
Sabe mal.
Ahora la gente conoce a los uigures y la situación extrema a la que ha llegado este pueblo. Estas semanas el gobierno chino ha impuesto una política invasiva sobre la región uigur, Xinjiang.
Esta región autónoma es una de las cinco zonas a las que el gobierno centralista chino de Pekín ha dotado de un estatus de semi-libertad más bien escaso y muy militarizado. Guangxi, Mongolia Interior, Ningxia y Tíbet son las otras regiones autónomas del Estado chino. Así queda más claro, porque la situación del Tíbet ya es conocida por todos, y los tibetanos son como los uigures pero sin famosos manifestándose a su favor.
Tíbet y el budismo es cool. Xinjiang y el islamismo, no… pero por lo demás es igual.
A lo que íbamos, la gente sabe ahora que hay una ciudad –Ürümqi- en la que el ejército chino mostró una vez más su uso absurdo, perdón, absoluto y demoledor de la fuerza militar. Un segundo Tiananmen en el que más de 150 personas perdieron la vida en una oleada de violencia, desgraciadamente, no ajena en la zona.
La chinificación también existe y como cualquier colonialismo tiene unas consecuencias negativas por la imposición étnica en una zona geográfica concreta en la que la que se intenta hacer una limpieza cultural.
Los uigures siempre han vivido en Xinjiang, pero las últimas décadas el gobierno chino fomentó la emigración de los han (los han son, si no los auténticos chinos, sí la mayoría que domina el país).
¿Cómo consigue el Partido Comunista chinificar la periferia del país? Pues siguiendo el manual del buen dictador: prohibiendo el idioma uigur, controlando los centros de culto y no permitiendo que los menores de edad acudan a las mezquitas, reprimiendo cualquier manifestación a golpe de porra o de cañón y lo mejor de todo: el hasha.
El hasha es la obligación que tienen los miembros de la minoría uigur de trabajar en el campo y de hacer obras públicas financiadas por el Gobierno. Mano de obra barata y sin ningún tipo de derecho laboral (muy poco socialista, todo sea dicho). La obligación implica que por lo menos un miembro de la familia tiene que trabajar taxativamente en uno de estos trabajos. A veces también implica una forma de trabajo forzado para niños y gente mayor.
De cualquier manera, y tras matizar que el hasha únicamente es obligatorio para los uigures y ninguna otra minoría en China, se entiende por qué la violencia es mayor en la zona.
Una vez más comprobamos cómo se puede entrar en un círculo de tensión socio-étnico-cultural. Hay que decir (y no es argumento defensor para los chinos) que los han llevan recibido de un tiempo a esta parte ataques de grupos radicales islamistas uigures.
Xinjiang es una región que tiene que elevar al máximo su autonomía política y cultural. El uigur no se debería prohibir y los derechos de este pueblo se tendrían que extender en todas las esferas sociales, mínimas, como las que reciben el resto de pueblos minoritarios chinos.
Ahora la región es mixta y hay uigures y han conviviendo día a día. Pekín tiene la obligación de que esta convivencia sea pacífica. Dominar un territorio concreto debería implicar el evitar cualquier tipo de conflicto armado, y no intensificar la tensión entre dos grupos igual de nacionales.
La comunidad internacional no puede pasar por alto las atrocidades que se han cometido en Xinjiang desde la revolución. El gobierno chino no puede no cumplir su propia ley (no sólo sus convenios internacionales, sino la autonomía a la que dotó a los uigures en su momento).
La capital Ürümqi ha salido en los medios de comunicación un par de días. Nuestro silencio no ayuda nada y la hipocresía de occidente tampoco. Normal que amargue…
Ahora la gente conoce a los uigures y la situación extrema a la que ha llegado este pueblo. Estas semanas el gobierno chino ha impuesto una política invasiva sobre la región uigur, Xinjiang.
Esta región autónoma es una de las cinco zonas a las que el gobierno centralista chino de Pekín ha dotado de un estatus de semi-libertad más bien escaso y muy militarizado. Guangxi, Mongolia Interior, Ningxia y Tíbet son las otras regiones autónomas del Estado chino. Así queda más claro, porque la situación del Tíbet ya es conocida por todos, y los tibetanos son como los uigures pero sin famosos manifestándose a su favor.
Tíbet y el budismo es cool. Xinjiang y el islamismo, no… pero por lo demás es igual.
A lo que íbamos, la gente sabe ahora que hay una ciudad –Ürümqi- en la que el ejército chino mostró una vez más su uso absurdo, perdón, absoluto y demoledor de la fuerza militar. Un segundo Tiananmen en el que más de 150 personas perdieron la vida en una oleada de violencia, desgraciadamente, no ajena en la zona.
La chinificación también existe y como cualquier colonialismo tiene unas consecuencias negativas por la imposición étnica en una zona geográfica concreta en la que la que se intenta hacer una limpieza cultural.
Los uigures siempre han vivido en Xinjiang, pero las últimas décadas el gobierno chino fomentó la emigración de los han (los han son, si no los auténticos chinos, sí la mayoría que domina el país).
¿Cómo consigue el Partido Comunista chinificar la periferia del país? Pues siguiendo el manual del buen dictador: prohibiendo el idioma uigur, controlando los centros de culto y no permitiendo que los menores de edad acudan a las mezquitas, reprimiendo cualquier manifestación a golpe de porra o de cañón y lo mejor de todo: el hasha.
El hasha es la obligación que tienen los miembros de la minoría uigur de trabajar en el campo y de hacer obras públicas financiadas por el Gobierno. Mano de obra barata y sin ningún tipo de derecho laboral (muy poco socialista, todo sea dicho). La obligación implica que por lo menos un miembro de la familia tiene que trabajar taxativamente en uno de estos trabajos. A veces también implica una forma de trabajo forzado para niños y gente mayor.
De cualquier manera, y tras matizar que el hasha únicamente es obligatorio para los uigures y ninguna otra minoría en China, se entiende por qué la violencia es mayor en la zona.
Una vez más comprobamos cómo se puede entrar en un círculo de tensión socio-étnico-cultural. Hay que decir (y no es argumento defensor para los chinos) que los han llevan recibido de un tiempo a esta parte ataques de grupos radicales islamistas uigures.
Xinjiang es una región que tiene que elevar al máximo su autonomía política y cultural. El uigur no se debería prohibir y los derechos de este pueblo se tendrían que extender en todas las esferas sociales, mínimas, como las que reciben el resto de pueblos minoritarios chinos.
Ahora la región es mixta y hay uigures y han conviviendo día a día. Pekín tiene la obligación de que esta convivencia sea pacífica. Dominar un territorio concreto debería implicar el evitar cualquier tipo de conflicto armado, y no intensificar la tensión entre dos grupos igual de nacionales.
La comunidad internacional no puede pasar por alto las atrocidades que se han cometido en Xinjiang desde la revolución. El gobierno chino no puede no cumplir su propia ley (no sólo sus convenios internacionales, sino la autonomía a la que dotó a los uigures en su momento).
La capital Ürümqi ha salido en los medios de comunicación un par de días. Nuestro silencio no ayuda nada y la hipocresía de occidente tampoco. Normal que amargue…
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