
El asociacionismo es una nueva forma de acción política y ciudadana en un escenario como el actual, en el cual hay una multitud de actores con deseos de influir en la toma de decisiones gubernamentales y en la activación de movilizaciones civiles. Son lobbies y grupos de presión que más que ningunear el sistema democrático son un avance, un paso firme para su fortalecimiento.
Los movimientos sociales y asociaciones dotan de mayor legitimidad lo que ya es a día de hoy una red de poder, en la que cualquiera de nosotros puede por fin participar de forma activa o pasiva.
De forma activa es colaborando; de forma pasiva es dejando pasar… Y no siempre hay que dejar pasar. Los movimientos más radicales, por naturaleza, no son constructivos, no crean debate sino provocación, son destructivos con la democracia y el sistema creado y acordado entre todos los ciudadanos.
Sin ánimo de negarles la voz, lo cual es un derecho irremplazable y digno, hay que alzar la mano y embestir un alto a sus derivas radicales, violentas, y por qué no decirlo, “necias”.
No es cuestión de caer en el insulto fácil, pero algunas de las acciones con más eco de los extremistas son necedades que hieren la inteligencia del resto de los ciudadanos.
Y al hablar de extremos, nos referimos a todos los extremos, de arriba abajo, de izquierda a derecha. Todos.
Por ejemplo, en un extremo tenemos el caso de los pro-taurinos con todos y cada uno de sus argumentos naïf que no tienen ningún sentido y –como decíamos- hieren la inteligencia. La última joya, ante la prohibición de las corridas en Cataluña, es que quieren llevar al TC la constitucionalidad de esta norma. Señores de la derecha, si no le gustan las decisiones del pueblo, por favor aguántense, pero el TC no es ningún basurero de frustraciones neocon. Les explico que la Constitución recoge el derecho de disfrutar del medio ambiente y la obligación de respetarlo, y añadimos, con toda su fauna y toda su flora nacional. Las CC AA tienen competencia para legislar sobre el trato a los animales, así que ya saben lo que dirá educadamente el TC: Tururú (¡)
Peor todavía son las asociaciones identitarias radicales, mayoritariamente de jóvenes, que perdieron el norte de lo que en su época sí era una lucha democrática y constructiva.
Son grupos minoritarios de extrema izquierda independentista, que recorren las calles de Santiago de Compostela, Donosti o Barcelona y cuyo ruido ensordece la voz de lo que sí que podría ser una lucha justa.
¿Cómo se puede tener la sangre fría y la falta de tacto, de comparar cualquiera de estas CC AA con Palestina, Sáhara Occidental y recientemente Kosovo? ¿nos hemos vuelto locos o qué? En fin, ¿acaso hay refugiados catalanes hacinados en tiendas de campaña al otro lado de los Pirineos?, ¿ha bombardeado Madrid a la ciudad condal con bombas de racimo? ¿hay alguna limpieza étnica contra los euskaldunes?
Cualquier comparación al respeto, aunque se enmascare de solidaridad antirrepresiva, es únicamente una forma de tergiversar la verdad y burlarse de las auténticas víctimas.
Necio también es apoyar a colaboradores de ETA en nombre de la independencia catalana y en contra del Estado español, hablar de lucha y resistencia contra concejales electos democráticamente, hablar de amnistía a presos políticos en un país como el nuestro, todo ello es una vez más, no sólo necio, sino un acto de irresponsabilidad, camorrista y mercenario. Como igual de irresponsable, camorrista, mercenario y necio es ser una auxiliar admininstrativa del Ajuntament de Terrassa, beneficiarse del cargo para entrar en los archivos de la DGT, facilitar una matrícula de un concejal del PP, dársela a ETA, y que ésta le ponga una bomba-lapa para acabar con su vida.
Para asociaciones necias, ya se sabe: oídos sordos…
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