
Menuda ecuación. Lleva más de 600 horas sin ingerir ningún alimento. Tan sólo le separan 210 kilómetros de su casa. Y lo hace en nombre de los derechos de los 270.000 saharauis desterrados y/o soterrados.
Es una mujer, se llama Aminetu Haidar y está en tierra de nadie, sin reconocimiento legal alguno, como una clara metáfora de la situación propiamente jurídica que está afrontando su pueblo.
La opinión pública no es ajena al sufrimiento de esta luchadora de los derechos humanos y por una vez, tampoco lo es de los principios rectores que llevaron a esta persona a su situación actual… en fin, la opinión pública sigue este caso mientras sea noticia, o antes de que se muera, o antes de que Marruecos ceda, o antes de que se canse o se inmunice ante su sufrimiento.
Como un cuento infantil, hay reyes en juego… algunos muy malos y otros a los que no se les deja jugar. Hay pajes y caballeros, hay un Sancho Panza y una Blancanieves en el terreno diplomático y una princesa que quiere volver a su reino.
Se nos intenta hacer creer que este cuento tendrá un final feliz y que es eso, un cuento, pero en realidad no nos engañemos porque es una tragedia antigua, muy antigua, de la cual “Marruecos es culpable y España responsable”.
Ahora Moratinos y Zapatero piden mediación diplomática a la ONU y a los EE UU. Ahora Hillary Clinton pide respeto y mano izquierda al Rey de Marruecos. Ahora Juan Carlos afinará su don de gentes ante Mohamed VI, ahora nos preocupa el caso de una mujer que lleva itinerante desde hace 15 años pidiendo el respeto por su pueblo.
El estado español ha dejado que Marruecos y Mauritania invadiesen el Sáhara Occidental dejando el proceso de descolonización a libre albedrío de Rabat en 1975. El gobierno de Madrid no hizo nada para evitar la marcha verde. Madrid no mostró ni un ápice de interés durante la guerra civil del Frente Polisario contra sus invasores.
El gobierno español democrático no movió pieza ni presionó como actor político en ninguno de los años posteriores al franquismo para llevar a cabo el referéndum de autodeterminación que aconseja la ONU para finalizar el proceso de descolonización de este territorio. El gobierno español no da recursos a los refugiados saharauis “residentes” en Argelia ni para desminar todo el territorio de Sáhara Occidental. El estado español no reconoce la soberanía de la RASD (República Árabe Saharahui Democrática), cosa que sí que hacen la mayoría de los países africanos y los países de habla hispana.
Y este año España fue cómplice de Marruecos al dejar que Rabat denegase la entrada de Haidar a su propio suelo saharaui (marroquí militarmente), quitándole el pasaporte y dejándola a la deriva en Lanzarote.
Muy cerca, tan sólo a 3 kilómetros de su gente por cada día en ayuno voluntario.
Muy terca, sin aceptar el ofrecimiento a la nacionalidad española, ni medicinas, ni reconocimientos pre-mortem.
Muy simple. Su deseo es únicamente “volver a su casa”.
Así es esta activista, madre, saharaui, portavoz de un pueblo sin estado, expatriada. Prodemócrata con cierto rictus similar a Gandhi y con un par de ovarios bien puestos.
Parece un cuento, una novela, un teatrillo esperpéntico… cuando lo peor de todo es que es la Crónica de una Muerte Anunciada.
Es una mujer, se llama Aminetu Haidar y está en tierra de nadie, sin reconocimiento legal alguno, como una clara metáfora de la situación propiamente jurídica que está afrontando su pueblo.
La opinión pública no es ajena al sufrimiento de esta luchadora de los derechos humanos y por una vez, tampoco lo es de los principios rectores que llevaron a esta persona a su situación actual… en fin, la opinión pública sigue este caso mientras sea noticia, o antes de que se muera, o antes de que Marruecos ceda, o antes de que se canse o se inmunice ante su sufrimiento.
Como un cuento infantil, hay reyes en juego… algunos muy malos y otros a los que no se les deja jugar. Hay pajes y caballeros, hay un Sancho Panza y una Blancanieves en el terreno diplomático y una princesa que quiere volver a su reino.
Se nos intenta hacer creer que este cuento tendrá un final feliz y que es eso, un cuento, pero en realidad no nos engañemos porque es una tragedia antigua, muy antigua, de la cual “Marruecos es culpable y España responsable”.
Ahora Moratinos y Zapatero piden mediación diplomática a la ONU y a los EE UU. Ahora Hillary Clinton pide respeto y mano izquierda al Rey de Marruecos. Ahora Juan Carlos afinará su don de gentes ante Mohamed VI, ahora nos preocupa el caso de una mujer que lleva itinerante desde hace 15 años pidiendo el respeto por su pueblo.
El estado español ha dejado que Marruecos y Mauritania invadiesen el Sáhara Occidental dejando el proceso de descolonización a libre albedrío de Rabat en 1975. El gobierno de Madrid no hizo nada para evitar la marcha verde. Madrid no mostró ni un ápice de interés durante la guerra civil del Frente Polisario contra sus invasores.
El gobierno español democrático no movió pieza ni presionó como actor político en ninguno de los años posteriores al franquismo para llevar a cabo el referéndum de autodeterminación que aconseja la ONU para finalizar el proceso de descolonización de este territorio. El gobierno español no da recursos a los refugiados saharauis “residentes” en Argelia ni para desminar todo el territorio de Sáhara Occidental. El estado español no reconoce la soberanía de la RASD (República Árabe Saharahui Democrática), cosa que sí que hacen la mayoría de los países africanos y los países de habla hispana.
Y este año España fue cómplice de Marruecos al dejar que Rabat denegase la entrada de Haidar a su propio suelo saharaui (marroquí militarmente), quitándole el pasaporte y dejándola a la deriva en Lanzarote.
Muy cerca, tan sólo a 3 kilómetros de su gente por cada día en ayuno voluntario.
Muy terca, sin aceptar el ofrecimiento a la nacionalidad española, ni medicinas, ni reconocimientos pre-mortem.
Muy simple. Su deseo es únicamente “volver a su casa”.
Así es esta activista, madre, saharaui, portavoz de un pueblo sin estado, expatriada. Prodemócrata con cierto rictus similar a Gandhi y con un par de ovarios bien puestos.
Parece un cuento, una novela, un teatrillo esperpéntico… cuando lo peor de todo es que es la Crónica de una Muerte Anunciada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario