimos en la era de la información; algo completamente inimaginable hace más de 15 años.
Es curioso cómo es la vida en el futuro según los guionistas de Hanna-Barbera. Es utópico, positivo y divertido. Una maravilla para el aprendizaje y entretenimiento de los niños.
Todo es automático y la robótica forma parte del día a día de la gente. No se imaginaban en su día lo maravilloso que es hoy la informática, pero para ellos todo es digital y todos los inventos son manuales. Con grandes botones, todo sea dicho, como eran en la década de los 60’s.
Hacían ejercicio de dedos y tenían pasillos mecánicos en la propia casa, en las aceras o en los despachos para no caminar. Sus coches sí que volaban y con razón, porque viendo la proyección vertical de la vivienda en la década en que nacieron los dibujos se creía que en el futuro las casas seguirían siendo unifamiliares (como es el modelo anglosajón) pero colgantes sobre las nubes.
La productividad era tan eficiente, que únicamente trabajaban tres horas, tres días a la semana.
Vagos o con calidad de vida. Todo depende del prisma en que se analicen los Supersónicos, pero desde luego eran muy felices y daban ese mensaje a los niños: el futuro será mejor y viviremos todos en paz.
Repetimos que iniciaron su emisión en 1962 y acertarían en la existencia de vídeoconferencias, pero desde luego, se equivocaban en la idea del papel que jugaría la mujer en el futuro. Las amas de casa seguían sin trabajar y seguiría siendo el varón el que traía el pan a casa, en un modelo familiar tradicional.
Lo mejor de todo es que los dibujos no eran patrióticos a pesar de que se hiciesen en plena Guerra Fría. Maravillosos años 60’s… De hecho, a partir de la 1973 y la crisis del petróleo cambia la visión global del mundo, y nos volvemos pesimistas.
Pasamos de la visión de vida futura de los Supersónicos a tener una supuesta conciencia de los problemas globales: habrá guerras, hambre, sobrepoblación, contaminación, no habrá recursos energéticos y un largo etcétera.
Bien deberíamos mantener la idea utópica de un mundo mejor de la familia Supersónica y pensar cómo llegar a un escenario donde las preocupaciones sean sólo triviales, donde haya recursos para todos y donde, en definitiva, todos y todas podamos ser felices.
Si nuestro presidente, por ejemplo, no se hubiese olvidado de estos dibujos animados de su infancia, hubiese sabido que una de las mejores maneras de alcanzar este status es invertir más en robótica, domótica e I+D. Asignaturas pendientes de inversión en nuestro país, en el que tenemos capital humano y mano de obra más que suficiente para dar el salto, co-liderar un proyecto europeo de gran calibre y poder hacer un poco de frente al Extremo Oriente.
Menos mal que tenemos a los japoneses. Estos sí que no se perdían ni un sólo capítulo de la serie.

Paraíso caribeño

El paraíso está en el Caribe. No es Santo Domingo, ni Cancún, ni tan siquiera la isla de Jamaica para los más hedonistas. Es el pequeño estado de Saint Kitts-Nevis, o para los quijotinos, San Cristóbal y Nieves.
Este pequeño país, no es sólo un paraíso por su ubicación, su clima, su cultura caribeña, sino porque es el espejo de la riqueza media mundial.
Es curioso, pero la renta media de Saint Kitts-Nevis coincide con la renta per cápita media del planeta Tierra, es decir, un sancristobaleño podría representar al humano medio en poder adquisitivo a día de hoy con 15.000 $/anuales.
Bastante inferior a las economías más avanzadas y ligeramente por encima de los países en vías de desarrollo (o para que nos hagamos a una idea, en el ránking mundial justo entre la europea Lituania y el desarrollado Uruguay) es una economía reflejo del progreso y la cohesión.
Este pequeño archipiélago, formado obviamente por Saint Kitts y por Nevis, es también joven ya que únicamente es independiente desde 1983, y desde aquel entonces supo dar el salto de una economía colonizada basada en el monocultivo azucarero a una economía abierta al mundo, fomentando el turismo tan en auge en la zona estas últimas décadas. Turismo que ha sido sostenible y que no ha hecho otra cosa, sino que recibir inversión extranjera directa en la pre-globalización hasta hoy.
Saint Kitts ya es un país maduro y actualmente están en su última fase económica, que es diversificar los servicios de las islas que ya representan más del 70% de su PIB.
Sus 40.000 habitantes a estas alturas ya disfrutan de un Índice de Desarrollo Humano alto (0,821 sobre 1) y todo sea dicho, salvo temporadas de huracanes, que es el problema climatológico de estas latitudes, su calidad de vida se ve reforzada por unas temperaturas paradisíacas. ¿Qué más queremos?
Saint Kitts, de esta manera, nos ofrece un doble ejemplo valorable. Por un lado, muestra como los que antaño eran llamados países en vías de desarrollo y ex-colonias europeas, hoy son países (y democracias libres) avanzados. Por otro lado es un ejemplo esperanzador para todo el mundo: la riqueza del planeta es inabarcable.
En realidad sí que es abarcable, pero desde luego se viene abajo la premisa de que hay demasiada población en la Tierra para toda la riqueza económica que se puede generar, y que por lo tanto siempre habrá países pobres.
Si sumamos todo el PIB planetario y lo repartimos entre los más de 6 mil millones de ciudadanos que vivimos en 2010 en todos los continentes, podríamos vivir como un habitante de Saint Kitts, con una calidad de vida óptima y un programa económico desarrollado.
Todos sabemos que las diferencias económicas entre Occidente y el Tercer Mundo siguen siendo extremas, pero cada vez más la brecha se está cerrando y la riqueza confluye a todos los países en vías de desarrollo en este sistema globalizado. Otro reto será conseguir que si todos consumimos con el mismo ritmo de riqueza que tiene un sancristobaleño, los recursos físicos y naturales den para los 6 mil millones, pero sabemos ya a ciencia cierta que los recursos financieros y monetarios sí que son suficientes, ya no sólo para ofrecer una vida digna a cada uno de nosotros, sino un bienestar tan deseado como el del llamado Primer Mundo.
Tiempo al tiempo o si no que se lo digan a las diferentes generaciones que hoy habitan el que quiero pensar que es ya un paraíso utópico al otro lado del Atlántico.

