
El tercer poder no es independiente en España. Es una pena que hayamos luchado en vano para establecer una estructura de poderes democráticos, en la que el ejecutivo, legislativo y judicial fuesen entes diferenciados e independientes, y a la vez que este último sea la salvaguarda de la ciega justicia.
En este país hubo una dictadura que duró casi medio siglo. No cabe duda que este sistema se tiene que posicionar en las antípodas de nuestra democracia, sin embargo, el Estado español libre únicamente lleva 30 años vigente, y por consiguiente, no se ha podido depurar, o mejor aún, desintoxicar del establishment franquista, cúpula de la riqueza y de la función pública de antaño que bajo el yugo y las flechas siguen dando hipotecas y firmando sentencias judiciales.
¿Qué tipo de magistrados tenemos en el Tribunal Supremo (TS)? No son independientes, en el momento que sean y provengan de un régimen pseudofascista y que no avalen su fidelidad al actual sistema democrático, más allá de un simple conocimiento del derecho. Queremos hechos y queremos magistrados y funcionarios demócratas, y no antisistemas. Es tan aberrante ver a Adolfo Prego en el TS, como sería ver a Otegi en un alto cargo del Ministerio de Defensa.
Surrealista. No puede ser que un jurista se haya negado a la Ley de la Memoria histórica, como ha hecho este personaje, diciendo que los perseguidos por el franquismo (los cientos de miles de republicanos, demócratas, librepensadores, familia de éstos y también minorías étnicas y de orientación sexual) sean “los mayores criminales” que haya tenido su tan querida nación española. Ello, más allá de ir contra muchos de los principios en los que versa nuestra carta magna, es sencillamente “cagarla”.
Se puede ser de derechas o de izquierdas siempre que se respete la democracia. Lo que no se puede ser es de Falange o de Manos Limpias y tener la cara dura de presentarse a unos comicios o de sindicarse, haciendo apología de un totalistarimo como ha sido el régimen del Caudillo y frenar el progreso que representa nuestra actual legislación y los tratados internacionales.
Estas fuerzas políticas sencilla y llanamente son los supervivientes de la autoría de un crimen. He ahí su nerviosismo y la vehemencia por hacer caer a Garzón. Hablan de la Ley de Amnistía que con la llegada de la democracia marcaba un punto final de “aquí no ha pasado nada” para permitir que ladrones, asesinos y censores pudiesen vivir sin remordimientos en la nueva España.
Lástima que el genocidio no sea un mero delito y que su persecución se pueda hacer desde Buenos Aires, lástima que hayamos firmado tratados internacionales que lo persiguen, lástima que dichos tratados sean superiores jerárquicamente a cualquier ley, lástima que la Ley de Amnistía no sea contraria a la Ley de Memoria histórica. Una pena, sí señor…
Garzón, ¿envidia u odio? Este gran personaje es uno de los mayores defensores de la democracia a nivel global: Envistió contra la dictadura chilena de Pinochet, y también para limpiar las responsabilidades de la dictadura argentina, aunque ambas estuviesen protegidas nacionalmente por leyes de amnistía. Hizo temblar a las dos Américas por investigar la Operación Cóndor. Fue el más duro contra la corrupción, la guerra sucia y el terrorismo en este país.
Un gran demócrata, que se basa en la ley para afianzar el progreso del ser humano. Bien podría valer para la definición de cualquier juez, pero es la definición de Garzón. Y ojo, que ser el defensor de los derechos humanos no debería ser el motivo por el cual se tache a una persona de “rojo” o “vendido”. Esta afirmación deja en su sitio al descalificador.
Hay tres querellas contra Baltasar Garzón: escuchas ilegales del caso Gürtel, un caso de corrupción actualmente probado; financiación de unos cursos por parte del Banco Santander a cambio de favores, y prevaricación para investigar los crímenes del franquismo, esto es, ser incompetente para dicha acción y aún así iniciarla por su cargo público.
Más allá de las formas y los procedimientos marcados en derecho, seguro que Garzón es capaz de demostrar su inocencia e integridad.
