Nuestro dumping es mejor


O jugamos bien o no jugamos. O estamos en la OMC con todas las de la ley y jugamos al monopoly, o dejamos la partida para cuando tengamos las ideas claras, pero fair-play señores, que a los tramposos se les pilla rápido.
¿Cómo podemos seguir con la Política Agrícola Común (PAC) y ser miembros, proselitistas más bien, de la OMC?
Se nos ha dado ya el aviso de acabar con las subvenciones agrícolas para que así todos los productos puedan competir en igualdad de condiciones.
La mitad del presupuesto comunitario de la UE va a la PAC y aún así, sus defensores se quejan del dumping social y el dumping ecológico de los otros países con sus productos agrícolas.
El dumping social explica la aparición de precios bajos por parte de un país productor aprovechándose de una legislación laboral pobre, y por lo tanto que el precio final sea mucho más barato que el que se conseguiría si se pagasen unos salarios justos. Los países con este tipo de (no-) legislación laboral consiguen unos precios más ventajosos que el país que exporta.
Con el dumping ecológico, en cambio, los favorecidos son los países con una legislación medioambiental menos rigurosa, por lo general, países en vías de desarrollo. De esa manera, como no es necesario atajar la contaminación con inversión por parte del productor de medidas más ecológicas, y al no verse en posibilidad de recibir sanciones por parte de la administración, los precios de un mismo producto se encarecen en un país con una legislación más avanzada medioambientalmente.
Los proteccionistas del mercado agrícola comunitario se aferran en estos argumentos para no cumplir con los compromisos de la OMC, sin conocer muy de fondo, la contrapartida a la que los productos agrícolas de terceros países se tienen que ver forzados.
El agricultor europeo recibe ayudas directas y subvenciones para hacer que sobreviva un mercado no competitivo internacionalmente como es el agrícola europeo. Además la sobrerregulación comunitaria en aras de la defensa del consumidor evita que muchos productos no puedan ser comercializados en Europa si no cumplen con las condiciones mínimas de producción, manipulado o información.
De esa manera, y con esta medida se atajaría el dumping ecológico, ya que en todos los productos ganaderos y agrícolas hay que, potestativamente, informar de sus orígenes. En caso de que el país B no cumpla con requisitos mínimos de sanidad, dicho producto, no entra en el mercado. Es más, detrás de tanta normativa comunitaria se esconde un bloqueo directo de terceros productos.
El dumping social tampoco valdría de argumento, ya que son muchas las variables que impiden el desarrollo, y el low cost salarial es una consecuencia y no un medio. Del capital de Occidente depende muy mucho este gap entre las condiciones salariales de éstos y aquéllos, y en muchos casos es capital privado comunitario el que explota la mano de obra barata en estos países en vías de desarrollo con sus productos agrícolas.
De nada valen, pues, estos argumentos para impedir cumplir la UE con el libre comercio que ratificó en su día con la OMC.
Es sabido por todos que este proteccionismo tiene que cesar y que la UE no puede seguir despilfarrando el presupuesto comunitario sobre un sector económico anticuado, no competitivo y que frena el avance del comercio internacional con los países agrícolas pobres.

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