Jubílala


Estupefactos. La decisión del Gobierno Zapatero de prolongar la central de Garoña ha dejado desconcertado a todo el mundo. No ha sido una decisión, sino una no-decisión, y eso es mucho más grave.
Hay un gran déficit energético y un debate en torno hacia dónde se tiene que dirigir la política de consumo de todos los estados comunitarios. Muchos gobiernos defienden la energía nuclear. Nuestro gobierno socialista en cambio, como una gran mayoría de ciudadanos europeos conforman el frente a favor de una energía más limpia, segura y sostenible.
Garoña es en la actualidad la central nuclear más antigua de todo el territorio nacional. Construida en 1970, contaba con 40 años de vida. El gobierno actual, en lugar de comenzar los trámites para su cierre y la reestructuración de la zona ha decidido dar carpetazo (carpetazo salomónico, eso sí) y prolongar su vida hasta 2013. Ello, que bien se puede calificar de decisión irresponsable, deja en manos del futuro gobierno de Madrid, la decisión de una prolongación mayor -10 años- o su cierre definitivo.
El CSN (Consejo de Seguridad Nuclear) confía en que la seguridad de la central es correcta y que Garoña no implica ningún peligro para los garoñenses (ni para los bilbaínos, burgaleses, logroñeses, etc) que viven en la zona.
El problema no es el dictamen (no vinculante, nunca lo olvidemos) del CSN, ya que el Ministerio tiene la última palabra. El debate tiene que ser más profundo. Sin ánimo de no caer en infravalorar el peritaje del CSN no hay que olvidar que es un organismo “nuclear” y, por ende, pro nuclear. Una dentista siempre animará a colocar aparatos y un dependiente aconsejará cualquier prenda a quien le pida consejo, y el CSN plasmará la plena seguridad de Garoña durante 10 años más. Obvio. 10, 15 ó 20 años, pero el problema no es que Burgos sea un nuevo Chernobyl, lo que nos deja “estupefactos” es que nuestro gobierno se había planteado reencaminar la política energética de España – estrategia electoral para robar votos verdes- e ir cerrando las centrales nucleares, mucho más si superan los obligatorios 40 años de vida.
La energía nuclear no es buena para el medio ambiente. Greenpeace lo deja bien claro exponiendo los motivos para ser antinuclear: Es peligrosa y sus consecuencias pueden ser, tal como ha demostrado la historia reciente, dramáticas. Se generan residuos que no sabemos cómo tratar pero que científicamente se conoce que permanecerán durante decenas de miles de años. No genera tanto empleo (en Garoña trabajan 315 personas). Está en contra de Kioto y la voluntad de renovación las fuentes de energía es posible ya que muchos países lo han conseguido. Sigue creando dependencia siendo la totalidad del uranio (materia prima) importado. No es una energía renovable y se calcula que en unas décadas se acabará el uranio necesario para el sostenimiento de las centrales nucleares actuales.
Y lo más importante, la gran mayoría de los ciudadanos se declara en contra de la energía nuclear.
No nos sirve de nada dejar de depender de la energía de otros países, ya sea Argelia o Francia, porque a los consumidores no se les repercute tanto en la factura. El coste energético se encarece año tras año por muchos factores como son el IPC, o el hecho de que cada vez consumimos más.
Tampoco nos sirve el argumento de que se pierden puestos de trabajo, porque a nivel general y pensando en el interés de todos los ciudadanos, las energías renovables crean más empleo y sus fines son mucho mejores, con lo que hay que apostar por ellas sin dudarlo. Además, cuando se cierra una nuclear, una refinería o una papelera, la Administración Pública ya se encarga de aplicar un plan dinamizador en la zona, algo que muchos sectores no tienen en la actualidad.
Plantémosle cara y sigamos exigiendo el cierre de las centrales nucleares, no por ser fieles a un programa electoral, sino por ser fieles a nuestros principios: Creemos un país sostenible.

2 comentarios:

María dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo. Quiero apuntar que si estamos tan preocupados por el terrorismo y la seguridad nacional, no deberíamos defender estos "blancos" perfectos para un posible ataque, cuyos efectos serían incalculables.
Me encanta tu blog

Unknown dijo...

Cierto,
Garoña está pegada a Euskadi... y Vandellós I y II, y Ascó muy cerca de Barcelona.

Es genial, las construyen relativamente cerca de núcleos densamente poblados, pero a su vez, dentro de entornos naturales... Una locura!