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La joint venture del fumeta antisistema


El mercado negro o la economía sumergida no se pueden erradicar en su totalidad. Hay que reducirlos al máximo, pero desde la venta de armas hasta las cuentas de una pyme en “B” pasan por este cauce de dinero subterráneo muchos capitales.
Las sustancias ilegales estarán siempre en el mercado negro mientras que no se las legalice. Con el cannabis, por ejemplo, se mueven en España millones de euros al año, libres de impuestos y con unas consecuencias que van más allá de lo que vemos o de las que ve el fumador.
Hay un sector de la población subversivo anticapitalista consumidor de cannabis y muy crítico con el sistema. Todos tenemos en mente a este prototipo de personaje, y, si bien está mal generalizar, hay que darle una lección por su doble moral.
Los fumetas antisistema deberían dejar de criticar el consumismo atroz de la clase media occidental y no caer en el tópico del niño vietnamita que remienda balones y zapatillas deportivas ya que al fin y al cabo, su consumo de cannabis trae unas consecuencias igual o incluso más nefastas para el tercer mundo que una multinacional americana que externaliza la producción.
En primer lugar, hay que plantearse si con 100 euros ó 100 dólares en Occidente los consumidores compramos a una multinacional o a una mafia de la droga. La primera paga sus impuestos y da salarios, con lo que el bien social que aportan es muy relevante. La segunda no paga impuestos, soborna a sus camellos y trae la desestructuración social de las clases menos pudientes.
Las mafias de las drogas matan, usan la violencia, coartan a jóvenes, financian la venta de armas. Son el mayor de los cánceres que soporta hoy el mundo. Los fumetas antisistema critican a los bancos y la(s) Iglesia(s) cuando éstos buscan un beneficio económico para su supervivencia e incluso tienen un excedente para hacer una labor social. Los cárteles de la droga también buscan este beneficio pero con sus excedentes no hacen ningún bien.
Si bien las consecuencias sociales y sanitarias en el Primer Mundo a causa de la droga son deleznables, en el Tercer Mundo son aún peores y lastran su desarrollo.
¿Qué futuro tienen aquellas generaciones perdidas urbanas de clase media y baja que han caído en la espiral de la droga? Muy poco.
Si los fumetas antisistema critican tanto los transgénicos y el comercio no justo de productos agrícolas, deberían saber que en las zonas en las que se produce la droga, muchos agricultores tienen que caer en el monocultivo para su supervivencia económica siendo sus compradores incluso más hijoputas que Monsanto o Nestlé, ya que las mafias narcotraficantes ofrecen siempre condiciones más leoninas y la salida de este cultivo puede resultar incluso peligroso para esas familias.
Un dato para el fumeta español que compra hachís tan tranquilo. El gramo de género comprado por el narcotraficante hispano-marroquí al agricultor vale 0,14 euros. Cuando el producto llega a la península su valor asciende ya a 1,5 euros/gramo. Con un par de intermediarios desde la gran familia de narcos hasta el pequeño camello de barrio, el gramo de costo pasa a valer 4,5 euros cuando lo compra el fumador final.
Este fumeta antisistema ha de pensar, resumiendo, que de 10 euros que compra, el campesino recibe tan sólo 30 míseros céntimos.
Este fumador de droga que también defiende la honrosa causa de los derechos humanos tiene que pensar que hay personas que arriesgan su vida cruzando fronteras con drogas metidas dentro de su cuerpo, y que en muchos países de origen, el comercializar con estupefacientes está tipificado con penas máximas, y que él/ella es en parte responsable de la vida de esta persona.
Así pues, que cada quien compre y consuma lo que quiera, pero que antes de ver la paja en el ojo ajeno se quiten el canuto del suyo propio.
Los fumetas antisistema se deberían dejar de tanto porro y tanta crítica gratuita y ser conscientes también de sus propios actos. Aunque el vicio es el vicio, ¿no?