Acostúmbremonos, la ultraderecha franquista siempre estará ahí tocándonos a todos las competencias hasta que haya una renovación natural, ergo, que se mueran de viejos.
En este país hubo una dictadura que duró casi medio siglo. No cabe duda que este sistema se tiene que posicionar en las antípodas de nuestra democracia, sin embargo, el Estado español libre únicamente lleva 30 años vigente, y por consiguiente, no se ha podido depurar, o mejor aún, desintoxicar del establishment franquista, cúpula de la riqueza y de la función pública de antaño que bajo el yugo y las flechas siguen dando hipotecas y firmando sentencias judiciales.
¿Qué tipo de magistrados tenemos en el Tribunal Supremo (TS)? No son independientes, en el momento que sean y provengan de un régimen pseudofascista y que no avalen su fidelidad al actual sistema democrático, más allá de un simple conocimiento del derecho. Queremos hechos y queremos magistrados y funcionarios demócratas, y no antisistemas. Es tan aberrante ver a Adolfo Prego en el TS, como sería ver a Otegi en un alto cargo del Ministerio de Defensa.
Surrealista. No puede ser que un jurista se haya negado a la Ley de la Memoria histórica, como ha hecho este personaje, diciendo que los perseguidos por el franquismo (los cientos de miles de republicanos, demócratas, librepensadores, familia de éstos y también minorías étnicas y de orientación sexual) sean “los mayores criminales” que haya tenido su tan querida nación española. Ello, más allá de ir contra muchos de los principios en los que versa nuestra carta magna, es sencillamente “cagarla”.
Se puede ser de derechas o de izquierdas siempre que se respete la democracia. Lo que no se puede ser es de Falange o de Manos Limpias y tener la cara dura de presentarse a unos comicios o de sindicarse, haciendo apología de un totalistarimo como ha sido el régimen del Caudillo y frenar el progreso que representa nuestra actual legislación y los tratados internacionales.
Estas fuerzas políticas sencilla y llanamente son los supervivientes de la autoría de un crimen. He ahí su nerviosismo y la vehemencia por hacer caer a Garzón. Hablan de la Ley de Amnistía que con la llegada de la democracia marcaba un punto final de “aquí no ha pasado nada” para permitir que ladrones, asesinos y censores pudiesen vivir sin remordimientos en la nueva España.
Lástima que el genocidio no sea un mero delito y que su persecución se pueda hacer desde Buenos Aires, lástima que hayamos firmado tratados internacionales que lo persiguen, lástima que dichos tratados sean superiores jerárquicamente a cualquier ley, lástima que la Ley de Amnistía no sea contraria a la Ley de Memoria histórica. Una pena, sí señor…
Garzón, ¿envidia u odio? Este gran personaje es uno de los mayores defensores de la democracia a nivel global: Envistió contra la dictadura chilena de Pinochet, y también para limpiar las responsabilidades de la dictadura argentina, aunque ambas estuviesen protegidas nacionalmente por leyes de amnistía. Hizo temblar a las dos Américas por investigar la Operación Cóndor. Fue el más duro contra la corrupción, la guerra sucia y el terrorismo en este país.
Un gran demócrata, que se basa en la ley para afianzar el progreso del ser humano. Bien podría valer para la definición de cualquier juez, pero es la definición de Garzón. Y ojo, que ser el defensor de los derechos humanos no debería ser el motivo por el cual se tache a una persona de “rojo” o “vendido”. Esta afirmación deja en su sitio al descalificador.
Hay tres querellas contra Baltasar Garzón: escuchas ilegales del caso Gürtel, un caso de corrupción actualmente probado; financiación de unos cursos por parte del Banco Santander a cambio de favores, y prevaricación para investigar los crímenes del franquismo, esto es, ser incompetente para dicha acción y aún así iniciarla por su cargo público.
Más allá de las formas y los procedimientos marcados en derecho, seguro que Garzón es capaz de demostrar su inocencia e integridad.
Acostúmbremonos, la ultraderecha franquista siempre estará ahí tocándonos a todos las competencias hasta que haya una renovación natural, ergo, que se mueran de viejos.
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