No news, good news


Esta semana recordábamos o celebrábamos la continuidad de la democracia tras el fugaz golpe de Estado del 23-F que azotó la tranquilidad de nuestro inocente estado en sus más tempranos momentos de existencia.
Los golpes de Estado siempre ponen los pelos de punta, sean para bien o para mal, desde la Revolución de los Claveles en Portugal o la toma del Palacio de la Moneda en Chile… Eso siempre es debido a la incertidumbre de atajar con legitimidad únicamente militar la vigencia de un sistema político previo. Sea como fuere, el caso es que los golpes de Estado inquietan a la población de todo el país y crean un gran revuelo internacional.
Llevamos 22 golpes desde el año 2000 en todo el mundo, de los cuales, 8 fueron fallidos. De éstos, más de la mitad (12) se produjeron en el continente africano. Es lamentable que no se hable de ellos ni que tengan cabida internacional.
Así, el pasado día 18 (18-F) hubo un golpe de Estado en Níger y no tuvo ningún tipo de repercusión internacional. ¿Qué está pasando en este país?, o más bien, ¿nos importa lo que está pasando en Níger?
El golpe fue perpetrado por el militar Abdoulaye Adamou Harouna, que con un centenar de hombres tomaron el Palacio Presidencial, que estaba en plena junta justo en el momento del golpe. Los militares tomaron a Tandja Mamadou y a otros ministros y, tras ciertos destrozos en el edificio y algunos muertos en la zona –del que tampoco se hizo especialmente eco-, decretaron el toque de queda y crearon lo que los militares dieron en llamar “Consejo Supremo para la Restauración de la Democracia”.
Que un ejército lleve a cabo esta operación para restaurar la democracia es una gran contradicción, pero hay que tener en cuenta el contexto.
Tandja Mamadou, presidente electo de Níger, tenía un mandato constitucionalmente con fecha de caducidad. En cambio el político nigerino decidió hacer una intentona para continuar en el poder durante más tiempo, según éste, para conseguir llevar a cabo las reformas necesarias para sacar al país de la situación actual de subdesarrollo.
Para ello, su intención era cambiar la constitución y refrendar en las urnas su mandato durante un período indefinido.
La junta militar pudo haber actuado por el bien común de su pueblo, pero la diferencia entre Harouna y Tandja, es que si bien ambos desean (teóricamente) lo mejor para la sociedad nigerina, el militar lo hizo valer mediante la violencia, y el segundo mediante leyes.
Los golpes de estado, como injerencias militares que son, están fuera de lugar en la mayoría de las situaciones porque se basan en el uso de la fuerza, y en democracia, los medios son tan importantes como el fin. De hecho, no es un solo un instrumento, sino que es un método de hacer las cosas.
¿Níger? Repito: ¿Importa Níger? Es el país más pobre del planeta. La gente se muere de hambre porque no tienen comida. No tienen comida porque son una población mayoritariamente agricultora y sufren una de las mayores sequías del planeta. El motivo por el que haya esta sequía es porque la desertización africana es un claro ejemplo del cambio climático. El cambio climático, amigos míos, es resultado de nuestra forma de vida en el primer mundo.
Somos responsables de que este país olvidado se muera de hambre. Asusta, por ejemplo, ver el lago Chad en la zona, que ha pasado las últimas décadas en tener una extensión como la Comunidad Valenciana, a un tamaño como la isla de Cabrera.
Pero aunque no puedan cultivar alimentos, lo que sí que pueden explotar y exportar es el maldito uranio (ya sabéis, para centrales nucleares que nos enriquezcan nuestra calidad de vida o armas disuasorias que mantengan la paz planetaria).
Entonces, si no nos preocupa lo que ocurra en Níger, aunque todos seamos responsables de su hambruna; si no nos preocupa quién gobierne el país porque ya están sus militares para controlar, perdón: proteger su sistema democrático; a ver si por lo menos nos preocupa la seguridad.
Éste será el único motivo por el que los medios de comunicación y las instituciones occidentales atiendan a lo que ocurra ahí. Lamentable.

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