Los supersónicos y nuestra visión de futuro


Casi tienen 50 años y Los Supersónicos ya han dejado huella a varias generaciones de niños. Hanna-Barbera son inconfundibles por el trazo de sus dibujos y por siempre jugar con el factor tiempo para ambientar la imaginación de los chavalines en otros lugares.
En el caso de nuestros amigos Supersónicos, la trama tiene lugar en 2063 y el futuro es, como siempre que nos lo imaginamos, bastante bizarro.
Siempre se creyó que en el año 2000 íbamos a tener coches voladores, y francamente, una década más tarde seguimos sin poder volar para ir al trabajo, pero sí que podemos volar para ir en casi cualquier momento a casi cualquier lugar del planeta. También tenemos internet y vivimos en la era de la información; algo completamente inimaginable hace más de 15 años.
Es curioso cómo es la vida en el futuro según los guionistas de Hanna-Barbera. Es utópico, positivo y divertido. Una maravilla para el aprendizaje y entretenimiento de los niños.
Todo es automático y la robótica forma parte del día a día de la gente. No se imaginaban en su día lo maravilloso que es hoy la informática, pero para ellos todo es digital y todos los inventos son manuales. Con grandes botones, todo sea dicho, como eran en la década de los 60’s.
Hacían ejercicio de dedos y tenían pasillos mecánicos en la propia casa, en las aceras o en los despachos para no caminar. Sus coches sí que volaban y con razón, porque viendo la proyección vertical de la vivienda en la década en que nacieron los dibujos se creía que en el futuro las casas seguirían siendo unifamiliares (como es el modelo anglosajón) pero colgantes sobre las nubes.
La productividad era tan eficiente, que únicamente trabajaban tres horas, tres días a la semana.
Vagos o con calidad de vida. Todo depende del prisma en que se analicen los Supersónicos, pero desde luego eran muy felices y daban ese mensaje a los niños: el futuro será mejor y viviremos todos en paz.
Repetimos que iniciaron su emisión en 1962 y acertarían en la existencia de vídeoconferencias, pero desde luego, se equivocaban en la idea del papel que jugaría la mujer en el futuro. Las amas de casa seguían sin trabajar y seguiría siendo el varón el que traía el pan a casa, en un modelo familiar tradicional.
Lo mejor de todo es que los dibujos no eran patrióticos a pesar de que se hiciesen en plena Guerra Fría. Maravillosos años 60’s… De hecho, a partir de la 1973 y la crisis del petróleo cambia la visión global del mundo, y nos volvemos pesimistas.
Pasamos de la visión de vida futura de los Supersónicos a tener una supuesta conciencia de los problemas globales: habrá guerras, hambre, sobrepoblación, contaminación, no habrá recursos energéticos y un largo etcétera.
Bien deberíamos mantener la idea utópica de un mundo mejor de la familia Supersónica y pensar cómo llegar a un escenario donde las preocupaciones sean sólo triviales, donde haya recursos para todos y donde, en definitiva, todos y todas podamos ser felices.
Si nuestro presidente, por ejemplo, no se hubiese olvidado de estos dibujos animados de su infancia, hubiese sabido que una de las mejores maneras de alcanzar este status es invertir más en robótica, domótica e I+D. Asignaturas pendientes de inversión en nuestro país, en el que tenemos capital humano y mano de obra más que suficiente para dar el salto, co-liderar un proyecto europeo de gran calibre y poder hacer un poco de frente al Extremo Oriente.
Menos mal que tenemos a los japoneses. Estos sí que no se perdían ni un sólo capítulo de la serie.

