Lo que dice el pueblo, va a misa


Suiza, una de las democracias más antiguas y más avanzadas del mundo, ha dado un duro golpe a la comunidad islámica de su país.
En el estado alpino todo se vota, todo se lleva a referéndum, y es, en último caso, lo que el pueblo decide, lo que en definitiva “va a misa”.
Esta vez el pueblo suizo votó a favor de prohibir la construcción de minaretes en el suelo helvético, para frenar el horrible avance de la comunidad islámica en el país. Sí: normal que se asustasen… en toda Suiza ya había un total de 4 numerosísimos alminares.
El minarate o alminar es el “campanario” de las mezquitas. De hecho, las primeras mezquitas no lo tenían y ha sido una añadidura posterior imitando a las iglesias cristianas. El campanario y el minarete, aparte de la función decorativa, tienen la función de llamar a la oración, sea con campanas, con megafonía y como antes lo hacía el almuédano (personaje que se subía a esta torre para llamar a los fieles).
Ni todas las iglesias tienen campanario, ni todas mezquitas tienen minarete… son elementos puramente simbólicos, y por lo tanto, esta votación afirmativa de Suiza resulta, no útil sino castrante. De nada sirven los alminares, pero tiene muy serias consecuencias su prohibición. Aunque en eso no han caído los suizos.
El artífice de la campaña antiislámica y demagógica fue el partido de extrema derecha, Partido del Pueblo Suizo, que por cierto, es el partido más votado, pero afortunadamente no está en el gobierno, que sí que está integrado por los partidos democráticos tradicionales.
Estos partidos democráticos tradicionales y por qué no decirlo, racionales, no apoyaron el “sí” en el referéndum, pero tampoco fueron capaces de hacer inclinar la balanza ante el “no” de esta medida tan racista, y finalmente perdieron (porque perdieron todos).
La primera lección que se puede aprender es que la demagogia no es tan propia de lejanas repúblicas bananeras con altas tasas de analfabetismo, sino que la demagogia se da en los países más avanzados e ilustrados (asusta, verdad?). La segunda lección es que el discurso demagógico es, como tal, más cercano al pueblo que el viejo discurso político, y que, por lo tanto, los viejos partidos deberían buscar fórmulas para hacer ver que sí, el voto es importante, pero que hay que replantearse las consecuencias directas de cada decisión.
Se discrimina y limita su ejercicio de practicar libremente su credo a 400.000 suizos. Se discrimina porque ninguna otra religión (católica, protestante, judía, hinduista o maradoniana) tiene esta limitación de negarle un elemento propio en sus centros de culto.
Suiza no tiene religión oficial; de hecho, ha sido un ejemplo de convivencia entre diferentes religiones cristianas tras los cismas. Suiza ha sido hasta ahora un ejemplo de sociedad cohesionada y desarrollada. ¿cómo ha podido tener este referéndum tal respaldo popular y haya sido apoyado no sólo por ultras, sino también por ciudadanos progresistas que ven en el Islam una amenaza?
El primer paso para la correcta convivencia entre gentes de distintos credos es la normalización. La normalización pasa obligatoriamente por la visibilidad. El barrer la mierda para debajo del sofá es un autoengaño, porque esta gente (y que lo sepa toda Europa) no están de paso en el continente… y mucho más si hablamos de kosovares, bosnios, turcos y albaneses, todos ellos ciudadanos futuriblemente europeos/comunitarios y sí: musulmanes.
Y yendo más allá de Europa: ¿en qué países menos “desarrollados”, en los que los cristianos son una minoría, se prohíbe la construcción de iglesias con torres, campanarios? ¿En países del golfo pérsico? ¿Es acaso Suiza como Arabia Saudí? La verdad es que yo creía que no.
Sin embargo, Suiza ya no es lo que era: acaba de perder su famosa neutralidad en un acto de pura irresponsabilidad colectiva.

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