Compartimentos estancos

Los compartimentos estancos son espacios delimitados, cerrados e incomunicados. Lo que se coloca en un compartimento estanco no se puede mezclar con los otros elementos externos al compartimento, eso sí, siempre que la finalidad sea que no se mezclen.
Agua y aceite.
En nuestra geografía urbana se intuyen ciertos compartimentos estancos por zonas o barrios. Hay en cualquier zona metropolitana que presuma de más de 50 mil habitantes, una zona, la más rica, en la que las rentas más altas viven, trabajan y crecen. Hay otra zona, la más reprimida, donde las clases más bajas malviven, trabajan también y crecen todavía más.
Entre ambas zonas hay muchas otras zonas no etiquetadas, de clase media. Lo curiosos es que entre el más rico y el más pobre tan sólo hay un par de kilómetros. Por mucho que lo intenten, es imposible delimitar compartimentos estancos entre barrios como si la ciudad fuese Berlín, Jerusalén o Nicosia. Es imposible
A nivel macro sí que se puede hacer. Ese gran invento humano, el de las fronteras, que crean países, marcan territorios, recrean sociedades y homogenizan culturas.
Un deleite.
Las fronteras marcan grandes contrastes. Un factor de riesgo es que entre dos países fronterizos las diferencias lleguen a extremos. En el sentido más económico hay grandes desniveles entre países vecinos.
El mayor de todos casualmente es el de la frontera de las dos Coreas, que divide a un país como Corea del Sur que es 25 veces más rico que su hermano comunista del Norte, y todo ello hablando en términos de renta per cápita.
El segundo lugar del mundo con una diferencia tan abismal es entre Israel y Egipto (Franja de Gaza), donde la diferencia asciende a 15 veces más ricos los israelíes que los árabes.
Otro ejemplo sangrante es EE UU y México, donde la diferencia es de hasta tres veces, pero aunque mucha gente crea que esta larga frontera es la vergüenza mundial, hay que remarcar que no ocupan el tercer puesto en ránking de diferencias económicas fronterizas. No hay que ir tan lejos, y la frontera no es tan grande, sólo unos kilómetros.
El tercer puesto, pues, lo ocupamos los españoles, que tenemos frontera con Marruecos y somos 7 veces más ricos que los vecinos magrebíes (concretamente 7,39).
Esto ayuda a entender aún más la problemática entre un país que está en otro continente, que tiene otra cultura, otros objetivos de política exterior, otra forma de entender el progreso, y como no, otros ingresos. No obstante, tenemos que labrar una apacible convivencia con los vecinos marroquíes, de máxima colaboración y ayuda mutua.
No es para desarrollar en este punto el papel que juegan las plazas de Ceuta y Melilla o el Sáhara Occidental, pero hay que matizar que ambas ciudades fueron fundadas por castellanos y portuguese antes de que Granada fuese tomada por los cristianos y que nunca fueron marroquíes; y bueno, el caso saharaui es el de la eterna reivindicación de su autodeterminación. Pero aquí estamos hablando de las diferencias económicas entre dos países fronterizos, entre los que la gente se mueve.
Lógico que los habitantes del Rift se hacinen en los pasos fronterizos para buscar mejores oportunidades. Normal que intenten cruzar el estrecho. Claro que es vergonzoso que el español medio tenga la misma riqueza que 7 marroquíes.
Si los ricos no fuesen tan ricos y los pobres tan pobres, no existiría el conflicto social; y eso es sabido por todos. Lo que no todo el mundo sabe es la gran mentira de que España, o cualquier país, sea un compartimento estanco, porque ahora más que nunca somos como una sóla ciudad donde forzosamente las distintas clases han de convivir y mirarse a la cara.