Asociaciones necias, oídos sordos


El asociacionismo es una nueva forma de acción política y ciudadana en un escenario como el actual, en el cual hay una multitud de actores con deseos de influir en la toma de decisiones gubernamentales y en la activación de movilizaciones civiles. Son lobbies y grupos de presión que más que ningunear el sistema democrático son un avance, un paso firme para su fortalecimiento.
Los movimientos sociales y asociaciones dotan de mayor legitimidad lo que ya es a día de hoy una red de poder, en la que cualquiera de nosotros puede por fin participar de forma activa o pasiva.
De forma activa es colaborando; de forma pasiva es dejando pasar… Y no siempre hay que dejar pasar. Los movimientos más radicales, por naturaleza, no son constructivos, no crean debate sino provocación, son destructivos con la democracia y el sistema creado y acordado entre todos los ciudadanos.
Sin ánimo de negarles la voz, lo cual es un derecho irremplazable y digno, hay que alzar la mano y embestir un alto a sus derivas radicales, violentas, y por qué no decirlo, “necias”.
No es cuestión de caer en el insulto fácil, pero algunas de las acciones con más eco de los extremistas son necedades que hieren la inteligencia del resto de los ciudadanos.
Y al hablar de extremos, nos referimos a todos los extremos, de arriba abajo, de izquierda a derecha. Todos.
Por ejemplo, en un extremo tenemos el caso de los pro-taurinos con todos y cada uno de sus argumentos naïf que no tienen ningún sentido y –como decíamos- hieren la inteligencia. La última joya, ante la prohibición de las corridas en Cataluña, es que quieren llevar al TC la constitucionalidad de esta norma. Señores de la derecha, si no le gustan las decisiones del pueblo, por favor aguántense, pero el TC no es ningún basurero de frustraciones neocon. Les explico que la Constitución recoge el derecho de disfrutar del medio ambiente y la obligación de respetarlo, y añadimos, con toda su fauna y toda su flora nacional. Las CC AA tienen competencia para legislar sobre el trato a los animales, así que ya saben lo que dirá educadamente el TC: Tururú (¡)
Peor todavía son las asociaciones identitarias radicales, mayoritariamente de jóvenes, que perdieron el norte de lo que en su época sí era una lucha democrática y constructiva.
Son grupos minoritarios de extrema izquierda independentista, que recorren las calles de Santiago de Compostela, Donosti o Barcelona y cuyo ruido ensordece la voz de lo que sí que podría ser una lucha justa.
¿Cómo se puede tener la sangre fría y la falta de tacto, de comparar cualquiera de estas CC AA con Palestina, Sáhara Occidental y recientemente Kosovo? ¿nos hemos vuelto locos o qué? En fin, ¿acaso hay refugiados catalanes hacinados en tiendas de campaña al otro lado de los Pirineos?, ¿ha bombardeado Madrid a la ciudad condal con bombas de racimo? ¿hay alguna limpieza étnica contra los euskaldunes?
Cualquier comparación al respeto, aunque se enmascare de solidaridad antirrepresiva, es únicamente una forma de tergiversar la verdad y burlarse de las auténticas víctimas.
Necio también es apoyar a colaboradores de ETA en nombre de la independencia catalana y en contra del Estado español, hablar de lucha y resistencia contra concejales electos democráticamente, hablar de amnistía a presos políticos en un país como el nuestro, todo ello es una vez más, no sólo necio, sino un acto de irresponsabilidad, camorrista y mercenario. Como igual de irresponsable, camorrista, mercenario y necio es ser una auxiliar admininstrativa del Ajuntament de Terrassa, beneficiarse del cargo para entrar en los archivos de la DGT, facilitar una matrícula de un concejal del PP, dársela a ETA, y que ésta le ponga una bomba-lapa para acabar con su vida.
Para asociaciones necias, ya se sabe: oídos sordos…

