Váyase, señor Brown, váyase


Mi querido Gordon Brown está metido en uno de los peores marrones de la historia. Y hay que decir que este escocés los tiene bien puestos (el norte es el norte en todas partes).
Tony Blair supo dejarlo pasar en su momento. Muy listo y muy sonriente delegó en Gordon una herencia un tanto, por así decirlo, en declive. Declive del laborismo, declive en escuestas, declive económico y social. Ni corto ni perezoso, para poner la guinda a su curriculum, abandona el gobierno británico en plena mayoría para dar unas pinceladas a su carrera política en el mundo de la diplomacia. Lejos de Londres, claro está.
Nuestro entrañable Gordon, con esa mirada huidiza tomó el relevo de una Gran Bretaña resquebrajada que sufre la peor crisis económica de los últimos sesenta años (que se dice pronto) y con una oposición que no les pisa los talones, sino que abandera la gran unanimidad del cambio.
Tony y Brown son buenos amigos. Eso ayudó a que su delfín no rechazase el testigo del gobierno británico, pero el partido ¿qué opina? ¿Están los propios laboristas contentos con este cambio? Si un votante es acérrimo al partido y más papista que el Papa, acata y calla, pero un votante normal, medianamente socialdemócrata se debería abstener de la nueva trayectoria ideológica que empezó Blair a difundir en sus propias filas. Tercera vía… gran eufemismo donde los haya, que es un paso más hacia un liberalismo puro, o como ahora erróneamente se dice, de centro.
La única diferencia entre el actual laborismo británico y la tercera fuerza política –el Partido Liberal- reside de forma exclusiva en los orígenes de ambas formaciones y quizás su pertenencia a diferentes organismos internacionales. Los programas son iguales. Los valores también. Los liberales tienen a su favor el hecho que ellos también son oposición y no tienen que plantar cara a los problemas que sufre el país.
Si bien hay una auténtica catarata de votos desde el Partido Laborista al Liberal (dilema de mierda fría o mierda caliente), éste sigue siendo la tercera fuerza política. Lo es y lo será siempre porque Gran Bretaña cuenta con uno de los sistemas electorales más injustos (rectifico) no proporcionales de Occidente. Un sistema mayoritario en el que la fuerza más votada de cada distrito gana al único representante, siendo las otras listas obviadas por completo. La tendencia en dicho sistema es un bipartidismo hermético.
Ante esta situación el Partido Conservador, thatcherista y rancio donde los haya, es el gran beneficiado. Gana las encuestas por un margen tan amplio que su victoria será más que esperada en las próximas elecciones. Ya se ha notado en las municipales y será muy próximamente el Good Bye Gordon que todos pronostican.
¿Un discurso anarcocapitalista, demagógico, antieuropeo y chauvinista es la alternativa a la tercera vía que el pobre Gordon tiene que defender a diario con su media sonrisa? Pues parece increíble, pero es lo que el pueblo reclama.
Si no fuese por que el derecho al sufragio es cuasi-sagrado, recomendaría la abstención. Los británicos –felices, sabios y formados- son los que tienen la última palabra. Que Dios salve a la reina y que los pille confesados.

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