Así, tampoco


Pues menudo panorama... El 29-S, huelga general.
La huelga jurídicamente es un derecho reconocido en nuestra Constitución que, como todos sabemos, aún está pendiente de ser desarrollado en Ley Orgánica desde 1977. Es decir, es un derecho legítimo y una laguna en el tintero del legislador.
La huelga políticamente es una conquista de la izquierda de este país. Muchos sindicalistas, revolucionarios e intelectuales dieron su vida para que ahora disfrutemos de este derecho.
Sin embargo, económicamente la huelga siempre ha sido una contingencia, una incidencia no deseada en el fondo por ninguna de las partes, ni por el trabajador, ni por la patronal, ni por los gobernantes. Un día de huelga en un salario medio español equivale a un 4,5% menos al final de mes en su nómina. "No trabajas, no cobras".
Es exactamente la misma cantidad que el Gobierno quiere reducir al personal que trabaja en la Administación, y como duele, se protesta, y con razón. Qué paradoja, ¿verdad?
Estamos en crisis y una huelga general en todo el territorio nacional no ayuda en nada a que la economía se recupere. Por lo tanto, es vista como un mal menor. Un mal menor: sería igual, en caso de ser secundada por la totalidad de la población activa, a una reducción del 0,27% del PIB nacional. Pérdida de miles de millones de euros, pero de eso tampoco se habla... y por eso al tejido empresarial no le gusta bajar la verja un día laborable.
No estamos acostumbrados a una huelga general ya que ésta es la séptima en 35 años, y esto lo convierte en un fenómenos aislado.
Pero sí que estamos acostumbrados a otro tipo de huelgas: transportistas, basureros, controladores aéreos, de transporte público, etc. Es decir, aquellas huelgas en las que el patrón y el gobierno suelen ser la misma persona y el afectado, no es el empresario sino el ciudadano.
Nos cancelan vuelos, se llenan los barrios de basura pestilente, nos quedamos sin metro, nos cortan las calles, y nos hacen la vida imposible para que nos enfademos... y no nos enfadamos con el causante (teóricamente, con la Administración), sino con los huelguistas. Es por consiguiente, más que una huelga, un chantaje público cuyas víctimas somos todos.
Esta huelga no es como éstas, esta huelga es "general". La convocan los sindicatos porque el Gobierno ha tomado una serie de medidas en materia laboral y fiscal para que el país salga de la crisis (versión oficial).
¿Qué no se dice?
1.- La política que llevaba a cabo el Gobierno Zapatero era una política intervencionista y keynesiana, mediante la cual con inyección de dinero público se intentaba fomentar el desarrollo económico de todos los sectores. Muy de izquierdas y lamentablemente, a corto plazo, deficitaria.
2.- Desde la izquierda el intervencionismo es necesario y se piensa que a medio plazo habrá de nuevo equilibrio presupuestario. Desde la derecha se vende el tijeretazo. La derecha gobierna en Europa (nos guste o no) y se "animó" a que curiosamente los gobiernos más deficitarios-izquierdistas hiciesen los recortes oportunos, entre ellos, España.
3.- La decisión del recorte no afecta únicamente a España sino a la mayoría de los países europeos, con independencia de su color político. Zapatero no tiene margen de maniobra ya que estaba en minoría en el Ecofin.
4.- Las cuentas nacionales hoy en día "dependen" de la deuda soberana. Con lo recuadado mediante impuestos no se haría ni la mitad de lo que el Estado gasta en servicios, personal, inversión. El sistema obliga a que emitamos deuda y que los mercados la compren. Si no hay confianza, nadie la compra, si nadie la compra, la deuda crece en intereses y nos ahogamos llegando a la bancarrota.
5.- Los sindicatos saben de sobra cuál es el papel que España juega en Europa y cómo se financia el Estado. Mucho dinero en ayudas, subvenciones y servicios sociales que viene directamente de Wall Street. La imagen de España por lo tanto también se puja en Bolsa.
Los sindicatos son, muy tristemente, un lobby más. Han perdido el papel fundamental que tenían en la sociedad, y su discurso gris ya no llega al pueblo.
¿Garantes de la clase trabajadora? Ellos también se callaron ante la burbuja inmobiliaria, pero como daba millones de puestos de trabajo, para qué protestar, trabajo es lo que se quería, ¿no? Ahora con un 20% de paro nos preguntamos qué ha sido del poder sindical.
Protestar por la crisis es estúpido en la medida en que nadie la desea, y también en la medida que todo el mundo es responsable. Con la bonanza económica partidos de todas las tendencias, empresarios y sindicatos, trabajadores y consumidores, callaron/callamos como putas y ahora la crisis global-mundial-planetaria nos afecta (lógicamente) mucho más.
¿Por qué no hubo una huelga general en mayo cuando el Gobierno estaba lidiando en Bruselas los recortes que se imponían a países de la periferia como España? Esperar a que se aprueben las reformas en el Congreso, a que pase el verano y a que llegue septiembre (casi octubre, señores) es llegar tarde. Muy tarde.
Convocar una huelga general es normal para UGT y CC OO. Son sindicatos, es su rol. Su rol tradicional, como en los 70s. Pero es que ahora no somos proletarios explotados. No vivimos aislados del mundo. Nuestro país ya no es soberano económicamente.
La única respuesta útil hubiese sido una huelga general europea y previa a los recortes, cuando la presión hubiese podido dar algún fruto. Ahora son 100 euros menos en nómina a los que la secunden y un subidón de adrenalina para los piquetes camorristas de turno.
Amigos sindicatos de UGT y CC OO, con todo el cariño del mundo: Decís que "Así, no", pero vosotros "Así, tampoco".