Frío - calor


Nuestro planeta es inmensamente fantástico y diverso en todas sus latitudes. El ser humano ha sido capaz de hacer frente a las inclemencias más extremas y poblar casi cualquier paraje de los cinco continentes.
Esquimales y tuaregs, monjes tibetanos y rapanuís de Pascua. ¿Cómo hemos llegado a todas las esquinas del globo?
Los puntos extremos son los más sorprendentes, y si bien ahora parece que el clima nos está devolviendo el guante, hemos sido capaces de adecuar nuestras necesidades a cada una de las meteorologías concretas de cada lugar.
Aún así hay que echar un vistazo a la posible relación directa entre clima y riqueza.
De esta manera es una contradicción que una población rodeada de tundra y cercana al círculo polar tenga mejor calidad de vida que otra población cercana al ecuador y rodeada de una infinidad de recursos naturales.
¿Acaso nos hace espabilar el frío para sobrevivir y maximizar nuestros pocos recursos? Pues en parte sí.
Hagamos una pequeña comparativa de temperaturas. Cojamos las 5 ciudades principales de los países con mayor renta per cápita del planeta (Oslo, Sidney, Reykiavik, Toronto y Dublín) y contrastémoslas con las 5 más pobres (Niamey, Kabul, Freetown, Bangui y Bamako). Las ricas tienen una temperatura media anual de 9ºC y las pobres 24,4ºC.
Hay posiblemente una explicación histórica y social a esta diferencia. Los países fríos han sido libres durante más tiempo, mayoritariamente provienen de una tradición liberal de pensamiento, política y religión; y como no, un pasado pacífico. En contraste, los países calientes han estado colonizados, han sufrido violencia interna extrema y no ha habido una tradición autóctona de libre pensamiento y progreso.
Sin embargo, nos encontramos con zonas del planeta que han tenido prácticamente la misma historia, religión, poder político o progreso, y que aún así siguen respondiendo a esta dicotomía.
En América las zonas más desarrolladas están en Norteamérica y el Cono Sur (Santiago-Buenos Aires-Montevideo), en contraste con la pobreza tropical, que se acentúa y lleva al extremo en Centroamérica. Es más, en los EE UU las diferencias se acentúan enormemente entre estados más fríos como Washington o los estados de Nueva Inglaterra que tienen mayor calidad de vida que los más calurosos Mississippi, Alabama o Luisiana.
En la Unión Europea estas diferencias también se pueden contrastar entre un norte helado y rico y un sur caliente y pobre. Destaca por ejemplo Italia, un mismo país, con una Italia prealpina extremadamente rica en contraste con su Sur más limitado.
España no es la excepción. Pensemos en el clima de Donosti o Pamplona, que gozan de la mayor calidad de vida y del tiempo en Extremadura, cuyo desarrollo es el más reciente del conjunto español.
En los climas fríos, la población es mucho menor y las relaciones humanas escasean más, lo cual unido a la necesidad de buscar los recursos que la naturaleza no da, llevan a un mayor progreso humano. En las zonas más calurosas se daba, no obstante, lo contrario.
Aunque el clima no es determinante, sí que hace que podamos confundir dos mapas mudos, uno económico y otro climatológico. Hasta ahora la riqueza se ha repartido siguiendo el esquema descendente atlántico-mediterráneo-tropical-desértico.
Pero no hay que echarse las manos a la cabeza. Hay actualmente dos factores equilibradores de la mano del hombre.
El clima ha ayudado a forjar culturas y modelos socioeconómicos. Hoy aterrizamos ya en un modelo único y urbano, donde ya no hay una relación tan directa con la climatología ni la naturaleza.
Por otro lado, el clima... ¿qué vamos a decir de la influencia humana sobre el clima y sobre lo poco que éste nos ha importado hasta ahora?
Para bien o para mal. Estas diferencias históricas y climáticas se están borrando. Le hemos dado al "reset" y se está pintando un nuevo mapa mundial.

Sempre nunca máis


Maldito oro negro que nos trae más dolores de cabeza que ventajas. Una vez más un nuevo desastre ecológico se cierne sobre el planeta y en esta ocasión le ha tocado a nuestros amigos estadounidenses.
En este caso además hay que lamentar la muerte de 11 trabajadores de la plataforma petrolífera que voló por los aires, causante de la enorme mancha que lenta y sigilosa se dirige hacia el norte contra Luisiana y que lo más seguro es que dé coletazos a Mississippi, Alabama y Florida.
Los ultras americanos se atreverán a decir esta vez (como fue con el Katrina del que aún se están recuperando a día de hoy) que los pobres sureños se merecen este castigo divino, que no es, sino, una obra del malhechor ser humano.
Sea como fuere, la dichosa mancha es enorme, comparable a escala con la isla de Jamaica. Con 5.000 litros diarios a la superficie hacen inevitable el peor de los presagios más agoreros: sí, será una catástrofe ecológica más. “Una más” cuando ya habíamos creído haber superado las mareas negras.
Ahora toca ponerse manos a la obra y con la fuerza de trabajo de convictos estadounidenses incluida, habrá que limpiar la mierda negra de las costas y sellar el pozo petrolero para que esos hilillos de plastilina no tiñan todo el Golfo de México.
No culparemos a BP que es la empresa comercializadora, y ni tan siquiera a Deepwater Horizon que era la compañía extractora. Se investigará para conocer las causas y hacer un lavado público de cara, pero no se llegará al fondo del problema. La culpa es del petróleo.
El petróleo es un recurso sucio, en el sentido más peyorativo física y éticamente del término, y aunque se reduzca a 0,01% de posibilidades de que haya un desastre, en el momento en que se produce, las consecuencias calamitosas son no-tasables.
Cálculos los hay: 20.000 millones de dólares, precio puesto a la captura de pesca perdida, al petróleo no comercializado y a las labores de contingencia del vertido. BP le pagará a la Administración Obama y a las aseguradoras su parte, pero las indemnizaciones siempre se quedan cortas. El precio de los trabajadores muertos en la plataforma, de los animales afectados e intoxicados (tortugas, atunes, aves y moluscos) y las consecuencias para la población humana, animal y vegetal de esta zona de América no se incluye… y ni los petrodólares del último jeque pueden hacer frente a esta pérdida inmensurable.
En nuestra memoria histórica reciente tenemos las imágenes de la catástrofe del Prestige y el chapapote ahogando las gaviotas negras y creando una masa nauseabunda con los granos de arena en las playas. “Galletitas” que nos hicieron despertar y nos hizo ser conscientes del precio que tiene nuestro bienestar en comparación a lo que a veces le robamos a la naturaleza. Aún quedan algunos rincones de roca inaccesible en los acantilados gallegos pintados de negro.
Obama, por su parte, ahora tendrá mucho más claro llevar a cabo la moratoria para frenar la extracción de fuel en las zonas cercanas a la costa norteamericana en Alaska y la Costa Este. No nos la juguemos más y planteemos nuevas vías por fin, que sean seguras, responsables y rentables, para hacer frente al cambio de recursos que será imprescindible cuando el petróleo se acabe.
Se está acabando y es mejor que sea anclado en el fondo de la corteza terrestre antes que en las manos de los voluntarios, en las heridas de los operarios y en los pulmones de nuestros hijos.
Una vez más, no. “Sempre nunca máis”.

