
No todo lo que brilla es oro.
Ni las buenas intenciones ni los buenos hechos.
Es un caso público reconocido desde hace 20 años y aún no se ha hecho nada para la liberación de Suu Kyi. Esta defensora de las libertades y pacifista intentó en su día liberar a Birmania de la tiranía de un ejército envenenado (como muchos otros ejércitos que hay) y corrupto de avaricia y poder.
En 1990 ganó las elecciones democráticas de su país con el Partido Nacional de la Democracia de una forma demoledora (82% de los votos es mucho más de lo que haya conseguido cualquier partido a lo largo de las “democracias” actuales, léase Irán o Venezuela). Los birmanos aclamaban un cambio, pero se les segó la voz a golpe de culata de escopeta, entrando en la casa de Suu Kyi y arrestándola desde entonces y por segunda vez, todo sea dicho.
Es uno de los estados más tiranos y crueles que hay, de un país que se autodefine como democracia, cuando es el ejército el que gobierna, ejecuta, legisla y coordina todo el dinero público, recursos y derechos del pueblo de Myanmar. De hecho, la constitución “democrática” actual reserva un cuarto de diputados a miembros del ejército en activo.
Ahora con la boca chica pedimos un cambio. Lo pide Obama y Europa hace tiempo que prefiere liderar otras causas nobles y Amnistía Internacional –junto otras Ongs pro-derechos- son los únicos que pujan por la liberación de nuestra libertaria budista.
Ser noticia durante más de 10 años cuesta. Los medios de comunicación no hablan de Rangún… no hablan ya de las condiciones a las que se ven avocados los presos políticos de allá… porque el sudeste asiático, o da dólares, o nos queda muy lejos.
Suu Kyi sigue combatiendo en la sombra y el propio ejército birmano se hace para sí flaco favor, reteniendo a una persona con tanto potencial como nuestra heroína. Hay muchos más anónimos (más de 2.000 presos políticos) que aguardan el tan deseado cambio de Birmania.
Obama y Suu Kyi son parecidos, ya que ambos son Nobeles de la paz. Ambos fueron elegidos en sus respectivos países en sufragio universal. Ambos son un referente de la esperanza; pero la diferencia está en que el primero viaja a lo largo y ancho de todo el planeta y la segunda no puede salir de su casa porque un militar le pegaría un tiro en la cabeza.
Hoy gracias a internet, las redes sociales, el tercer sector, países de la ASEAN, Occidente, birmanos enfadados y la propia Aung San Suu Kyi, Myanmar puede salir de ese lastre dictatorial que sigue empañando el sudeste asiático, para conseguir –por fin- una democracia de verdad y no la pura palabrería del general Than Shwe y amigos.
Ni las buenas intenciones ni los buenos hechos.
Es un caso público reconocido desde hace 20 años y aún no se ha hecho nada para la liberación de Suu Kyi. Esta defensora de las libertades y pacifista intentó en su día liberar a Birmania de la tiranía de un ejército envenenado (como muchos otros ejércitos que hay) y corrupto de avaricia y poder.
En 1990 ganó las elecciones democráticas de su país con el Partido Nacional de la Democracia de una forma demoledora (82% de los votos es mucho más de lo que haya conseguido cualquier partido a lo largo de las “democracias” actuales, léase Irán o Venezuela). Los birmanos aclamaban un cambio, pero se les segó la voz a golpe de culata de escopeta, entrando en la casa de Suu Kyi y arrestándola desde entonces y por segunda vez, todo sea dicho.
Es uno de los estados más tiranos y crueles que hay, de un país que se autodefine como democracia, cuando es el ejército el que gobierna, ejecuta, legisla y coordina todo el dinero público, recursos y derechos del pueblo de Myanmar. De hecho, la constitución “democrática” actual reserva un cuarto de diputados a miembros del ejército en activo.
Ahora con la boca chica pedimos un cambio. Lo pide Obama y Europa hace tiempo que prefiere liderar otras causas nobles y Amnistía Internacional –junto otras Ongs pro-derechos- son los únicos que pujan por la liberación de nuestra libertaria budista.
Ser noticia durante más de 10 años cuesta. Los medios de comunicación no hablan de Rangún… no hablan ya de las condiciones a las que se ven avocados los presos políticos de allá… porque el sudeste asiático, o da dólares, o nos queda muy lejos.
Suu Kyi sigue combatiendo en la sombra y el propio ejército birmano se hace para sí flaco favor, reteniendo a una persona con tanto potencial como nuestra heroína. Hay muchos más anónimos (más de 2.000 presos políticos) que aguardan el tan deseado cambio de Birmania.
Obama y Suu Kyi son parecidos, ya que ambos son Nobeles de la paz. Ambos fueron elegidos en sus respectivos países en sufragio universal. Ambos son un referente de la esperanza; pero la diferencia está en que el primero viaja a lo largo y ancho de todo el planeta y la segunda no puede salir de su casa porque un militar le pegaría un tiro en la cabeza.
Hoy gracias a internet, las redes sociales, el tercer sector, países de la ASEAN, Occidente, birmanos enfadados y la propia Aung San Suu Kyi, Myanmar puede salir de ese lastre dictatorial que sigue empañando el sudeste asiático, para conseguir –por fin- una democracia de verdad y no la pura palabrería del general Than Shwe y amigos.
Así acabará este espectáculo tan negro y bochornoso en que se ha convertido el encerrar a la líder carismática, legítima y potencialmente peligrosa de un país en una burbuja de cristal.
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