Paz global: sonríe porque las guerras se van a acabar


En la II Guerra Mundial murieron 61 millones de personas y el 73% de las bajas fueron civiles. Desde entonces y tras medio siglo, las guerras, las muertes de guerra e incluso el gasto militar ha descendido proporcionalmente, lo cual nos lleva irremediablemente a un mundo más pacífico.
Actualmente el gasto militar en la mayoría de los grandes países se sitúa bajo el 4% del PIB. Sencillamente, si no hay guerra, el Estado tiene que gastar en las otras demandas y necesidades de la población. Es simple.
Desde el fin de la Guerra Fría el gasto militar en los países occidentales descendió estrepitosamente, hasta la Guerra de Irak, que como todos sabemos, implicó una partida presupuestaria inmensa, con la que nuestros amigos de la Administración Bush no contaban.
Cuantitativa y cualitativamente las guerras se están borrando. Las sigue habiendo, y siguen siendo el mayor de los males de nuestro planeta, la mayor de las vergüenzas, una patada de rabia en la boca del estómago, pero son cada vez menos y menos, y los señores de la guerra intentan que sean “menores”.
Desde las dos últimas décadas las guerras se viven en directo. Siempre hay un cámara que reporta desde la trinchera. Cuanto más implicados estén los países occidentales, más posibilidades de crítica hay desde la opinión pública, y, por ende, la guerra ahora ha de ser no sólo televisada, sino humana, rápida y libertadora.
Televisada… todos nos habíamos acostumbrado a comer o cenar con las imágenes de la guerra.
Humana gracias a la tecnología, esto es, evitando el mayor número de bajas militares y eliminando las bajas civiles (o intentándolo). La guerra ya no es cuerpo-a-cuerpo, sino satelizada y dirigida hacia objetivos militares. Los bombardeos ya no son contra la población civil, y ahora sí que se avisa con octavillas… Los civiles ya no son enemigos, sino amigos, y nuestros soldados son profesionales, con lo que, que mueran, es un coste evitable y si mueren civiles es un suicidio político. Recordad, lo están grabando todo.
Ha de ser rápida; cuanto más larga, más cara y menos humana. También ahora es libertadora, y tras la guerra, si ganan los “aliados” eso sí, es por el bien de todo un pueblo.
Todo esto suena contradictorio, ¿verdad? Claro que lo es, y es por ello que las guerras se están acabando por sí solas.
En la actualidad, ya no se invaden países, aunque hasta hace una década era normal. No obstante, no podemos obviar los casos de Irak, Afganistán y el conflicto palestino-israelí. En el caso iraquí fue una guerra ilegal; en el afgano, una guerra respaldada por la ONU; y en el caso de Palestina, sería el único en la actualidad que se correspondería con el viejo modelo del país grande se come al pequeño.
Hay guerra civil en Somalia, Sudán, Chad y Pakistán. Nos encontramos con movimientos insurgentes en el Cáucaso de Rusia, India, Filipinas, Cachemira, Magreb, Pakistán, Yemen, Tailandia y Kurdistán. Y se habla de “narcoguerra” en Colombia y México.
¿Parece mucho? No lo parece: ¡Lo es! Pero estos 18 conflictos actuales que acabamos de nombrar son extremamente mucho menos de cómo estaba el planeta en los 90s y más atrás. En aquel entonces había guerras en los cinco continentes: Europa del Este, América Latina, el Sudeste Asiático, Oriente Medio y Todo el continente africano morían de Guerra.
Antes la guerra era buena, la gente la apoyaba, era una bendición, vendíamos armas a todo el mundo y nos armábamos hasta los dientes por si nos atacaban. Hoy nadie ataca. Hoy firmamos tratados para reducir las armas. Hoy todo el mundo odia la guerra.
Recordemos que por motivo de la Guerra de Irak todo el planeta se había movilizado, desde Nueva York hasta Seúl. Hoy sabemos una vez más que había sido un error, lo cual es bueno.
Los ejércitos podrán vigilar únicamente los conflictos globales latentes que seguirán existiendo, pero Nunca Más una guerra en mi nombre ni en nombre de mi país.
Así pues, ahora que todo lo ves, que todo lo votas, que todo lo pagas, que todo lo lloras, que todo lo gritas, sonríe porque las guerras se van a acabar.