Protegiendo lo que sí importa


Navegando por la RAE podemos leer que el “arte” es la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
Que los taurinos digan que torear es una arte, queda fuera de lugar a no ser que se refieran a la habilidad de matar a un animal de una manera llamativa, como artista es el ama de casa que cocina huevos fritos de una manera excepcional.
En Cataluña el Parlament ha iniciado una proposición de ley, llevada a cabo por iniciativa popular que lo que busca es prohibir las corridas en toda la comunidad autónoma. Cataluña, en este caso, no será la primera comunidad autónoma en prohibirlas ya que las Islas Canarias no las permiten desde 1991.
Ahora se ponen sobre la mesa argumentos a favor y argumentos en contra. El siempre vivo debate de si los toros están bien o mal, o más bien, la razón (el raciocinio para que nos entendamos) de algo que objetivamente choca contra los principios rectores de una democracia avanzada y los argumentos razonados (no digo razonables, sino razonados) de los pro-taurinos a favor de mantener este “espectáculo”.
Cada vez son más las personas que se declaran en contra de las corridas de toros y menos las que las apoyan directamente, y es por eso que cada vez nos acercamos más hacia el punto de prohibirlas definitivamente en todo el territorio nacional.
Aún así la protección de los animales es competencia de las CC AA, y si bien, en la mayoría de ellas se prohíbe abiertamente la utilización de animales en espectáculos, peleas, fiestas populares y otras actividades si ello puede ocasionarles daños, sufrimientos o hacerlos objeto de tratamiento antinatural, los festejos taurinos quedan excluidos.
¿Nos hemos vuelto locos? No se permite –bajo pena de multa- maltratar a un perro a bastonazos, pagar por ver a un torturador de gaviotas, clavarle una estaca a un canguro o meter a un gato en un saco y darle patadas porque tenemos una obligación de respeto y protección para con ellos, y sin embargo, hacemos excepciones con los toros.
¿Por tradición? Legislamos en base a un progreso unidireccional. La sociedad avanza responsable y éticamente hacia una convivencia más humana. Muchas tradiciones se pierden en este progreso porque son contrarias a esa convivencia pacífica con el entorno.
Jesús Mosterín lo dijo bien claro en el debate del Parlament y se le echaron encima. Hay tradiciones que hay que superar y muchas que afortunadamente ya hemos superado: el maltrato a la mujer, pegar a los alumnos, tirar la cabra del campanario, quemar la maleza del monte, peleas de perros y de gallos, o el toro de la Vega de Tordesillas (al que se la clavan lanzas y se le cortan los cojones) que es la mayor salvajada dentro de la tauromaquia de este país.
No sirven los argumentos razonados de los taurinos que se basan en la tradición, en que el toro no sufre, en que sino se extinguiría la raza del toro de lidia, en que da muchos puestos de trabajo y muchos beneficios económicos.
Señores, las tradiciones no son un argumento válido para sustentar una práctica, en esencia, macabra e ilegal. La raza del toro de lidia no se perdería bajo una protección específica, como no se ha perdido el lince ni el oso panda (y ser taurino y conservacionista es una clara muestra de cinismo, todo sea dicho). Los argumentos económicos tampoco tienen sentido porque en democracia, los principios éticos que sustentan nuestra legislación no deberían tener un precio.
Y finalmente, amigos taurinos, el toro sí que sufre y mucho. Es por eso que hay debate, porque cada vez son más las personas descarriadas de este país que ven en esta tortura hacia el toro un crimen.
Murcia, Madrid y el País Valenciano han decidido declararla fiesta de interés autonómico para que tenga una protección por parte de los violentos hippies antitaurinos. Cataluña, en cambio, acabará prohibiéndola seguramente.
No me aventuro a dar la razón a ninguna parte, pero es obvio quién ha escogido el camino correcto y quién va a tener que esperar para retomarlo en el futuro. Tiempo al tiempo.

