
Nos han engañado a todos. Y todos nos hemos autoengañado. Lo sabían en Pekín, en Londres y en Washington. Lo sabía el Rey y lo sabía Chávez. Lo sabía el profesor de economía y el panadero. El petróleo se acaba y todo el bienestar que nos ha dado el oro negro se va con él.
Quizás no nos imaginásemos que ese momento iba a ser tan pronto, pero aquí está. El precio del barril sube sin parar, quintuplicando su valor anualmente. El transporte de bienes y personas se encarece. Las empresas no son capaces de asumir estos costes. Hay quiebras y despidos. Se busca una solución en el biodiésel. Se encarecen los cereales. El tercer mundo no es capaz de hacer frente a la subida. Hay hambres y guerras. Los alimentos básicos se revalorizan. Su demanda no disminuye, por lo que el consumidor ahorra de otros servicios. Otras empresas ajenas al problema se ven en apuros. Hay más quiebras y despidos. El petróleo sigue subiendo. El transporte se encarece. Los alimentos son más caros. Hay paro e inflación. Nadie encuentra una solución o nadie se atreve a llevarla a cabo.
Si nos vemos envueltos hoy en día en esta crisis energética, imagínense cuando sin petróleo no haya plástico. Luego miren a su alrededor y cuenten las cosas que le rodean que estén hechas de este material e imagínese el mundo sin ellas. Cuesta, ¿verdad?
Lo más triste no es que se veía venir, lo más triste es que hasta de esta crisis nos adueñamos:
“En unos años tendremos una crisis mundial.” “¿Crisis mundial? Llámale crisis regional. Esta crisis empobrecerá a las economías occidentales, pero el 80% del planeta ya la está viviendo.”
Quizás no nos imaginásemos que ese momento iba a ser tan pronto, pero aquí está. El precio del barril sube sin parar, quintuplicando su valor anualmente. El transporte de bienes y personas se encarece. Las empresas no son capaces de asumir estos costes. Hay quiebras y despidos. Se busca una solución en el biodiésel. Se encarecen los cereales. El tercer mundo no es capaz de hacer frente a la subida. Hay hambres y guerras. Los alimentos básicos se revalorizan. Su demanda no disminuye, por lo que el consumidor ahorra de otros servicios. Otras empresas ajenas al problema se ven en apuros. Hay más quiebras y despidos. El petróleo sigue subiendo. El transporte se encarece. Los alimentos son más caros. Hay paro e inflación. Nadie encuentra una solución o nadie se atreve a llevarla a cabo.
Si nos vemos envueltos hoy en día en esta crisis energética, imagínense cuando sin petróleo no haya plástico. Luego miren a su alrededor y cuenten las cosas que le rodean que estén hechas de este material e imagínese el mundo sin ellas. Cuesta, ¿verdad?
Lo más triste no es que se veía venir, lo más triste es que hasta de esta crisis nos adueñamos:
“En unos años tendremos una crisis mundial.” “¿Crisis mundial? Llámale crisis regional. Esta crisis empobrecerá a las economías occidentales, pero el 80% del planeta ya la está viviendo.”
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