Hasta los 67 y más allá


Clases de ciencia.
Ejemplo 1: Bañera con el agua corriendo no se llena. Se pone un tapón y se llena hasta desbordar.
Ejemplo 2: Frutero con una docena de manzanas, cada día como dos y repongo una. El frutero se quedará vacío.
Ejemplo 3: La esperanza de vida se alarga por los avances médicos y sociales, la población se envejece porque duramos más, pero los nacimientos se reducen. El sistema de pensiones se desequilibra porque hay un trabajador por cada dos jubilados.
España está en la cabeza de los países envejecidos, y de hecho, podríamos empezar a padecer un crecimiento negativo si no fuese por la población inmigrante recién llegada la última década.
Es tan sencillo como un problema de 3º de Primaria. La esperanza de vida se ha alargado estrepitosamente en el mundo, mucho más en los países más avanzados. Ello es debido a todas las mejoras que hemos visto a lo largo del S XX, en todos los terrenos, tanto laboral, alimentario, educacional, científico, social, etc. De hecho, con 80,9 años somos el 5º país del mundo más longevo y el 1º de toda la UE.
El problema es que con una tasa de fertilidad de 1,31 hijos por mujer, no conseguimos llegar a la renovación generacional y el crecimiento vegetativo incluso acabará siendo negativo.
En definitiva, nuestro bienestar que incentiva vivir hasta la eternidad y no tener hijos, económicamente es insostenible. En las próximas décadas se podrá llegar a tener más población jubilada que activa, lo cual es directamente inviable en un sistema social de pensiones.
Para rizar el rizo y agravar la situación, sólo hay que echar un vistazo a la población activa desempleada y a la edad en que los jóvenes de este país acceden a su primer empleo, o dada la economía sumergida y para especificar, a la edad en que éstos comienzan a cotizar, que en definitiva es de lo estamos hablando.
No, no salen las cuentas. Comparando el país en 2010 y 1985 vemos las diferencias, que aunque parezca que fue ayer, créanme, no lo es en absoluto.
En 1985 vivíamos hasta los 73, jubilándonos a los 65 y comenzando a trabajar a los 18. Ergo, 47 años trabajados para el disfrute de 8 años en Torremolinos.
En cambio en 2010 viviremos hasta los 80 (suma y sigue porque cada vez es más común ser centagenario), incorporándonos al mercado laboral a la media de 25 años. Jubilándonos como hasta ahora, habremos cotizado sólo 40 años para el disfrute mínimo de 15 años o más.
Esto es cotizar –y recaudar- un 14% menos que 1985, para el disfrute del doble de años que viven ahora los pensionistas en su período de jubilación y que en las próximas décadas seguirá en riguroso aumento.
Pues lo dicho, las cuentas no salen, y lo peor de todo ha sido la respuesta ciudadana y sindical para un problema que el gobierno prevé a varios años vista. Para una vez que el Ejecutivo toma una decisión para el largo plazo, sale nuestro instinto egoísta e irracional y el “no me gusta trabajar” para protestar con un “hasta los 67 que trabaje tu (pitido) (pitido)”.
Incluso con esta medida el sistema de pensiones sigue peligrando y no todo el mundo tiene un plan de pensiones privado, ya que como trabajadores se nos debe garantizar este beneficio al tener una cotización obligatoria y pública en la Seguridad Social.
En Alemania la jubilación ya es a los 67, en los EE UU a los 66 y en el resto de los países occidentales a los 65, salvo en Francia donde es a los 60.
En España la vamos a tener que subir dos años (hasta los 67) y en la república francesa también, es decir, dos años hasta los 62.
Cuando se nos toca el bolsillo salimos a la calle, siendo 2 millones de personas las que se manifestaron contra esta medida en París, y siendo sólo un par de decenas de miles que protestaron contra las expulsiones masivas de romaníes por parte del gobierno galo una semana antes.
Si esto es la única movilización que pueden convocar las organizaciones sindicales, sociales y de color progre, paren el tren, que yo me bajo.