No news, good news


Esta semana recordábamos o celebrábamos la continuidad de la democracia tras el fugaz golpe de Estado del 23-F que azotó la tranquilidad de nuestro inocente estado en sus más tempranos momentos de existencia.
Los golpes de Estado siempre ponen los pelos de punta, sean para bien o para mal, desde la Revolución de los Claveles en Portugal o la toma del Palacio de la Moneda en Chile… Eso siempre es debido a la incertidumbre de atajar con legitimidad únicamente militar la vigencia de un sistema político previo. Sea como fuere, el caso es que los golpes de Estado inquietan a la población de todo el país y crean un gran revuelo internacional.
Llevamos 22 golpes desde el año 2000 en todo el mundo, de los cuales, 8 fueron fallidos. De éstos, más de la mitad (12) se produjeron en el continente africano. Es lamentable que no se hable de ellos ni que tengan cabida internacional.
Así, el pasado día 18 (18-F) hubo un golpe de Estado en Níger y no tuvo ningún tipo de repercusión internacional. ¿Qué está pasando en este país?, o más bien, ¿nos importa lo que está pasando en Níger?
El golpe fue perpetrado por el militar Abdoulaye Adamou Harouna, que con un centenar de hombres tomaron el Palacio Presidencial, que estaba en plena junta justo en el momento del golpe. Los militares tomaron a Tandja Mamadou y a otros ministros y, tras ciertos destrozos en el edificio y algunos muertos en la zona –del que tampoco se hizo especialmente eco-, decretaron el toque de queda y crearon lo que los militares dieron en llamar “Consejo Supremo para la Restauración de la Democracia”.
Que un ejército lleve a cabo esta operación para restaurar la democracia es una gran contradicción, pero hay que tener en cuenta el contexto.
Tandja Mamadou, presidente electo de Níger, tenía un mandato constitucionalmente con fecha de caducidad. En cambio el político nigerino decidió hacer una intentona para continuar en el poder durante más tiempo, según éste, para conseguir llevar a cabo las reformas necesarias para sacar al país de la situación actual de subdesarrollo.
Para ello, su intención era cambiar la constitución y refrendar en las urnas su mandato durante un período indefinido.
La junta militar pudo haber actuado por el bien común de su pueblo, pero la diferencia entre Harouna y Tandja, es que si bien ambos desean (teóricamente) lo mejor para la sociedad nigerina, el militar lo hizo valer mediante la violencia, y el segundo mediante leyes.
Los golpes de estado, como injerencias militares que son, están fuera de lugar en la mayoría de las situaciones porque se basan en el uso de la fuerza, y en democracia, los medios son tan importantes como el fin. De hecho, no es un solo un instrumento, sino que es un método de hacer las cosas.
¿Níger? Repito: ¿Importa Níger? Es el país más pobre del planeta. La gente se muere de hambre porque no tienen comida. No tienen comida porque son una población mayoritariamente agricultora y sufren una de las mayores sequías del planeta. El motivo por el que haya esta sequía es porque la desertización africana es un claro ejemplo del cambio climático. El cambio climático, amigos míos, es resultado de nuestra forma de vida en el primer mundo.
Somos responsables de que este país olvidado se muera de hambre. Asusta, por ejemplo, ver el lago Chad en la zona, que ha pasado las últimas décadas en tener una extensión como la Comunidad Valenciana, a un tamaño como la isla de Cabrera.
Pero aunque no puedan cultivar alimentos, lo que sí que pueden explotar y exportar es el maldito uranio (ya sabéis, para centrales nucleares que nos enriquezcan nuestra calidad de vida o armas disuasorias que mantengan la paz planetaria).
Entonces, si no nos preocupa lo que ocurra en Níger, aunque todos seamos responsables de su hambruna; si no nos preocupa quién gobierne el país porque ya están sus militares para controlar, perdón: proteger su sistema democrático; a ver si por lo menos nos preocupa la seguridad.
Éste será el único motivo por el que los medios de comunicación y las instituciones occidentales atiendan a lo que ocurra ahí. Lamentable.

