Quien se acuesta con niños...


Pepito es un niño muy traste. A Pepito no le dan miedo las alturas. No le dan miedo los peligros. Y es muy cabezón.
Pepito se sube al alto del tiovivo y a la quinta vuelta sale disparado. Poca cosa, arañazos en los codos. Betadine y tiritas.
Pepito usa una bicicleta vieja sin frenos. A la vuelta de la curva, se cae y se rompe un diente. Más arañazos. Moratones. Thrombocid, tiritas y cita en el dentista.
Pepito se ha tirado de lo alto del balcón. Esta vez sí que se ha hecho daño: una fractura de cúbito, yeso, calmantes y una semana sin ir a clase.
Los amigos de Pepito siembre se ríen de su valía, y lo arropan. Su madre siempre lo consuela cuando se excede en sus hazañas. También se siente arropado.
Hay muchos Pepitos en nuestro día a día, y el mayor de ellos se llama “sistema financiero internacional”. No cabe aclarar que en esta metáfora, la madre de Pepito es el estado y que los inversores son los amigos.
Si a Pepito (que es un niño volátil y más que demostradamente inestable) se le educase en el decoro, las buenas formas y valores en pro de la integridad física, no se accidentaría tanto. Si sus amigos no riesen sus gracias, a sabiendas que se pueda lamentar gravemente de un traspiés, no actuaría como un intérprido desalmado. Si su madre reprendiese su comportamiento la primera vez que se tiró a lo loco, no habría una segunda.
Lo fácil es poner tiritas. Lo complicado es evitarlas. ¿Cómo a un niño consentido se le puede cambiar el comportamiento? ¿Castigándolo? ¿Defendiéndolo?
Lo triste es que papá estado, una vez más, acude a rescatar el sistema financiero con los fondos de los contribuyentes. Dando una bocanada de oxígeno, equivalente a meses o años de ahorro social, a cambio de un ápice de calma bursátil que nunca dura más de 48 horas.
Siempre parcheando, nunca solucionando. Siempre esperanzándonos en que nunca volverá a ocurrir, en que ha sido un mal sueño.
No nos equivoquemos. Estamos hablando de buscar medidas eficaces para mantener con vida a nuestro Pepito económico. Que tantas alegrías nos da y que tantos disgustos nos acarrea.
Reeducación en este caso pasa por rediseño del propio sistema. La próxima vez nos encontraremos con un no-retorno, y en ese momento, en el que quizás ya hayamos entrado, no se salvará ni la familia entera.
Seamos buenas madres y escojamos el camino más amargo y sufrido. Más regulación y menos intervencionismo monetario. Más control y menos libertinaje. Más justicia y menos conchabamiento.
Quien bien te quiere… te hará llorar.

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