Frío - calor


Nuestro planeta es inmensamente fantástico y diverso en todas sus latitudes. El ser humano ha sido capaz de hacer frente a las inclemencias más extremas y poblar casi cualquier paraje de los cinco continentes.
Esquimales y tuaregs, monjes tibetanos y rapanuís de Pascua. ¿Cómo hemos llegado a todas las esquinas del globo?
Los puntos extremos son los más sorprendentes, y si bien ahora parece que el clima nos está devolviendo el guante, hemos sido capaces de adecuar nuestras necesidades a cada una de las meteorologías concretas de cada lugar.
Aún así hay que echar un vistazo a la posible relación directa entre clima y riqueza.
De esta manera es una contradicción que una población rodeada de tundra y cercana al círculo polar tenga mejor calidad de vida que otra población cercana al ecuador y rodeada de una infinidad de recursos naturales.
¿Acaso nos hace espabilar el frío para sobrevivir y maximizar nuestros pocos recursos? Pues en parte sí.
Hagamos una pequeña comparativa de temperaturas. Cojamos las 5 ciudades principales de los países con mayor renta per cápita del planeta (Oslo, Sidney, Reykiavik, Toronto y Dublín) y contrastémoslas con las 5 más pobres (Niamey, Kabul, Freetown, Bangui y Bamako). Las ricas tienen una temperatura media anual de 9ºC y las pobres 24,4ºC.
Hay posiblemente una explicación histórica y social a esta diferencia. Los países fríos han sido libres durante más tiempo, mayoritariamente provienen de una tradición liberal de pensamiento, política y religión; y como no, un pasado pacífico. En contraste, los países calientes han estado colonizados, han sufrido violencia interna extrema y no ha habido una tradición autóctona de libre pensamiento y progreso.
Sin embargo, nos encontramos con zonas del planeta que han tenido prácticamente la misma historia, religión, poder político o progreso, y que aún así siguen respondiendo a esta dicotomía.
En América las zonas más desarrolladas están en Norteamérica y el Cono Sur (Santiago-Buenos Aires-Montevideo), en contraste con la pobreza tropical, que se acentúa y lleva al extremo en Centroamérica. Es más, en los EE UU las diferencias se acentúan enormemente entre estados más fríos como Washington o los estados de Nueva Inglaterra que tienen mayor calidad de vida que los más calurosos Mississippi, Alabama o Luisiana.
En la Unión Europea estas diferencias también se pueden contrastar entre un norte helado y rico y un sur caliente y pobre. Destaca por ejemplo Italia, un mismo país, con una Italia prealpina extremadamente rica en contraste con su Sur más limitado.
España no es la excepción. Pensemos en el clima de Donosti o Pamplona, que gozan de la mayor calidad de vida y del tiempo en Extremadura, cuyo desarrollo es el más reciente del conjunto español.
En los climas fríos, la población es mucho menor y las relaciones humanas escasean más, lo cual unido a la necesidad de buscar los recursos que la naturaleza no da, llevan a un mayor progreso humano. En las zonas más calurosas se daba, no obstante, lo contrario.
Aunque el clima no es determinante, sí que hace que podamos confundir dos mapas mudos, uno económico y otro climatológico. Hasta ahora la riqueza se ha repartido siguiendo el esquema descendente atlántico-mediterráneo-tropical-desértico.
Pero no hay que echarse las manos a la cabeza. Hay actualmente dos factores equilibradores de la mano del hombre.
El clima ha ayudado a forjar culturas y modelos socioeconómicos. Hoy aterrizamos ya en un modelo único y urbano, donde ya no hay una relación tan directa con la climatología ni la naturaleza.
Por otro lado, el clima... ¿qué vamos a decir de la influencia humana sobre el clima y sobre lo poco que éste nos ha importado hasta ahora?
Para bien o para mal. Estas diferencias históricas y climáticas se están borrando. Le hemos dado al "reset" y se está pintando un nuevo mapa mundial.