Christmas marketing


El merchandising entrama un diálogo directo con los sentidos del consumidor. El olfato, el tacto, el gusto, el oído y, como no, la vista, juegan un papel fundamental a la hora de posicionar lo que se quiere vender frente al consumidor.
Las luces son un gran reclamo. Un producto bien posicionado espacialmente si se le acompaña de una luz adecuada (según al público a dónde se quiera llegar) tiene asegurada la atención del comprador.
De forma exterior también se ilumina todo. ¿Quién puede concebir un establecimiento sin un letrero luminoso? Y es que las luces nos encantan. Están en todas partes y son –a todos los niveles- para llamar la atención al viandante, desde la iluminación de una catedral patrimonio de la humanidad hasta la máquina tragaperras de la taberna de un pueblo remoto.
Una de las señales de que las fiestas navideñas han llegado, ya no es sólo que sea Navidad en el Corte Inglés o que monten un lineal de turrones a la entrada de supermercado de barrio, sino las luces: eso sí que es inconfundible.
Y es que están relacionadas con la decoración del punto de venta y con las campañas de los grandes medios, y es, no olvidemos, una estrategia comercial más para aumentar el consumo en estas fechas.
Madrid este año se vuelve a situar a la cabeza con un gasto total de luces de 3,5 millones de euros, que incluye la instalación, el mantenimiento y el consumo. El doble que Barcelona, que también hay que reconocer, será un gasto asumido por las asociaciones de comerciantes y empresarios del centro de la ciudad.
La estrategia en este año de crisis ha sido adelantar el alumbrado a los últimos días de noviembre. La decoración es menos sobria y de más diseño y calidad, como año tras año, pero esta vez centrándolo solo en las calles más céntricas de la ciudad.
Si el español medio esta navidades gastará 800 euros de media (regalos, alimentación, ocio y lotería, entre otros) se moverá una cantidad de 25 mil millones de euros en estas semanas de consumo, que no olvidemos, será una bocanada de oxígeno para el comercio de este país.
Eso explica al consumidor y ciudadano medio porqué hay ese derroche de gasto de iluminación en las ciudades. Ya que de los 7 millones que gastan las grandes ciudades se ve más que amortizado. De 35 euros que gasta el comprador García, 1 céntimo irá para amortizar esta performance lumínica.
También para muchos es ya una tradición (sí, señores, las navidades han evolucionado) la puesta en escena de la luces en el centro de la ciudad. Y ahora nos podemos pasar una tarde de x-mas shopping (un hobby más para algunos) sin escuchar un villancico, y no pasa nada… podemos comprar con frío, podemos comprar sin colores llamativos, pero, ¿sin luces? No, las compras no serían tan grandes porque la gente no saldría a las zonas comerciales con la facilidad y las ganas que lo hacen cuando se iluminan las calles.
Lo positivo, así pues, de la iluminación navideña es que aumenta el consumo y se reaviva la economía, que este año está más que dañada por el pánico a no gastar… Lo negativo, es por un lado, lo que algunos critican, que es pérdida de valores religiosos en esta fiesta cristiana, y por otros, el derroche energético, que bien se podría unir bajo el mismo paraguas (a verdes y feligreses) del consumismo navideño.
Muy a su pesar, muchas familias (la mayoría de este país) tienen su fuente de ingresos en mayor o menor medida a través de este consumismo despilfarrador de estas fiestas; por consiguiente, habría que ser críticos pero con los pies en el suelo.
No podemos vivir un mes de diciembre sin luces navideñas, pero tampoco podemos soportar esos 30 millones de kw por hora, ni las 10 toneladas de CO2 que implicará este consumo. ¿Hay un punto intermedio? Se ha demostrado que las luces en las calles es un reclamo eficaz para el consumidor, pero, ¿qué tal si aparte de eficaces probamos a ser eficientes?
El ayuntamiento de Bilbao ha decido enfocar toda la campaña lumínica navideña en torno a cortinas de LEDs, ahorrando un 98% de energía con respecto al año pasado. Este es el tipo de iniciativas que deberían abanderar el resto de ciudades. Y si bien, sí que es excesivo mes y medio de luces en las calles, la estrategia sería más justa (y más del estilo de Santa Klaus) si la iluminación se extiende a otros barrios no tan céntricos, donde sí que hay comercios, también hay familias que dependen de la facturación de diciembre y que tienen derecho a este merchandising urbano, que afortunadamente cada vez se hace con menos dinero público y más dinero de las empresas: al fin y al cabo, ésta es su campaña.

Jubílala


Estupefactos. La decisión del Gobierno Zapatero de prolongar la central de Garoña ha dejado desconcertado a todo el mundo. No ha sido una decisión, sino una no-decisión, y eso es mucho más grave.
Hay un gran déficit energético y un debate en torno hacia dónde se tiene que dirigir la política de consumo de todos los estados comunitarios. Muchos gobiernos defienden la energía nuclear. Nuestro gobierno socialista en cambio, como una gran mayoría de ciudadanos europeos conforman el frente a favor de una energía más limpia, segura y sostenible.
Garoña es en la actualidad la central nuclear más antigua de todo el territorio nacional. Construida en 1970, contaba con 40 años de vida. El gobierno actual, en lugar de comenzar los trámites para su cierre y la reestructuración de la zona ha decidido dar carpetazo (carpetazo salomónico, eso sí) y prolongar su vida hasta 2013. Ello, que bien se puede calificar de decisión irresponsable, deja en manos del futuro gobierno de Madrid, la decisión de una prolongación mayor -10 años- o su cierre definitivo.
El CSN (Consejo de Seguridad Nuclear) confía en que la seguridad de la central es correcta y que Garoña no implica ningún peligro para los garoñenses (ni para los bilbaínos, burgaleses, logroñeses, etc) que viven en la zona.
El problema no es el dictamen (no vinculante, nunca lo olvidemos) del CSN, ya que el Ministerio tiene la última palabra. El debate tiene que ser más profundo. Sin ánimo de no caer en infravalorar el peritaje del CSN no hay que olvidar que es un organismo “nuclear” y, por ende, pro nuclear. Una dentista siempre animará a colocar aparatos y un dependiente aconsejará cualquier prenda a quien le pida consejo, y el CSN plasmará la plena seguridad de Garoña durante 10 años más. Obvio. 10, 15 ó 20 años, pero el problema no es que Burgos sea un nuevo Chernobyl, lo que nos deja “estupefactos” es que nuestro gobierno se había planteado reencaminar la política energética de España – estrategia electoral para robar votos verdes- e ir cerrando las centrales nucleares, mucho más si superan los obligatorios 40 años de vida.
La energía nuclear no es buena para el medio ambiente. Greenpeace lo deja bien claro exponiendo los motivos para ser antinuclear: Es peligrosa y sus consecuencias pueden ser, tal como ha demostrado la historia reciente, dramáticas. Se generan residuos que no sabemos cómo tratar pero que científicamente se conoce que permanecerán durante decenas de miles de años. No genera tanto empleo (en Garoña trabajan 315 personas). Está en contra de Kioto y la voluntad de renovación las fuentes de energía es posible ya que muchos países lo han conseguido. Sigue creando dependencia siendo la totalidad del uranio (materia prima) importado. No es una energía renovable y se calcula que en unas décadas se acabará el uranio necesario para el sostenimiento de las centrales nucleares actuales.
Y lo más importante, la gran mayoría de los ciudadanos se declara en contra de la energía nuclear.
No nos sirve de nada dejar de depender de la energía de otros países, ya sea Argelia o Francia, porque a los consumidores no se les repercute tanto en la factura. El coste energético se encarece año tras año por muchos factores como son el IPC, o el hecho de que cada vez consumimos más.
Tampoco nos sirve el argumento de que se pierden puestos de trabajo, porque a nivel general y pensando en el interés de todos los ciudadanos, las energías renovables crean más empleo y sus fines son mucho mejores, con lo que hay que apostar por ellas sin dudarlo. Además, cuando se cierra una nuclear, una refinería o una papelera, la Administración Pública ya se encarga de aplicar un plan dinamizador en la zona, algo que muchos sectores no tienen en la actualidad.
Plantémosle cara y sigamos exigiendo el cierre de las centrales nucleares, no por ser fieles a un programa electoral, sino por ser fieles a nuestros principios: Creemos un país sostenible.