Laporta, te echábamos de menos

Este Laporta es la leche. Lo hizo. Consiguió utilizar la presidencia del FCB para relanzar su carrera política y fundar una nueva formación dentro del panorama político catalán: Democràcia Catalana (DC).
Además este Laporta no pierde ninguna. Su posición se centrará dentro del independentismo catalán, es decir, en el extremo del espectro.
Sabe de sobra que menos del 15% de la población catalana es independentista (nótese que los nacionalistas catalanes hablan de "autonomía", "autogobierno", "relaciones con el poder central" pero la palabra Independentismo sigue dando urticaria como lo es la palabra España, ya que siempre se habla de Estado Español en los medios catalanes). ¿Entonces cómo animará a que la ciudadanía lo siga? Pues con el discurso demagógico que por excelencia consigue mancillar el nombre de los catalanes con tópicos mal merecidos: la butxaca y una supuesta deuda estatal hacia Cataluña.
Lo primero que hay que hacer es hablar con propiedad. Joan Laporta -el well-known showman de DC- nos dice que hay un déficit entre lo que Cataluña da y lo que Madrid reinvierte. Bueno, déficit no significa esto ni por asomo. ¿Los contribuyentes más adinerados tienen un déficit en sus cuentas tras pagar sus impuestos? Es ridículo e insolidario este argumento.
Es más, hay que hablar claro para no confundir a la población. Madrid y Barcelona son los motores económicos de España y los que atraen prácticamente toda la actividad económica del Estado.
Madrid y Barcelona provincias suman el 25% del total de la población española. A día de hoy, sin embargo, en estas dos zonas se ofrece el 57% del empleo total del país. Es más, si hablamos concretamente de puestos de trabajo a cubrir por personas con formación universitaria, en Madrid y Barcelona están el 65% de las plazas.
Vaya... 2 de cada 3 es muchísimo. Una persona cualquiera, llamémosla José por eso de la originalidad, vive y estudia en Andalucía toda su vida hasta los 25 años. En este tiempo la Junta de Andalucía se hace cargo de su sustento educacional y sanitario, y finalmente José consigue su título de ingeniero.
José finalmente tras moverse y buscar consigue un puesto de trabajo en Barcelona, donde pasa su edad activa pagando católicamente sus impuestos recaudados por el Ajuntament, la Generalitat y la Agencia Tributaria.
Cuando llega a cierta edad y tras padecer los sinsabores de una vida laboriosa decide retirarse y jubilarse en su tierra natal. En este momento José se convierte en un ciudadano de la tercera edad con especial atención por parte, una vez más, de la administración andaluza.
¿A quién le ha salido caro y quién se ha beneficiado de José? Hay cientos de miles de Josés.
Cataluña siempre ha sido tierra de acogida y un lugar abierto en todos los sentidos. La riqueza catalana no viene de ahora, sino que es el proceso de un progreso sin freno gracias a la mano de obra de los trabajadores de otras CC AA -operarios hace décadas y diplomados ahora-, y no hay que olvidar que durante siglos recibió la única inversión del gobierno central del momento (Borbones y Caudillos) que se dirigía a los puntos concretos del país que se querían activar (Barcelona, Madrid y las Vascongadas).
Sí que existe, por consiguiente, una deuda histórica por parte del gobierno central para el resto de las CC AA.
Es por ello que con la España democrática se institucionaliza la Solidaridad entre los distintos territorios. La riqueza se crea en Barcelona, y con esa riqueza hay que reajustar las zonas menos desarrolladas, sean la Lleida rural, Extremadura u Honduras, porque los motores económicos se ubican en puntos concretos de la geografía, y si no hay barreras para que fluya el capital humano cuando se necesita, tampoco lo tendría que haber para los beneficios acumulados que se tengan que redistribuir.
Cataluña también se ha beneficiado de obras faraónicas financiadas con los fondos europeos de Cohesión. Estos fondos se dan a España por el peso que tienen las CC AA menos ricas con respecto a la media comunitaria. Cataluña sola no podría nunca haber recibido estos fondos por sí misma.
Laporta quizás no cuenta lo caro que es ser un estado soberano e independiente. Hay gastos diplomáticos, militares, de seguridad, logísticos y administrativos que hacen que ser libre no sea tan bonito y barato como se creería a priori, y que ahora Madrid administra y no la Generalitat.
Laporta, amigo mío, en un supuesto de vivir en una Cataluña libre dentro de la UE, también se tendría que arrimar el hombro en aras de atajar la diferencia económica para las CC AA menos avanzadas y otras regiones europeas del Este de Europa. Ser independientes implica también seguir siendo responsables.
Y lo que DC tampoco piensa es que una independencia catalana implicaría una huída de empresas extranjeras que gestionan Iberia o España domiciliadas en la ciudad condal hacia la capital española.
Pérdidas y más pérdidas.
Las posiciones extremas son respetables, pero como extremas que son, en muchos casos pecan de infantiles e irresponsables.
Cataluña tiene que mirar hacia adelante, preocuparse por su futuro, luchar por lo que le es propio, por lo que le pertenece como pueblo y como nación, pero con un discurso democrático y realista.
Laporta, esto es como el Barça y para ganar, antes tienes que crear equipo.

La humildad de nuestra soberanía económica

En los regímenes absolulistas el Rey era el soberano del reino. En las democracias el pueblo es el soberano de la nación.
Una gran parte de la ciudadanía no se lo cree, y no es demagógico, es un hecho. ¿Cómo podemos ser los españoles soberanos de nuestra propia democracia? ¿votando?
Muy bien, los españoles hemos votado mayoritariamente a un proyecto de corte centroizquierdista (o a varios proyectos en general progresistas) que es, sin error a dudas, la imagen de la actual sociedad de España.
Aún así, el gobierno Zapatero ha dado un giro de 180º en su gestión económica, con lógicos recortes en una situación de crisis y déficit público, pero con una serie de reformas que van más allá y parecen ser de rúbrica neoliberal-conservadora: congelar pensiones y salarios públicos, reducir el gasto público, una reforma liberal, perdón "laboral", que facilita el despido pero no frena el trabajo precario dando más poder a las empresas privadas de contratación, una reforma de cajas que permiten su capitalización privada, haciendo que los dividendos y beneficios caigan en manos de inversores y no a los fines sociales que obligaban a las cajas a ser eso, cajas, y no bancos.
Hemos perdido parcelas de soberanía gracias/por culpa de la UE y a día de hoy ya no hay ninguna competencia 100% estatal.
¿Cómo es la estrategia económica comunitaria? Veamos, esto es muy simple: 27 países europeos con 27 gobiernos diferentes. De éstos, 20 son de derechas y 7 de izquierdas (España, Portugal, Chipre, Grecia, Austria, Eslovenia y Eslovaquia, con respeto, "lo mejorcito").
En términos de población, de esta manera, estos 7 países progres representan el 17% de la población de la UE y la derecha gobierna al restante 83% de los ciudadanos comunitarios.
Y en términos macroeconómicos, aún se desequilibra más, ya que los países conservadores llegan a acaparar el 86% del PIB de toda la Unión.
La pregunta es, ¿tienen la culpa nuestros vecinos europeos con su papeleta derechoide que hayan escogido gobiernos que obligan a los países minoritarios de centro-izquierda a adoptar una serie de reformas sólo justificables desde una ideología liberal, ultracapitalista y neo-con?
No, aunque sí que ayuda, o por lo menos los legitiman democráticamente ("señores, la mayoría europea ha hablado").¿Y por qué no? Pues sencillamente ya no es que no seamos un país soberano, es que ya no hay ninguna institución pública (en el nivel que sea y del color político que tenga) que sea libre en términos económicos, siendo que la economía marca casi toda la agenda política.
Ni el pueblo ni el Estado son dueños de la riqueza nacional, porque ahora la riqueza es transnacional.
Estamos actuando para que los inversores internacionales estén satisfechos. Ellos pagan todo. De ellos depende el empleo, no del Ministerio de Trabajo. De ellos depende la reducción de la inversión pública, no de nuestros impuestos. De ellos depende la deuda española, no de las decisiones que tome Moncloa.
Así pues, hay que tratarlos con respeto y hacer que se sientan a gusto. Ellos tienen el maletín, y antes se hunden países enteros que dejarle a alguien que lo abra.
Son el Cliente con mayúsculas y siempre tienen la razón, pero por favor, no es necesario que nos bajemos los pantalones, que somos pobres pero no idiotas.

Tócame el programa pero no el organigrama

Cuando una medida se aprueba con tan sólo un voto de diferencia se dice que se salva por los pelos. Así acaba de ser el tijeretazo social recién aprobado en el Congreso de los Diputados.
En esta ocasión el gobierno de Zapatero se ha quedado completamente solo ante la cámara para la aprobación de su proyecto de reducción de déficit. Nunca antes el actual gobierno estuvo tan erosionado como esta vez, donde -ahora sí- se ve el desgaste continuado de la crisis.
Es normal que un gobierno que no sólo tiene que sobrevivir a la crisis, sino también a la oposición, tenga que pensar pormenorizadamente cada paso que da en el difícil manejo de una catástrofe económica tan calamitosa como está viviendo todo el planeta y, especialmente, Europa.
A las duras y a las maduras. Así fue el trato firmado con las Comunidades Europeas por España hace tres décadas. Un matrimonio diplomático y económico sin posibilidad de divorcio. En este caso entonces más que un matrimonio se debería concebir como una hipoteca inmobiliaria, pero para el caso, el concepto es el mismo. España se ha beneficiado durante años de los fondos de cohesión y otros programas de desarrollo comunitario, en paralelo mientras que se avanzaba en la integración monetaria y económica, consiguiendo que nuestro país alcanzase una cuota de bienestar inimaginable hasta hace relativamente poco tiempo.
Ahora la cosa ha cambiado y hay una crisis en la familia que nos afecta a todos y nos urgen a hacer cambios.
El déficit tiene que ser menor del 3%. Un compromiso que firmamos todos en Maastricht en 1992 y que sería la guía de ruta para crear la Eurozona. Hoy -repito, en crisis- el déficit se ha disparado en todos los países de la UE. Lógico, a más gasto social y menos recaudación es lo que tenemos.
La deuda no es el déficit. La deuda reflejaría de alguna manera la solvencia de un país. A menor solvencia más necesidad de endeudarse. En este caso, España tiene una baja deuda (y una alta solvencia hasta ahora) frente al resto de los grandes europeos como Alemania, Francia o Italia con una dueda muy alta (y una necesidad de financiarse que te cagas).
Voilà el problema. Si con los impuestos no llegas a cubrir tus gastos públicos acude a la Bolsa y emite deuda. Error (!) Así se delega directamente a los inversores internacionales la posibilidad de éxito o fracaso en la solución a la crisis actual. No es que dé miedo, lo que da es pena ver cómo los gobernantes hacen sus políticas acorde con la respuesta de los parqués bursátiles.
Si tenemos en cuenta que las bolsas son incontrolables, volátiles y son el reflejo de la euforia y la histeria de inversores, hace que nuestra economía europea (y también mundial) aunque parezca fuerte es tan frágil como el cuerpo del acróbata que cae a la arena sin red.
Es por ello que nuestro gobierno tiene que hacer lo que hace. No es sólo reducir nuestro déficit, es dar confianza a los mercados para que nuestros vecinos europeos se puedan financiar.
Sarkozy, Merkel, Berlusconi -y Cameron ahora- tienen un poder político de peso en la UE. Un poder político que aboga por los tijeretazos en su casa y en la de sus vecinos.
Zapatero apenas tiene capacidad de maniobra. Recordad "en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad".
Ya puestos, ¿y si quitase los ministerios de Vivienda, Igualdad o Cultura como pedía el PP? Entonces ya se perdería por completo el origen social del programa del PSOE y se reconocería que sus tareas son y eran hasta el momento innecesarias.
Cada quien seguirá en su sitio, viendo hacia dónde desemboca la crisis y el Gobierno central constantemente plasmará en sus funciones ejecutivas las decisiones que tome Europa. Tal y como haría un posible Gobierno de Rajoy, aunque ellos nunca lo reconozcan.